Islas divergentes

Alesio, de Ignacio García May




Mañana sábado 27, el domingo 28 y el lunes 29, a las 20.30, la compañía local Xexil body milk dirigida por Pedro García de las Heras (y en la que me incluyo) interpretará en la Plaza del pueblo de Torrelaguna la obra ALESIO, de Ignacio García May.

http://www.torrelagunaweb.es/pdf/2011/08/reparto_teatro_verano.pdf




Sal


Richard Avedon


No vengas con ese amor callado
sin sangre
que agoniza en tu boca.

Desparrama ya los ríos que golpean tu entrepierna
y coge aire
(las alas ya te asoman por las puntas del vestido).

No busques trabajo,
busca los truenos que chocan en tu piel y abre
abre todas las puertas,
abre tu piel y la mía
las calles y los sueños
y desgarra tres noches cada cama
en cada mirada.

Crítica literaria de Estrella distante, de Roberto Bolaño


En 1968, mientras los estudiantes levantaban barricadas y los futuros novelistas de Francia rompían a ladrillazos las ventanas de sus Liceos o hacían el amor por primera vez, decidió fundar la secta o el movimiento de los Escritores Bárbaros. Así que, mientras unos intelectuales salían a tomar las calles, el antiguo legionario se encerró en su minúscula portería de la rue Des Eaux y comenzó a dar forma a su nueva literatura. El aprendizaje consistía en dos pasos aparentemente sencillos. El encierro y la lectura. Para el primer paso había que comprar víveres suficientes para una semana o ayunar. También era necesario, para evitar las visitas inoportunas, avisar que uno no estaba disponible para nadie o que salía de viaje por una semana o que había contraído una enfermedad contagiosa. El segundo paso era más complicado. Según Delorme, había que fundirse con las obras maestras. Esto se conseguía de una manera harto curiosa: defecando sobre las páginas de Víctor Hugo, masturbándose y desparramando el semen sobre las páginas de Gautier o Banville, vomitando sobre Lamartine, haciéndose cortes con hojas de afeitar y salpicando de sangre las páginas de Balzac o Maupassant, sometiendo, en fin, a los libros a un proceso de degradación que Delorme llamaba humanización.

La verdad es que me acojona hablar sobre Roberto Bolaño. Por eso, quizá, uso sus palabras (Amén). Es como hablar de un Dios, de un tío exacto en sus imprecisiones y en sus temas por muy desconcertantes que puedan parecer y por muy nebuloso y volátil que pueda parecer él mismo: chileno, mexicano, español, inmigrante, superventas, emigrante, revolucionario, bohemio y erudito. Tiene de todo un poco y lo controla todo. En su novela Estrella distante, segunda novela del autor publicada por primera vez en 1996, Roberto muestra un mundo extrañamente perfecto y exacto. Se trata de un mundo sórdido, de clases de literatura, de oscuridad, de asesinos, de dictadura, de weones y chilenismos varios. No se trata de un edificio majestuoso como los creados por el chileno en Los detectives salvajes o en 2666, sus obras más celebradas, pero quizá sin novelas como Estrella distante no existirían las siguientes, las que le darían la inmortalidad. 
 
Roberto nos muestra un Santiago de Chile partido por la mitad. Lleno de artistas y fascistas, de pobreza y de aristócratas. Pero en esa brecha que podría representar la Alameda, la avenida de los pobres y de los ricos, Roberto ubica la poesía. Porque para Bolaño la literatura, la poesía, está en todos los sitios. Un fascista escribiendo poemas en el cielo es poético, y mucho, pero también lo es un grupo de escritores realvisceralistas que defecan, se masturban y vomitan sobre grandes obras literarias. La poesía es para todos. Aunque sean unos hijos de puta.
 
Roberto Bolaño, en definitiva, se llena las manos de literatura, la amolda, la hace tan cercana que no podemos pensar en un personaje de Roberto sin que esté rodeado de libros y, sobre todo, de literatura.

Reseña de "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano

Desierto de Atacama, Chile.


Si Bartolomé de las Casas escribió una Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en el siglo XVI, lo que podemos encontrar en este ensayo del escritor y pensador uruguayo, Eduardo Galeano, podría ser una "brevísima relación de la explotación de América" desde el siglo XVI hasta la conteporaneidad del autor(el libro salió a la luz en 1971).


Lo que Galeano pretende es mostrar la cara B. La cara de los derrotados, de los desposeídos. Intenta restablecer, un poco, la justicia histórica, responder a los cañonazos y a la fuerza de la explotación con recuperación de la memoria. Y, pese al excelente resultado obtenido, el trabajo de Galeano no ha debido de ser fácil. Los pobres, los que no tienen nada, (los nadie, como él mismo los definió en un excelente poema), no dejan marca. No quedan en el registro de la historia. Se mueren sin gloria, sin nombre, en masa.


Lo que nos presenta el uruguayo es una lista, lo más completa posible, de los mayores desastres, las matanzas, los saqueos más importantes desde el descubrimiento hasta la actualidad. Y, para nuestro asombro, podemos comprobar como este relato de los hechos nos presenta una batalla cada vez más compleja, más oculta, entre ricos y pobres.


Lo que podemos sacar en claro de la lectura de Las venas abiertas de América Latina es, que si antes se conquistaba a caballo y con la lanza en ristre, dejando las cosas claras en cuanto a derechos humanos de los conquistados, en los últimos siglos la aparente legitimización de los nuevos estados creados, en su mayoría, a comienzos del siglo XVIII, y el crecimiento más menos progresivo de los países, ha ocultado una explotación y un dominio por parte de los intereses comerciales mucho más abrumador que el que sufrieron los que recibieron a colonizadores.


Todos somos minorías


Hoy me he levantado negro,
oscuro
opuesto al Papa
y las sábanas fueron heridas
de suciedad.

Soy homosexual y tengo el culo rojo
de tanto amar,
de tanto creer en Dios.

Cada vez que toco una cama soy puta
reputa,
sucia puta de los cojones
y ellos me penetrarán rabiosos
con los calcetines puestos.

Cada vez que voy a la playa quiero ser turista
llenarme de sol y arena
pero me convierto en chabola de carne
sucio inmigrante
enfermedad
que se comerá a tus hijos y tu sueldo.

Si no fuera por mí mismo
por las esquinas y los palos
sería persona.

Si no fuera minoría,
si fuera un tío normal,
un tipo normal que se llena de babas e insulta
que se caga en los raros
y sueña con pegar a la mujer de su vida
si fuera así,
sería un tío de puta madre.



Producto

Oleg Duryagin(DOU)


Eres tan fría, tan recta
que nunca llegas
que nunca alcanzas.

Concreta como un tornillo
como una madera sin carcoma
caminas por la calle perfecta
con el precioso erotismo
de una silla de IKEA.

Advertencia


Mario Sánchez


Si quieres ser estatua de mayor
y evitar contratiempos
te propongo ser señora honrada
perfecto zapato de vestir
que siempre sabe
mantener las formas.

¡Pero cuidado!

Te convertirás en melocotón
si sigues así de suave.
Cualquier día de estos
en que la cama es una trampa
y el ojo un silencio
del sobaco te saldrá una flor
caliente y blanca
como tu sexo.



Tu recuerdo salta del espejo

Bacon, Retrato de George Dyer

Rebotará mi cara en el espejo

y pensaré en ti.


Desordenado y lleno de escombros

me nacerán en la cara

(como una maldición

o un suspiro)

dos granos con la forma exacta

de tus senos.


Yo nunca te lo pediría

pero mis condones

(infatigables amigos de calor y plástico)

en peregrinaje irán a tu casa

a suplicarte que vuelvas con ellos

que vuelvas

(por favor y de una vez)

conmigo.


Sed

Anna Kharina


Tu boca es partir naranjas

sacar el jugo con la lengua

morder el sabor.


Pensaré en ti cuando nazca

bruta

la esencia de mi sangre

en una cama ajena

en unos brazos tristes

y secos.

A veces la carne tiene sabor a semáforo

Jacek Yerka



Esta eternidad coagulada

se repite calle a calle

en la ciudad sucia

en que se ha convertido mi cuerpo.


La velocidad de los dedos es relativa

a la suavidad del cuerpo pero los coches

que tienen ojos pero que no miran

no mueren nunca de amor.


Siento que los atardecederes se venden en rastrillos

o se caen a la basura

de pura tristeza.


Así no vamos a ningún lado, dijo ella

Y fue verdad.

El semáforo seguía en rojo.

Como un explorador, Joaquín Sabina

Antonio López, Los novios


Después de tanto tiempo al fin te has ido
y, en vez de lamentarme, he decidido
tomármelo con calma.
De par en par he abierto los balcones,
he sacudido el polvo a todos los rincones
de mi alma.

Me he dicho que la vida no es un valle
de lágrimas… y he salido a la calle
como un explorador.
He vuelto a tropezar con el pasado
y he decidido, en el bar de mis pecados,
otra copa de ron.

Y en otros ojos me olvidé de tu mirada
y en otros labios despisté a la madrugada
y en otro pelo
me curé del desconsuelo
que empapaba mi almohada.

Y en otros puertos he atracado mi velero
y en otros cuartos he colgado mi sombrero,
y una mañana
comprendí que aveces gana
el que pierde a una mujer.

Con el cartel de libre en la solapa
he vuelto a ser un guapo entre las guapas
chulapas de Madrid,
sólo me pongo triste cuando alguno,
en el momento más inoportuno,
me pregunta por ti.


Ella

Taylor Wood


Ella daba dos pasos hacia adelante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza

Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla

Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma

Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos
de abundancia

Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas.

VICENTE HUIDOBRO

El príncipe




El príncipe llora

solo

en su castillo.


El príncipe llora y piensa en putas y en puertos

en entradas calientes.


La puerta del castillo huele a cárcel

huele a sudor de armiño

semen corrompido.


Las lágrimas tienen audiencia

con el príncipe y sus ojos secos.


El príncipe sueña con palacios irreales,

llenos de sirvientas y vino,

llenos de dolor y vida.

Luz


Frida Kalho, Mi nacimiento

Ya llegan las contracciones. La señora Flora siente su interior romperse y no puede hacer otra cosa que contraerse y apretarse la tripa por encima del jersey. Su marido, Pedro, va de un lado a otro de la casa intentando encontrar ayuda para su esposa. Hace dos minutos que Flora ha sentido las contracciones y él llamó justo después a la ambulancia. Están de camino. En su intento de ayudarla, ha traído a la cama toallas, una botella de agua, servilletas, trapos y a sus dos hijos pequeños que miran a su madre aterrorizados.

El instante es importante, pero a la vez trágico. Es evidente que una nueva vida va a nacer, pero el coste puede ser demasiado grande. Pedro vuelve a intentar acomodar, por decimoquinta vez, un poco mejor a su mujer en la cama. No lo consigue. Flora le aparta la mano con un movimiento casi demoniaco. Flora grita y grita y solo quiere sacar ese fuego de su cuerpo. Pedro empieza a pensar si no habría sido mejor llevarla al médico, haber tenido que soportar un viaje largo de diez minutos auxiliando a su mujer y tener que haber dejado a los hijos en casa de… El caso es que da igual. Lo hecho hecho está, y ya no se pueden cambiar las cosas. Seguro que la ambulancia está a punto de llegar.

Flora nota como su cuerpo duele y reclama un esfuerzo titánico de su parte. Los otros dos partos no fueron así de duros. Este viene fuerte. Se agarra a las sábanas y vuelve a gritar. Parece que ahí viene. Siente que aquí viene.

Llama a su marido y le dice que va a tener que ayudarla. Lo primero, que lleve a los niños a la habitación, son demasiado pequeños y no harán otra cosa que asustarse y molestar. Lo segundo, que llame a esa puta ambulancia de nuevo que va a dar a luz, joder.

Lo tercero, y último, que venga a ayudarla, que traiga más agua, gasas, y unas tijeras. Aquí viene. Las órdenes de Flora se cortan en ese momento y un golpe dentro de su bajo vientre le avisa que va a dar a luz. Ya está aquí.

Su pelo está empapado, y dibujos serpenteantes se forman en su frente. Pedro intenta ayudarla y calmarla, pero es imposible. Parece que la dilatación ha llegado a su punto máximo. Está al límite. Flora empuja, hace fuerza y siente como sus manos, sus brazos, sus pechos, y cada parte de su cuerpo empuja e intenta sacar a este nuevo ser al mundo. Sus fuerzas están al límite. Justo a punto de tropezar con un precipicio que representa el desmayo y el dejarse llevar. Sigue tentando a sus fuerzas, obstinada. Pedro la ayuda, empuja con ella, la intenta calmar y está con ella. No la ha dejado sola.

Parece que ya sale, ya sale, está saliendo, una superficie blanca ensangrentada aparece y Pedro y María cambian un poco su semblante y se miran por un segundo, no, menos de un segundo, porque aún no ha acabado, y primero hay que terminar de dar a luz, de empujar y de sufrir, y Flora, solo ella, es la que empuja, y es ella la que va a dar a luz, y es ella la que lo está haciendo, y aprieta todo su cuerpo y, por fin, ya está fuera. Ya lo ha hecho. Ya ha dado a luz.

Pedro no lo cree. Se siente afortunado. En los otros dos partos no pudo estar presente por culpa del trabajo, y ahora puede coger a su hijo en brazos y acunarlo y sentirlo cerca.

Busca entre las mantas, y recoge una bola blanca ensangrentada. ¿Qué es esto? Se da cuenta que tiene pliegues, que está arrugado. No es un niño, desde luego que no.

¡¿Pero qué es esto?! Lo abre poco a poco y al hacerlo se da cuenta de que dentro de él hay letras que dicen cosas. Instintivamente empieza a leer. Es un poema, parece:


Pasar la vida contigo

ha sido

es

y será un insulto

a cada alma,

que lucha y se mueve

para seguir viviendo.


Me estoy quemando

de mala manera

enlatada de cocina,

cama

llevo tu sombra en las cadenas.


La sangre me hará partir

buscar entre caminos pasados,

parados y resecos

huir,

y ponerte las cadenas

a ti,

carcelero de esencias que no sabe

hacer un huevo frito.

P.D-Te dejo. Por si no lo has entendido.

Comentario a la novela No te mereces nada, de Alexander Maksik


Miscelánea editores nos presenta esta historia que ha hecho que su autor, Alexander Maksik, debutante, haya conseguido un elogioso comentario de Alice Sebold, No te mereces nada es una de las lecturas más comprometidas que he hecho en años. Empieza bien.



La novela transcurre en París, en un centro de estudios para alumnos estadounidenses. Allí, el protagonista, William Silder, es un profesor que se ha convertido en un auténtico ídolo entre los alumnos al conseguir trasladar las ideas de Camus o Shakespeare entre otros a un lenguaje atractivo y cercano para ellos. Pero este profesor que tiene un atractivo no solo intelectual sino también físico, tiene problemas con el resto de adultos por esta manera peculiar de enseñar. Se expone, quizá demasiado, pero esta manera de hacer su trabajo, de casi mostrar en su propia piel la angustia que hay en los libros, es su manera de ser sincero con estos jóvenes, de entregarse a ellos y de ser, por lo menos en apariencia, coherente con la moral que explica en clase.

Esta admiración que despierta William Silder será también la que abra la grieta para que la historia se rompa y acelere. Un hecho desafortunado en el metro en presencia de dos alumnos hará que el venerado pero también lejano y hermético profesor  se muestre cercano pero también débil. La cuarta pared se rompe y los alumnos descubren los engranajes del profesor, que además de enseñar, es persona y tiene sus propios aciertos y fallos.

Así, la narración se desdobla en tres partes. Por un lado está la voz del propio Silder, que, muy bien narrada por Maksik, hace que sus contradicciones sean razonables e incluso lógicas por el lector. Por otro lado está  Marie, una joven atractiva que abre la caja de Pandora con su profesor preferido. Y por último encontramos a Gilad, un estudiante lúcido pero con problemas familiares y con el que Silder tiene una amistad más allá de las aulas.

Alexander Maksik no construye una gran novela existencialista, pero es inteligente y se apoya en los grandes existencialistas para contar lo que quiere contar. Nos muestra cómo el aprendizaje no solo es hacia adelante, sino que a veces cojea, a veces lo seguro se vuelve viscoso y todo se mueve bajo nuestros zapatos. De eso va esta novela. A través de la historia nos damos cuenta que nunca estaremos seguros de nada porque nunca dejaremos de aprender (y de fallar, claro).

Quizá No te mereces nada suene a tópico: París, profesor atractivo que seduce a una alumna, revueltas contra la guerra de Irak, citas perfectas de Faulkner o Sartre sobre el cómo y cuándo madurar…pero lo que consigue Maksik con esta novela es que nos acordemos, además de la inolvidable El club de los poetas muertos,  de nuestros queridos profesores que nos hicieron llegar hasta aquí, para bien o para mal, y que dicha narración, pese a desarrollarse en un escenario donde otras muchas historias han caminado ya, nos mantenga enganchados hasta la última letra.


Título No te mereces nada

Autor Alexander Maksik

Traductor Santiago del Rey  

Editorial Miscelánea editores

Páginas 270

Precio 18€

Esperanza


Waterhouse, The lady of Shalott

La vida estaba en sus piernitas
en sus coletas rubias.
Todo era tan suave
que olerla fuerte habría sido demasiado
para mis pobres pulmones de niño. 

La esperanza estaba ahí
revuelta
pero cuando corría,
cuando huía preciosa de las clases y los niños,
algo único se escapaba
caía
de su piel de animalillo enjaulado.

Tuve que romper la puerta
del baño de las niñas tantas veces
para descubrir que ya no estaba
que se había ido
escondida
detrás de los cigarros
en el corazón de la noche.

Poco a poco la esperanza
el nudo en la garganta y las miradas
se fueron perdiendo en mi carne
como un rutinario veneno
que no deja mancha.

Al fin me acostumbré a tratarlas
a rastrear lo único
pero ya era tarde.

Me rasgué la piel tantas veces
intentando hallar el mapa
la mísera pista
el abrupto encontronazo
de nuevo
entre el valle y mis ojos.

Noté la brisa algunas noches
pero la cama
(crítico e implacable animal nocturno)
con impecable furia
solo dejaba huesos y legañas rotas
cuando bajaba la marea.

La esperanza seguirá escondida en el fondo del bosque
cerraduras
que nunca podré abrir.