Islas divergentes

Comentario a película Skylab







Cuando vi la película Pequeña Miss Sunshine, aquel fenómeno que encantó a todos hace ya unos añitos, me reí mucho, como casi todos, creo. Esa intimidad que consigue, la complicidad entre los diferentes caracteres que aparecen en el film hacen que el espectador se involucre y le nazca la risa desde dentro. Vale, El Skylab, de la talentosa Julie Delpy, supera a la familia de la furgoneta amarilla en cuanto a credibilidad y cercanía y, a veces, en cuanto a lirismo y humor. 


Se trata de una crónica familiar autobiográfica desarrollada en 1979 en la que  Albertine, de diez años, y sus familiares se reunen la casa de la abuela, en la costa de Bretaña, para celebrar su cumpleaños. Albertine, la protagonista y que representa a la propia Delpy en el film, es la que más cree en la caída del Skylab, un satélite que está a punto de estrellarse con la tierra y que por algún tipo de mala suerte inevitable, la niña cree que caerá sobre esta casa enorme y tranquila en medio de la nada. La amenaza irreal del Skylab hace que los sucesos cobren una dimensión enorme, última para la niña, ya que tras una noche mágica con un príncipe azul y surfero, abandona el mundo y la mesa de los niños para encontrarse en un difuso y incómodo lugar que se llama adolescencia. Los descubrimientos de Albertine se irán mezclando con los de sus familiares, con los que en un fin de semana veraniego verá cambiar todo su mundo.

El Skylab sabe posicionarse en un lugar muy íntimo que podemos compartir todos los espectadores, la familia, y desde allí hace un retrato complejo pero a la vez cotidiano en el que todos nos vemos identificados y donde pasamos un buen rato viendo las discusiones en la mesa, la curiosidad de los niños, el catálogo de recursos para ligar del primo de Albertine o las contradicciones y autenticidad de unos padres anarquistas que son de lo mejor de la película. Como dice la propia directora, para mi el cine es intentar que las personas olviden la realidad exterior, y por ello, durante la hora y cincuenta y tres minutos que dura la película te sentirás como si estuvieras viviendo un fin de semana familiar a la vez que pasas un buen rato con esta fresca y excéntrica familia. 


Título original: Le Skylab
Fecha de estreno en España: 27 de julio de 2012
Duración: 1 hora 53 minutos
País: Francia
Director: Julie Delpy
Guión: Julie Delpy
Reparto: Eric Elmosnino (Jean), Noémie Lvovsky (Monique), Aure Atika (Linette), Bernadette Lafont (Mamie), Emmanuelle Riva (Mémé), Sophie Quinton (Clémentine) además de la propia directora, Julie Delpy.
Premios: Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de San Sebastián 2011







Descripción del acto




Hacer el amor
y recoger los trozos de pan
que vas dejando por la casa.

Hacer el amor
como si no hubiera más viento
que nuestras manos.

Hacer el amor
quitarnos estas pieles del medio
y juntar el espinazo.

Hacer el amor
como si la cama estuviera a punto
de ser ceniza.

Lamer el amor
como si todas las carreteras acabaran en nosotros
y fueran carne.

Hacer la guerra
y que la ONU nos declare
Alerta Terrorista.

Abrir el amor
deshacer el nudo
las gargantas
las narices
y recuperar la vista
las raíces.

Penetrar el amor
para rozarnos las raíces
para vestirnos de raíces y lamernos las raíces.

Destrozar el amor
astillas las sábanas que siempre nos atan
cuando es de día.

Respirar el amor
y que no puedas respirar
ni dormir
tranquila.

Fuerza en el amor como si fuéramos compuertas
como si fuéramos entradas y ríos
como si nuestros labios Molotov
como si nuestras lenguas
pulpa de sangre. 

Reseña de The deep blue sea




Rachel Weisz, una de las actrices más sugerentes y talentosas de la actualidad, aparece tomando sopa y frente a ella, su suegra, hablando sobre su pasión por el deporte. Rachel Weisz, potente y fiera, levanta la mirada del plato e inicia la batalla:



-Me parece muy difícil ser apasionada con eso.

-Ten cuidado con la pasión, Hester. Siempre lleva a algo feo.

-¿Con qué lo remplazaría?

- Con cauteloso entusiasmo. Es más seguro.

- Pero más aburrido.



Y vuelta a comer la sopa mientras el marido e hijo, interpretado por Simon Russell Beale, nota cómo la sopa no quiere pasar por su garganta.  Glup.



La película donde aparece este diálogo genial es The deep blue sea, de Terence Davies. La historia trascurre entre la niebla de un Londres de los años 50, aún herido por la segunda Guerra Mundial y con el horizonte algo desviado. En este contexto de regeneración, de intentar ponerse de nuevo en pie, un matrimonio formado por Rachel Weisz y Simon Russell Beale trata de no ser excesivamente consciente de su aburrimiento existencial, sin embargo, y como se veía venir, Rachel Weisz conoce a un apuesto joven que le hace replantearse la velocidad a la que quiere vivir el resto de su vida. Hasta aquí, esta es una película más sobre un matrimonio con una gran diferencia de edad en la que el miembro más joven se ve atraído irremediablemente por una persona de su edad, mucho más atractivo que su pareja. Este argumento es sabido por todos, pero lo que no es sabido por todos es la presencia de Rachel Weisz en la película, ciclópea, enorme, con una actuación que convierte a esta película, de mediocre, en muy buena. Os recomiendo que vayáis a ver a Rachel Weisz, quiero decir, The deep blue see, al cine. Merece la pena.



Director: Terence Davies

Reparto: Rachel Weisz, Tom Hiddleston, Simon Russell Beale, Barbara Jefford

95 minutos

Reino Unido, 2011

Sin camino


Ramell Ross


Para qué abrir la camisa si todos tus labios
toda tu sangre de batalla
toda tu selva y tu savia
ya tan lejos.

Para qué salir a cazar si ya no hay tigre
caliente
en los cadáveres.
Ahora todos tus labios,
todos tus labios de lunes que amanece
de miércoles de frutas
labios de viernes que escuecen y se escapan
están más allá de las ventanas
y no vuelven.

Ahora tú con chaleco antibalas
Tú sin puñales de caminos
para mi
y yo aquí sentado sin sangre
y sin ti.

Feliz Navidad


Cuando llegaron las lluvias y los árboles del parque se quedaron secos y esqueléticos, en la televisión empezaron a poner a todas horas un anuncio perfecto:

"PONITRON, el Poni que hará feliz a su hijo. Relincha, corre, come azucarillos, y ni se caga ni se mea en la alfombra. No lo dude, el regalo de estas Navidades. Por tan solo 2000 pesetas tendrá en su casa un increíble PONITRON."


Teníamos la cantinela todo el día en la cabeza. Y claro, Amanda empezó a pedírnoslo. 2000 pesetas era dinero, pero Irene, mi mujer, me convenció: "bueno, los reyes del año que viene serán más flojos...una vez es una vez". Pues eso. Una vez es una vez. Y le compraríamos a nuestra querida hija un hermoso PONITRON made in China que recordaría toda la vida.


Quise que todo saliera bien y que no hubiera prisas de última hora así que, un día que pude salir un poco antes del trabajo, me escapé a un centro comercial a por el juguete. Estábamos a principios de Diciembre, pero el furor consumista ya había dejado temblando los estantes. Me empezó a entrar el nervio, el ansia, y solo veía competidores por todos lados. "Me cago en la hostia" pensé, "mi hija no se va a quedar sin su regalo". Caminaba cada vez más rápido por los pasillos del centro comercial, mirando con rabia a los padres, a las abuelas de mierda que creen saber qué es lo que quieren sus nietos.


Tenía miedo. Miedo de ser un padre de mierda. Un padre que no aprecia a su hijita regalándole el mejor juguete posible. Tenía miedo. Miedo, también de la cara de Irene y su tristeza, de nuestra decepción. Con los puños apretados atravesé el pasillo de las muñecas, el de los juegos de mesa y el de material de guerra infantil hasta que llegué al pasillo de "Superventas". Allí chillaba todo el mundo y un padre calvo y con mala leche, sacó a pasear su puño derribando a una hilera de abuelos que cayeron al compás del hilo musical.


Como yo no tenía tiempo de diversión, esquivé al calvo y a su puño con mala leche y busqué entre la gente al PONITRON de las narices. Por fin. Al final del pasillo pude ver la caja y me lancé como un loco a por ella. Pesaba bastante y me pareció que dentro algo olía muy mal. Como a gato muerto. Pensé que sería algún viejo, víctima de la ira del calvo.


Mientras corría hacia la caja registradora agarré las 2000 pesetas que tenía en el bolsillo, y se las lancé a la cajera con violencia. Cuando llegué al coche, respiré, por fin, después de diez minutos. "Joder, tengo al puñetero poni conmigo" pensé. Eso si, la vuelta a casa la tuve que hacer con las ventanillas bajadas porque algo apestaba en el coche. "Seguro que he pisado una mierda al salir echando hostias de ahí, pero bueno, merece la pena porque tengo el PONITRON para Amanda".


Llegué a casa y envolví rápido el regalo, temiendo que alguien viniera (aunque era imposible, Irene y Amanda habían ido a ver a los padres de Irene) y me pillara con la sorpresa. Después de envolverla, la guardé en el armario del pasillo. Un lugar profundo y que solo abrimos para sacar el árbol de Navidad, el trivial y los manguitos de Amanda. Dos semanas después Irene y yo fuimos, más tranquilos ya y sin carreras, a comprar el resto de regalos.


Los días pasaban e Irene seguía en el curro, trabajando poco y ganando mucho, yo al revés y Amanda con aquel imbécil de su clase, Tomás, que no dejaba de meterse con él. Salvo los resfriados y las cañas que me tomaba los viernes con los colegas, todo era más o menos igual. Esperaba con ansia el momento de ver la cara de mi hija al descubrir su regalo.


Y bueno, después de Nochebuena y Navidad, de la borrachera de Nochevieja, de tantas luces, de tanta alegría y tantos polvorones, llegó la noche de Reyes. Joder. Cómo apestaba el puñetero armario. Cuando Irene y yo fuimos a por los regalos a eso de las doce de la noche, notamos una hostia de olor fétido en la cara. A mi se me saltaron las lágrimas e Irene se fue corriendo a vomitar al baño. Era raro de narices porque aunque el armario era profundo, no había ni cañerías ni cosas raras que pudieran oler mal. No se. Irene y yo nos acojonamos. No era un miedo normal, era una especie de vergüenza y en aquel momento sentimos un dolor en la tripa muy raro, entre nervios y nauseas.


Aguantando la respiración y sin hacer ruido para que Amanda no se despertara, Irene y yo cogimos el regalo y la llevamos a nuestro cuarto. Estaba claro que había algo podrido, nauseabundo, dentro de la caja. Se suponía que tendría que haber un PONITRON ahí dentro con sus pilas y sus luces, hecho en alguna fábrica China, con la delicadeza de unos deditos pequeños e inocentes, con su pelo suave y su melena y su cola. Un poni que hiciera feliz a nuestra hija. Un poni que haría compañía a Amanda mientras nosotros nos íbamos a tomar algo, o a hacer el amor, o yo que se, lo que nos diera la gana. Un poni que cuidara y que quisiera a nuestra hija.


La caja estaba ahí, encima de la cama, y ni Irene ni yo nos atrevíamos a abrirla. El olor seguía siendo asqueroso y tuvimos que correr las cortinas y abrir la ventana. Al final fue Irene la que se atrevió a abrirla. Admito que mi supuesta mayor valentía como hombre de la casa se fue al garete. Irene empezó a rasgar con cuidado las líneas punteadas, pero cuando se dio cuenta que se resistía un poco, se puso nerviosa y empezó a rasgarlo todo con furia. Y abrió la caja.


Lo que había allí no era un PONITRON, ni tan siquiera un juguete. Lo que había allí era algo muerto. Algo que, terriblemente muerto, olía a niño chino de nueve años muerto desde hacía semanas. Un cuerpecito descompuesto, terrible, y que había sido colocado allí por error en el lugar de un precioso y suave PONITRON para mi hija de nueve años. Lo que yo más quiero en este mundo.

Encuentro en la carretera


                                                                                    KARL SCHMIDT -ROTTLUFF



Me acerco a ti con el mapa entre los dedos
el camino lleno de manos pero tú tan selva
tan muro sin persianas
tan tigre lleno de nudos que es imposible
alcanzarte.

STOP

"Prohibido pasar de 50
grados"

Eres dura como un espejo
pero poco a poco apareces
y ya masticas el asfalto
cuando estás nerviosa.

Vuelves y te pintas los labios de frutas y
todas las ventanas se te abren
sin que te des cuenta.

Tu cuerpo,
asediado de señales
mareado de rotondas
ve pasar el tráfico mientras tose
y tose
lleno de ganas.

Educación sentimental

Chema Madoz



Desde pequeño el amor en un cajón:
"Más vale pájaro casado que cien amantes volando".
Más valía, más vale
morder la jaula que cazar volcanes con la lengua.
Mejor usar muletas de labios
mejor tener, mejor atar
mejor criar un mar esclavo
en la pecera de la tripa.
No lo dudes y clava a tu amad@ al suelo
día a día a la cocina y los sillones.
Clava al suelo
(con enormes puntas de hielo)
la sombra de la cama
y asesina al tigre que se esconde
debajo.

Mejor parar y medir el calor exacto
necesario
que te ofrecen
y dar las gracias.

¿Para qué correr si cada persona tiene un final
un reposabrazos asesino,
un tropezón de jaulas
grises?

Escribe cartas de despedida a tus amantes y a tus labios,
cartas de hasta nunca a tus manos,
a la oscuridad suicida de otros cuerpos y vuelve al sillón,
enciende la tele y aguanta la respiración:
empieza a oler a podrido.

Hazme la guerra


Lauren Craste

No me dejes en paz.
Nunca.

Hazme mil guerras
de dedos
de agujeros,
miradas sin tregua.

No quiero estar en paz;
me asustan los bichos
suaves
que duermen en sofás y que me sorben el ombligo
y el alma.

Moléstame

Córtate las uñas cuando hacemos el amor,
y haz el amor,
cada vez que abra un grifo.

Pero si quieres dejarme en paz y te escuecen los pies,
y te llama el humo caliente de los cuerpos,
no rompas los puñales llenos
aún 
de sangre nuestra
y déjalos
a mano 
 
y sedientos de guerra. 

La superviviente

ENJEONG NOH


Tengo una colección de cadáveres,
atada al pie,
a las manos.

Todas son bellas y sonrientes,
pero tú, querida y amada cadáver,
estás aquí,
mirándome a los ojos.  

Madre


Madre y niño, Guayasamín



Si no te hubiera gustado leer,
ahora tendría martillos o piedras
en las manos.

Si no te gustara leer
sería un hombre normal,
un hombre que abre los cajones y encuentra cosas.

Un hombre admirable que confunde un cuello de mujer
con un jarrón o con un plato hondo.

Me diste el mejor arma del mundo,
27 balas,
y miles de zombies grises para disparar.

Si no te gustara leer,
si no tuvieras (y tuviera) ese hueco insaciable en la sangre,
no sería yo, 
no seríamos nosotros. 

¡Alto ahí!



Roberto Kusterle

Ahora
que solo nos quedan
cucharas y tijeras
te empeñas en ser caliente,
romper tu nariz contra mi pecho
tropezarte de ganas
en mi puerta.

Quédate ahí,
en el borde
estirando el tiempo
la mirada.

No agotes el calor
que se esconde en las ramas
de tu pelo,
y quédate ahí
siempre

en la memoria. 

Vida

Con 17 años, Rodolfo caminaba alegre por la vida. Su única intención era descubrir el mundo y enamorar a chicas guapas pero un día todo se torció.

Al salir de casa ese día para ir a por el pan, tuvo el presentimiento de que iba a morir. Se olvidó del pan, volvió a su casa a coger unas pocas cosas y se fue de casa. Rodolfo se pasó la vida viajando, huyendo, pero llegó el momento en que se cumplió su presentimiento. Rodolfo, con 82 años, murió en su cama rodeado de sus tres hijos, su esposa y sus cinco nietos.

*


Man Ray


Si no fuera por el limón que te nace
tan rojo
entre los labios
todo sería tan desierto,
todo tan piel
todo tan ceniza y tan madera seca.

Entre los labios, como un relámpago húmedo
tu lengua me indica el camino perdido a las algas
la vuelta al terreno viscoso
muscular
de la pasión.