Limpia, de Alia Trabucco
Si este libro fuera una cuerda de guitarra, la autora la haría vibrar, fibra a fibra, nota a nota, hasta el instante previo a romperse. Astillar el presente hasta arrimarlo al futuro, que pueda imaginar su extinción. Si este libro fuera una presa y también un derrumbe, la autora nos mostraría, con pelos, grietas, gritos y señales, la fragilidad del hormigón, la fragilidad del status quo, la fragilidad de lo cotidiano que esconde un océano de caos. Porque la escritora de este libro es la nota incómoda que chirría al hombre sin moral, la espina que hace chillar al gigante, pero también un consuelo para aquellos que presentimos la injusticia y no supimos ponerle nombre.
Y es que Limpia, de Alia Trabucco, es un relato incómodo, salvaje y natural. Que no se conforma, que no se relaja y cuya inquietud traspasa a la persona que sostiene el libro en sus manos para que no pueda relajarse en ningún momento.
He tenido la sensación de haber leído una historia muy real, muy verdadera, muy necesaria. Y es que, bajo la superficie de lo moderno, lo actual, la banalidad del mundo virtual de internet y su inevitable nada, sigue sucediendo la vida. Y esta vida no es muy diferente a la vida que sucedía hace unas décadas. Aunque nos sorprenda y choque con nuestra propia comprensión de nuestra época, la novela Limpia, de Alia Trabucco, aún inédita, es una muestra de que es así. De hecho, ahora, escribiendo estas palabras, me sorprendo al darme cuenta de que esta novela, escrita en la segunda década del 2000, por una mujer de 39 años, no contiene en ningún momento referencia alguna (que yo recuerde) al mundo tecnológico o virtual. Sorprendente.
Y esta situación es posible gracias a su componente dramático. La tensión narrativa está cargadísima, constantemente. Es un libro cargado de electricidad humana y, de hecho, en algunos pasajes de la novela el autor recibe descargas que lo sacuden completamente. Trabucco me ha parecido una novelista valiente, precisa, que narra con descaro y herramientas que domina completamente, los sentimientos de la protagonista, pero también de una familia que, pese a ser extremadamente normal, nos resulta grotesca e incluso monstruosa.
Me ha parecido una novela adictiva, que se lee rápido, con necesidad, con hambre, pero que no pierde en ningún momento su acidez y su crudeza, dejando al desnudo a una sociedad (que no es la chilena, que es la nuestra, la de cualquier país occidental) que se basa en la hipocresía y en el dinero y sobre estos pilares construye sus normalidades. Unas normalidades que, como podemos ver en esta historia, están lejos de ser limpias.
Don Quijote de la Mancha. Cuidado, cuidadito

Llevaba ya bastante tiempo con ello en la cabeza, más o menos desde que entré en la educación primaria. Puedo decir que ese ello estaba en mi cabeza y fue creciendo con ella.
Ver por todos los lados a aquel señor alto y medio demacrado y a aquel señor regordete era ver un pasadizo hacia los libros, la cultura (la mayoría de las veces, un pasadizo por cruzar y nunca cruzado) cosas de mayores.
Por aquel entonces, cuando yo era niño, ponían una serie de dibujos (con una diabólica y pegadiza canción al inicio. Sé que te la sabes, no te hagas el loco) que veíamos en el cole y en casa. Don Quijote y Sancho estaban ahí, como unos parientes lejanos.
Según iba cumpliendo años y veía que mi gusto por la lectura aumentaba (luego, mucho después, vendría el de la escritura), en el horizonte aparecían aquellos clásicos y, sobre ellos, el Don Quijote de la Mancha como capitán general, paradójicamente ridículo y derrotado.
Ese horizonte quedo ahí, bello, inaccesible y aburrido porque aburrida fue para mí aquella lectura. No entendía nada, hablaban un español antiguo con palabras que yo no conocía y había referencias extrañas que me llevaban a sitios desconocidos. Vamos, un tostón.
Sin embargo, hace unos meses me animé a caminar hacia ese horizonte. Y lo hice sin prisas, sin urgencias y sin tener que dar explicaciones a nadie (ni siquiera a mí mismo, menos mal) sobre si había tardado mucho o poco en leer la mejor obra escrita en español, la primera novela moderna y otros adjetivos similares, para poder así intentar disfrutar de la lectura.
Reconozco que algunas partes me las salté. Otras las leí en diagonal, picoteando. Pero hubo otras con las que me reí, otras en las que se me saltaron las lágrimas y otras en las que aluciné porque algún recurso narrativo hubiera sido escrito ya hacía más de 400 años. Ahora que nos creemos tan ingeniosos y avanzados resulta que llegamos muchos años tarde.
Otro de los beneficios que tiene para mí el haber leído el Quijote es que hay muchísimas referencias a él en muchísimos ámbitos. Para empezar, España es el país del Quijote más allá de nuestras fronteras y que esto sea así nos ha identificado durante cuatro siglos. Como idealistas, locos, nobles, estrambóticos pero tiernos caballeros andantes. Además, durante estos cuatrocientos años, ha habido escritores como Borges y Nabokov, entre otros, que no solo es que hayan leído El Quijote y hayan cambiado su manera de ver el mundo y escribirlo, sino que han dedicado libros a él. Como si fueran unos continuadores de la obra del españolísimo morisco Cide Hamete Benengeli.
Esta es otra de las facetas que me ha sorprendido de El Quijote. Lo humanista que es con sus personajes y cómo están en el mundo quijotesco. Si bien este mundo es ruín, mezquino y cruel, también hay personajes íntegros, bondadosos y rebeldes que abren un pasillo a la fraternidad. Solo los mencionaré, pero aquí están:
La pastora Marcela, Crisóstomo, el morisco Ricote o los propios Don Quijote y Sancho Panza. Y, además, diré que me dio bastante placer enterarme de que el auténtico escritor de la obra española más importante de la historia era un morisco español y manchego. Esto se lo tiraré alguna vez a algún adalid de la pureza española, seguro.
Para terminar diré que no es una obra fácil ni tampoco perfecta, pero recomiendo que, si aún no la has leído, le eches un ojo. Sin presión y al ritmo que tú veas. Disfrutándola y sin tener que pensar en hacer un trabajo para la clase de lengua ni nada parecido.
Como introducción, aquí te dejo un par de charlas de los amigos argentinos de La última página que espero que te gusten y te animen a iniciar la lectura:
Reseña de Por qué he robado y otros escritos
Reseña de Un mundo al revés, de Rudolf Arnheim
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EL HOMBRE
IMAGINARIO
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El
hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria rodeada de árboles imaginarios a la orilla de un río imaginario De los muros que son imaginarios penden antiguos cuadros imaginarios irreparables grietas imaginarias que representan hechos imaginarios ocurridos en mundos imaginarios en lugares y tiempos imaginarios Todas las tardes imaginarias sube las escaleras imaginarias y se asoma al balcón imaginario a mirar el paisaje imaginario que consiste en un valle imaginario circundado de cerros imaginarios Sombras imaginarias vienen por el camino imaginario entonando canciones imaginarias a la muerte del sol imaginario Y en las noches de luna imaginaria sueña con la mujer imaginaria que le brindó su amor imaginario vuelve a sentir ese mismo dolor ese mismo placer imaginario y vuelve a palpitar el corazón del hombre imaginario |





