Islas divergentes

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Poema de Hogar

Joseph Lorusso


Tu boca,

precipicio y ventana dulce,
ola recogida en el viento y todo caía.

Tu boca pequeña,
escribo tu boca y en mi boca un latido,
tu boca el territorio y mi boca los pies desnudos.

Tu boca suave,
tu boca suave donde besar es coser
donde besar es un columpio,
donde besar es submarinismo,
donde tu boca es un perfume y mi boca un lazo en tu corriente.

Reímos y nos besamos,
tan llenos,
rebosa mi boca con tu boca,
regadera,
animal marino,
geometría de alga y espuma,
tus labios donde siempre llegan olas,
tus labios de palmera,
tu labio 360 grados es mi cuerpo,
tu boca como un pararrayos,
refugio,
jardín y refugio tu boca,
lluvia horizontal,
tu lengua y mi lengua cautivas en el océano,
rodeadas,
tus ganas y mis ganas,
fricción de frutas,
objetos delicados y rotos que quedan suaves al caminar tus dientes,
recorrer tu boca a ciegas con los ojos de la lengua,
te beso, te beso, te beso y estás aquí,
tan pegada ya,
tan pegada siempre a mi recuerdo que pongo en este blanco
como una viva cicatriz de saliva,
un recorrido de zahorí.

¿Qué buscar en tu lengua,
qué buscar en tu boca,
qué buscar en la oscuridad de tus ojos cerrados por el calor
por el sol de tu boca?

Cierro los ojos para proteger las retinas,
no quedarme ciego
los ojos en la boca
así buscarte y besarte,
así empezar cada día,
así empezar el mundo.

(De mi libro Hogar 🏠🐦🏚https://jorgegarciatorrego.com/hogar/)

Poemas pequeñoburgueses, de Juan Bonilla

tenía guardado para un momento especial el último libro de Juan Bonilla (Jaén, 1966) “Poemas pequeñoburgueses”, publicado por la editorial Renacimiento. Ya sabéis cómo son estas cosas; almacenar libros deseables, leíbles, aceptables, e ir leyéndolos a veces por azar y otras, como en este caso, por voluntad. Darse el capricho. Y bueno, ya que me tengo que chupar dos horas de bus al día para ir a trabajar, quise tener mi momento con Bonilla a las siete de la mañana.  Llamadme loco.

Lo último que leí del poliédrico escritor fue “Hecho en falta”,  una antología de sus mejores poemas publicada por Visor en 2014, y cuando me topé con “Poemas pequeñoburgueses” en la librería Pasajes no me lo pensé. El sabor de aquellos poemas certeros lo tenía aún muy presente.
Lo bueno que tiene Juan Bonilla es que no sabes “por dónde te va a salir”. Maneja la novela, el ensayo, la poesía y el relato y esa capacidad para los malabares capacidad hace que cada obra suya sea una mezcla de cada una de las otras “artes”. Como lo de las trazas de frutos secos, vamos.




Este comentario lo estoy escribiendo a bote pronto. Así, recién cerrado el libro, digamos, y el gusto (aún no se ha convertido en regusto) que tiene es de melancolía. El autor jerezano, que ha sido publicado en una edición muy cuidada, grande, DINA5 o cerca por los sevillanos de Renacimiento, divide en tres partes esta nueva muestra de potencia controlada en las letras. Sin derrapes pero apurando las curvas:

1.        Poemas pequeñoburgueses

En esta primera sección Bonilla nos muestra una vertiente apenas desarrollada en sus libros: la vertiente política. A ver. Tampoco es que sea una poesía “proletaria”, combativa, sino que desarrolla núcleos de conflicto que tenemos todas las personas y que se asocian a un ámbito social o político, pero que, en realidad, corresponden más a un entorno humano o psicológico, como en el poema que abre el libro:

Herencia
Nieto de proletario, hijo de proletario,
me enseñaron muy pronto la misión fundamental de todo proletario:
hacer lo que haga falta
(…)
para dejar de ser lo que viniste a ser,
un proletario.

Claro que Juan Bonilla toca temas políticos, pero siempre desde el punto de vista del individuo, nunca del grupo, lo común, sino lo complejo de cada uno, y por eso, un poema aparentemente muy político como puede ser el del “Policía antidisturbios” es filtrado por el ojo del poeta para que incluso lo brutal cree controversia y contrapié:

Lo llevo en algún punto del cerebro.
La porra amenazante por mi bien.

o en el poema “campaña electoral”:

Prometen lo de siempre:
futuro, que es el tiempo
en el que habla la muerte.
(…)
Toda revolución
acaba siempre en un Napoleón.

Pero, salvo estos dos poemas más “combativos” (su manera), el resto de poemas de esta primera sección tratan del paso del tiempo (“Apuntes de Bachillerato”, “La realidad no es todo lo que hay”, “Paréntesis”, “Por regresar”, “Ya no más” y “El río”), ese terreno fértil donde Bonilla visita el tiempo pasado, los cimientos del hoy para desenterrar los porqués con el olor a Je me souviens de Perec o de las canciones memorizadas hace años, los cromos, la intensidad del juego. Y sabe lo que hace porque no se oxidan esos recuerdos. Todos tenemos nuestra caja de recuerdos imposibles.

Esta visión de la política, del pequeñoburguesismo¸ con nuestros pequeños cimientos únicos hacen que podamos seguir hacia delante, que no nos desmoronemos del todo por lo plano del presente.

2.      El día de regalo

Poema largo, en mi opinión más cerca del relato que del poema, ¿pero sabes qué? No tengo nada más que decir de esta sección salvo que lo leí tres veces seguidas y me despertó más que cualquier café del mundo. Disfruten. 

3.      Cincuenta años de éxitos

Aquí Bonilla vuelve a jugar con la melancolía, con el recodo de la biografía, sus intersticios. 25 años de éxitos fue el primer libro que publicó, en 1993, cuando tenía apenas 25 años. En esta sección el poeta suelta la traca final. Desde el inaugural “canicas en un bote”, en el que revisita aquellos momentos que merecieron la pena:
…canicas metidas en un bote de cristal
sosteni´´endose las unas a las otras.
Si las vuelco se esparcirán por el suelo
y al recogerlas ya no se sostendrán como se sostienen ahora
y alguna se perderá para los restos…

todas se perderán para los restos.

o en el poema “Gala”, en el que el escritor entrega sus propios premios o el novedoso “Secta de los viles”, en el que habla con su cercano Maiakovski, con el que ya tuvo una larga relación en su libro “Prohibido entrar sin pantalones”, y así llegamos al último poema “Epitafio de cualquiera”, en el que Bonilla celebra la vida sin paliativos. Coge a todos aquellos personajes que nunca llegaron a ser secundarios, ni siquiera figurantes, y los celebra. Celebra la rutina, lo pequeño, lo cuidado pero también lo aburrido. Y lo hace porque, pese a la monotonía y el sinsentido de la mayor parte de la vida, esta deja un poso fértil de felicidad y otro de esperanza:

Da igual. Me cambiaría por ti
(…)
tienes un cuerpo, puedes sentir cómo cabalga el tiempo
(…)
Eres una maraña de recuerdos
irguiendo al infinito una conciencia.

Bueno, y volvamos al todo. Volvamos a mirar desde arriba el libro para ver qué, para ver cómo Bonilla nos ha hecho lo que nos ha hecho. Y yo os puedo comentar, que este “Poemas pequeñoburgueses” es un manifiesto, una proclamación, una constitución. Aquí, en estas 73 páginas se articula una muestra de cómo las ideas y las cosas no pueden ir por separado, no van, se quedan frías y se pudren. Aquí podemos ver cómo las cosas, el día a día, el pan, los periódicos, los juguetes, los cromos, toda esa pléyade de cosas aparentemente consumibles e inocuas nos hacen, de facto, cambiar nuestra configuración interna y más profunda. No te fijes en los ideales, en las proclamas, en lo etéreo, fíjate en el aquí, los detalles.
El más pequeño sacapuntas se puede incrustar en el cerebro de nuestra emoción y nunca más podrás sacarlo de ahí. Este es el secreto que Bonilla nos cuenta. Ale, sí, es un spoiler, pero es que este libro hay que leerlo con mucho cuidado. Saboreando.



Disfrútenlo, vuelvan a sus escondites preferidos.






JUAN BONILLA
POEMAS PEQUEÑOBURGUESES
EDITORIAL RENACIMIENTO
73 PÁGINAS

14,25€






Prohibido entrar sin pantalones no tiene ni una cana




Maiakovski tenía dieciocho años, dieciséis dientes podridos, dos hermanas y un solo lector. Así empieza esta novela de Juan Bonilla sobre Vladimir Maiakovski, ese poeta gigante, ruso, que tenía la lengua en llamas y era pieza incómoda en todos los puzles. Menos en el suyo, claro. Poeta futurista sin futuro, ahogado por el presente y por una rutina que siempre parecía que estaba a la vuelta de la esquina.



Juan Bonilla, en mi opinión, el escritor actual más entretenido y talentoso, es el autor de varios libros de relatos Tanta gente Sola, La noche del Skylab o El que apaga la luz, novelas como Nadie conoce a nadie o Los príncipes nubios y libros de poemas como Partes de guerra o Buzón vacío. Y tenía que ser un escritor que maneja con soltura tantos lenguajes literarios el que hiciera un traje amplio, para que a Maiakovski no le apretara nada y así, su talento y su vida no quedaran limitados.

Juan Bonilla, que con 25 años publicó un libro que se llamaba veinticinco años de éxitos, ha sido capaz de unir una documentación abundante para dar andamios fuertes a la novela y por otro lado, tener la amplitud de miras para escribir con un lenguaje poético y hermoso en muchas partes, que incluye poemas del poeta ruso desparramados en medio de una narración de hechos objetivos, reales. Y ese es el punto medio. Ha sabido poner carne a los poemas de Maiakovski, a su imaginario, a su planeta literario y hacerlo cercano, no pura fabulación de escritorio sino literatura, poesía, puesta de pie en la calle, viva, que condicionó, de manera relevante, uno de los hechos históricos más importantes del siglo XX.

En esta revisión de su vida podemos ver cómo una persona arde en medio de una ciudad. Podemos ver, gracias al talento de Bonilla, cómo el hombre que partía los dientes a poetas contrarios por divertimento se convertía en perrito para su amada, la única, Lily, con la que formó un triángulo amoroso y literario junto a Osip, su marido.

Pero esta novela tiene un error,  y es que no descarga su intensidad, no rebaja el interés del discurso y todo en la vida de Maiakovski es interesante y potente. Cada hoja nos muestra un lado esencial del escritor, del amante y del revolucionario. El problema de esta novela es que rebosa, tienes que estar muy atento durante las 380 páginas, porque te puedes perder anécdotas que podrían dar lugar a escribir otra novela.

Pero mucho más allá de la propia vida y poesía de Maiakovski, en Prohibido entrar sin pantalones podemos leer, recortados de la silueta del poeta, el contexto de arte rabioso y fértil de los primeros vanguardistas (un tal Vasili Gnedov, en su poema El poema del fin, escribió, cuarenta años que John Cage lo hiciera, un libro con todas las hojas en blanco que recitaba en silencio, haciendo como que lee pero sin que ningún sonido salga de la boca), el cine y el teatro de la revolución (Meyerhold o Eisenstein), hechos poéticos de la revolución (como aquel juicio a Dios que Maiakovski y otros futuristas celebraron y que terminó con la condena a muerte por los múltiples genocidios que motivó y que acabó con un fusilamiento al cielo), y otros escritores contemporáneos (la odiada por Vladimir Anna Ajmátova, Bulgakov, Gorki o Aleksandr Blok), con los que luchó, amó y escribió su vida.

 

En definitiva os digo que me ha recordado a Rayuela, que una noche lo dejé encima de la mesa y a la mañana siguiente el suelo estaba lleno de poesía, que no conozco ningún personaje histórico tan brutal, tan intenso y tan poético como el que Bonilla nos trae en Prohibido entrar sin pantalones.  

Trabajo sobre racismo en Boris Vian y Juan Bonilla

Si pincháis aquí podéis acceder al trabajo que he hecho sobre el racismo en las obras Los príncipes nubios de Juan Bonilla y Escupiré sobre vuestra tumba de Boris Vian para la asignatura Narrativa Española Actual del Máster en Investigación y Formación en Literatura y teatro en el contexto europeo. Espero que os guste.




Bonilla





"C
ada vez que te alejas

te veo convertida en muchedumbre
añicos de un espejo reflejando
las caras que no quiero ver de mi"


Bonilla, Juan: Defensa personal (Antología poética 1992-2006), Renacimiento, Salamanca, 155 pp.