Hace días que intento estar fuera del alcance de las noticias y aún así no he podido escapar del nuevo mantra: «La caída de los influencers». Uf, qué pesadilla. Pero quiero aprovechar este boom sorprendente para contarte cómo veo esta supuesta bajada a los infiernos para estos chavales que hasta hace un par de días vivían en el paraíso. Para empezar, hay que tener en cuenta que agosto es el mes del becario por excelencia. Y el becario, por un tema de edad, está más cerca del contenido influencer que sus compañeros titulares de los medios. Por eso imagino que algún chaval espabilado sacó el tema ante la necesidad de llenar contenido y el resto de medios se han subido al carro por no quedar mal y porque básicamente no se sabe muy bien cómo tratar y cómo evaluar este mundo de chavales ególatras y flipaos que te dan lecciones de todo nada más salir de la adolescencia.
Como yo lo veo, estos influencers son los hijos del usuario-creador del internet 2.0 (¿os acordáis?) en el que se democratizaba la información y por lo tanto se derretían las antiguas jerarquías y todo se tenía que volver a plantear desde 0, todo mucho más justo, fresco y avanzado. Lo viejo empezó a mirarse con desconfianza, lo nuevo con entusiasmo, y estalló el 15 y aquella horizontalidad en la que todo era posible. Unos cuantos años después de dicho proceso, y sin rastro de teoría o planteamiento político, filosófico o sociológico, los influencers son autores de contenido consumible y bien digerible que genera interés en una audiencia que quiere pasarlo bien, no rallarse mucho y pasar el rato. Esto es en términos generales, claro, que ya sé que hay influencers que hacen contenido elaborado, pero no son la norma. De la erudición que nos iba a traer internet han salido momentos memorables como los unboxing de paquetes de pipas o subnormalidades del estilo.
Pues el caso es que ahora estos generadores de contenidos ya no caen bien porque ganan mucho dinero, viven fuera de la realidad y ya no son creíbles. Vaya. Que grandes marcas (las de siempre) hayan aupado y dejado caer a según qué influencer parece que es la clave, pero no se toca mucho este tema. Porque, por lo que sea, un divulgador de ciencia o historia no va a ser aupado por grandes marcas mientras otros contenidos menos exigentes y sensacionalistas van a tener menos problemas para encontrar apoyos.
Como yo lo veo, parece que algún becario se ha dado cuenta de que QUIZÁ los influencers sean solo humo y mucha pasta en publicidad y todo el mundo ha empezado a preguntarse si estamos siguiendo a las personas adecuadas: