Islas divergentes

China y su imán


La democracia baldía

Imagino a los chinos rebotados tras la caída del muro de Berlín y la URSS pensando “ahora vamos nosotros”, mecagoentó. Los imagino como estructura torpe, moviéndose lentamente y con pequeñas piezas que intentan hacerle caer (disidencia interior). Pero, en realidad, esta imagen de gigante patoso que cuida más la estética comunista que la realidad de interés hegemónico del mundo es falsa. La revolución ya había empezado antes, tras la muerte de Mao, el gran líder, en 1976. Con una economía relajada pero sustentada en un sistema dictatorial (por supuesto), China creó su propio modelo de socialismo-comunismo y puso un pie en el siglo XXI con las reformas que Deng Xiaoping, el sustituto de Mao, que pusieron, aunque ligeramente, al gigante rojo en el campo de la competitividad. Y nos jodieron la vida, claro.
Y fue entonces cuando millones de cabezas empezaron a bullir, a buscar una salida para alimentar a millones de bocas comunistas en una encrucijada que nos ha traído un Gólem que domina nuestro presente y futuro. Después de este momento de incertidumbre la cúpula comunista de china decidió cambiar su país y, de paso, cambiar el mundo.
Pues sí, cambiar el mundo, cambiarnos a nosotros más intensamente que lo que podría hacer cualquier presidente del Gobierno o cualquier mandatario de la Unión Europea. Más incluso que cualquier presidente de Estados Unidos o cualquier gran corporación.

Europa y la ruptura termómetro social

En el imaginario colectivo occidental (¿esto existe?), sobre todo europeo, los derechos sociales y laborales son una rémora, una conquista, una barricada, que ha ido sorteando el empuje del capitalismo. Estas medidas socialdemócratas (uf, qué gran palabra), vistas como una propuesta-espejismo para atraer a los izquierdistas menos fascinados por el polo soviético comunista después de la IIGM, eran un regulador de las protestas sociales en la vieja y maltrecha Europa. La cara del capitalismo se acomodaba, en parte, al pulso de la calle y ofrecía su cara más o menos amable. Y que nadie se saliera del capitalismo aunque se perdiera competitividad por las reclamaciones de más derechos. Pero este juego de lucha dentro del capitalismo, que en realidad beneficiaba tanto a manipuladores como manipulados, se rompió cuando desapareció el peligro comunista de la URSS y las protestas sociales se desinflaron de realidad para ser meros ladridos sin perro que pueda morder de manera efectiva. Y así, el cuerpo izquierdista de los países europeos y occidentales palideció de pronto y se quedó en el andamiaje. La representación teatral de una izquierda efectiva, autónoma, se vio horadada hasta el esqueleto con la pérdida del referente real (aunque ya la mayoría de la izquierda occidental se alejara del ideario soviético), dejando el campo abierto al capitalismo y a los partidos conservadores para hacer su juego de apretar y apretar y apretar a los trabajadores sin el miedo de la revuelta, sin tener que dar nada a cambio.

Y llegó China

Y en este juego teatral de derechos, de socialdemocracia y de neoliberalismo a chorro, China da un paso más y dice “os vamos a ganar con vuestras reglas”. Y se convierten en el gran matón del capitalismo. Los que más capacidad tienen para influir y para orientar la economía global, los que presionan el mercado por su lado más débil y abaratan todo. Copian todo. El empleo, el trabajo, las condiciones salariales se empobrecen hasta el escalón justo por encima de la pobreza. Millones de chinos trabajando con una idea en la cabeza, ser hegemonía mundial, y con una dirección política férrea y efectiva. Y esta es la palabra clave, la efectividad. La efectividad que, junto a la rentabilidad, hacen que China no necesite que sus ciudadanos disfruten de unas condiciones sociales de mínimos, ya que este tema ha dejado de ser una prioridad en cualquier parte del mundo hace tiempo. Por encima de los derechos sociales, de la libertad individual, de la democracia, se presenta la libertad económica, la capacidad de comprar y poseer, y en este juego los dirigentes chinos no son para nada de escayola. Tiran y sueltan una cuerda que parece que nunca se va a romper.

La crisis

Está claro que la crisis global no procede de un solo tropezón, sino de varios, de varias avaricias mal combinadas, de un dejar hacer negligente por parte de los gobiernos de los principales gobiernos mundiales, y una sobredimensión de la economía virtual sobre la economía real. Ajam. Esto está muy bien, pero creo que el martillo que suponen millones de chinos de verdad, en condiciones laborales inasumibles por el resto de países avanzados, con una dirección única, lineal, sin vicisitudes políticas, ha abierto una grieta que va a ser muy difícil salvar porque, ¿Cómo se puede competir con un país-continente de 1.300 millones de personas que no se quejan, que no votan y que solo trabajan? ¿Qué podemos ofrecer nosotros, los españoles, los europeos, los estadounidenses, incluso los alemanes, para competir con este gigante?
España ya lo ve, claro. Lo llevamos viendo tiempo, de hecho. La globalización se orienta hacia el lado más débil, y si, en otra época, los inversores internacionales orientaban sus fábricas hacia España por ser mano de obra barata dentro del mercado europeo, ¿para qué van a pagar ese plus, si pueden llevar su producción a China, o cualquier país africano o asiático que siga sus pasos? ¿No se trata todo esto, al final, de ser rentable, de ganar más, más, más?

Cuidado, porque nuestros beneficios sociales siguen estando muy por encima de los que tienen los chinos y están en el punto de mira de cualquier economista o político neoliberal. Es hora de luchar por no convertirse en chino.










Publicación en próximo número de Revista Conjetura

http://www.revistaconjetura.com/ 











Le informamos que su texto "Entrar en el bosque" será publicado en la próxima edición de la Revista Conjetura que saldrá a la venta el viernes 30 de mayo. 
Estará disponible en Librería Andante, Librería Duluoz y Librería Libro Azul. Gracias por su interés.

Saludos cordiales,

Equipo Revista Conjetura.



Extracción, de Alejandra Pizarnik, en TeatroLaPuertaEstrecha



Poner en pie a Pizarnik sin que se deshaga la baraja de sentimientos, que el discurso habite un cuerpo y lo lance al público. Extracción es un experimento en el que Eva Varela Lasheras habita la carne de Pizarnik (sus poemas). Esta invocación se puede ver cada viernes hasta el próximo 27 de junio en La puerta estrecha, un local de teatro como una cueva de Altamira moderna. 

Pizarnik como alga que se levanta en la playa y no sabe cómo caminar, en qué pie confiar cuando ella es lo contrario a la arena. Extracción de la piedra de la locura es un poemario publicado por la argentina en 1968, un poemario en el que el cuerpo se ve como un parásito desconocido, una ocupación ilegítima, qué hacer salvo un camino de palabras para ubicarlo.
Pizarnik tenía el vestido roto y no podía cambiarlo. Se le veían caminos ruidosos entre las costillas por mucha razón que metiera por sus ojos (y no ganaba la batalla). Alejandra como animal mitológico equivalente al minotauro o la pesadilla, pero mucho más frágil, como un grupo de niñas en un bosque de lenguaje desconocido.

Este libro, estos poemas, esta jungla, y Eva Varela LasHeras, la actriz que se atreve a ponerse el traje de huida de la Pizarnik, la que pone los dos pies en la poeta y se hunde lo suficiente para poder desabrochar un cuerpo, su cuerpo, en el que la poeta corre frenesí y contención.

Lo que se puede ver en este local de la calle Amparo de Madrid hasta el 27 de junio es un espectáculo teatral en el que lo ritual, lo ancestral, bordea el lenguaje y lo inunda. La presencia de la actriz, que habla un lenguaje lejano y cercano a la vez, una roca y a la vez un torrente.



Es difícil rodear el mundo Pizarnik con letras, pero las manos de esta actriz se transforman en mapa o escalera. Entregarse a un encuentro con uno mismo, con el miedo de uno mismo, con el amarillo de las fotos que ya no somos, con la piedra en la garganta de lo que no seremos.

Extracción como obra de arte total, aguadilla en un mundo poético que nos pertenece y nos altera, entender la locura de la chica que nunca encontró zapatos, que no supo encontrar el aire de tormenta que merecía, ella que despertó un día abandonada en una playa y nadie le dijo que su bailenguaje dolía porque no era tierra como nosotros, era una esquina de mar abandonada.

EXTRACCIÓN
de Alejandra Pizarnik
Taller Las Manos
Una creación de Eva Varela Lasheras
ESTRENO 9 de mayo 22:30H
Hasta el 27 de Junio
Viernes 22:30H
Calle del Amparo 94, Madrid
Taquilla 12€

Antonio Vega, tu voz entre otras mil (u otras maneras de quemarse)




El documental sobre la vida de Antonio Vega empieza en un cajón familiar en el que los fantasmas de las drogas y los orgasmos de la música se presentan lejos, casi paralelos en lo alto del horizonte. Todo muy bucólico, familiar y suave como cualquier infancia con jardín. 

Podemos ver cómo se empezó a mover algo en Antonio Vega, antes de los focos y las sombras, antes del éxito, cuando ser diferente era una losa para cualquier familia, incluso para una comprensiva.  Familia numerosa, padres cercanos y un nervio sin pulir.

Más de dos horas de pedazos de Antonio, de sus amigos, de su música, de su cara reflejada en los que estuvieron cerca de él, pero también una reintrerpretación para formar un puzzle "Antonio Vega" que deja al espectador con una sensación de éxtasis y decepción. 

Y así nos va mostrando Paloma Concejero, la periodista que ha realizado este enorme trabajo, un mosaico de vida familiar, alcohol y un río de talento que se sale de todos los cauces y los ¿justifica? Poco a poco, sin prisa, se nos muestra la Nacha Pop inocente, la Nacha Pop cumbre y la Nacha Pop reventada en dos cabezas. También la locura, la droga, la paranoia, el alcohol y la soledad de un genio. Si, un puto genio que no supo frenar la moto y andar a pie, que se estrelló en lo más alto de un Do o un Fa y le importó una mierda el cuerpo, el calendario y la herrumbre de la rutina. 

 

¿Qué qué me ha parecido el documental? Pues muy bueno, cojonudo, porque Antonio Vega me parece un loco con un talento rascacielos, y porque en este documental se ha hecho un currazo de documentación, ordenación y reinterpretación, que quizá es lo más jodido. 

Además, me gustó ver al Antonio que nos ahorró la arcada de verle manso, sin dientes, como el mar que tanto quería sin una sola ola. 





Tu boca es un ciervo a punto de rendirse, el batallón pimienta en las tijeras. El sol solo alcanza la mitad de tu lengua y es más que demasiado, la presa de Assuan no sirve para contener tu pasar el rato, tu caída de ojos, arrasadas mis certezas si te mojas los labios.

Pasas por la calle como acero hirviendo en medio de la nieve, a ver quién te roza ahora si mi fiebre solo alcanza el quinto piso del placer.



Permanecer



La fotografía en un nido de recuerdo

tu cuerpo abriéndose en abanicos

tus manos mechero

en lo más oscuro de las calles.



Guardé la foto en la parte más savia de mi cuerpo

el pelo cayendo por tus hombros

aún me hace cosquillas.



No hay paisaje

besábamos sin freno de mano para la foto finish.



Resiste a los gusanos del calendario

ni marco ni arruga

cogíamos la lluvia con las manos

sin miedo

y nos estábamos quemando.









Tu lengua como venganza dulce de la cueva
algún tipo de oleaje
quién sabe qué raíz o qué riachuelo.

La silueta más borracha se desabrocha azúcar en la punta
risa y equilibrio pata coja
mi lengua no se olvida de tu olor
tu lengua no se olvida del desmayo.

Velocidades





Hay una velocidad que nos empuja hacia el borde, hacia el filo hambriento de los toros escondidos. Una velocidad que nos llena el pelo de hojas reventadas de aire, y hay otra velocidad que ordena los dedos en los cuerpos y no se mueven, ni siquiera un latido.
Me gusta la velocidad con la que se enamora el asesino, con la que mi salmón cruza tu cuerpo en diagonal y deja surco, la chute de gravedad y lengua pimienta de piquillo. Pero también hay una velocidad que acumula la mejor madera y deja que se pudra, la que pone cepos en todas las esquinas de la casa y de la cara, la que no puede comer a dos carrillos porque se desajusta de deseo.
Hay un encuentro en mí de lluvia que arde y de niebla sueca, en mis codos se mezcla la herida del tigre y el lamido del gato. Tengo las enredaderas voraces de mujeres y el silencio de la escritura y ya no sé si me nace un camino o me estoy desalojando de velocistas.
Y cómo saberlo si soy el hambre colmillo y el hambre que dibuja la línea de la presa, la pelusa horario de mi muerte y el terrorista que la llena de cuerpos y alegría. Soy la velocidad afilada y la velocidad cargada de otoños y qué miedo arrancar con el paso cambiado, qué desajuste de autopista y escondite en lo más volcán de la manga, cómo poder lanzarse de cuerpo o esperar el golpe y sin embargo no
hay
otra manera
y seguir respirando.