Islas divergentes

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Comentario de películas Cónclave y La Infiltrada


Este fin de semana he visto un par de películas, una en casa y otra en el cine. En primer lugar voy a hablar de
Cónclave, vista en el cine (no diré cuál, pero vayan al cine, tiene una fotografía y, sobre todo, una música, que hacen que la experiencia valga los aproximadamente 10€ que vale la entrada). 

Esta película, como se puede entender por el título, va del proceso de elección de un nuevo Papa en la época actual. Para ello, el conocido actor Ralph Fiennes tendrá que organizar esta reunión con más de cien cardenales de todo el mundo que llegan al Vaticano con sus preferencias, odios e historia personal en la mochila, que revisan unas monjas muy funcionales que evitan que entren aparatos tecnológicos a dicha reunión. 

Como podéis imaginar, hay chicha. Hay facciones que se odian, hay curas más simpáticos, otros más odiosos y otros casi angelicales, pero el que se queda con toda la atención, para mí, es el pobre Fiennes (en la película será Thomas Lawrence) que deberá esquivar los problemas para que pueda haber un nuevo Papa en el Vaticano. Es entretenida, pese a que el tema pueda parecer aburrido, y aparecen cuestiones y dilemas existencialistas y morales que, si tienes la suerte de ir acompañado al cine, hará que tengas una buena charla de vuelta a casa. A nosotros nos pasó, y eso que tardamos 40 minutos en volver.




Y la segunda película que quiero eomentar hoy, y que acabo de terminar de ver, es La infiltrada. Seguro que habéis escuchado hablar de ella porque su protagonista, Carolina Yuste, ha ganado el Goya a mejor actriz. También sale Luis Tosar, pero bueno, noticia sería que no saliera, ¿no? Que muy bien, que me gusta y cumple, pero oye, un poquito de variedad, por favor. 

Es la historia de una policía que se infiltra en ETA, en los años 90. La película sí, está bien, entretiene, hay momentos de «hay que te coge el etarra, corre, corre» y algún momento de «etarra bueno, etarra malo» pero, aunque sabía que podría encontrarme con estos lugares comunes de este tipo de pelis, me ha gustado que se haya puesto el foco en este tema. Porque estamos en un país que no siente orgullo por acabar con la violencia, prefiere no levantar ampollas en los asesinos y culpables de la misma, así que sí, hay que hacer muchas más películas de ETA, del franquismo, de la Guerra Civil, de los abusos de la Iglesia, del GAL y de toda la podredumbre que pasó en España y que aún escuece. Ah, y qué personaje hace Diego Anido (este señor) y qué miedo mete. Sí, igual o más que en As Bestas.




Reseña de «El mundo feliz: una apología de la vida falsa», de Luisgé Martín, en Killed by trend

 Nacido en el año 86, me he comido, como vosotros, unas cuantas distopías, tanto en papel como en imágenes, sobre la lucha de la humanidad frente al poder. Ya sabéis, MatrixUn mundo feliz1984…, relatos en los que un humano, EL HUMANO, a modo de iluminado de La Caverna de Platón, sale de la cueva, de la opresión, para descubrir la verdad y dar la turra a todos los que siguen ahí metidos viendo Telecinco en su pantalla plana o haciendo scroll hasta el inframundo en su Instagram.


Además, a esta lucha por la verdad y contra el poder, se ha unido en las últimas décadas la tecnología, los robots, en definitiva, la técnica al servicio del mal. Y esta capacidad que tenemos los humanos de producir máquinas –que es consustancial al ser humano ya que somos una especie «que crea cosas» y a través de esa creación evolucionamos y pudimos crear civilizaciones–, tiene el lado oscuro del no poder controlar ni entender en última instancia nuestra creación. Como doctores Frankestein perseguidos por su avidez de conocimiento. Y ese miedo, esa pulsión hacia lo desconocido, también guio a los mecanoclastas y luditas del siglo XIX, con su Capitán Swing a la cabeza, a romper los telares que les quitaban el pan de la boca. Lo decía bien clarito Samuel Butler en Destruyamos las máquinas:

«Llegará el día en el que las máquinas tomarán el mando efectivo sobre el mundo y sus habitantes. Mi opinión es que debemos proclamarle de inmediato la guerra a muerte. Toda máquina de cualquier tipo debe ser destruida por aquellos que deseen el bienestar de su especie».

(...)

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Incendiario, de Bárbara Butragueño

Ni se te ocurra abrir este libro si buscas un libro perfecto, con plan de huida y medido y grito reproducido. Ni se te ocurra porque vas a perder el dinero, el tiempo, y espacio (aunque poco) en tu estantería.
Desatado de forma y de límites, los poemas de @chincheta, ya sean en verso o en prosa poética, llevan marabunta dentro y te arrasan pasando por encima. Se te escapan palabras, vuelves para atrás, joder, qué bueno esto, terminas. Vuelves al principio, ¿y esto? y así se pasan los minutos y las horas.
El libro que publica #Polibea es un libro con astillas en el que Bárbara Butragueño no solo se desnuda, sino que comenta a través de imágenes enlazadas la ceniza de su cuerpo, nadie nunca me enseñó a llorar/y sin embargo parece que el llanto me perteneciera esparciendo su dolor por tus manos.
El libro se divide en tres partes, TURBA, en donde se hace un recorrido del propio cuerpo y se ponen sobre la mesa la muchedumbre interior, los despojos, las heridas y las soledades. Abierta y expuesta a todos los dolores y a todas las penas, limpiar el cuerpo como quien limpia la casa. Exorcismo.
En COMBUSTIÓN aparece un tú que salva en tu cuerpo todo es expiación/y claridad/y enjambre que rescata, que no rehabilita las ruinas, sino que las convierte en hogares. Bestial esta parte, la más lograda.
Y cómo no, CREMACIÓN, en la que se desalojan los cuerpos, una vez más/te marchas, deshabitando/los ángulos del aire, se buscan asideros y esperanza, pero no se encuentra. Soledad y grito.
Vamos a ver, hay una cosa que hay que tener en cuenta. Este poemario requiere de su colaboración como lector, de su inteligencia, de sus cojones/ovarios para comprender lo que es la vida. Quien no haya sufrido, quien no haya sido ojo de huracán de relación no entenderá nada. La poesía de Bárbara no llega entera, pero la parte que llega llena todas las habitaciones y se expande, se te mete en el cerebro y la buscarás en cada índice, en cada lomo. Un subidón, vamos.
Y yo no merezco bailar si no hay lluvia.
y si queréis saber más...buscad el libro, esto es solo un trampolín.

Comentario de "La mirada del otro", obra de teatro en La Cuarta Pared


El próximo día 7 de mayo, y hasta el día 16 del mismo mes, vuelve a la sala Cuarta Pared de Madrid, la obra La mirada del otro, de la compañía Proyecto 43-2. Dirigida por Chani Martín, y con los actores Ruth Cabeza, Pablo Rodríguez y María San Miguel, La mirada del otro nos cuenta el proceso de sinceridad y valentía que supuso el encuentro en 2011 entre ex miembros de ETA y víctimas directas o indirectas de los ataques terroristas, con la preparación previa de mediadores.



Y con esa materia real, fresca e intensa, se ha creado La mirada del otro. El espectador entra dentro de la escena quiera o no quiera. La exposición de posturas es tan franca y tan sincera que nos encontramos del lado del asesino sin darnos cuenta. Y de la víctima, claro. Los regates del diálogo, trabajadísimo y muy buen interpretado y dirigido, no nos dejan acomodarnos en un punto de vista, sentarnos a mirar la obra desde un único punto de vista. 

Aitor era un chaval cuando le pusieron una pistola en la mano y le dijeron a quién matar. Pum, esta es mi tierra, mi refugio. Y veinte años después, después del silencio, después de la educación y la reflexión en la cárcel, llega la culpa y decide pedir perdón. 
Las cosas no se arreglan a tiros, decía el Aita, padre de Estíbaliz y víctima de ETA, de Aitor. Presencia durante toda la obra, articulador y plaza donde se juntan los enemigos. Estíbaliz, con el odio gastado después de tanto tiempo, quiere saber, quiere respuestas, quiere saber cómo alguien puede matar a otra persona sin apenas conocerla. Y se atreve a acercarse al asesino de su padre, al monstruo, y escucharle. 



Hay un proceso de acumulación en La mirada del otro. Según avanza la obra, la empatía con ambos actores crece a un ritmo similar. Somos víctimas y verdugos a partes iguales. Y esto es muy jodido de conseguir. El mérito de este equipo, tan amante del teatro en su nervio más potente e interno, es conseguir despejar a las personas de su plomo ideológico para que podamos verles la cara, la lágrima, la mirada. Se trata de un acto de sinceridad con una tragedia humana y cercana, mucho menos política que humana. La mirada del otro es un acto de reconciliación, de pacificación, muy necesario que podrá disfrutarse, como dije antes, del día 7 al 16 de Mayo en Madrid, en la sala Cuarta Pared.  





Este montaje es la segunda parte de una trilogía sobre Euskadi, de la compañía Proyecto 43-2.
Este grupo trabaja con la memoria colectiva y la convivencia con el otro, pretendiendo establecer una nueva forma de entender la realidad social utilizando como medio el teatro y el diálogo conjunto con el público.

Prohibido entrar sin pantalones no tiene ni una cana




Maiakovski tenía dieciocho años, dieciséis dientes podridos, dos hermanas y un solo lector. Así empieza esta novela de Juan Bonilla sobre Vladimir Maiakovski, ese poeta gigante, ruso, que tenía la lengua en llamas y era pieza incómoda en todos los puzles. Menos en el suyo, claro. Poeta futurista sin futuro, ahogado por el presente y por una rutina que siempre parecía que estaba a la vuelta de la esquina.



Juan Bonilla, en mi opinión, el escritor actual más entretenido y talentoso, es el autor de varios libros de relatos Tanta gente Sola, La noche del Skylab o El que apaga la luz, novelas como Nadie conoce a nadie o Los príncipes nubios y libros de poemas como Partes de guerra o Buzón vacío. Y tenía que ser un escritor que maneja con soltura tantos lenguajes literarios el que hiciera un traje amplio, para que a Maiakovski no le apretara nada y así, su talento y su vida no quedaran limitados.

Juan Bonilla, que con 25 años publicó un libro que se llamaba veinticinco años de éxitos, ha sido capaz de unir una documentación abundante para dar andamios fuertes a la novela y por otro lado, tener la amplitud de miras para escribir con un lenguaje poético y hermoso en muchas partes, que incluye poemas del poeta ruso desparramados en medio de una narración de hechos objetivos, reales. Y ese es el punto medio. Ha sabido poner carne a los poemas de Maiakovski, a su imaginario, a su planeta literario y hacerlo cercano, no pura fabulación de escritorio sino literatura, poesía, puesta de pie en la calle, viva, que condicionó, de manera relevante, uno de los hechos históricos más importantes del siglo XX.

En esta revisión de su vida podemos ver cómo una persona arde en medio de una ciudad. Podemos ver, gracias al talento de Bonilla, cómo el hombre que partía los dientes a poetas contrarios por divertimento se convertía en perrito para su amada, la única, Lily, con la que formó un triángulo amoroso y literario junto a Osip, su marido.

Pero esta novela tiene un error,  y es que no descarga su intensidad, no rebaja el interés del discurso y todo en la vida de Maiakovski es interesante y potente. Cada hoja nos muestra un lado esencial del escritor, del amante y del revolucionario. El problema de esta novela es que rebosa, tienes que estar muy atento durante las 380 páginas, porque te puedes perder anécdotas que podrían dar lugar a escribir otra novela.

Pero mucho más allá de la propia vida y poesía de Maiakovski, en Prohibido entrar sin pantalones podemos leer, recortados de la silueta del poeta, el contexto de arte rabioso y fértil de los primeros vanguardistas (un tal Vasili Gnedov, en su poema El poema del fin, escribió, cuarenta años que John Cage lo hiciera, un libro con todas las hojas en blanco que recitaba en silencio, haciendo como que lee pero sin que ningún sonido salga de la boca), el cine y el teatro de la revolución (Meyerhold o Eisenstein), hechos poéticos de la revolución (como aquel juicio a Dios que Maiakovski y otros futuristas celebraron y que terminó con la condena a muerte por los múltiples genocidios que motivó y que acabó con un fusilamiento al cielo), y otros escritores contemporáneos (la odiada por Vladimir Anna Ajmátova, Bulgakov, Gorki o Aleksandr Blok), con los que luchó, amó y escribió su vida.

 

En definitiva os digo que me ha recordado a Rayuela, que una noche lo dejé encima de la mesa y a la mañana siguiente el suelo estaba lleno de poesía, que no conozco ningún personaje histórico tan brutal, tan intenso y tan poético como el que Bonilla nos trae en Prohibido entrar sin pantalones.  

Marley, la persona y el león


Marley, la persona y el león



El director Kevin MacDonald, conocido por el gran público gracias a su notable El rey de Escocia y en menor medida por One day in september que ganó el Oscar a la mejor película extranjera en el año 2000, ha dado en el clavo con este extenso documental sobre la vida de Bob Marley











En primer lugar, ha conseguido algo que parecía imposible: juntar todas las piezas del universo Marley. En el documental podemos ver a sus compañeros de The Wailers, banda con la que Marley comenzó a sacar la cabeza en Kingston y de la que nunca se separó del todo, a su querida y sufrida Rita Marley, que le aguantó y apoyó más que nadie, compañeros y amigos como Chris Blackwell o Steve Bing y, por supuesto, algunos de sus once hijos. Nunca sabremos si estas colaboraciones fueron por la potencia y veracidad de la película o porque estas piezas necesitaban volver a Bob por causas económicas, o quizá sea por una mezcla de ambas. 


Independientemente de las piezas del documental, el eje fundamental, como no podía ser de otra manera, es Robert Nesta Marley, el niño mestizo que era humillado por los niños de su edad, el niño empecinado con tocar la guitarra y cantar desde pequeño y que nunca se conformó.  El niño que creció en Trench Town, un barrio suburbial de Kingston, y que  consiguió poner paz en todo el país además de llevar el reggae y el movimiento Rasta a millones de personas en todo el mundo. 

Habrá gente que vaya a ver el documental porque Bob “puso de moda” la marihuana y su cultura,  pero los que vayan solo por esta razón se sorprenderán que más allá del humo de los porros está una de las estrellas culturales más importantes del siglo XX, que consiguió trasgredir las normas de su entorno y, a través de una filosofía aún hoy admirada, ser un líder político y espiritual global. 

Marley es una película emotiva, potente porque no trata de un mito sino de una persona. Una persona que tenía sus momentos buenos y malos, sus momentos más duros con su entorno más cercano y su cara más amable con la gente común. El propio director lo reconoce  quería que el filme fuera lo más íntimo posible. Espero haber llevado a la gente no la leyenda, sino lo que fue Marley como persona, quería entenderle. Espero que el público pueda escuchar la música de otra manera cuando acabe de ver la película.


Marley es una película que debe ver el fan de la música de Marley, que debe ver el fan del Marley como estrella, pero también debe verla cualquier persona que quiera conocer quién se escondía detrás de la estrella porque, de verdad, Macdonald nos lo muestra con unas imágenes de archivo y unas entrevistas espectaculares que se meten en las chavolas de su infancia o en los camerinos de la gran estrella. En definitiva, y pese a los miedos previos que tenía porque me pudiera defraudar, Marley es un gran documental que, pese a sus 126 minutos, se hace corto.