Islas divergentes

Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

La sombra de tu corazón

Tu corazón es una rotonda de ramas y ruiseñores perdidos, 
un botón cosido a una ventana abierta, 
pero también la marea roja que se agita y hace que las manzanas sean dulces
y peligrosas. 

Pero yo no quería hablar de tu corazón. 
Yo quería hablar de la sombra de tu corazón, 
aquel lugar donde vivo, 
el refugio contra un sol furioso, agitado e infatigable
que busca derretir a nuestra especie, 
a nuestra especie que huye del delirio.  


Resistimos desde la poesía y la montaña

 

🖤❤️

Cuando baje la sacudida de la sangre,
en el espacio del aterrizaje de los mamíferos sobre el colchón,
voltearé tu día y buscaré tu cordillera de vértebras y remolinos en tu espalda,
engranaje de cerrojos abiertos,
playa donde descansan las olas de tu marea negra sacudida por el viento
y el deseo.

Porque será tu espalda y no tu pecho de sorpresa constante y vibración sin lucha,
ni tampoco será tu cara,
la que negocia con el viento la temperatura de los trópicos,
tampoco tu ombligo, acequia sagrada donde descanso la mejilla en las tardes de suerte.

No,
será tu espalda,
desde el faro del espasmo que es tu nuca hasta el punto de interrogación yo me posaré desnudo,
fiel y devoto a tu geografía de marejada e isobaras de terraza y cerveza.

Será tu espalda el telar donde cerraré mis ojos,
será tu espalda el telar que me librará del frío.


(este poema lo podéis encontrar en el libro Hogar)

Poema de Hogar

Joseph Lorusso


Tu boca,

precipicio y ventana dulce,
ola recogida en el viento y todo caía.

Tu boca pequeña,
escribo tu boca y en mi boca un latido,
tu boca el territorio y mi boca los pies desnudos.

Tu boca suave,
tu boca suave donde besar es coser
donde besar es un columpio,
donde besar es submarinismo,
donde tu boca es un perfume y mi boca un lazo en tu corriente.

Reímos y nos besamos,
tan llenos,
rebosa mi boca con tu boca,
regadera,
animal marino,
geometría de alga y espuma,
tus labios donde siempre llegan olas,
tus labios de palmera,
tu labio 360 grados es mi cuerpo,
tu boca como un pararrayos,
refugio,
jardín y refugio tu boca,
lluvia horizontal,
tu lengua y mi lengua cautivas en el océano,
rodeadas,
tus ganas y mis ganas,
fricción de frutas,
objetos delicados y rotos que quedan suaves al caminar tus dientes,
recorrer tu boca a ciegas con los ojos de la lengua,
te beso, te beso, te beso y estás aquí,
tan pegada ya,
tan pegada siempre a mi recuerdo que pongo en este blanco
como una viva cicatriz de saliva,
un recorrido de zahorí.

¿Qué buscar en tu lengua,
qué buscar en tu boca,
qué buscar en la oscuridad de tus ojos cerrados por el calor
por el sol de tu boca?

Cierro los ojos para proteger las retinas,
no quedarme ciego
los ojos en la boca
así buscarte y besarte,
así empezar cada día,
así empezar el mundo.

(De mi libro Hogar 🏠🐦🏚https://jorgegarciatorrego.com/hogar/)

cuando baje la sacudida de la sangre


les amants reguliers


cuando baje la sacudida de la sangre, 
en el espacio del aterrizaje de los mamíferos sobre el colchón, voltearé tu día y buscaré tu cordillera de vértebras y remolinos en tu espalda,

engranaje de cerrojos abiertos,

playa donde descansan las olas de tu marea negra sacudida por el viento

y el deseo.



Porque será tu espalda y no tu pecho de sorpresa constante y vibración sin lucha,

ni tampoco será tu cara, la que negocia con el viento la temperatura de los trópicos,

tampoco tu ombligo, acequia sagrada donde descanso la mejilla en las tardes de suerte.

No,

será tu espalda,

desde el faro del espasmo que es tu nuca hasta el punto de interrogación yo me posaré desnudo, fiel y devoto a tu geografía de marejada e isobaras de terraza y cerveza.

Será tu espalda el telar donde cerraré mis ojos,

será tu espalda el telar que me librará del frío.  

¡Qué bonita está Madrid esta noche!


Compañeros,
sabemos que nuestro camino hacia el amor está lleno de vacío,
que solo hemos dado un pequeño paso en el camino de la libertad,
y también sabemos que la casta de la distancia tiene más medios
más dinero,
más mecanismos para la tristeza,
pero nosotros tenemos más ganas.

En la noche de hoy me acuerdo de cada uno de vosotros,
de todas aquellas partes  del cuerpo que se han quedado sin su abrazo,
a todos los órganos que pasan hambre,
a los labios, las manos, el pecho, los pulmones y tantos y tantos otros que formáis este cuerpo.
Gracias, compañeros, estamos haciendo Historia.

Estamos aquí, esta noche, para decir que estamos preparando la noche perfecta.
Que vamos a ponernos la piel de las grandes ocasiones,
que paso a paso nos acercamos a la victoria, a coger la mano de la fraternidad bajo las sábanas.
¡El cuerpo
unido
jamás será vencido!

Ya queda menos para que podamos cambiar la situación,
estamos un paso más cerca pero aún nos queda lo más complicado. 

Le digo a nuestra compañera la lengua que claro que sí, claro que volveremos a surcar las avenidas de su cuello,
le digo a los ojos que estamos en el camino correcto y que volveremos a bañarnos en su espalda.
Nos dijeron que no era posible.
Que dejáramos de soñar con atravesar los mares violentos de su pelo,
que éramos unos perroflautas del amor,
pero escuchamos a oscuras su risa y la seguimos sin dudarlo,
palpando los días y las calles.

Juntamos la voluntad de cambio con las nubes del hambre y la tuvimos en nuestros brazos,
como se tiene fiebre o se tiene la tristeza.

¡¡ Sí se puede!!
¡¡ Sí se puede!!
¡¡ Sí se puede!!



A todos vosotros os digo,
compañeros, compañeras,
que esta noche es noche histórica porque hoy,
ella,
ha creído en nosotros.

Y aquí estamos para recoger esta confianza y decir que:
“mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase la pareja libre para construir una relación mejor"

Muchas gracias compañeros.
La victoria es nuestra,

¡El cuerpo,
unido


jamás será vencido!

Despertar

El día acababa de romperse, seis de la mañana, el pueblo cuesta arriba y nosotros solo teníamos la fuerza para juntarnos. Su cuerpo se agitaba bajo la ropa como si tuviera un pájaro sin aire. No hacía frío, pero la gente se dejaba caer a sus casas, cansados de batalla o deshilachados. Ella y yo chocábamos de vez en cuando, borrachos o no, quién se acuerda ya, por el suelo las riendas de la conciencia. Demasiado tarde o demasiado pronto.

Era chilena y su piel lamida por un sol artesano. En su boca se detenían las palabras un momento, luego caían suaves, cantadas. Tenía pelo color tinta, hacía pulseras y collares y 25 años. Yo pelo largo y dudas, un cuerpo quince años abriéndose y la palabra desenfocada en los labios, como quien no sabe cómo y el qué debajo, levantado de manos.

El cansancio de la noche y nuestras bocas calientes, supervivientes de la metralla y los cubatas. Mi primera vez, mi primera vez, todos los finales de las películas chocando en mi cabeza, mi primera vez y no había más opción que aceptar el verano con las dos manos, pesado y líquido.

Ella era la frutería del supermercado y mucho más. Las modelos de la tele y uf, mucho más. La búsqueda en algún punto de la niebla, canción huida de una boca y yo pasé por ahí con mi jilguero suelto. Ella era carnaval ardiendo en medio de la estepa, imposible no dejarse llevar en su baile de vocales saladas y acantilado.
Recordaba mis besos con los potros silvestres de mi pueblo y no sentía vergüenza de nuestros pequeños manzanos, de nuestra regadera tranquila, nuestras esquinas, brazos y manos en escalera. Todo tan pequeño y escondido de lo adulto. Y ahora la hormiga que descubre el laberinto del metro y llora porque no le alcanza. Veinticinco años acumulando deseo y orquestas y yo con entrada reducida para el espectáculo inesperado del sudor.

Goteábamos el día confusos, murciélagos vacíos de cuerpo y yo no sabía aún el color brillante del sexo. La risa en la pechera y la cerveza corriendo. Pareja de escalones y Sudamérica ahí tan cerca, yo que no conocía el fondo de mi bañera ni el camino del bosque y Chile bienvenido, desparramado en mi cuerpo tirando todo al pasado.

Subimos el pueblo en tirolina con los ojos cruzados, subimos todo el cuerpo hasta llegar a la espuma y su casa. Abrió la puerta como quien deja caer el tirante de un sujetador, ella me hablaba rizos y me besaba frutas desconocidas. Naufrago me llegaban olas por todos lados y qué dulce y tren chocando su cuerpo. Nunca abrir un melón fue tan fácil. Nunca la boca tan en medio de todo, atravesada de flechas y los cuerpos y el cuchillo abriendo tan suave.

Yo juntaba maniobras de lengua montaña rusa, regate o ladrido, dependía de su curva y mi sorpresa. Estábamos desnudos y sentí su latido acercarse despacio, pidiendo permiso, y luego qué decir de la palta, del maní, del tomate de árbol, de la maracuyá y de sus besos. Cómo puedo deciros que mi primera vez fue en medio del mar. Mi primera vez lamí el Aconcagua con una sed de mil sales de Uyuni. Pero cómo deciros que no tuve miedo al vértigo, a las calles de Santiago de Chile abriéndose festival por su piel, paseando por debajo del equilibrio de su tanga. No me llega el abecedario para contaros sus habitaciones, sus jardines vírgenes al ojo. Cómo. Cómo explicar que no conocía el mar hasta que en ella me atraganté de Pacífico y cuando volví a tomar aire ella ya no estaba, tan solo el recuerdo de un viaje muy largo.