Quiero aprender la humildad del árbol que, generoso, calla su metáfora de agua, sol y sombra y no destruye al edificio, grito de metal, óxido y sonajero.
Quiero aprender el regalo del perro, su relámpago sin factura, su ojo de bondad, su colmillo suave, y aparcar así este hueso de café y prisa, este delicado veneno del porqué.
Quiero aprender la lluvia pero poco a poco, gota a gota, y recogerlas, como quien cuenta lunares o pétalos caídos de las nubes.
Tu corazón es una rotonda de ramas y ruiseñores perdidos, un botón cosido a una ventana abierta, pero también la marea roja que se agita y hace que las manzanas sean dulces y peligrosas.
Pero yo no quería hablar de tu corazón. Yo quería hablar de la sombra de tu corazón, aquel lugar donde vivo, el refugio contra un sol furioso, agitado e infatigable que busca derretir a nuestra especie, a nuestra especie que huye del delirio.
Este fin de semana he visto un par de películas, una en casa y otra en el cine. En primer lugar voy a hablar de Cónclave, vista en el cine (no diré cuál, pero vayan al cine, tiene una fotografía y, sobre todo, una música, que hacen que la experiencia valga los aproximadamente 10€ que vale la entrada).
Esta película, como se puede entender por el título, va del proceso de elección de un nuevo Papa en la época actual. Para ello, el conocido actor Ralph Fiennes tendrá que organizar esta reunión con más de cien cardenales de todo el mundo que llegan al Vaticano con sus preferencias, odios e historia personal en la mochila, que revisan unas monjas muy funcionales que evitan que entren aparatos tecnológicos a dicha reunión.
Como podéis imaginar, hay chicha. Hay facciones que se odian, hay curas más simpáticos, otros más odiosos y otros casi angelicales, pero el que se queda con toda la atención, para mí, es el pobre Fiennes (en la película será Thomas Lawrence) que deberá esquivar los problemas para que pueda haber un nuevo Papa en el Vaticano. Es entretenida, pese a que el tema pueda parecer aburrido, y aparecen cuestiones y dilemas existencialistas y morales que, si tienes la suerte de ir acompañado al cine, hará que tengas una buena charla de vuelta a casa. A nosotros nos pasó, y eso que tardamos 40 minutos en volver.
Y la segunda película que quiero eomentar hoy, y que acabo de terminar de ver, es La infiltrada. Seguro que habéis escuchado hablar de ella porque su protagonista, Carolina Yuste, ha ganado el Goya a mejor actriz. También sale Luis Tosar, pero bueno, noticia sería que no saliera, ¿no? Que muy bien, que me gusta y cumple, pero oye, un poquito de variedad, por favor.
Es la historia de una policía que se infiltra en ETA, en los años 90. La película sí, está bien, entretiene, hay momentos de «hay que te coge el etarra, corre, corre» y algún momento de «etarra bueno, etarra malo» pero, aunque sabía que podría encontrarme con estos lugares comunes de este tipo de pelis, me ha gustado que se haya puesto el foco en este tema. Porque estamos en un país que no siente orgullo por acabar con la violencia, prefiere no levantar ampollas en los asesinos y culpables de la misma, así que sí, hay que hacer muchas más películas de ETA, del franquismo, de la Guerra Civil, de los abusos de la Iglesia, del GAL y de toda la podredumbre que pasó en España y que aún escuece. Ah, y qué personaje hace Diego Anido (este señor) y qué miedo mete. Sí, igual o más que en As Bestas.
Hola, feliz jueves. Hoy día 13 de febrero, justo antes de San Valentín, traemos otro manojo de poemas para ti, que esperamos que te gusten. Eso sí, como no creemos mucho en estas efemérides, los poemas no no tienen por qué tratar de amor obligatoriamente...tendrás que escuchar el programa para descubrirlo. Son 3 poetas ENORMES, ya nos dirás qué te parecen.
Somos Lorena Mora Pineda y Jorge García Torrego, escritores y amantes de la poesía. En este espacio para la escucha que es Tarumba subimos poemas cortos, sin grandes alharacas ni fuegos artificiales, de poetas que amamos y que, en algunos casos, nos han cambiado la vida. Esperamos que te gusten.
Hola de nuevo. Otra vez aquí, con un episodio nuevo, y encima en viernes porque ayer se nos pasó. Qué desastre, menos mal que nos dedicamos a esto y no al mundo broker y crypto o a hacer burpies (¿se escribe así?). El caso es que compartimos nuevos poemas, esta vez a los poetas Bárbara Butragueño, Pablo Neruda y Paloma Corrales, porque somos generosos y queremos que disfrutes como lo hacemos nosotros. También os contamos que somos (seguimos siendo) Lorena Mora Pineda y Jorge García Torrego, escritores y amantes de la poesía. En este espacio para la escucha que es Tarumba subimos poemas cortos, sin grandes alharacas ni fuegos artificiales, de poetas que amamos y que, en algunos casos, nos han cambiado la vida. Esperamos que te gusten.
Lo de quitar la bio es porque, bueno, en realidad con el nombre ya tienes el primer paso para buscar sus nombres en la web (o en la biblioteca, mucho mejor esta opción) y volverte fan incondicional. ¡Que pases buen finde!
Somos Lorena Mora y Jorge García Torrego, escritores y amantes de la poesía. En este espacio para la escucha que es Tarumba subiremos poemas cortos, sin grandes alharacas ni fuegos artificiales, de escritores que amamos y que, en algunos casos, nos han cambiado la vida.
Antes de hablar de los poetas que traemos hoy, queremos disculparnos porque tenemos una vida que nos ha hecho estar fuera de casa y POR LO TANTO no poder subir este poema cuando tocaba, que es un horario impuesto por nosotros así que nos lo saltamos y ya. Pero nos disculpamos ante nuestra querida FANATICADA POÉTICA. Ah, y otra cosa: Ahora, en cada programa habrá 3 poemas. Esta vez compartimos con vosotros 3 poemas. Uno de Escandar Algeet, otro de Fernando Pessoa y otro de Irene La Sen. Esperamos que os gusten.
Supongo que a pesar de que muchos nos imaginábamos que algo no andaba bien en el mundo de las redes sociales como, por ejemplo, el control de datos para su venta masiva, algoritmos opacos que privilegian mensajes de odios y otras delicias, ver al propietario de una de estas enormes redes hacer el saludo nazi ha sido el colmo.
Muchos escritores y creadores en general sentimos que dependemos de las RRSS para poder encontrar a personas con pasiones como las nuestras y para poder difundir lo que hacemos. Sin embargo, y a raíz de una situación que tuve el año pasado en Twitter (X), me he dado cuenta de que ya no sirve de nada tener redes y difundir contenido en ellas. Eres invisible (o casi).
MUCHA gente vio esta publicación, mucha gente comentó esta publicación y mucha gente incluso puso una carita de pena a esta publicación (oh!). Sin embargo, fíjate tú qué cosas, a mí lo que me interesaba era vender libros. Yo en redes solo soy un medio para que los lectores lleguen a mis libros, yo no importo. Sin embargo, siento que el público de las redes sociales no es un público al que le interese mucho la poesía. A raíz de esto me hacía una pregunta:
¿A cuánta gente habría llegado con mi poesía si no existieran las redes?, ¿habría cambiado tanto el cuento? Y, si soy honesto conmigo mismo, las redes me han ayudado a llegar a mucha gente pero de una manera superficial, de consumo y «consumible». Por eso he decidido hacer dieta y quitarme algo de ruido.
Pues nada, aquí lo tenéis. Lo que todos estabais esperando, un pódcast de poesía 🎉. Bueno, aparte de la broma, a nosotros SÍ QUE NOS HACE ILUSIÓN este espacio llamado Tarumba. Es un pequeño pódcast en el que Lorena Mora y yo hemos volcado algunos poemas que nos gustan. Y poco más, la verdad. Que sois todos bienvenidos y que ojalá os guste la compañía que nos hemos buscado 😘.
Cada jueves subiremos nuevos capítulos. Estáis todo invitados, aquí os dejamos los capítulos:
Hace años escribí un poemario sobre amor y desamor que se llamó Hogar. En las presentaciones y cuando explicaba a alguien de qué iba el libro siempre decía lo mismo (o casi): «Es la historia de cómo se construye un hogar y cómo se destruye un hogar».Hoy, después de años, sentimientos y compañías, vivo, construyo y reconstruyo a diario un hogar junto a mis compañeras Lorenza y Kiwi cuando pensaba que ya los hogares eran una cuestión del pasado, algo que pasó y que no iba a volver, que habría que conformarse con las casas.
Desde aquí os invito a no reverenciar las ruinas de un amor antiguo, os invito a que intentéis ser felices de nuevo: por muy grande que haya sido la caída, por mucho dolor que haya supuesto el silencio, por tanto desperdicio de amor entregado: Confía, agradece, ama y sé amable con quien sí quiere pasar la vida contigo. Celebra que AÚN seguimos vivos, que el tiempo está delante de ti para ser disfrutado, no sufrido.
nadie comenta tu nuevo libro,nadie te invita a salir el finde,
una pachanga de fútbol, nada, nadie que surja del océano de la nostalgia y aterrice en el presente. Te entiendo, no pasa nada, yo también soy nadie, pero ahora, me tomaría una cerveza contigo, te escucharía, apagaríamos juntos los móviles, seríamos inmortales, lo más, lo analógico es ahora lo que se lleva, qué bien lo pasamos juntos, venga, encendamos el móvil y hagámonos un selfi, o varios, démosles envidia a todos ellos, a los nadies que nos miran desde sus pantallas, a los nadies que son nosotros.
Fuego y ceniza Cuando nació tu cuerpo se inventaron la llama y la ceniza, las camas frías y los ojos antorcha. Cuando llegaste cerré mi niño en el recuerdo para salir corriendo a buscarte. No cabía tu melena en mis manos tartamudas, no encajaba tu río de viernes, imposible tu lava en mi piscina vacía. Nunca levantas el acelerador de la esperanza, y a mí solo me queda aprender: para alcanzar tu temperatura hay que convertirse en fuego y ceniza y no preocuparse por la herida.
(La foto es de Frank Horvat y se llama Teenagers playing billiard).
La patria es una mentira que huele a casa, a salvarse de la lluvia, a quitarse los zapatos como quien deja de luchar porque no hace falta, saber dónde duermen las cucharas. La casa como refugio, islote en medio de la tierra, paredes de hueso propio. Una revolución es ampliar la casa e invitar a los amigos, que son cualquiera, el primero que veas. Un abrazo es un hogar portátil, la llave de tu boca, aún hay esperanza. Casa de carne y hueso frente al perdigón del aire acondicionado y el fuego del semáforo. Aquí donde escondemos el tesoro. Donde somos tesoro poco a poco.
(Fotograma de la película Luces de la ciudad (recomendadísisisima).
45 La sábana del calor cubre la tierra hasta el acantilado del horizonte, embruja a sus cautivos, hace de las exclamaciones de trigo un jardín de corcheas, de la curiosidad verde de los olivos, un silencio de relámpagos atrofiados.
¿Y para el hombre, profeta del agua y heredero del silencio, qué esconde la sábana del calor?
Para él un muestrario de arrugas y otoños, una lluvia de harinas y sudores, pero también la alegría perfecta y silenciosa de una lágrima de aceite bendiciendo un pan.
Amasa el campo de trigo que es su melena y lo convierte en camino, pirueta son sus dedos intercalando afluentes, busca entre sus mechones una espiga con la que jugar entrelaza sus dedos con ese río de silencio, alimentando el misterio de mi mirada, creación vertical, raíz que parte el aire en dos, un respirar tranquilo hecho con sus manos.
Han pasado unos cuantos días ya desde que Donald Trump fue reelegido presidente del país más poderoso del mundo y quiero comentarlo porque me parece importante reflexionar sobre ello, más allá de que pueda o no estar equivocado y mi análisis esté acertado. Pese a esta presunción de inocencia previa ante la inexactitud, intentaré ser lo más preciso posible.
Creo que todos los que nos consideramos personas críticas, que no se adscriben a una forma de pensar «pase lo que pase», hemos alucinado con el triunfo de Trump en las elecciones. Y hemos alucinado porque vemos a este señor como un tipo peligroso, volátil, medio loco, imprevisible, machista, racista, idiota y obsesionado por el poder y el dinero. Un Ubu rey en toda regla, para los amantes del dadaísmo. Este podría ser un retrato hecho con palabras de lo que significa el señor Trump para este «nosotros» que no sé muy bien definir, espero que me entiendas.
Pero, más allá de nuestra visión crítica de esta reelección, está la postura de los estadounidenses. No voy a entrar en etiquetas, razas ni géneros, sino solamente en renta/capacidad económica. Para un estadounidense, criado con la esencia del hombre hecho a sí mismo, superpoderoso, capaz de todo, la situación de EEUU no era tolerable. Un país que, muy tímidamente, se había reconducido hacia la senda ecológica, con unas promesas de un tibio decrecimiento, lo que, en la mente del estadounidense medio era un empobrecimiento para él y su entorno, y esto no podía pasar. No se podía admitir que la curva creciente se tuviera que matizar o incluso invertir para, básicamente, poder existir sobre el planeta tierra. No, no se acepta. Como en la película No mires arriba, la realidad científica se impone pero es más fácil tomar la postura infantil de negar la evidencia. Y esto es lo que propone Trump: negar la evidencia. No aceptar el cambio climático, no aceptar la matización del crecimiento, la posibilidad de adecuar el objetivo del país al bienestar de sus habitantes. No. Se decide «tirar palante», no hacer caso de las indicaciones, que son vistas como indicaciones agoreras de una élite progre y gris, e intentar la heroicidad de «Hacer América grande de nuevo».
Es verdad que la alternativa de Kamala Harris tampoco es que fuera un giro de guion brutal, pero al menos sí que podía continuar esa leve matización económica de Biden. Por lo tanto el primer país del mundo del mundo occidental, el modelo en el que se miran tantos y tantos países, ha decidido no hacer caso a los expertos y seguir echándole más leña al fuego. Y, que nadie se equivoque, ha sido con el voto y el visto bueno de la gran mayoría de la población. Habrá que prepararse para las consecuencias de esta senda negacionista que puede llevarse todo por delante. Para empezar, las evidencias científicas y el sentido común.
Quien me conoce sabe que el francés ha sido y es, aunque bastante olvidado, importante para mí. Hoy me llega la noticia de que Miguel Ángel Real ha traducido al bello idioma de Boris Vian y Bobin, para la revista OUPOLI (OUvroir de POésie LIbre), algunos poemas de mi último libro, mortal , publicado por Lastura. Merci beaucoup, c´est trop genial! Aquí el enlace: https://oupoli.fr/.../traductions-jorge-garcia-torrego.../
Mi calavera está 37 años más cerca, isla de mármol y sueño, mar en pausa para que navegue la barca de mi cuerpo.
Se han desinflado los misterios
y las nubes ya nunca dicen nada. ¿Qué hemos hecho con el tiempo? Miramos atrás y ¿qué rescatamos de la tormenta de olvido? ¿Qué escombro es este que guardamos como reliquia? Somos manchas en el silencio de la Historia, tenemos arena en las manos de aquellas victorias que no fueron, aguantamos derrotas que nos empujan hacia abajo y sin embargo qué bellos y únicos nuestros vertederos.
Y de todo el humo de lo dicho, polvo estrellado en la curva del cráneo, no quedará nada salvo unas manos vacías en un andén, y una ventana abierta en la intemperie.
Manoseado el tiempo y mezclado el murmullo propio con el del amigo,
crece la montaña de cadáveres de pipas, pero también las tardes, las noches, en compañía.
Conversar es el centro de la pipa, el cogollo en la plaza del pueblo o cualquier parque. Dar vueltas por los lugares de siempre y sacar las palabras y la cercanía. Juntarse para comer pipas, el ritual del amigo,
oh pipa, oh pipa blanca y salada,
invoca aquellos tiempos hasta aquí, haz que vuelvan los conversadores de la Tijuana, los que no contaban el tiempo y el horario se escurría a nuestros pies, derrotado por nuestros labios resecos.
En el párrafo cerrado e inhóspito de los que hablan telediarios, tú y yo bajo el agua, jugando a la simbiosis, mudos y sordos, sin palabras ciertas hasta que llegó el baile, tu falda y tu cadera escribieron palabras ciertas en un cuaderno llamado reggae.
Llega septiembre y la palabra inicio nos sobrevuela como globo inalcanzable que nos hace torcer el cuello, plegarnos a la nostalgia. Llega septiembre y seguimos, intentamos que la palabra inicio vuelva a emocionarnos, pero el chicle de la vida YA HA SIDO MASCADO y solo queda seguir MASCÁNDOLO, hacer minería de sabor y rescatar las vetas que aún se esconden en el día a día. Porque septiembre siempre olerá a cuadernos nuevos, a contar los veranos a nuestros amigos, a primera lluvia de novedad después de meses de calor y monotonía, pero tenemos que buscar en el hoy, en el mañana, los nuevos sabores que nos harán levantarnos cada mañana. Lanzar la esperanza hacia el horizonte para luego ir a buscarla con los ojos llenos.
El pasado 13 de abril, en el Centro Comarcal de Humanidades
Cardenal Gonzaga de La Cabrera, se celebró y se jugó el II Maratón de Impro Sierra Norte. Pero, antes de nada, ¿qué es eso
de la impro? Pues te cuento que la impro (improvisación) es una técnica teatral
en la que, a partir de unas indicaciones simples, una acción teatral comienza,
con ganas de probar y sin miedo a que “salga mal”. Se basa, más que nada, en
pasarlo bien, en divertirse sin miedo “al fracaso”, al “qué dirán” y a tantos
otros frenos que sobre todo hemos ido acumulando de adultos. Es, básicamente,
una burbuja de tiempo y espacio en mitad de la adultez para volver a ser un
niño.
El encuentro fue organizado por la Asociación P.L.A.Y. (https://asociacionplay.org/ en
internet), que lleva ya unos cuantos años trabajando en la Sierra Norte.
Coordinado por París Uki y Verónica Regueiro el Maratón también contó con el
apoyo de múltiples actores de compañías de improvisación de varios lugares de
España como Zaragoza, Madrid, o Tenerife, además de todo el público que acudió
al Centro y que fue invitado a participar en cada actividad (y que se lanzaron
al escenario con poca o ninguna timidez, la verdad).
Y os cuento que el encuentro fue un éxito. Y no solo porque
las entradas se acabaran días antes del evento, sino porque el maratón duró 6
horas (desde las 16:00 horas hasta las 22:00), con sus pausas y sus piscolabis,
y a nadie se le hizo pesado porque entre carcajada y carcajada el tiempo pasó
volando. A mí en particular me pareció muy divertido porque en ningún momento
tenía la sensación de saber lo que iba a pasar, porque me sentí identificado
con el actor que hace un momento estaba a mi lado en la butaca y que un segundo
después estaba haciéndome reír sobre el escenario o porque alucinaba con la
rapidez mental de algún improvisador para sacar la risa donde no la esperaba.
Llevo un par de meses de gira con mi último libro, mortal. En este tiempo me he cruzado con bastantes personas que se han excusado por no ir a las presentaciones porque «no les gusta la poesía, no la entienden», y otras excusas del mismo tipo. Yo siempre les digo que no pasa nada, que es normal y que no tiene nada de malo. Lo que sí que pasa (y esto os lo cuento aquí a ti, que lees el Senda Norte) es que te estás perdiendo la oportunidad de descubrir mundos nuevos que, si no lees poesía, pasarán de largo.
Sé que cuesta, que los poetas a veces (no pocas) nos ponemos exquisitos con nuestras metáforas y nuestro lenguaje no siempre claro y luminoso, pero hay algo, una especie de honestidad secreta, que los lectores pueden descubrir debajo de tantas letras y que, literalmente, te puede cambiar la vida.
De hecho, me pongo mi ejemplo: hasta los 20 años no leía poesía, no la entendía. Había tenido que estudiarla, pero no, no entraba. Me gustaba leer, leía bastante, pero la poesía siempre se había quedado al otro lado, no me atraía porque me parecía costosa y difícil. Sin embargo, un día, pensando que se trataba de un libro de relatos, encontré el libro que me cambió la vida: Se llamaba Altazor, lo escribió Vicente Huidobro en 1931, y de alguna manera estaba jugando con las palabras:
Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor. Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata. Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche. Amo la noche, sombrero de todos los días. La noche, la noche del día, del día al día siguiente. Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
Empecé a leer y no pude dejarlo. Y hoy, 17 años después, con varios libros de poesía publicados, puedo decir que mi vida habría sido mucho más triste, mucho más superficial y simple si no me hubiera atrevido a seguir leyendo aquel libro que encontré por azar.
Han pasado 23 años desde que en 2001 llegó a la televisión la familia Alcántara, protagonista de la Serie Cuéntame y que ha retratado la mayor parte de la historia reciente de nuestro país. Aunque no hayas visto la serie en su totalidad (verla entera es más una cuestión de empeño, por su extensión y porque ha sido bastante irregular durante estos años) seguro que conoces a estos personajes: Antonio, Merche, Inés, Toni o Carlitos. Ya forman parte, como Mortadelo y Filemón (Ibáñez, descansa en paz, genio), Fortunata, Sancho o Tino Bravo, de nuestra historia común.
Y es a este término, historia común, a donde me gustaría enfocar este pequeño texto, aprovechando la despedida de Cuéntame. Porque hoy en día estamos en un mundo completamente fragmentado en el que cualquier persona que se pone detrás de una pantalla decide inmediatamente qué contenido ver.
Hoy tenemos muchísimas plataformas para ver series y películas (Netflix, HBO, Disney+, Filmin, Amazon Prime…), los canales de televisión de siempre pero a la carta, lo que quieras y cuando quieras, también Youtube, con un número de vídeos casi infinito… pero esta gran variedad hace que sea tan difícil poder hablar con amigos o familiares sobre la última serie o película que nos haya gustado. Qué queréis que os diga, yo lo echo de menos, y pienso que mi infancia habría sido peor si la mayoría de mis amigos no hubiéramos visto lo mismo (Bola de Dragón, Pippi Calzaslargas, Oliver y Benji…) y nuestras relaciones con otros compañeros habrían sido mucho más difíciles.
Hoy en día de vez en cuando me veo desde fuera hablando con amigos o familiares y qué queréis que os diga, es una conversación de besugos:
– ¿Has visto la serie Afterlife?
– No, no la he visto, ¿Dónde está?
– En Netflix.
– Pues no, ni idea. Yo te recomiendo Fleabag, que está en Amazon Prime, buenísima, tío.
– ¿Fli qué?
– Fleabag, es en inglés.
– Buah, ni idea, no me suena.
Y por eso echo de menos poder hablar con mi Madre o incluso con mi abuela de lo que le pasó a Inés en el último capítulo de Cuéntame. Porque tengo la certeza de que lo han visto, porque les interesa, porque se reconocen y me reconozco y también porque llevamos viéndolo todo la vida y hemos mejorado nuestra relación en ese encuentro en la cultura. Y no, no creo que eso pueda pasar con la última serie noruega que acaba de salir en Filmin.
Sé que Cuéntame no es la mejor serie de la historia, que seguro que hay otras mucho mejores en HBO, Netflix, Filmin etc., pero yo sé que he perdido algo con el final de la familia Alcántara y que va a ser imposible recuperarlo al engancharme a otra serie. Gracias, queridos vecinos de la familia Alcántara, aunque os hayáis mudado, siempre os recordaremos.
Presentación de mortal – 4 de enero, jueves, a las 18:30 horas en @elrinconverdemiraflores de Miraflores de la Sierra.
Este primer recital de mortal será en mi pueblo, en mi querido Rincón Verde. El lugar donde tomamos cañas, donde todo el mundo ya conoce a Kiwi, donde comemos y celebramos, donde estamos con la familia, los amigos, la gente querida. Qué bien y qué afortunado me siento por haber vuelto al pueblo y por hacer comunidad en este rincón.
En esta primera presentación, cercana, verbenera y calentita, leeré algunos poemas de mis anteriores poemarios y de mortal, por supuesto. Estáis todos invitados a compartir este primer alumbramiento de mortal.
Las correcciones, los diseños, las comas, las tipografías son el taller de la literatura para que pueda correr sana y salva por los libros y qué necesario es que los mecánicos que ajustan, pulen y afinan las letras sean personas con oficio, que sepan dónde tocar, dónde apretar y dónde poner cuidado. Tengo la suerte de que en Lastura, la editorial que publica mortal, saben cómo poner a punto el libro. Gracias a Lidia, gracias a Isabel, gracias a Ana.
2. Diario para un libro que nace – *20/12/2023
Esta especie de prisa por publicar, por mostrar lo escrito en soledad, con paciencia y sin urgencia, es un contrasentido total. En este libro, mortal, hablo sobre la pausa, sobre medir el tiempo, sobre pesar lo que importa y apartar lo que no y, sin embargo, parece que solo existe un embudo para mostrar estos poemas y es un embudo que me obliga a apabullar y a estar presente para que todo el mundo compre y lea este libro. Pues no. Este libro caerá por su propio peso en las manos de aquellos que quieran leerlo, que tengan las ganas y la fe por encontrar valor en lo que escribo. Lo demás será ruido (un poco es necesario, lo admito), pero no hemos venido a eso.
3. Diario para un libro que nace – *21/12/2023
Pasan los años y pasa también la esperanza de «ser alguien en el mundo de la literatura». Esto, que parece obvio, con cada libro nuevo que no tiene una repercusión enorme, que no gana premios, se hace evidente. Es cierto que, al dedicarme al mundo de la poesía, donde somos 4 poetas y 3 lectores de poesía, las oportunidades de obtener repercusión o ese «éxito», menguan. Como decía, pasan los años, se acaba esa posibilidad de «ser alguien» pero no termina la necesidad de decir, de buscar palabras nuevas para atrapar lo que nos sucede a diario y se nos escapa. La poesía, que es efímera y eterna, tiene este poder que yo descubro al leer a otros poetas: no se acaba. Porque los poemas que nos gustan nos gustarán por siempre y para siempre, por recuerdo y porque encontramos fibras nuevas que se nos habían escapado en lecturas previas. Por eso escribo ahora, porque lo necesito y porque busco escribir poemas que acompañen a mis lectores (algunos hay, y en este rincón les doy las gracias) ahora pero también en el futuro. Por eso nace mortal y por eso tengo mucha ilusión en que quieras conocerlo, aunque yo nunca sea «aquel escritor reconocido» de fular y pipa que se supone que todo escritor debe aspirar a ser.
4. Diario para un libro que nace – *23/12/2023
Estos días navideños y de final de año estoy esperando que lleguen los libros a mi casa. Ya han llegado a la casa editora, @lastura.ediciones, y ahora unos pocos viajan a mi casa. Antes de verlos en mis manos, no puedo evitar sentir la incertidumbre de ver los poemas que, abandonados hace tiempo en un .doc, en un .pdf, ahora ya están perdidos de mí para siempre y qué serán ajenos y a la vez propios. ¿Seguirán diciendo lo que decían cuando los solté?, ¿habrán crecido?, ¿Llevarán erratas entre los dientes?, ¿gustarán estos poemas tan extraños, tan sobre la muerte, tan antipoéticos? No tengo respuestas a estas preguntas, solo puedo seguir escribiendo para responder en otros poemas, en otros libros, en futuras incertidumbres. Y, por ahora, sigo esperando. Si queréis, podéis pedirlos en la web de Lastura: https://lasturaediciones.com/product/mortal/
5. Diario para un libro que nace – *24/12/2023
Hoy se celebra la Nochebuena, salgo de la cueva en la que vivo, (que en parte es una cueva real, porque trabajo en un archivo) y no sé muy bien qué postura tener ante este mundo que celebra, que se junta, mirando para otro lado lo que sucede no solo en infiernos lejanos como el de Gaza, sino en infiernos cercanos como enfermedades mentales de vecinos, dolores y pobrezas en las calles que caminamos y que no nos afectan. Hace tiempo que tengo dañado el sentimiento de esperanza con la humanidad, pero seguir confiando en la literatura, escribiendo libros pero sobre todo leyéndolos, es mi manera de confiar aún en este mundo que se deshace, se encabrona y que entiendo cada vez menos. Pero, como decía, queda la literatura. El otro día estaba con mi chica en el 725, el bus que conecta mi pueblo con Madrid, y terminaba de leer Vivir peor que nuestros padres, de Azahara Palomeque. En este libro, que recomiendo por su completo y honesto análisis del mundo en el que vivimos, hay un islote de esperanza en los agradecimientos que me conmovió hasta el punto de tener que leérselo en alto a mi novia y escribir a la autora por redes sociales para decirle algo así como «gracias» y «enhorabuena». Y para mí, hoy, este es el sentido de la Navidad donde me reconozco esperanzado y aún con fe por un mundo mejor. En los libros, siempre en los libros, pero que ese viaje sea compartido con otros. Que la fraternidad viaje en páginas y sentimientos de compasión, empatía y amor.
6. Diario para un libro que nace – *25/12/2023
He estado pensando en mortal y en las razones por las que lo escribí. Me ha tocado explicar su contenido unas cuantas veces en estos días, pero en este texto me voy a referir a los autores que vinieron antes de mí y que me influyeron con su poesía y están citados de alguna manera en el libro. Ahí van:
Inger Christensen, Carlos Piera, Alejandra Pizarnik, Raúl Zurita, Jesús Montiel, Aurora Luque, Gonzalo Rojas, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Jorge Teillier, Hérib Campos Cervera, Franscisco de Quevedo, Lorena Mora Pineda, Isla Correyero, Julio Cortázar, César Vallejo, Federico García Lorca, Olga Orozco, Joaquín Pasos, William Blake, Alberto Rivas, Francisca Aguirre, Jorge Enrique Adoum, Roberto Juarroz (x2) y Diego Gutiérrez.
7. Diario para un libro que nace – *26/12/2023
¿Qué sentido tiene escribir un libro (nadie lee libros) de poesía (aún menos) sobre la muerte (…)?, ¿tiene que ver solo con un tema de ego?, ¿este libro está destinado a coger polvo sin ser abierto siquiera?, ¿cuántas personas leerán realmente estos poemas?, ¿cuántas personas me preguntarán que por qué sigo escribiendo?, ¿por qué necesito publicar estos poemas en un libro, no es suficiente que aparezcan en redes sociales?, ¿estaré a la altura de la confianza de mis queridas editoras de Lastura?, ¿mortal y sus poemas serán un recuerdo poderoso para algún lector futuro o quedarán ahí, mudos como una balda o una pieza de cerámica traída de recuerdo de algún lugar lejano y exótico?, ¿harán llorar a alguien?, ¿harán reír?, ¿servirán para recordar a alguien que ya no está?, ¿servirán para recordar a alguien olvidado, pero vivo aún?
8. Diario para un libro que nace – *27/12/2023
Y, como muestra, un botón. Poema número 51:
Si tuviera un trozo de madera por escribir, o un hueco en la tierra, o una telaraña por explicar, podría decir que en mis manos el tiempo daña por su peso, no por su filo.
El tiempo, mi tiempo, –el escurrido placer que sorbo de los minerales y los ojos, ese alarido silencioso que no me deja guardar las frases ni los sacapuntas–, me araña con su mirar distraído y me destruye.
No es necesaria la épica para hundir a un hombre, tan solo esta agricultura del daño, este huerto con las ramas secas de la memoria, las calles destruidas para siempre, la falta de manos en la escalera del sí, hacer de la faringe una flauta para tocar la música imposible que nos junte de nuevo.
Como muchos sabéis ya, hoy día 12/12 aparece mi nuevo libro, llamado mortal, así, en minúscula. Porque minúsculo es también el espacio que tenemos, el cuerpo que tenemos, nuestra presencia sobre la tierra. Como habréis imaginado, es un poemario que habla sobre la muerte. Pero no es un libro triste o pesimista, sino que busca, al enfocar la muerte, diferenciar el grano de la paja, lo superficial de lo real, para tener una vida mejor, con más sentido, más consciente.
Obviamente, el tema del libro está relacionado con el COVID. Y no solo la propia enfermedad, sino una especie de tristeza que se ha quedado, una incertidumbre por un futuro que da miedo y que mucha gente piensa que es mejor no explorar, que es mejor lo malo conocido.
Para intentar romper ese miedo, que también es mío, nace mortal. Porque el tiempo es uno, se acaba, y yo, como el maestro FGL:
Yo no quiero ser más que una mano,
una mano herida si es posible.
Federico García Lorca.
En el libro hay poemas más potentes, otros más sutiles. He seleccionado este, el número 51, para que lo conozcáis un poco:
Si tuviera un trozo de madera por escribir,
o un hueco en la tierra,
o una telaraña por explicar,
podría decir que en mis manos el tiempo daña por su peso, no por su filo.
El tiempo,
mi tiempo,
–el escurrido placer que sorbo de los minerales y los ojos, ese alarido silencioso que no me deja guardar las frases ni los sacapuntas–,
me araña con su mirar distraído y me destruye.
No es necesaria la épica para hundir a un hombre,
tan solo esta agricultura del daño,
este huerto con las ramas secas de la memoria,
las calles destruidas para siempre,
la falta de manos en la escalera del sí,
hacer de la faringe una flauta para tocar la música imposible que nos junte de nuevo.
Digamos que no fue nada importante, que hoy no hay portadas de periódicos reflejando lo que vivimos ayer en el Teatro del Barrio, pero a mí sí que me gustaría contar mis impresiones sobre lo que nos ofrecieron Esther Peñas y María Negroni ayer en el Teatro del Barrio de Madrid y cómo lo sentí.
Para empezar, entré en la sala bastante impactado por ver un teatro lleno para ver y escuchar a una poeta. Me pareció ilusionante, así os lo digo, esperanzador.
Para seguir, me gustaría hablar un poco de Esther Peñas, que hizo la presentación de la poeta invitada. Esther fue delicadísima, precisa y generosa en imágenes para mostrar a Negroni. Fue hermoso presenciar cómo nos hizo partícipes de su entusiasmo, no solo de la poesía de María Negroni, sino de la propia relación humana, poética que, como un chispazo, a veces sucede con la lectura o la conversación. De hecho, cuando Esther terminó su presentación, la autora argentina se quedó sin habla, un poco abrumada por el cariño y el alago sincero de su compañera de escenario. Fue tierno ser partícipe de esta amistad y admiración sincera.
Nunca había visto a María Negroni. Ni siquiera en vídeo, y lo primero que sentí fue su delicadeza. Como si estuviera sujetada por pilares débiles pero convencidos, que dejaran salir una voz que habla y hablará sobre la esencia de las palabras, su materia imposible. Hizo una lectura de 3 o 4 poemas de 4 de sus libros y luego contestó algunas preguntas, pero la sensación que tuve al escucharla fue que compartía su duda por el lenguaje. Esto es lo que más me gustó. A diferencia de otros poetas que buscan analizar, abrazar y exprimir la palabra, María Negroni admitió en sus poemas precisos, deslumbrados y cómplices, que no entiende muy bien el proceso de la palabra y que le gustaría «escribir un libro sin palabras». Qué belleza y qué emocionante fue este encuentro de honestidad y pasión por la palabra y la poesía en un martes cualquiera en el que las palabras seguirán siendo insondables, pero un poco menos.