Islas divergentes

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25 diciembre


Hace años escribí un poemario sobre amor y desamor que se llamó Hogar. En las presentaciones y cuando explicaba a alguien de qué iba el libro siempre decía lo mismo (o casi): «Es la historia de cómo se construye un hogar y cómo se destruye un hogar».

Hoy, después de años, sentimientos y compañías, vivo, construyo y reconstruyo a diario un hogar junto a mis compañeras Lorenza y Kiwi cuando pensaba que ya los hogares eran una cuestión del pasado, algo que pasó y que no iba a volver, que habría que conformarse con las casas.

Desde aquí os invito a no reverenciar las ruinas de un amor antiguo, os invito a que intentéis ser felices de nuevo: por muy grande que haya sido la caída, por mucho dolor que haya supuesto el silencio, por tanto desperdicio de amor entregado: Confía, agradece, ama y sé amable con quien sí quiere pasar la vida contigo. Celebra que AÚN seguimos vivos, que el tiempo está delante de ti para ser disfrutado, no sufrido.

Ah, y felices fiestas, que se me olvidaba 🤦‍♂️😅.

Poema que podéis encontrar en mi libro mortal | 2023🍂



45
La sábana del calor cubre la tierra hasta el acantilado del horizonte,
embruja a sus cautivos, hace de las exclamaciones de trigo un jardín de corcheas, de la curiosidad verde de los olivos, un silencio de relámpagos atrofiados.

¿Y para el hombre, profeta del agua y heredero del silencio, qué esconde la sábana del calor?

Para él un muestrario de arrugas y otoños, una lluvia de harinas y sudores, pero también la alegría perfecta y silenciosa de una lágrima de aceite bendiciendo un pan.

Poema 58 de mi libro mortal

 58



Mi calavera está 37 años más cerca, isla de mármol y sueño, mar en pausa para que navegue la barca de mi cuerpo.

Se han desinflado los misterios

y las nubes ya nunca dicen nada. ¿Qué hemos hecho con el tiempo? Miramos atrás y ¿qué rescatamos de la tormenta de olvido? ¿Qué escombro es este que guardamos como reliquia? Somos manchas en el silencio de la Historia, tenemos arena en las manos de aquellas victorias que no fueron, aguantamos derrotas que nos empujan hacia abajo y sin embargo qué bellos y únicos nuestros vertederos.


Más información sobre el libro:

https://jorgegarciatorregolibros.wordpress.com/mortal/


Fuera

 En el párrafo cerrado e inhóspito de los que hablan telediarios, tú y yo bajo el agua, jugando a la simbiosis, mudos y sordos, sin palabras ciertas hasta que llegó el baile, tu falda y tu cadera escribieron palabras ciertas en un cuaderno llamado reggae.


(Poema que se puede encontrar en el libro Hogar - https://jgtorrego.com/hogar/)



Diario para un libro que nace 

1. Diario para un libro que nace – * 19/12/2023



Presentación de mortal – 4 de enero, jueves, a las 18:30 horas en @elrinconverdemiraflores de Miraflores de la Sierra.

Este primer recital de mortal será en mi pueblo, en mi querido Rincón Verde. El lugar donde tomamos cañas, donde todo el mundo ya conoce a Kiwi, donde comemos y celebramos, donde estamos con la familia, los amigos, la gente querida. Qué bien y qué afortunado me siento por haber vuelto al pueblo y por hacer comunidad en este rincón.

En esta primera presentación, cercana, verbenera y calentita, leeré algunos poemas de mis anteriores poemarios y de mortal, por supuesto. Estáis todos invitados a compartir este primer alumbramiento de mortal.

Las correcciones, los diseños, las comas, las tipografías son el taller de la literatura para que pueda correr sana y salva por los libros y qué necesario es que los mecánicos que ajustan, pulen y afinan las letras sean personas con oficio, que sepan dónde tocar, dónde apretar y dónde poner cuidado. Tengo la suerte de que en Lastura, la editorial que publica mortal, saben cómo poner a punto el libro. Gracias a Lidia, gracias a Isabel, gracias a Ana.

2. Diario para un libro que nace – *20/12/2023

Esta especie de prisa por publicar, por mostrar lo escrito en soledad, con paciencia y sin urgencia, es un contrasentido total. En este libro, mortal, hablo sobre la pausa, sobre medir el tiempo, sobre pesar lo que importa y apartar lo que no y, sin embargo, parece que solo existe un embudo para mostrar estos poemas y es un embudo que me obliga a apabullar y a estar presente para que todo el mundo compre y lea este libro. Pues no. Este libro caerá por su propio peso en las manos de aquellos que quieran leerlo, que tengan las ganas y la fe por encontrar valor en lo que escribo. Lo demás será ruido (un poco es necesario, lo admito), pero no hemos venido a eso.

3. Diario para un libro que nace – *21/12/2023

Pasan los años y pasa también la esperanza de «ser alguien en el mundo de la literatura». Esto, que parece obvio, con cada libro nuevo que no tiene una repercusión enorme, que no gana premios, se hace evidente. Es cierto que, al dedicarme al mundo de la poesía, donde somos 4 poetas y 3 lectores de poesía, las oportunidades de obtener repercusión o ese «éxito», menguan. Como decía, pasan los años, se acaba esa posibilidad de «ser alguien» pero no termina la necesidad de decir, de buscar palabras nuevas para atrapar lo que nos sucede a diario y se nos escapa. La poesía, que es efímera y eterna, tiene este poder que yo descubro al leer a otros poetas: no se acaba. Porque los poemas que nos gustan nos gustarán por siempre y para siempre, por recuerdo y porque encontramos fibras nuevas que se nos habían escapado en lecturas previas. Por eso escribo ahora, porque lo necesito y porque busco escribir poemas que acompañen a mis lectores (algunos hay, y en este rincón les doy las gracias) ahora pero también en el futuro. Por eso nace mortal y por eso tengo mucha ilusión en que quieras conocerlo, aunque yo nunca sea «aquel escritor reconocido» de fular y pipa que se supone que todo escritor debe aspirar a ser.

4. Diario para un libro que nace – *23/12/2023

Estos días navideños y de final de año estoy esperando que lleguen los libros a mi casa. Ya han llegado a la casa editora, @lastura.ediciones, y ahora unos pocos viajan a mi casa. Antes de verlos en mis manos, no puedo evitar sentir la incertidumbre de ver los poemas que, abandonados hace tiempo en un .doc, en un .pdf, ahora ya están perdidos de mí para siempre y qué serán ajenos y a la vez propios. ¿Seguirán diciendo lo que decían cuando los solté?, ¿habrán crecido?, ¿Llevarán erratas entre los dientes?, ¿gustarán estos poemas tan extraños, tan sobre la muerte, tan antipoéticos? No tengo respuestas a estas preguntas, solo puedo seguir escribiendo para responder en otros poemas, en otros libros, en futuras incertidumbres. Y, por ahora, sigo esperando. Si queréis, podéis pedirlos en la web de Lastura:
https://lasturaediciones.com/product/mortal/

5. Diario para un libro que nace – *24/12/2023

Hoy se celebra la Nochebuena, salgo de la cueva en la que vivo, (que en parte es una cueva real, porque trabajo en un archivo) y no sé muy bien qué postura tener ante este mundo que celebra, que se junta, mirando para otro lado lo que sucede no solo en infiernos lejanos como el de Gaza, sino en infiernos cercanos como enfermedades mentales de vecinos, dolores y pobrezas en las calles que caminamos y que no nos afectan. Hace tiempo que tengo dañado el sentimiento de esperanza con la humanidad, pero seguir confiando en la literatura, escribiendo libros pero sobre todo leyéndolos, es mi manera de confiar aún en este mundo que se deshace, se encabrona y que entiendo cada vez menos. Pero, como decía, queda la literatura. El otro día estaba con mi chica en el 725, el bus que conecta mi pueblo con Madrid, y terminaba de leer Vivir peor que nuestros padres, de Azahara Palomeque. En este libro, que recomiendo por su completo y honesto análisis del mundo en el que vivimos, hay un islote de esperanza en los agradecimientos que me conmovió hasta el punto de tener que leérselo en alto a mi novia y escribir a la autora por redes sociales para decirle algo así como «gracias» y «enhorabuena». Y para mí, hoy, este es el sentido de la Navidad donde me reconozco esperanzado y aún con fe por un mundo mejor. En los libros, siempre en los libros, pero que ese viaje sea compartido con otros. Que la fraternidad viaje en páginas y sentimientos de compasión, empatía y amor.

6. Diario para un libro que nace – *25/12/2023

He estado pensando en mortal y en las razones por las que lo escribí. Me ha tocado explicar su contenido unas cuantas veces en estos días, pero en este texto me voy a referir a los autores que vinieron antes de mí y que me influyeron con su poesía y están citados de alguna manera en el libro. Ahí van:

Inger Christensen, Carlos Piera, Alejandra Pizarnik, Raúl Zurita, Jesús Montiel, Aurora Luque, Gonzalo Rojas, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Jorge Teillier, Hérib Campos Cervera, Franscisco de Quevedo, Lorena Mora Pineda, Isla Correyero, Julio Cortázar, César Vallejo, Federico García Lorca, Olga Orozco, Joaquín Pasos, William Blake, Alberto Rivas, Francisca Aguirre, Jorge Enrique Adoum, Roberto Juarroz (x2) y Diego Gutiérrez.

7. Diario para un libro que nace – *26/12/2023

¿Qué sentido tiene escribir un libro (nadie lee libros) de poesía (aún menos) sobre la muerte (…)?, ¿tiene que ver solo con un tema de ego?, ¿este libro está destinado a coger polvo sin ser abierto siquiera?, ¿cuántas personas leerán realmente estos poemas?, ¿cuántas personas me preguntarán que por qué sigo escribiendo?, ¿por qué necesito publicar estos poemas en un libro, no es suficiente que aparezcan en redes sociales?, ¿estaré a la altura de la confianza de mis queridas editoras de Lastura?, ¿mortal y sus poemas serán un recuerdo poderoso para algún lector futuro o quedarán ahí, mudos como una balda o una pieza de cerámica traída de recuerdo de algún lugar lejano y exótico?, ¿harán llorar a alguien?, ¿harán reír?, ¿servirán para recordar a alguien que ya no está?, ¿servirán para recordar a alguien olvidado, pero vivo aún?

8. Diario para un libro que nace – *27/12/2023

Y, como muestra, un botón. Poema número 51:

Si tuviera un trozo de madera por escribir,
o un hueco en la tierra,
o una telaraña por explicar,
podría decir que en mis manos el tiempo daña por su peso,
no por su filo.

El tiempo,
mi tiempo,
–el escurrido placer que sorbo de los minerales y los ojos,
ese alarido silencioso que no me deja guardar las frases ni los sacapuntas–,
me araña con su mirar distraído y me destruye.

No es necesaria la épica para hundir a un hombre,
tan solo esta agricultura del daño,
este huerto con las ramas secas de la memoria,
las calles destruidas para siempre,
la falta de manos en la escalera del sí,
hacer de la faringe una flauta
para tocar la música imposible
que nos junte de nuevo.






Reseña en Eldiario

 Daniel J. Rodríguez acaba de publicar una reseña sobre mi último libro, Hogar, en Eldiario de Murcia. La comparto, ojalá os guste tanto como a mí:

Ojo y ventana (2014/2020)

(📸de Frank Horvat)

Ojo y ventana, el primer libro, los primeros pasos, las primeras luces. La luz que rebota en los ojos, en las pieles, en las calles. Poemas, búsquedas, hallazgos. Lo miro hoy, con cierto miedo, vuelvo a aquel que fui en 2014 y antes y siento vergüenza, miedo, pero también agradecimiento por haberme atrevido a escribir poemas y que otro yo, alguien insospechado y desconocido, fuera posible. Gracias siempre a Inés, a Roberto, a Elvira Amor, a Ignacio Armada y a tantos escritores y seres que se emocionan y motivan y que sin ellos este libro no sería posible.

Fotografía
La que tiene los ojos llenos de medusas
la que de su piel tres litros de leche
de azúcar,
la que enciende las luces
la que entró en mí,
con los ojos por delante y ya no hay puerta de salida
ni ceniza ni moscas en la fruta.

La que está aquí,
creciendo circular como una selva,
el animal que no se acaba
que no se rinde
y su pelo lleno de escondites.

Y estaba yo, en aquellos años, aprendiendo francés, leyendo lo de aquí, lo de allá y lo de acullá y llegué al bueno de Arthur Cravan. Aquel boxeador poeta que cautivó y enamoró a Mina Loy, la gran artista modernista. Pues resulta que, además de ser poético, el tipo escribió un texto en prosa que, de alguna manera, se podía interpretar como una biografía poética. Yo, como el niño que apunta 🌚con su cohete de juguete a la luna, intenté hacer algo parecido (la creación hunde sus raíces en la admiración, creo 🌱)

Ahí va:

Tengo veintisiete grietas en la casa de mi niñez-Mis poemas son tijeras, a veces están llenos y otras tienen hambre-De pequeño quise ser ardilla, pero ser ardilla no da trabajo-Yo tengo una pierna llamada Miraflores y un brazo olivo de Torrelaguna-De niño era neandertal y feliz-Prefiero el desobecedario al abecedario-Aprieto los dientes para que no se me escape la vida-Sin amigos me siento un pez en la niebla-No conozco a ninguno de mis huesos, son muy tímidos-Mis padres son la A y la Z de mi cuerpo- Leer estos poemas solo en caso de incendio-Mi disfraz preferido es el de Himalaya-He tenido más vidas que un ministro pero menos que un dromedario-Vivo en verano lo que escribiré en invierno-Mis mejores poemas no están aquí, los tiene ella guardados por su cuerpo-Si me miran por rayos X encontrarán una canica-Cuando escribo me fijo en las ventanas, que son las primas de pueblo de los espejos-A mí me llegan los poemas como fuegos artificiales. Un día me muero del susto- Este libro no necesita WIFI-Me siento paralítico cuando no recuerdo una palabra-Estudié periodismo, pero debería haber estudiado para ventrílocuo, mi trabajo actual-Nací OVNI pero me puse este disfraz para no asustar a mi familia-Mis ríos se están secando, se alejan las nubes juveniles-Este libro no tiene nada que ver con el cerebro-Cada vez soy más rico y la gente más transparente-Mis recuerdos son peces cada vez más borrosos-Solo soy el dibujo del puzle-Tengo corresponsales en cada ojo-Quiero ser verbo-Soy más de servir que de obedecer-Yo quiero ser nosotros-No sé nada, lo siento.

Y lo social, lo colectivo, el vivir no solo en nuestra piel sino en la piel común. El 15M era un sueño aún sin rasgar y creímos, creamos y fuimos personas esperanzadas. También en la poesía. Por eso, poemas así, inflados de ingenuidad pero también de humanidad y sinceridad, brotaban en aquella época. Aunque ahora me den cierta vergüenza...por no ser aquello que soñé, hace tiempo, en un libro llamado Ojo y ventana.

Sobre convertirnos en ventanas

Ya no nos caben días enfermos en la tripa y se nos agolpan niños frente a los ojos, pidiendo más, que pase la película de muertos que nos atornilla los pies al calendario, va siendo hora de mudar la piel y germinar las carreteras.

En nuestro paraíso de silencio útil y lengua automática, el impulso estaba mal visto por las señoras totémicas del orden, por eso tuvimos que hacer nudo a nuestra carrera roja de jóvenes potros sin montura de otoño, ni correa.

Nos dijeron que no era fácil, que ellos lo intentaron, pero todo fueron cerraduras, que también la piel llena de manantiales, pero todo fueron ladrillos cortando el camino.

Yo sé que una tele nos basta, que con un albornoz se viven cincuenta inviernos, y una porción de amor es suficiente para no acercarse nunca al filo del colmillo, pero también sé que ninguna tele nos salvará del ruido de rinocerontes que pesa en la espalda, ningún albornoz quitará el frío de nuestra piel egoísta de iguana y yo sé que ningún amor por partes, por piezas, sin piel abierta, nos hará vivir con la ventana en la punta de la lengua esperando lo posible como si fuera pan para tripa vacía.

(2014)

Para Ojo y ventana tuve la suerte de que la cubierta la hiciera una gran artista y amiga llamada Elvira Amor Melones. Este libro, sin su capacidad de mirar distinto, no sería el mismo. Mil gracias por ayudarme a abrir nuevos horizontes conmigo 😘☀

Posibilidad

Si tuviera un corazón bisonte
dónde meterlo aquí no me cabe
no se rompe contra los campos
no sangra de indio ni de primavera
¡se me muere de triste
de ceniza!
Si tuviera un corazón bisonte
robaría todos los besos relámpago
el vino cordillera de vuestra noche
me quitaría los brazos, las piernas, para dejarle espacio,
dejarle que corra,
que embista mi piel y mis fronteras
que se moje de lluvia y de amarillo
y descanse en mi cuerpo
a sus anchas.
Si tuviera un corazón bisonte...

Ella

Acariciaba el café con la cuchara
llenándolo de círculos,
de caminos,
y yo quería ser café
que marcara en mi piel
todas las idas y venidas
que le diera la gana.
Había días en que se acercaba a mí,
bajaba las escaleras de mi cuerpo
soltando ríos de labios
y encendiendo todas las luces.
Estuvo cerca pero nunca fue mía,
nunca para siempre.
Después de quemarse volvía a su frontera de miércoles
a su piel de ventanas cerradas,
a su piel
siberiana esquiva,
y me dejaba allí tirado
con los cerezos desplegados
y los pies desnudos.

y por llevar la contraria, el prólogo, de Ignacio Armada, al final:

El libro se llamaba Almas ardiendo, y lo había traducido y prologado Gregorio Marañón. Fue el primer poemario que vi en mi vida, siendo diminuto yo y enorme él, flotando ambos en la inmensidad del hogar familiar. Con el tiempo, las proporciones se invirtieron, y entonces descubrí que su autor se llamaba Leon Degrelle, y que era más conocido como fundador del partido rexista belga, un hombre que repetía orgulloso que una vez Hitler dijo que, si hubiese tenido un hijo, le hubiese gustado que se pareciese a Degrelle.

La poesía de Degrelle no llegaba muy lejos, pero resulta una macabra ironía que titulase su poemario así después de haber vestido el uniforme de las Waffen-SS. Y ahora, cuando uno piensa ya que él último libro de poemas leído va ser el postrero, cuando podemos pensar que la Poesía es hoy sólo ceniza de almas ardiendo, aparece Jorge García Torrego, que sólo sabe vestir el uniforme de poeta, y trae unas páginas en las que el fuego de la realidad consume voraz el espacio para que las palabras se arrastren y tiendan en la página.

¿Qué sabemos de Jorge García Torrego? Sabemos que, como todos somos, él es una sombra. Una sombra que se proyecta sobre las palabras. Una sombra que escribe desde la penumbra de lo cotidiano, que es siempre luz que se filtra por una persiana para calentar y no quemar. Escribe sabiendo que el poema amplía perfiles y los desdibuja, como ocurre con el mundo bajo la zona de negrura. Como en los viejos folletines radiofónicos, con la voz de Orson Welles resonando en las tardes oscuras, escuchamos en alguna parte que “la Sombra sabe”. “¿Quién conoce la maldad que acecha en el corazón de los hombres? Después del anochecer, cuando la ciudad se llena de sombras, los gángsters entran en acción. La Sombra, maestro en el arte de descubrir crímenes, pone todo su ingenio en la lucha contra los caudillos de los bajos fondos ¡La Sombra sabe...!”.

Y Jorge, como la Sombra, nos cuenta una parte de lo que ha averiguado contemplando la noche y el bajo fondo de la realidad. Nos lo cuenta en algo que podemos llamar versos, o de cualquier otra forma, pues es más una cuestión de ética que de métrica.

Nosotros también sabemos algo. Sabemos que Jorge ha vivido cerca de una cárcel y aún más cerca del aire y de las sierras. Sabemos que su madre sabe hacer el gazpacho con plenitud solar, y que su abuelo Antonio lee ahora a Lorca, descubriendo la poesía con la pasión con la que dicen que un antiguo romano empezó a aprender griego con ochenta años, puesto que uno nunca sabe en qué momento esto acaba, y qué puede ser útil en el Otro Lado. Hay que estar preparados. Y además, la Poesía, al contrario que el resto de nuestros aprendizajes, nos sirve siempre para el ahora, sin importar el mañana. Tal y como escribe Jorge García Torrego.

Sabemos todo esto porque en una lejana, lejana galaxia, hace mucho, mucho tiempo, Jorge y yo ocupamos el mismo aula durante unos meses, en ese juego en el que todos pierden llamado universidad. Allí entreteníamos el tiempo hablando y examinando sobre Periodismo, Cultura y otras falacias vitales. Examinamos nuestras complicidades. Hablamos sobre creadores y auras frías. Debatimos una vez y otra sobre las posibilidades de la obra de arte y su originalidad en el tiempo en el que existen copias perfectas y multiplicables al infinito.

Pero resulta que la Poesía es hoy el único espacio en el que la obra literaria reelabora su aura, quizá porque cada vez se compra menos, y por eso, se imprime menos. Si Jorge copiase sus poemas varias veces -no a modo de castigo, que quede claro-, seguirían sus palabras, de urbanita maldito, conservando su aura de resplandor en la nieve. Este poeta, con aspecto de noble matutero transalpino, con mirada de viaje interior y verbo nerudiano sólo hasta lo justo, ha comprendido como pocos el verdadero proceso histórico de la Poética: de lo sacro a lo narrativo, de lo narrativo a lo metafórico, y ahora, o bien volvemos a narrar, o sólo contaremos anécdotas versificadas que cabrán en una pantalla de teléfono móvil. Por eso este poemario narra experiencias, sin apartarse de la capacidad de la lírica para trastocar los emblemas de cada elemento de la realidad. Como en el T.S. Eliot de los Cuatro cuartetos, en esta obra de título surreal pero pulso eterno, Ojo y ventana, se recrea el verso eliotiano: “Vieja piedra para edificio nuevo, vieja madera para hogueras nuevas / viejas hogueras para cenizas, y cenizas para la tierra, que ya es carne”.

Y es que al final, la Poesía siempre sabe manotear en la superficie del naufragio, y encontrar maderos nuevos a los que aferrarse, como este libro. Maderos nuevos para elevar milenarios fuegos hasta las Alturas. Paul Dirac, uno de los casos más radicales de autismo genial en la Historia de la Ciencia, mantenía que en Física se intenta decir a la gente las cosas de una manera tal que comprendan algo que nadie antes sabía. Y que, en el caso de la Poesía, la finalidad es exactamente la opuesta. No obstante, su principal descubrimiento en el mundo cuántico se representaba como el Mar de Dirac, un océano infinitesimal de partículas en el que los positrones creaban huecos. Un mundo de rara poesía. Y difícilmente comprensible.

Tal vez todo sea más sencillo. Al vate galés Dylan Thomas, en el transcurso de una encuesta, le hicieron una pregunta aparentemente compleja: qué era para él la Poesía. Thomas mantenía que había empezado a escribir porque se había enamorado de las palabras antes de saber lo que significaban, que amaba aquellas formulaciones del lenguaje cuando las escuchaba por primera vez; sonidos melodiosos que reproducía y formaban entonces parte de él. Y respondió: “Yo sólo leo poesía por placer. Leo sólo los poemas que me gustan. Cuando los encuentro, entonces lo único que puedo decir es "Los hallé" y leerlos por placer. Lea los poemas que le gusten. No le preocupe que sean "importantes" o perdurables. Después de todo, ¿qué importa lo que la poesía es? Lo que importa es el movimiento eterno que está detrás de ella, la vasta corriente subterránea de dolor, locura, pretensión, exaltación o ignorancia”.

En fin, creo que este libro, estos versos que se avecinan, son poesía, y creo que T.S. Eliot, César Vallejo, Oliverio Girondo y Dylan Thomas estarían de acuerdo. Y muy probablemente Leon Degrelle no. Y Marañón querría diagnosticar a Jorge. Y Paul Dirac nadar con él en un mar de partículas. Nosotros nos conformaremos con leer lo que escribe, porque en Jorge García Torrego se está manifestando de alguna forma una coherencia del ser y del estar, del escribir y del sentir. Un aura ardiente. Y podemos calentarnos las manos y el alma arrimados a sus versos.

Ignacio Armada Manrique

¿Recordáis aquel tiempo de vendaval y besos, lenguas y nervios, adolescencia y sudor?

 

¿Recordáis aquel tiempo de vendaval y besos, lenguas y nervios, adolescencia y sudor?

¿Recordáis aquellos besos olímpicos y maravillosos que nos hacían entrar en otra época, en otra edad del cuerpo, otra edad del sentir?

Yo sí, aún los recuerdo. Y recuerdo la temperatura tropical que, húmeda, hizo quemadura en el baúl nebuloso de mi memoria.

Aquí hay una especie de mapa de aquellos besos. Es un mapa que publiqué en mi último libro y que forma parte de todo un hogar, todo un mundo acogedor (pero tramposo).

(Aquí dejo el puentecillo para que podáis comprarlo, que lo estáis deseando - https://jorgegarciatorrego.com/hogar/).

Sean ustedes, personas besantes y tropicales, bienvenidas a este oleaje:

Tu boca,

precipicio y ventana dulce,

ola recogida en el viento y todo caía.

Tu boca pequeña,

escribo tu boca y en mi boca un latido,

tu boca el territorio y mi boca los pies desnudos.

Tu boca suave,

tu boca suave donde besar es coser

donde besar es un columpio,

donde besar es submarinismo,

donde tu boca es un perfume y mi boca un lazo en tu corriente.

Reímos y nos besamos,

tan llenos,

rebosa mi boca con tu boca,

regadera,

animal marino,

geometría de alga y espuma,

tus labios donde siempre llegan olas,

tus labios de palmera,

tu labio 360 grados es mi cuerpo,

tu boca como un pararrayos,

refugio,

jardín y refugio tu boca,

lluvia horizontal,

tu lengua y mi lengua cautivas en el océano,

rodeadas,

tus ganas y mis ganas,

fricción de frutas,

objetos delicados y rotos que quedan suaves al caminar tus dientes,

recorrer tu boca a ciegas con los ojos de la lengua,

te beso, te beso, te beso y estás aquí,

tan pegada ya,

tan pegada siempre a mi recuerdo que pongo en este blanco

como una viva cicatriz de saliva,

un recorrido de zahorí.

¿Qué buscar en tu lengua,

qué buscar en tu boca,

qué buscar en la oscuridad de tus ojos cerrados por el calor

por el sol de tu boca?

Cierro los ojos para proteger las retinas,

no quedarme ciego

los ojos en la boca

así buscarte y besarte,

así empezar cada día,

así empezar el mundo.

Me gustan las mujeres manos grandes como manzanos mamíferos en flor, refugio de pájaros cansados

Me gustan los hombres que aguantan un gallo en la lengua para que no se despierten las nubes. Me gustan los animales de dos patas que tocan el xilófono en una espalda, con los dedos más meñiques y silenciosos de la historia.

Me gusta tu traje guardabosques, tu llave para la jaula del tigre que siempre pierdes, que nunca sabes en qué boca dejaste. Vivan sin lombrices ni sombra los hombres que ríen y dejan caer todos los cuchillos y no importa qué insulto llega a tu casa no importa. Que sigan saltando los jóvenes con ojos a tres cuerpos por segundo, a tres olas por cintura, borrachos en cada acantilado.

Me gustan las bocas abiertas que esperan la lluvia en verano tu dedo índice como inicio del mundo la llegada al perdón de las guerras al descanso del miedo de la sangre
me gustas tu
la enemiga de todos los mapas
que no te alcanzan.

Poema incluido en mi libro Cercanías:

las lenguas son un mapa

Joseph-Lorusso


Alquimia de piel y negrura, palimpsesto del ayer y del mañana, somos sendero fuera de las calles y sus grises, hacemos la plegaria para evocar al mito, ancla y tallo del mundo vegetal que compartimos. Por tu calor estoy ciego, porque mis ojos no ven los esquinazos de lo necesario, de lo que hay que hacer, de sus estrategias, solo en tu cuerpo puedo moverme libre, sin moratones ni aguantar el aire. Porque debo en tu cuerpo no, en tu deseo no, en mi deseo te encuentro.

Porque estamos en la pecera de la habitación y desde aquí el mundo se sujeta, se ampara, se hace habitable. Porque seremos el camino al margen, su residuo, su temperatura que no cumpla las estadísticas sigo vivo. Porque el deber me ahoga yo debo acudir a ti, traquea, sistema respiratorio funcional, branquia donde hago las paces con el vivir, donde la pausa me alimenta.

En un tren, poema de Hogar, 2020

 

Adrian Tomine

En un tren,
todo comenzó con un viaje,
viaje repetido y tú,
bocanada de río en el coágulo del trabajo, en su textura de barrizal.

Viaje tu cuerpo y mi cuerpo,
diálogo de corrientes y peces.

Y así acaba el viaje,
estación seca y recuerdo del agua en la tierra como estrías,
arañazo,
dolor de verano rajando este invierno que ya se acaba.

7:00

 

La procesión de los que esperamos el bus,
adorar la luz del móvil como si fuera una vela.


La intermitencia de la fe,
la certidumbre de patas cortas que es el WhatsApp,
su atronadora piscina de ruido.


Mirarse dentro los recuerdos para saberse uno y no otro,
cualquiera
de los que te acompañan en la fila.


Y pese a la búsqueda, no poder despejar la incógnita:
no saber si las personas del verbo nacen del yo
del nosotros
o del ellos.

(Disponible en https://lasturaediciones.com/product/el-despertador-de-sisifo-2a-edicion-ampliada/)

Cultivar el vacío, Cercanías (2016)

 

Desnudos de Dios y su canción enferma como lluvia de abejas.
Destruimos las instrucciones del misterio sagrado y no es fácil construir un mapa.
El bien y el mal son un trabajo del colegio de tu hijo,
cosas de niños,
ideas impecables e inútiles.

Dios es el silencio a todas nuestras preguntas,
el frontón donde chocamos de cabeza,
una rotonda sin salida.

Nosotros somos la sagrada humanidad despertando de la siesta y encontrando sangre entre las sábanas.
Encontrando hermanos muertos y la gravedad vertical de la herida,
tumores negros como magnolias infectadas,
la resaca de nuestro intento de olvidarlo todo y volver al aullido,
no conocer el frío de la soledad.

No tenemos tiempo, ya es casi tarde,
en las esquirlas de la felicidad encontramos a Dios,
el sabor intermitente en la lengua,
hacer pie un segundo,
y seguir preguntando.

Naturaleza poética, libro colectivo

 

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Participar en esta Naturaleza poética, bosque de letras imaginando por Miguel Ángel Vázquez / La imprenta, me ha hecho mucha ilusión. No solo por todos los grandes poetas con los que comparto ramas y hojas, sino por la savia del libro: La naturaleza.

El concepto de esta antología pone el acento en un tema olvidado por la poesía. Porque el mundo natural no solo está «para ir de puente o de vacaciones» sino que es la base de todo tipo de vida, incluso, fíjate, la humana❗️.
Y reflexionar sobre ello nos alimenta a todos 🌱🌿🌳

Aquí tienes el enlace para comprar el libro: https://asociacion-la-imprenta-estrategias-y-artefactos-cultura.sumup.link/producto/naturaleza-poetica-5

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Cercanías y Batania

 Hace 6 años apareció un libro llamado Cercanías. Fue mi segundo libro, estaba yo a estallar o estallando de amor y felicidad y fue en mi admirada editorial Baile del sol. En la misma editorial en la que habían publicado, entre otros, Ana Pérez Cañamares o Gsús Bonilla pero, sobre todo, mi admirado y querido Roque Dalton. Imaginad mi alegría. Y en esta ceguera feliz no se me ocurrió otra cosa que pedirle el prólogo a uno de mis poetas preferidos, en ese momento, seguramente, el que más.

Para mí Neorrabioso /Batania fue una gran vía de descubrimiento en este mundo de la poesía. Pensé que no se podía mezclar la metáfora aventurera con la realidad actualísima pero sí, ese hallazgo es posible y Batania ha dado cuenta de ello muchas veces. Lo sagrado del lenguaje más elevado con lo sagrado, también, de la cotidianidad más fresca. Qué fácil es decirlo y qué difícil es conseguir esta alquimia.

Para mí fue muy importante aquel prólogo, aquella opinión positiva desde alguien que no solo escribía poemas que me motivaban, sino que había leído tanto y que me decía: «chaval, vas bien, sigue escribiendo». Y aquí sigo, 6 años después, buscando nuevas vetas, nuevos elementos químicos y nuevas vivencias para hacer poemas. Siempre le estaré agradecido.

Libro Cercanías:

https://jorgegarciatorregolibros.wordpress.com/cercanias-2/


La corta pero intensa vida de un cigarrillo (2º premio en el certamen cultural literario de Miraflores de la sierra, invierno 2022)

 

Papier a cigarette, Alfons Mucha


Al principio, antes de ser seleccionado, me pasé más de mil vidas dentro de mi casa, apretado junto a mis hermanos. Lo malo es que con esa oscuridad nadie veía nada y nos creíamos todos iguales y nadie sabía muy bien quién era quién. Pasaba el tiempo y nuestra vida la pasábamos charlando. Solo eso.

Pero un día, se hizo la luz. Ante nosotros apareció ella, aquella enorme y superlabial boca que nos prometía una vida corta pero intensa. Ese día también fue triste porque sabíamos que algún día tendríamos que morir. Consumirnos.

Sabíamos que tras esa luz que nos iba a dar la vida, uno a uno iríamos yéndonos y perderíamos la amistad que habíamos trabajado durante tanto tiempo.

En apenas un día se fueron casi todos, y cuando llegó la noche, tan solo quedábamos tres compañeros y yo. Yo no sé qué estaría pasando ahí fuera con esos labios sugerentes, esa saliva pegajosa que prometía aspirarme todo, pero intuía que mi salida del cartón era inminente.

Esa noche, Irene, la propietaria del paquete de tabaco donde está nuestro amigo, camina hacia la casa de su novio Tomás. Tan solo les separan 3 calles, pero para el camino, se va a fumar un cigarro. Abre el bolso, busca el paquete de tabaco, lo encuentra, abre la tapita rectangular y escoge uno. No es nuestro amigo. El cigarro elegido surca el aire y se posa suavemente, como una caricia, en la boca de Irene, que, tras buscar de nuevo, encuentra el mechero. Enciende el cigarro, lo llena de luz y fuego. Lo crea y lo mata.

Sigue andando por la calle y ya está a punto de llegar a la casa de Tomás, cuando de repente, aparece un vagabundo que le pide un cigarro. Irene no puede decir que no fuma, porque lleva uno en la boca y se siente mal cuando piensa en mentirle, «pobre hombre». Al final saca otro cigarro rápidamente y se lo ofrece. No. Tampoco es nuestro amigo.

Tras unos pocos pasos, la chica llega a la casa de su novio. Llama a la puerta, y este le abre con una sonrisa en la cara. «Cuánto has tardado», dice él. «No he podido correr más», dice ella.

Pasan al salón e Irene deja la chaqueta y el bolso en el sofá. «A ver qué te parece lo que he hecho de cena», «a ver, a ver», dice ella. Mientras, en el paquete de tabaco, nuestro cigarro espera su turno y desea que la chica no lo haya olvidado.

La pareja cena un poco de sushi y bebe una botella de vino blanco. Con el tiempo los montaditos de arroz se van acabando y el nivel de la botella va bajando. Tomás, en un ataque de pasión y tras unas frases recurrentes, se levanta y, tras tambalearse un poco por el vino, coge a Irene en brazos y la lleva trastabillándose hasta el dormitorio.

Allí se desvisten y se besan, se acarician y se disfrutan. Cuando los gemidos acaban, Irene, desnuda, llega al salón y busca el bolso. Abre el paquete de tabaco, agarra con sus dedos aún calientes de placer aquel último cigarro, y se lo pone en la boca. Lo sujeta sensualmente con los labios ligeramente apretados, mientras vuelve a buscar el mechero en el bolso. Lo enciende y vuelve a la cama.

Para él fue una luz. Un resplandor mortal, un calor que le tocó sutilmente y le encendió. Su vida acababa de empezar.

El cigarro fue pasando de boca en boca. Los dedos lo estrujaban cada vez como en una caricia, como si aquel tubito fuera parte también del ser amado. Aspiraban cerrando un poco los ojos, disfrutando, sintiendo las volutas de humo y el aroma a tabaco.

Esto era la vida. Para esto aquellas manos en China recogieron mi interior y me crearon. Todo fue para esto. Y merece la pena. Ya soy casi más huesos que carne, pero qué intensidad, qué gusto, qué sensación, que cal…y justo ahí, en ese momento, antes del estremecimiento total, la chica tomó lo que quedaba de ese cuerpo ya casi todo naranja, y lo espachurró en el cenicero de la mesilla de la noche.

«¿Cariño, tienes por ahí más tabaco?»

día de la poesía/

Dentro de poco es el día de la poesía. Y a mí me gusta acordarme de que hace 9 años hice un recital en el Centro Comarcal de Humanidades de la Cabrera y no vino nadie. 0, ninguna persona. Aún así, recité a la gente que salió del teatro esa tarde 🎭 y no fue mal, vendí algunos fanzines.

Y hoy, 8 años después, aquí estoy, con 5 libros publicados y más de 1000 ejemplares vendidos. En esto de la poesía hay que ser muy pesao y seguir escribiendo, pase lo que pase.

Sobre la poesía y la vida

 

No puedo evitar escribir poesía, leer poesía, intentar saber qué es lo que pasa, por qué pasa así y no de otra manera. La poesía es mi martillo y mi lupa, mi selva y mi tomate. A través de ella os veo a vosotros y a través de ella me veis, aunque no os deis cuenta. No es fácil la mayor parte de las veces. Muchas veces duele, pero otras veces, cuando encuentro en un poema una manera de decir que me explica, cuyo mecanismo dulce de piezas y respiraciones me dice que no estoy solo, me siento feliz.

Sé que es difícil de explicar pero puedo decir que en la poesía conozco mejor y más intensamente. A pesar del daño, como decía.

Poema «En la tiranía de los ojos abiertos en la noche»

como el que es alegre y vencido por el amor,
Juan Carlos Mestre


En la tiranía de los ojos abiertos en la noche,
en el imperio feliz de tu cuerpo por sembrar de ahoras,
en la muchedumbre que nos habita,
en el jolgorio del amor cruzando tus patas y mis patas el asfalto de la monotonía vencido por la ternura de nuestras raíces,
en el pálpito de nuestros troncos antes del brote de la rama nueva,
una confesión,
un secreto de niños torpes y silenciosos.

Allí,
en ese aparecer bajo la bruma te encuentro,
allí,
en el cruce donde pasamos a la acera de los conocidos,
en la acera del mirarse a los ojos,
en la acera donde un cuerpo es tan solo un pedazo de pan donde encontrarnos.

(En el libro Hogar, 2020: https://jorgegarciatorregolibros.wordpress.com/hogar/)