Islas divergentes

Yo soy





Me llamo desecho y tengo la piel oscura
pero soy tu hermano
Me llamo pobreza y mierda
pero soy tu hermana.

Yo soy el que pierde cuando se juega a piel,
cuando se juega a ganar, cuando se juega a blanco.
Soy el gitano que roba todos los coches rojos de vuestro deseo
soy el moro que vende fracaso a vuestros hijos
soy la negra que cabalga veneno en vuestras bocas sedientas.

Me llamo basura y tengo la piel derrota
pero soy tu hermana
Me llaman suelo y la boca sucia
pero soy tu hermano.

En mi pecho nació la crisis,
soy el terrorista,
el que nunca juega pero siempre pierde
el que ensucia vuestras margaritas

tened miedo de mi
tened asco
soy la espalda, el hambre, la venganza
el culpable

pero soy tu hermano
pero soy tu hermana.

Fuego y ceniza






Cuando nació tu cuerpo se inventaron el fuego y la ceniza,
se inventaron las camas frías
y los ojos antorcha.
Cuando llegaste
cerré mi niño en el recuerdo
para salir corriendo
a buscarte.
 No cabía tu melena en mis manos tartamudas,
no encajaba tu río de viernes, 
imposible tu lava en mi piscina vacía.

Nunca levantas el acelerador de la esperanza,
y a mí solo me queda aprender:

para alcanzar tu temperatura
hay que convertirse en fuego
y ceniza
y no preocuparse por la herida. 


Cuando estás o no




cuando estás me hierve el tigre y se me funden las sillas
y las cosas a medias.

Cuando estás me río de lluvia a cielo abierto
a tripa abierta y dedos abiertos pero cuando no
cuando no estás se me abren grietas
se me abre huracán de basura en la cocina
me ahorca la distancia
y tan cerca.

Cuando estás se nos desata el tiempo de las manos
y a quién le importa si ya estás, si estamos
y lo demás es paisaje.

Y cuando no estás, pero estás, mis manos caen al vacío
gritando.
Y cuando estás y yo no estoy, asesino animales rojos que te nacen en la boca
y que no vuelven.

Pues eso, que a ver si nos aclaramos,
porque así no se puede.

Mover la bola



Porque no tenemos un Dwight Howard que rompa la defensa de púas y policías del gobierno. Solo somos tiradores solos que nos escondemos en canchas en el bosque donde jugamos solos, con nuestra pelota y nuestra hipoteca embarazada a cuestas. Pero somos muchos. Tirando y fallando, tirando y hueso y aro, y perdiendo el día, los amigos, las oportunidades, siempre perdiendo. 
Cómo ganaremos el partido si no hay quien se deje la piel contra el ogro de la zona, nadie contra la bestia hambrienta de personales e impuestos, y nosotros con hambre, cero de doce y no ganamos el partido, sudor de lunes y lesiones y nadie, nadie llora de lágrimas de victoria.

Pero somos tantos, que no nos hace falta Howard que saque mineral en la zona. Es cuestión de mover la bola hasta que le salgan pelusas cansadas de la boca a todos los estrujadores de tableros, a los que imponen la triste regla que no deja jugar a la pelota en los bosques, a los besos en los baños sagrados de la risa y que solo quieren jugar ellos, y ellos, y ellos y para nadie más la pelota porque se enfadan, cogen su puta pelota, y nos suben los impuestos, nos aprietan la vida y nos ganan, nos ganan, nos rematan el partido. 

No tenemos miedo. Apretamos los puños y no, se nos desatan los tobillos pero no, no vamos a dejar que ganen los ogros de la zona. Somos muchos para tocar el tambor amarillo de la victoria y nadie podrá parar el mate en la cara de la necesidad y el deseo.