Islas divergentes

Mostrando entradas con la etiqueta Mucha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mucha. Mostrar todas las entradas

Se te olvidó coger la fruta

Alfons Mucha

Que yo no soy un perro que te quiera por tu hueso, que yo soy el frutero que te acaricia y sueña tus mandarinas, pero tú no te das cuenta, que a ti dos uvas te bastan, dos nada más te llenan la gruta seca de la boca y no ves que tengo los labios llenos de fruta y que se me están pudriendo de espera, cayendo y rodando por el suelo sin que nadie, sin que tu, sin batalla. 

La pena es que a ti una manzana seca te llene el hueco más redondo de tu cuerpo, y vienes con tu cuchara de metal a por tu pieza, a matar el hambre minúscula que te llama, pero yo lo que quiero es que abras los cauces y chorrearte todo el viernes de melocotones, que no te quepan es lo que quiero, que engordes de sábado y de lluvia de mi cuerpo, que mis frutos no los aplasten los coches fríos de las carreteras, que sea tu hambre la culpable de que exploten y refresquen
alegres
tu boca.



¿Vienes?

Alfons Mucha

Desenrédate la lluvia

de los ojos

y ven a jugar

despeinada y sola.


No tengo manzanas en las manos,

pero tengo manos

que se posarán en ti inquietas;

niebla de carne caliente.


No seas paciente

y siente

nada más verme.


Yo te curaré,

te acunaré,

como a un conejito cansado,

dispuesto.


Pero no te dejes los labios

protegidos

guardados

en la mesilla de noche

porque esta noche

tu boca

y mi boca

comerán nuestros cuerpos

tristes, solos

y aún fríos.