Vicente Aleixandre
"¡Qué dirán las palmeras! ¡Qué dirán aquellas paredes blancas que se han desplomado súbitamente para que de su flor abierta surtamos tu y yo dormidos en su corola! ¡Qué dirán los músculos que nos hemos arrancado a manotazos tirándolos sobre las sillas!,
"Cuando contemplo tu cuerpo extendido
como un río que nunca acaba de pasar,
Como un claro espejo donde cantan las aves,
donde es un gozo sentir el día como amanece".
Aleixandre, Vicente: Vicente Aleixandre antología total, selección y prólogo de Pere Gimferrer, Seix Barral, Barcelona, 1977
El coco

Chema Madoz
Sus manos se clavan en mí espalda. Mueve todo. Me empuja, me dice. La lámpara se ha movido un poco de la mesa. Después la colocaré. Me acaricia y me duele. No, ahora no. Luis tiene que comer. Los dedos me fuerzan, me gusta, si un poco. Pero me duele. No, ya no me gusta. Ya, ya está bien. Para.
Ya no es como antes. De sus ojos no cae nada. Lo miro y ya no recojo nada. Mi sujetador está casi caído y el no para de empujarme y gritarme. Ya no escucho. Puede haber sido aquel golpe. Luis está en el salón. No vendrá. La televisión está muy alta. Me tumba en la cama. Me clava el reloj en el muslo. No, le he dicho que no. Que no siga, que después. Le prometo que después. Tendré que ordenar todo antes. Está todo descolocado. No me escucha.
Me baja las bragas. Y sus uñas se clavan en mis muslos. Me mancha, me pudre y me lastima. Luis me llama, lo escucho bajo el sonido de la televisión. No. Hijo, no vengas. Sus manos están por todos lados. Y me patea con sus ojos. Y me mata con su boca. Lo golpeo. Lo intento. Pero me agarra las manos. Ya no puedo hacer nada. Me devora. Y me remata cuando Luis entorna la puerta. Lentamente. Mirando, asustado, al Coco disfrazado de padre.
Ángel González
Visita desde otra dimensión
El fantasma de tu cuerpo es eterno y atraviesa mi casa
vacía
ensuciando las paredes y asustando al gato.
Mañana le voy a echar a patadas para que vuelva contigo
y con aquel señor trabajador
al que llamas cariño.
Ya no quiero que me lama las mejillas cuando estoy a punto
de alcanzarte en sueños,
no quiero que me siga
no quiero que me enseñe el hueco de nidos
de su boca putrefacta.
En algunas cosas es mejor que tu;
no deja pelos en la ducha
ni me abrasa el pelo por las noches,
pero su aliento me deja recuerdo a tierra,
a raíces muertas.
Es mejor que se vaya contigo,
yo no tengo hueco para más fantasmas
en mi cuerpo.
Niña pluma niña nadie, de Mar Benegas
Abeja

El sol era negro aquella madrugada en que Elisa empezaba a nacer de entre las sábanas de su cama.
Sus ojos parecían horizontes y pegados por el mismo oscuro que tapaba el amarillo del sol. Eran las 6 de la mañana. Demasiado temprano para la efímera Elisa.
A las 11 despertó por fin y se fue a su universidad. A estudiar.
Luis es un chico responsable y pudo abrir los ojos a las 7 con ayuda de una pala que tiene al lado de la cama. Ahora espera el rectángulo con ruedas que le vomitará cerca de su casa. Lee a Galeano. Y una abeja un poco despistada decide que no hay tanta diferencia entre los cuentos del uruguayo y las flores coloreadas.
Aterriza en una “mañana” y avanza lenta hasta un “rayo por la noche”.
Decide que es el néctar que necesita y sube al cielo cargando su cuerpo gordo pero feliz.
Tras volar un largo camino, cansada, llega, sin quererlo cerca de la cara de Elisa, la que sin motivo alguno, empieza a intentar golpearla.
La abeja, que en este caso podemos llamar Rebeca, decide inmolarse y clavar su corazón en la mejilla izquierda de Elisa, la que ante ese acto heroico, grita de dolor.
Aquel día Elisa aprendió más que cualquier día en la universidad, y además, quedó embarazada del libro que escribirá cuando tenga 37 años y tres hijos llamados Eduardo, Carlos y Nuria.
¡Te pillé!

Roi James
Tienes olor a papel desde la oreja izquierda
hasta el centro de los pétalos.
A mi no me engañas,
hueles a batallas
a yerba
a sangre de noche recién quemada.
Por favor,
hasta que vuelvas a la llanura de letras y huecos
déjame que yo te toque,
déjame que yo te sienta desnuda
bajo la punta redonda
de mi boli Bic.
Vacaciones pagadas

El semáforo se puso en verde, pero antes de que pudiera meter primera, levantar el embrague y pisar el acelerador, una chica joven lo llamó y en unos segundos ya estaba dentro.
Buenos días.
Buenas.
¿Me podría llevar a un sitio bonito, por favor?
¿Cómo?
Si, que si me podría llevar a un sitio bonito por favor.
Emilio había estado mirándola por el retrovisor desde que entró al coche, pero cuando la chica repitió la pregunta, se agarró del asiento y miró hacia detrás.
¿Es usted turista, o qué?
No, llevo viviendo en Madrid toda la vida y por eso quiero salir e ir a un sitio bonito.
Pero bueno, ¿Me estás tomando el pelo?
Los pitidos se abalanzaban sobre la conversación.
Bueno, si no quiere llevarme, ya busco a otro, dijo convencida la joven.
Emilio se dio cuenta que aquella mujer tendría más o menos su edad. Quién lo diría. La mala vida, el sobrevivir oliendo humo y aguantar a niños borrachos que vomitaban dentro del taxi de vez en cuando, le hacían aparentar unos cuarenta.
La chica agarró el abridor de la puerta, pero antes de conseguir tirar de él, Emilio dijo algo.
Vale, vale, yo le llevo a donde sea porque sino estos animales nos van a matar.
Antes de acelerar, pudieron ver un zapato que rebotaba a la izquierda del coche.
Bueno, entonces, un sitio bonito, ¿no?
Pues si. Quiero el sitio más bonito del mundo.
Joder, ¿Pero usted qué quiere, que le lleve al Caribe?, ¿No se ha dado cuenta que esto es un taxi?
Si, ya lo se, pero yo quiero ir a un sitio bonito. Cuando dijo esto, la chica sonrío ligeramente.
Bueno, lo primero. ¿Tiene para pagarme? porque si no tiene con qué pagarme no la llevo a ningún lado.
Si, si tengo para pagarle.
Muy bien. Entonces la llevo donde quiera.
Muy bien.
Pero primero, dígame su nombre.
Me llamo Isabel, encantada, ¿Y usted, es?
Emilio.
Muy bien, Emilio, pues vamos a perdernos entonces.
El primer destino fue el barrio de Estrecho donde creció Emilio. A Isabel no le gustó demasiado porque eran casas antiguas y llenas de ladrillos. El segundo lugar fue un pueblo a las afueras de la ciudad donde había pasado los veranos cuando era pequeño. Le enseñó el río donde se solía bañar, el camino donde buscaba bichos y el campo donde a veces dormía con los amigos.
Así, yendo de recuerdo en recuerdo, de sitio bonito en sitio bonito, pasaron los días de verano, durmiendo en cualquier lugar, mirando casi siempre hacia arriba, a las estrellas.
Cuando a Emilio se le acabaron los sitios bonitos que podía recordar, empezó a dejarse llevar para encontrar sitios nuevos.
Entre Isabel y Emilio empezó a surgir una cierta complicidad, cierta química. No sabemos si es amor, porque eso solo lo saben ellos, pero la idea de alcanzar ese lugar común les unía y les hacía más fuertes.
El verano acabó, pero ellos querían seguir viajando. Parecía ser que Isabel tenía con qué pagar la carrera y, sinceramente, Emilio estaba encantado.
La carretera parecía no tener fin y se propusieron recorrerla entera. Ninguno de los dos dejaba demasiadas cosas en Madrid, y no les importaba perderse juntos. Pronto se dieron cuenta que la gente no hablaba su mismo idioma y supusieron que habían salido de España. Esto no les incomodó y siguieron viajando.
Se pasaron la vida en la carretera, buscando ese lugar bonito al que nunca parecían llegar. La vida seguía para ellos y tuvieron hijos que crecieron y viajaron por el mundo, dejando a sus padres queriéndose en el Taxi.
Hubo un día en que Isabel cayó enferma. Era ya muy mayor, y el asfalto y el humo de los caminos perjudicaron sus delicados pulmones madrileños.
Lo siento mucho amor mío, le dijo Emilio, pero te tengo que cobrar la carrera, ¿Qué tienes para pagarme?
Mi vida entera, respondió Isabel con su último soplo de vida.

de acaricias palabras
y aún así,
se te rompían las olas en tu frente
robusta,
cada vez que te nacía un poema.
Se te veían las golondrinas y la sangre bajo la ropa
bajo tu lengua vibrante.
Quieren hacerte una marca desde las alturas
un insípido bote de palabras
pero tu te retuerces en tus textos
y te brotan ríos carnívoros de las vocales
y muerte
de los puntos finales.
Cada vez que te miras en un espejo,
te reproduces en miles de nacimientos furiosos.
Cada vez que apareces en los ojos
la muerte huye de ti y te deja limpio
de etiquetas y letras pequeñas.
Aún tus libros acompañan la sangre
y estos laten
con la violencia de caricias
que almacenaba tu boca.
Mensaje de texto desesperado desde un bar inmundo a las 5 de la mañana

Me cortaré las venas
si me conviertes en tu amigo.
Si me deseas el bien
clávame ya
un puñal de ojos en el pecho
Y aprieta bien.
Date prisa porque las otras
que son cáscaras y cigarros mojados,
me saludan desde lejos con el paraíso
(efímero y sediento)
entre las piernas.
Date prisa,
porque hoy tengo sed
y las copas están baratas.
Date prisa porque se me están pudriendo las manos
que desean
acariciar
tu boca.
Quiero un amor que sea monoteísta, Batania
(Encontrado en http://neorrabioso.blogspot.com) Gran poema y gran blog!
Quiero un amor que sea monoteísta.
Que sea más puño que letra su sangre,
puño imperfecto y de furia su sangre,
que sea su sangre un puño demasiado.
Que me odie con asco monoteísta
y me ame con rabia monoteísta.
Que mate a los padres a golpes
y a golpes los padres arrasados,
amores sin creos ni reos de padres.
Quiero un amor que sea monoteísta.
Que nunca me llame a la puerta
si puede a pedazos destrozarla.
Que emita por Radio Nosotros
y al resto las nadas los ceros.
Que viva en Planeta Nosotros
y al resto jarabe petróleo cayendo.
Ya tuve un amor así. Me besaba
como si hubiera en su lengua un revólver.
Me amaba como si quisiera quedarse el amor
para ella sola. Ya tuve una mujer así.
Tan turbia y tan bella y tan
monoteísta.
Batania
La que era ella

El tacto del papel
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En forma

Alesio, de Ignacio García May
Mañana sábado 27, el domingo 28 y el lunes 29, a las 20.30, la compañía local Xexil body milk dirigida por Pedro García de las Heras (y en la que me incluyo) interpretará en la Plaza del pueblo de Torrelaguna la obra ALESIO, de Ignacio García May.
http://www.torrelagunaweb.es/pdf/2011/08/reparto_teatro_verano.pdf
Sal
No vengas con ese amor callado
sin sangre
que agoniza en tu boca.
Desparrama ya los ríos que golpean tu entrepierna
y coge aire
(las alas ya te asoman por las puntas del vestido).
No busques trabajo,
busca los truenos que chocan en tu piel y abre
abre todas las puertas,
abre tu piel y la mía
las calles y los sueños
y desgarra tres noches cada cama
en cada mirada.
Crítica literaria de Estrella distante, de Roberto Bolaño
En 1968, mientras los estudiantes levantaban barricadas y los futuros novelistas de Francia rompían a ladrillazos las ventanas de sus Liceos o hacían el amor por primera vez, decidió fundar la secta o el movimiento de los Escritores Bárbaros. Así que, mientras unos intelectuales salían a tomar las calles, el antiguo legionario se encerró en su minúscula portería de la rue Des Eaux y comenzó a dar forma a su nueva literatura. El aprendizaje consistía en dos pasos aparentemente sencillos. El encierro y la lectura. Para el primer paso había que comprar víveres suficientes para una semana o ayunar. También era necesario, para evitar las visitas inoportunas, avisar que uno no estaba disponible para nadie o que salía de viaje por una semana o que había contraído una enfermedad contagiosa. El segundo paso era más complicado. Según Delorme, había que fundirse con las obras maestras. Esto se conseguía de una manera harto curiosa: defecando sobre las páginas de Víctor Hugo, masturbándose y desparramando el semen sobre las páginas de Gautier o Banville, vomitando sobre Lamartine, haciéndose cortes con hojas de afeitar y salpicando de sangre las páginas de Balzac o Maupassant, sometiendo, en fin, a los libros a un proceso de degradación que Delorme llamaba humanización.
La verdad es que me acojona hablar sobre Roberto Bolaño. Por eso, quizá, uso sus palabras (Amén). Es como hablar de un Dios, de un tío exacto en sus imprecisiones y en sus temas por muy desconcertantes que puedan parecer y por muy nebuloso y volátil que pueda parecer él mismo: chileno, mexicano, español, inmigrante, superventas, emigrante, revolucionario, bohemio y erudito. Tiene de todo un poco y lo controla todo. En su novela Estrella distante, segunda novela del autor publicada por primera vez en 1996, Roberto muestra un mundo extrañamente perfecto y exacto. Se trata de un mundo sórdido, de clases de literatura, de oscuridad, de asesinos, de dictadura, de weones y chilenismos varios. No se trata de un edificio majestuoso como los creados por el chileno en Los detectives salvajes o en 2666, sus obras más celebradas, pero quizá sin novelas como Estrella distante no existirían las siguientes, las que le darían la inmortalidad.
Roberto nos muestra un Santiago de Chile partido por la mitad. Lleno de artistas y fascistas, de pobreza y de aristócratas. Pero en esa brecha que podría representar la Alameda, la avenida de los pobres y de los ricos, Roberto ubica la poesía. Porque para Bolaño la literatura, la poesía, está en todos los sitios. Un fascista escribiendo poemas en el cielo es poético, y mucho, pero también lo es un grupo de escritores realvisceralistas que defecan, se masturban y vomitan sobre grandes obras literarias. La poesía es para todos. Aunque sean unos hijos de puta.
Roberto Bolaño, en definitiva, se llena las manos de literatura, la amolda, la hace tan cercana que no podemos pensar en un personaje de Roberto sin que esté rodeado de libros y, sobre todo, de literatura.
Reseña de "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano
Si Bartolomé de las Casas escribió una Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en el siglo XVI, lo que podemos encontrar en este ensayo del escritor y pensador uruguayo, Eduardo Galeano, podría ser una "brevísima relación de la explotación de América" desde el siglo XVI hasta la conteporaneidad del autor(el libro salió a la luz en 1971).
Lo que Galeano pretende es mostrar la cara B. La cara de los derrotados, de los desposeídos. Intenta restablecer, un poco, la justicia histórica, responder a los cañonazos y a la fuerza de la explotación con recuperación de la memoria. Y, pese al excelente resultado obtenido, el trabajo de Galeano no ha debido de ser fácil. Los pobres, los que no tienen nada, (los nadie, como él mismo los definió en un excelente poema), no dejan marca. No quedan en el registro de la historia. Se mueren sin gloria, sin nombre, en masa.
Lo que nos presenta el uruguayo es una lista, lo más completa posible, de los mayores desastres, las matanzas, los saqueos más importantes desde el descubrimiento hasta la actualidad. Y, para nuestro asombro, podemos comprobar como este relato de los hechos nos presenta una batalla cada vez más compleja, más oculta, entre ricos y pobres.
Lo que podemos sacar en claro de la lectura de Las venas abiertas de América Latina es, que si antes se conquistaba a caballo y con la lanza en ristre, dejando las cosas claras en cuanto a derechos humanos de los conquistados, en los últimos siglos la aparente legitimización de los nuevos estados creados, en su mayoría, a comienzos del siglo XVIII, y el crecimiento más menos progresivo de los países, ha ocultado una explotación y un dominio por parte de los intereses comerciales mucho más abrumador que el que sufrieron los que recibieron a colonizadores.
Todos somos minorías
oscuro
opuesto al Papa
y las sábanas fueron heridas
de suciedad.
Soy homosexual y tengo el culo rojo
de tanto amar,
de tanto creer en Dios.
Cada vez que toco una cama soy puta
reputa,
sucia puta de los cojones
y ellos me penetrarán rabiosos
con los calcetines puestos.
Cada vez que voy a la playa quiero ser turista
llenarme de sol y arena
pero me convierto en chabola de carne
sucio inmigrante
enfermedad
que se comerá a tus hijos y tu sueldo.
Si no fuera por mí mismo
por las esquinas y los palos
sería persona.
Si no fuera minoría,
si fuera un tío normal,
un tipo normal que se llena de babas e insulta
que se caga en los raros
y sueña con pegar a la mujer de su vida
si fuera así,
sería un tío de puta madre.
Producto
Eres tan fría, tan recta
que nunca llegas
que nunca alcanzas.
Concreta como un tornillo
como una madera sin carcoma
caminas por la calle perfecta
con el precioso erotismo
de una silla de IKEA.
Advertencia
Si quieres ser estatua de mayor
y evitar contratiempos
te propongo ser señora honrada
perfecto zapato de vestir
que siempre sabe
mantener las formas.
¡Pero cuidado!
Te convertirás en melocotón
si sigues así de suave.
Cualquier día de estos
en que la cama es una trampa
y el ojo un silencio
del sobaco te saldrá una flor
caliente y blanca
como tu sexo.
Tu recuerdo salta del espejo

Bacon, Retrato de George Dyer
Rebotará mi cara en el espejo
y pensaré en ti.
Desordenado y lleno de escombros
me nacerán en la cara
(como una maldición
o un suspiro)
dos granos con la forma exacta
de tus senos.
Yo nunca te lo pediría
pero mis condones
(infatigables amigos de calor y plástico)
en peregrinaje irán a tu casa
a suplicarte que vuelvas con ellos
que vuelvas
(por favor y de una vez)
conmigo.








