Islas divergentes

Los juegos

Aquellas tardes en el pueblo las pasábamos jugando al fútbol donde Rancho, casi a las afueras del pueblo. El campo era muy grande y al portero siempre le metíamos demasiados goles. Nos juntábamos unos cuantos, pero siempre éramos más de cuatro. Los que nunca faltábamos éramos Pancho, Sebas con su hermano Juan y yo, Pablo. Aunque los fijos éramos nosotros cuatro, solíamos ser un montón y teníamos, al menos, para echar partidos de tres contra tres.


Entre los chavales del pueblo nos llevábamos bastante bien, y excepto por alguna pelea por las chicas o por el fútbol, nunca pasaba nada malo. En el pueblo no había peligro y las madres nos dejaban pasar todas las tardes fuera, aunque siempre estaban preparadas en casa para hacernos unos sándwich de nocilla o mixtos.


Si no íbamos al campo de Pancho, nos colábamos en el campo de fútbol de colegio, pero esto solo lo hacíamos cuando íbamos con los mayores porque Tobías, que tenía muy mala leche, se pasaba algunas tardes a por algo que se había olvidado, o quizá tan solo para ver si nos pillaba.


Como el tiempo iba pasando y nosotros seguíamos yendo a jugar, fuimos teniendo más y más juegos, y éramos cada vez más niños.


Una vez, pusimos cada uno veinte duros y nos juntamos en el campo de Pancho para hacer un torneo. El equipo ganador se llevó un balón nuevo, que compró Manu, uno de los mayores, un día que fue a Madrid con sus padres.


Yo no tenía demasiadas esperanzas en mi juego, porque, básicamente, era bastante malo. En realidad, a mi lo que me gustaba era jugar con los amigos y ganar para pasarlo bien, pero si no ganábamos, pues nada, qué le íbamos a hacer. No era plan de ponerse a malas por eso.


Un Octubre, justo cuando empezamos el colegio, estábamos un poco desilusionados, porque las clases eran una censura para nuestros partidos e incluso ya habían empezado a salir algún arbusto por el campo que siempre estaba bien cortito de tanto jugar.


Un día en clase, Andrés, un niño un poco raro y que los chavales decían que era rico, y que casi nunca venía a jugar, nos dijo que habían puesto una máquina tragaperras en el bar El Ocho. Casi nadie le hizo caso porque esa semana hacía muy buen tiempo y ni por asomo, íbamos a dejar de ir a jugar al fútbol por meternos en un bar a jugar a una maquinita. Además, este Andrés no era muy popular, la verdad.


Pero, aunque seguía haciendo buen tiempo, cada vez venían menos niños al campo. Al final, el jueves, cuando solo quedamos los cuatro de siempre, cogimos el balón y fuimos a ver qué pasaba en ese bar.


Antes de entrar, ya escuchábamos los gritos de los niños y pensamos que, a partir de entonces, ya nada sería igual. Entramos y vimos como César y Luis, dos de los mayores, jugaban un partido entre Italia y España. El resto de niños, unos ocho o nueve, miraba. Solo miraba. Después de ese día, todo fue peor.

Descuido

Los valores personales, Magritte



Una señora acuna un teléfono;




“Ay cariño, deja de llorar


Donde va a parar,


Mucho mejor


Un teléfono de metal”




El niño en el jardín,


Juega con un ternero rojo,


Un alacrán


Le enseña a sumar.

No era pintor


Ya en el colegio, Ramón, el pintor, hacía dibujos extraños. Fueron pasando los años y mientras sus compañeros de clase se dedicaban a la abogacía, la tauromaquia o a la ingeniería industrial, Ramón seguía pintando aquellos seres extraños y tristes.

Pasaron los años, y no se pudo dedicar a la pintura profesionalmente porque nadie lo apreciaba. Así, viéndose sin oficio, se hizo panadero. Mientras se hacía el pan o en su casa, Ramón dibujaba aquellos rostros tristes, secos, enjutos, que a nadie le gustaban. Pasaron los años y un día llegó algo terrible. La guerra. Ese día Ramón salió a la calle y se quedó paralizado. Ramón no era pintor, Ramón era profeta.

Soledad

Estoy solo,
rodeado de champús, cremas,
frías cucharas.
Tras la ventana
melenas,
de finas antenas
me amenazan,
me limitan
y me ofrecen el partido.

Los botones,
(refugio de pulgares y
vientos huídos),
se esconden
y lloran
trozos de hilo
y sangre.

Inmigración en el siglo XV





-Yo te bendigo en nombre de la Reina Isabel, Castilla…Y algo se movió entre la maleza y apareció alguien.

-Ehh, un momentito, por favor. Buenas tardes, a ver, los papeles.

-¿Pero cómo que los papeles? Yo soy Cristóbal Colón, y he llegado a estas lejanas tierras…

-Me parece muy bien, Cristóbal. Yo me llamo Toparu, y soy agente de inmigración. Encantado. Vamos a ver, me enseña usted su pasaporte y le dice a sus amigos que hagan lo mismo. En segundo lugar, debe usted aparcar las carabelas en otra cala, porque estamos en fiesta y solo está permitido hasta las trece horas.

-Pero es que nosotros venimos a conquistar estas tierras para la gloria de Castilla y de su majestad la Reina Isabel.

-Vamos a ver, que no nos estamos entendiendo usted y yo. Los papeles, y por favor, dígale a sus amigos que dejen de mirar las tetas de nuestras mujeres.
-Mire, usted no entiende. Nosotros debemos cristianizar y humanizar estos lugares para la gloria de nuestro señor Jesucristo. Aunque sea por la fuerza.
-No hombre no, tampoco es eso. Yo he venido aquí a pedirle los papeles y eso, pero es más una formalidad que otra cosa. Es que mire, nosotros aquí estamos bastante tranquilos, entonces, para una vez que pasa algo, pues, claro, hay que aparentar que se hace algo porque si se entera el jefe que no les he pedido la documentación y todo lo demás…menuda me lía. Por eso, tampoco vamos a perder la cabeza, ¿no? venga, vamos a tomar algo al bar del Unset, que pone unos rones que no veas.
-Me parece bien, pero luego os conquistamos en el nombre de Dios, de Castilla y de la Reina Isabel.
-Que si, pesado, que si…

Mecanismo


Álbum Hombre del traje gris, de Joaquín Sabina


A Don Pedro, una mañana, cuando iba al trabajo, se le paró el reloj. Don Pedro, sin notarlo, siguió caminando y a los pocos pasos se le paró la muñeca, los dedos de la mano y la sangre se escapó más allá del codo izquierdo. Don Pedro, angustiado, no podía parar. Debía ir a trabajar.

Los músculos d los brazos y del pecho se desinflaron y cayeron al fondo de la piel con un estrépito de almohadas vacías. La sangre, cada vez menos roja y caliente, huyó despavorida hacia el centro del cuerpo. Su cuello se quebró, sus órganos, poco a poco, se relajaron y pararon echando humo y sangre por todos lados. Luego se quedaron quietos, desactivados, sin pilas.

Y Don Pedro, que debía ir a trabajar aquella mañana, se quedó parado, desarmado. Un montoncito de cosas frías en la acera.

Comentario de El ilusionista


  Título original: L´illusionniste
  País: Francia, 2010
  Director: Sylvain Chomet
  Guión: Sylvain Chomet, Jacques Tati
  Fotografía: Animación
  Duración: 90 minutos
  Estreno en España: -
  Distribuida por: Django Films

Paseando hace unas semanas por París, me di el lujo de ver una película en francés. En principio, iba a ser una apuesta arriesgada porque ante una película en francés suelo acabar con dolor de cabeza y con la sensación de entender menos francés que antes. Esta vez fue diferente. En los carteles del cine, como obra del propio mago protagonista de la película, aparecía una imagen animada del excéntrico y espigado Jacques Tati. 


Y es que Jacques Tati, el mejor cómico francés del siglo veinte, ha vuelto a las pantallas. Y no hace falta que se abroche de nuevo su gabardina, que se ponga su sombrero y encienda su pipa tras golpearla varias veces con el zapato. Ha vuelto a la pantalla en forma de animación gracias a Sylvain Chomet, el director de la galardonada Bienvenidos a Belleville (2003).

Chomet, admirador confeso de Tati y a quien ya hizo un guiño en Bienvenidos… ha cuidado la historia con un mimo exquisito. Y no es para menos. Desde 1961, el guión de El ilusionista estaba en el olvido. Jacques Tati, tras estrenar en 1958 Mi tío, tuvo que dejar aparcado el proyecto ya que no contaba con la coproducción prevista por parte de los checoslovacos. 

Y cincuenta años después, El ilusionista ha vuelto a la vida y lo ha hecho con un gusto por el detalle, por las formas, que bien merece ser calificado de “Miyazakiesco”. El gusto por el dibujo, por los paisajes, por lo manual, salta a la vista del espectador que no echa en falta las ortopédicas gafas de tres dimensiones. Lo artesano rules.
Es una película pequeña, delicada, hecha con cuidado y con paciencia. Aquí no veremos explosiones ni avatares, sino trucos remendados cientos de veces y una vida dedicada al arte, con todo lo que ello supone. Tampoco se trata de una historia feliz ni fantástica. Veremos y palparemos la tristeza del payaso, pero también lo extraordinario de la casualidad cuando esta es inesperada. Tati era un admirador del cine mudo, y este es un pilar básico en sus películas. 


La película trata del viejo ilusionista Tatischeff, (nombre real de Tati) y cómo debe encontrar su hueco en un ambiente artístico que lo va dejando aparte, aparcado, parado. Tatischeff podría ser un paralelo al artesano de La caverna de José Saramago. Personas desfasadas, que aún no son automáticas y que son personas y cometen fallos. 

Tatischeff debe reciclarse y adaptarse para terminar actuando en bares de poca monta o estar dispuesto a viajar a la lejana Escocia para seguir con su trabajo. Allí, en un pequeño pueblo donde la electricidad es celebrada por todo lo alto, conoce a la pequeña Alice quien dará un giro a su manera de ver el mundo, e incluso a sí mismo.


LA FELICIDAD DE LOS OGROS, de Daniel Pennac


Daniel Pennac es un autor complejo y quizá por ello La felicidad de los ogros es un libro en progresión. Sobre todo en su comprensión.

Los primeros capítulos son un auténtico embrollo de personajes, situaciones, pensamientos, lugares…
Pero aunque parezca raro, a medida que va avanzando el texto, todo este embrollo se va asentando y el lector acaba por asimilar este vaivén y al final se deja llevar. Y mucho.
Cuando entras en el mundo de Pennac, no puedes salir. Al menos en este libro.
Después de este enrevesado planteamiento, el autor plantea y desmenuza en parte ese universo. Lo justo para enganchar al lector y a la vez, permitir que siga enganchado.
Y así va el libro caminando, muy ligero pero también muy entretenido. Y muy gracioso.

A lo largo de la novela (y sobre todo en esta parte), te ríes bastante. Hay situaciones muy chistosas.
Y después de este planteamiento, viene el plato gordo.
El autor nos presenta el nudo de la historia. El embrollo. Y aquí es donde todo el mundo cae rendido.
Una historia muy entretenida donde aparece un personaje principal (Benjamin Malaussene) genial.
Creo que no me he llevado tan bien nunca con un personaje de una novela.


Cuentos de niños


Cuentos de mis primos Rodrigo y Clara, de siete y ocho años respectivamente:

El ladrón de Famíl


Érase una vez un niño llamado Famil. Todos los niños de la clase le decía muchas cosas malas. Un día se hizo mayor y quiso vengarse de ellos así que decidió hacerse un ladrón para vengarse un día por la noche robó en todas las casas de sus amigos, les robó todas sus pertenencias y Famil se quedó muy agusto.



La estrella perdida


Érase una vez una estrella muy pequeña y dentro de unos cuantos años se fue haciendo grande. De repente ¡ se encontró una nube enorme !, y la estrella dijo, Ay madre ¿ y ahora qué hago? dijo la nube. Tranquila, yo soy buena. Luego la estrella preguntó, ¿Damos un paseo?, vale dijo la nube e iban andando hasta que de pronto ven un carro de helados y la estrella le dice a la nube que iba a por un helado para las dos. Luego compra los helados y vuelve al banco del parque. Va y no está la nube y había pensado que estaba perdida, pero dijo que estaba muy cerca de su casa y de repente salieron sus padres y dijeron: ¡Feliz cumpleaños!
Y al final no se acordaba de su cumpleaños.







Luz




Ya llegan las contracciones. La señora Flora siente su interior romperse y no puede hacer otra cosa que contraerse y apretarse la tripa por encima del jersey. Su marido, Pedro, va de un lado a otro de la casa intentando encontrar ayuda para su esposa. Hace dos minutos que Flora ha sentido las contracciones y él llamó justo después a la ambulancia. Están de camino. En su intento de ayudarla, ha traído a la cama toallas, una botella de agua, servilletas, trapos y a sus dos hijos pequeños que miran a su madre aterrorizados.

El instante es importante, pero a la vez trágico. Es evidente que una nueva vida va a nacer, pero el coste puede ser demasiado grande. Pedro vuelve a intentar acomodar, por decimoquinta vez, un poco mejor a su mujer en la cama. No lo consigue. Flora le aparta la mano con un movimiento casi demoniaco. Flora grita y grita y solo quiere sacar ese fuego de su cuerpo. Pedro empieza a pensar si no habría sido mejor llevarla al médico, haber tenido que soportar un viaje largo de diez minutos auxiliando a su mujer y tener que haber dejado a los hijos en casa de… El caso es que da igual. Lo hecho hecho está, y ya no se pueden cambiar las cosas. Seguro que la ambulancia está a punto de llegar.

Flora nota como su cuerpo duele y reclama un esfuerzo titánico de su parte. Los otros dos partos no fueron así de duros. Este viene fuerte. Se agarra a las sábanas y vuelve a gritar. Parece que ahí viene. Siente que aquí viene.

Llama a su marido y le dice que va a tener que ayudarla. Lo primero, que lleve a los niños a la habitación, son demasiado pequeños y no harán otra cosa que asustarse y molestar. Lo segundo, que llame a esa puta ambulancia de nuevo que va a dar a luz, joder.

Lo tercero, y último, que venga a ayudarla, que traiga más agua, gasas, y unas tijeras.

Aquí viene. Las órdenes de Flora se cortan en ese momento y un golpe dentro de su bajo vientre le avisa que va a dar a luz. Ya está aquí.

Su pelo está empapado, y dibujos serpenteantes se forman en su frente. Pedro intenta ayudarla y calmarla, pero es imposible. Parece que la dilatación ha llegado a su punto máximo. Está al límite. Flora empuja, hace fuerza y siente como sus manos, sus brazos, sus pechos, y cada parte de su cuerpo empuja e intenta sacar a este nuevo ser al mundo. Sus fuerzas están al límite. Justo a punto de tropezar con un precipicio que representa el desmayo y el dejarse llevar. Sigue tentando a sus fuerzas, obstinada. Pedro la ayuda, empuja con ella, la intenta calmar y está con ella. No la ha dejado sola.

Parece que ya sale, ya sale, está saliendo, una superficie blanca ensangrentada aparece y Pedro y María cambian un poco su semblante y se miran por un segundo, no, menos de un segundo, porque aún no ha acabado, y primero hay que terminar de dar a luz, de empujar y de sufrir, y Flora, solo ella, es la que empuja, y es ella la que va a dar a luz, y es ella la que lo está haciendo, y aprieta todo su cuerpo y, por fin, ya está fuera. Ya lo ha hecho. Ya ha dado a luz.
Pedro no lo cree. Se siente afortunado. En los otros dos partos no pudo estar presente por culpa del trabajo, y ahora puede coger a su hijo en brazos y acunarlo y sentirlo cerca.

Busca entre las mantas, y recoge una bola blanca ensangrentada. ¿Qué es esto? Se da cuenta que tiene pliegues, que está arrugado. No es un niño, desde luego que no.

¡¿Pero qué es esto?! Lo abre poco a poco y al hacerlo se da cuenta de que dentro de él hay letras que dicen cosas. Instintivamente empieza a leer. Es un poema, parece:

Pasar la vida contigo
ha sido
es
y será un insulto
a cada alma,
que lucha y se mueve
para seguir viviendo.

Me estoy quemando
de mala manera
enlatada de cocina,
cama
llevo tu sombra en las cadenas.

La sangre me hará partir
buscar entre caminos pasados,
parados y resecos
huir,
y ponerte las cadenas
a ti,
carcelero de esencias que no sabe
hacer un huevo frito.

P.D-Te dejo. Por si no lo has entendido.

Noticias de ficción



· Hoy un hombre ha matado a su mujer porque esta ha lanzado el ordenador portátil por la ventana. El asesino se ha excusado: “ella ha matado mi vida, yo he matado la suya”.

· Científicos y teólogos checoslovacos llegan a la conclusión, tras varias pruebas de campo, que Dios no echó a Adán y Eva del paraíso. Ellos pidieron marcharse. Había demasiada naturaleza.

· Antes de ser mago-psíquico, Uri Geller trabajaba en una fábrica de cucharas. Le fue mal.

· Ayer por la tarde, en la que fuera la casa de Cortázar hasta su muerte en el año 1984, encontraron unos cronopios y unas famas escondidas detrás de la pared de la cocina. Decían que estaban esperando a que volviera Julio.
· En Tokio, los jóvenes que se suicidan piden antes, por escrito, que pongan con ellos en la tumba su IPOD y su PLAYSTATION. Por si acaso.
· Esta mañana, en las costas de Algeciras se han encontrado los cuerpos de X inmigrantes muertos.
· Gran sorpresa en la galería Borghese de Roma. Unos operarios que tenían que restaurar la escultura del David de Bernini, han descubierto que la escultura era en realidad una capa de mármol que recubría el cuerpo de un atlético joven.
· Para esta tarde está convocada una manifestación convocada por el sindicato, “Niños en busca de sus padres” por las calles aledañas a la Castellana. El lema de esta concentración es “ Queremos unos padres y no tantos juguetes ”
· A causa de la actual crisis y falta de trabajo, ha aumentado el número de delitos. Al menos, dicen, en la cárcel hay techo y comida.