Islas divergentes

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Roberto Calasso, Cómo ordenar una biblioteca

 Desde hace años tengo la costumbre de escuchar, mientras me afeito, lavo los platos o alguna que otra tarea mecánica que no necesita que preste mucha atención cerebral, programas sobre literatura. Hace ya unos meses que subí el programa de Sebastián Porrini y Diego Ortega, La última página, al pedestal de mis preferidos. Y en este programa, junto a otros grandes de la literatura, descubrí a Roberto Calasso:

Todo está ardiendo, a punto de saltar por los aires y algunos nos refugiamos en la sombra a leer libros como este y escuchar a otros apasionados por la cuestión humana que normalmente llamamos literatura. Y, como la cuchara, objeto que se inventó un día y ya fue eterno para siempre, hay que rendirle pleitesía al libro porque es humanísimo (¿me aceptas el término?), único y necesario. Porque ambos objetos sirven para sobrevivir, cada uno alimentando su parcela.

En este libro, o, más bien, conjunto de conferencias y textos unidos, Calasso nos muestra

1. Que tiene una cultura brutal y ágil que salta de aquí a allá, del escondrijo insospechado más curioso de la historia a la actualidad vibrante de la actualidad y sus consecuencias. Y lo hace sin que se note el salto de un lugar a otro.

2. Que le encanta vivir. Porque los libros que aparecen nombrados no han llegado a conocimiento de Calasso de una manera fría o desprendida, sino que esos encuentros son una consecuencia de amar la cultura, la humanidad y, al final, los libros son, como dije antes, objetos humanísimos.

3. Frikadas de bibliotecas griegas, la London Library o la de Aby Warburg. Yo, lo siento, pero a mí estas curiosidades sobre bibliotecas, acostumbrado a estudiar leyes y normativas para aprobar unas oposiciones, pues me dan la vida. Para seguir estudiando oposiciones (Oh!).

El libro se desglosa con la siguiente estructura:

Cómo ordenar una biblioteca
Los años de las revistas
Nacimiento de la reseña
Cómo ordenar una librería

y en ella Roberto Calasso nos muestra, de manera cercana y amena, y con una prosa ágil y divertida, la naturaleza del libro y de los seres (bibliotecarios, lectores, escritores, libreros) que lo rodean y lo cuidan. Mención especial, una vez más, a Anagrama por hacer una colección tan bien cuidada, sobria, manejable y a buen precio. Además, en el caso concreto de este libro, y pese a que no leí «Los años de las revistas», me parece que el éxito del libro como conjunto le debe mucha culpa al editor, italiano, Adelphi Edizioni.

¡Sigamos profundizando en nuestra rareza, sigamos leyendo lo que Calasso y otros bibliófagos nos traen a nuestros platos!

día de la poesía/

Dentro de poco es el día de la poesía. Y a mí me gusta acordarme de que hace 9 años hice un recital en el Centro Comarcal de Humanidades de la Cabrera y no vino nadie. 0, ninguna persona. Aún así, recité a la gente que salió del teatro esa tarde 🎭 y no fue mal, vendí algunos fanzines.

Y hoy, 8 años después, aquí estoy, con 5 libros publicados y más de 1000 ejemplares vendidos. En esto de la poesía hay que ser muy pesao y seguir escribiendo, pase lo que pase.

1 ¿Qué es una jam session de poesía? Las piezas del puzle de la poesía escénica - 1.1. Poesía oral, breve recorrido histórico

Para poder entender el concepto jam session debemos ir al origen, al concepto mismo de poesía oral. Antes de nada, debemos delimitar las diferencias que podemos encontrar entre esta poesía oral y la poesía escrita —y, por extensión, de su expresión oral y la escrita— y qué características tiene cada una de ellas y su evolución hasta el día de hoy.

Hay que tener en cuenta que el lenguaje es, en primer lugar, oral y después escrito. Aparte de nuestra propia experiencia personal (nosotros mismos como habladores/escuchadores, nosotros mismos como escribidores/lectores, en ambos casos codificadores/descifradores), solo cabe tener en cuenta el hecho de que, si el Homo sapiens tiene 40 000 años, la escritura tiene apenas 6 000. Por lo tanto, cuando hablamos de escritura, estamos hablando de una oralidad evolucionada, un paso más allá: «la lengua hablada y la signada son la manifestación básica o primaria del lenguaje, mientras que la lengua escrita (…) es secundaria[1]».

Además, en las sociedades anteriores a la escritura, el uso del verso recitado «suponía una manera colectiva de asumir el mundo: los textos recitados en voz alta no dejaban traslucir la separación entre palabras y todo era un continuum, incluida la identificación entre voz y cuerpo, del que el público participaba también como una única entidad[2]».

Pero la expresión oral tenía una tremenda limitación: no se mantenía en el tiempo. Al menos no de una manera física, objetiva y perdurable. El lenguaje oral permanecía en el imaginario colectivo gracias al intercambio de información entre los individuos de la comunidad, pero modificándose, cargándose de (y perdiendo) diferentes sentidos y significados.

Por ello se buscó fijar el lenguaje, hacerlo perdurable, homogenizarlo e inevitablemente limitarlo (en la escritura se pierden muchas características que enriquecen un mensaje, dado su carácter unificador y utilitario). La aparición de códigos de escritura sistemáticos «representó un inmenso paso adelante en la historia de la humanidad, más profundo a su modo que el descubrimiento del fuego o de la rueda: porque si bien estos últimos facilitaron al hombre el dominio de su medio ambiente, la escritura ha sido la base del desarrollo de su conciencia y de su intelecto, de su comprensión de sí mismo y del mundo que lo rodea[3]».

Pero este avance, pese a la importancia que le otorga Diringer, no contó con unanimidad desde sus inicios. De sobra es conocida la opinión de Sócrates (en boca de Platón) sobre este tema en los Diálogos de Fedro[4]:

Ella no producirá sino el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; fiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque citando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida.

En el caso de la poesía, pese a que existiera el lenguaje escrito, la modalidad más extendida fue la oral hasta hace apenas dos siglos, ya que «este gran cambio de la poesía oral a la escrita producido en el siglo XIX es debido, en parte, a que con el romanticismo se intensifica el valor de la intimidad (…) y del lirismo íntimo[5]», privilegiando la visión personal del autor frente a la obra colectiva. La poesía oral era entendida como intercambio, acto colectivo, no tanto como expresión propia y limitada del autor.

Este hecho es muy interesante, pues tiene ramificaciones en otros ámbitos que alcanzan, incluso, al cómo se distribuye el "producto cultural" y que veremos más adelante en este trabajo, ya que la publicación o manifestación del poema configura inevitablemente su difusión y la recepción por parte de la audiencia/los lectores.

Es muy interesante también que entendamos la poesía oral como "poesía primaria", inicial, porque por la deformación de lo conocido parece que lo normal, lo primario, es la poesía escrita y publicada. Y en cuanto al tipo de manifestación que supone la poesía oral que trataremos en este trabajo, estaríamos hablando del segundo tipo de oralidad según la clasificación que Paul Zumthor hizo en su libro Introducción a la poesía oral[6]:

existen tres tipos de oralidad teniendo en cuenta el papel que juegan las influencias culturales: la oralidad pura, sin ningún tipo de contacto con la escritura, propia de las sociedades arcaicas, primitivas, desaparecidas hace tiempo; la oralidad mixta o secundaria, en la cual hay contacto con la escritura y con los medios de comunicación, de manera que este hecho la condiciona y matiza; y la oralidad mediatizada, donde la voz, el lenguaje, pasa a ser un vehículo exterior técnicamente moldeado por los medios. La voz, en todas las manifestaciones de la oralidad, se convierte en una característica esencial: la voz como vehículo expresivo, como objeto comunicador; el tono de la voz, la fuerza, las melodías, las imitaciones. Y esta voz va acompañada de los gestos, las miradas, los movimientos, de suma importancia cuando hablamos de oralidad.


[1] Martínez Cantón, Clara Isabel. El auge de la nueva poesía oral. El caso del poetry slam. Castilla. Estudios de Literatura 3, 2012, p. 387.

[2] Carbajosa, Natalia. Oralidad, jazz y poesía, Jot Down, 21-09-2016. Enlace disponible en: http://www.jotdown.es/2016/09/oralidad-jazz-poesia-ruth-weiss/

[3] Diringer, David. Writing (Ancient Peoples and Places), Thames & Hudson, 1962, p. 19.

[4] Platón. Obras completas Tomo 2, Madrid, edición de Patricio de Azcárate, 1871, p. 340-341. Online en: http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf02257.pdf

[5] Martínez Cantón, Clara Isabel. 2012.

[6] Zumthor, Paul. Introducción a la poesía oral, Madrid, Taurus Humanidades, 1991.

 

Reseña de Aspiraciones de la clase media, de Brenda Ríos

 

Tenía que leer este libro. Estaba obligado a ello. Desde que me puse a leer cualquier cosa escrita sobre el trabajo y la explotación mientras preparaba mi El despertador de Sísifo (está muy feo que hable de un libro mío en la segunda línea de la reseña de otro libro ¿no? Pues me da igual), el explicar cómo actuamos frente al trabajo y cómo nos deja el ánimo en el cuerpo ha sido uno de mis temas preferidos, una obsesión. Supongo que cuando un tema se queda en tu cabeza durante tanto tiempo, cambiando de postura, con enfoques diversos y subtemas, es difícil eliminar esa memoria obsesiva definitivamente.

Por eso, este Aspiraciones de la clase media es un libro que encaja perfectamente en esa búsqueda de conseguir explicarnos qué hacemos esas 8 horas al día delante de un ordenador, una agenda, un horario, o unas órdenes. O, incluso, pensar, analizar y así crear una tabla que nos salve del naufragio que supone estar en paro.

Brenda Ríos, poeta mexicana, escribe un libro duro, poderoso, plomizo. Porque quizá ese decir no es solo una estética sino la única estética posible para hablar del curro. Como si para hablar del trabajo hubiera que entrar en la tormenta calma pero lacerante que supone tener una checklist siempre en la cabeza, un dominio de los tiempos, un nudo en el estómago que nos ubique en el lugar adecuado.

El libro está dividido en dos grandes secciones: la primera, homónima, y la segunda, Casa.

Esta división, muy básica y práctica, construye una dicotomía, un gozne, que, en teoría, evidencia el acantilado de la dureza del trabajo y endulza el territorio amigable de la casa. En teoría. Pero lo que yo puedo ver en este libro es que los poemas de Brenda no solo señalan la dureza del mundo y sus jornadas laborales, sino que es también en la intimidad donde se produce el desgarro y la desidia.

Sencillo y doloroso este inicio del poema Teoría de la evolución de la sección Aspiraciones de la clase media:

A mis 41 años siete meses de edad

busco empleo

nada del otro mundo

las cosas no salieron como esperaba

se empareja con la bella visión que Cortázar nos dio del Minotauro en Los Reyes y que Brenda Ríos desgrana en el poema Fiesta, de la sección Casa:

El minotauro no fue invitado a la fiesta

es más, tampoco es que lo odiaran, solo que a nadie

se le ocurrió que

seguía vivo.

Pero no solo, porque Casa no es un lugar idílico, un refugio para aguantar la lluvia de granizo del afuera que se supone que es el trabajo, sino que también en el hogar, en lo doméstico habita la necesidad y la angustia.

Creo que este libro, esta muestra de dolor y batalla, es un buen libro porque he sentido la soledad y la incertidumbre de alguien como yo que se pregunta por qué estamos así, porque estoy así, en una pregunta individualísima, y que muestra la distancia que sentimos algunos al ver que las personas a nuestro alrededor progresan, avanzan, crecen e incluso se reproducen mientras nosotros no, mientras nosotros seguimos peleando por mantenernos a flote.

Vidas a la intemperie, de Marc Badal

 

Vidas a la intemperie,

Marc Badal

Pepitas de Calabaza

Precio: 17 €

Enlace para más información:

https://www.pepitas.net/libro/vidas-a-la-intemperie

Una de las evidencias que resaltó la pandemia fue la necesidad que tenemos de lo cercano. Planeó la amenaza del desabastecimiento sobre nuestras cabezas mientras nos quedábamos pegados a una pantalla, a dos o a tres, y el mundo en pausa. Sin embargo, los productos necesarios, como un milagro, siguieron llegando a las tiendas. Porque vivimos en las ciudades y en los países del primer mundo, pero nos alimentamos y vivimos de lo que se produce en los terceros mundos, en un más allá, en las periferias, en lo que queda desenfocado, en la oscuridad.

Desde entonces, creo que somos muchos los que hemos reflexionado sobre la labor del alimentarse, que más que una labor debería ser un eje en cada gobierno del mundo y en cada persona. Sin embargo, cada vez está más deshabitada la idea del campesino, sus inquietudes, su hacer, los precios con los que nos alimenta y nos alimentamos.

Por eso, por ese creciente interés, el club de lectura Literatierra, de El Cuadrón, propuso en su última entrega que habláramos de este libro. Porque allí, en El Cuadrón, sí que viven y conocen de primera mano a qué velocidad crece la cebada, cuánto cuesta llenar el tractor o qué es un celemín.  

Pero mucho antes de que la pandemia saltara de los libros de ciencia ficción a nuestro día a día, en 2017 Pepitas de Calabaza y Cambalache publicaron este libro titulado Vidas a la Intemperie, Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino, de Marc Badal. En este libro, Badal pone el acento en la semilla, en el pan, en los planes económicos a gran escala y cómo han ido configurando (o no) a las clases campesinas.

En este libro Vidas a la Intemperie –que se lee casi sin darte cuenta, porque es ameno y no sigue una trocha clara, sino que va de aquí para allá, libremente, cogiendo y dejando temas– podemos ver la figura del campesino desde casi todas sus aristas: su perspectiva histórica, su lucha, silenciosa y silenciada, contra todo tipo de dominio e industrialización, desde sus maneras, sus habitares y su presencia en lo humano, en el paisaje y en sus utensilios. En definitiva, una panorámica sobre el campesino y su quehacer en este mundo tan digital y lejano que, sin embargo, aún sigue necesitando que se abone, se siembre, se riegue y se cultive la tierra. Y que se reconozca al campesino como se reconoce al profesor o al médico.

Aquellos jardines bárbaros, de Alberto Rivas, publicado por Lastura


Aquellos jardines bárbaros

Alberto Rivas

Lastura

Precio: 12€

Enlace para más información:

https://lasturaediciones.com/product/aquellos-jardines-barbaros/

 

Vale, sí, ya no estamos tan mal, tan de interior. Ahora, aunque tengamos que llevar mascarilla, podemos salir a descubrir cómo de lejos quedan los horizontes, mancharnos las manos más allá de nuestro barrio o nuestro pueblo. Pero hubo un tiempo en el que los ojos se lanzaban hacia afuera pero no llegaban muy lejos. Lo llamamos confinamiento. Tuvimos pantallas, pantallas por todos los lados y algunos incluso visitamos libros para estirarnos.

Y también hubo un Alberto Rivas que, a diferencia de lo que hizo con sus libros anteriores El truco del arquitecto y Cartas a Gilgamesh, que fueron la construcción de un prisma del arte, la literatura y los mitos, un análisis de lo etéreo, en suma, en este Aquellos jardines bárbaros, el poeta acude a la frondosa compañía de las plantas para descubrir que, desde lo pequeño, se puede descubrir un mundo (o varios). Y nos invita. Y nos dice: «mira, mira, Jorge, mira cómo, mira qué, mira dónde». Y yo, y supongo que vosotros también, miro el cómo, miro el qué y miro el dónde que me indica Alberto. Y no solo. Luego me pierdo y entre nervios y enveses hago mi propio camino.

 

Con la mirada alimentada por la fraternidad de Whitman o Thoreau, Alberto Rivas nos muestra la riqueza y espontaneidad de lo verde, su verticalidad esperanzadora y tenaz, el delicado y necesario manjar de la luz. Al quedarnos quietos, al permanecer en un ámbito geográfico concreto, con materia orgánica y ciclos de tiempo que se suceden y se acumulan, ajenos a la electricidad y sus trampas, podemos ver y sentir la inevitabilidad ferocidad que supone estar vivo, ya seas azucena o humano.

 

Además, la excelente capacidad lírica que posee Alberto, mezcla de ceremonia y pincel:

 

Jazmines y geranios en los patios materia circense

en escalada, pequeño vals vienés entre tinajas,

miro mis plantas ante el desorden del recuerdo

como quien pregunta un espejo

por su matemática destreza para salvar el mundo

 

posee la capacidad de darle gravedad, sentido y emoción a destinos tan diferentes como, los ya citados geranios, pero también el cine, la familia o los selfies:

 

Los ciegos nos miran desde cámaras cerradas

cámaras ocultas en el barro,

preparan nupcias de bálsamo y espina,

entre tu cuerpo y mi cuerpo

 

para terminar el libro con un hormigueo de haber resuelto un enigma, una pregunta que no conocías.


Los libros

 

Presentación de Hogar, en el teatro de Miraflores de la Sierra (2020)

La felicidad que dan los libros, la belleza de seguir el camino propio y encontrarte con amigos y compañeros. Porque la poesía no necesita público sino cómplices, no paseantes de puentes sino constructores de puentes, no compradores de libros sino vividores de libros.

Porque la muerte, la ansiedad, la soledad y la tristeza nos miran de frente y son una torre alta y poderosa, en los libros hay un refugio, un eco y una fraternidad que dé la espalda, al menos durante un tiempo, lo que dura una página, un libro o una biblioteca, a aquello que nos aprieta y nos ahoga.

Sobre las jam session y la poesía contemporánea

 

Después de haberle dado muuuchas vueltas al tema jam session, os cuento que: Esto antes no era así. Ya sé, soy un viejo. Pero el mundo jam era un lugar donde unos cuantos frikis veníamos de los blogs y de nuestros pueblos de nuestras rarezas y nuestros anhelos, para juntarnos con otros raros que amaban la poesía. Y queríamos aprender, leer, ver cosas distintas. No tanto que se nos viera a nosotros, sino verles a ellos. A los que conseguían metáforas y poemas electrizantes.

Muchas veces lo recuerdo como un taller, otras como un juego, pero como nunca lo vi fue como un escaparate. Esta atmósfera, que viví y que ahora casi no veo, fue hace unos 10 años aproximadamente (yo tenía 10 años menos y seguro que lo veía todo con más benevolencia).

Sin embargo, lo que sí que creo que fue diferencial es que antes, cuando te gustaba la poesía, ibas a la biblioteca, te apasionabas, buscabas a tal o cual autor, te apasionabas más… y, después, con ese bagaje, te acercabas, con más miedo que otra cosa, a un lugar para compartir los versos que habías remendado. Y digo miedo pero no es miedo, es respeto. Porque has leído y sabes que lo que pone en ese papel aún no llega a lo que leíste en los libros. Y aún así necesitas compartirlo.

Hoy creo que sigue existiendo esa necesidad de compartir pero no tanto ese respeto. La distancia entre la pasión personal y el reconocimiento se ha acortado demasiado y se ha pervertido. Creo que el motivo pueden ser las redes sociales: la necesidad de presencia y reafirmación constante, el leer en casa (invisible) vs leer frente a un micro (delante de gente) empezó a ser una lucha desigual porque todos queremos ser aceptados y queridos (es así) y empezamos a ir a las jam, no tanto por la aventura y el conocimiento sino por el reconocimiento, la valía. En definitiva, los likes. Y nosotros, que éramos unos raros que, al juntarnos con otros raros (y geniales) nos sentíamos dichosos y felices, empezamos a ser raros también en las jam porque ya no solo valía que leyeras bien, sino que fueras joven, guapo y molón. Y eso es otra cosa. Y ya tiene que ver poco con la poesía. Y empezó a aparecer gente que la poesía meh, ni mucho ni poco, pero el molar sí, eso sí.

Y ahí aparecen los caraduras como el invitado a este hilo, que buscan subirse al carro, a la moda, y no importa que no tengan mucha idea, porque este carro está tirado con la ilusión de mucha gente que, al leer un poema que le ha emocionado, sueña con poder hacer lo mismo. Y, afortunadamente, serán minoría los caraduras, pero los hay. Porque a mí también me pasó y tuve que hacerlo público en redes y poner un burofax de final de contrato.

Y no, no puede ser que aquel lugar para algunos raros que buscamos aventura en las palabras, sea pervertido por sacar pasta de manera rápida y torticera. Por cierto, qué nadie le dé a esto mucha importancia. Está contado desde mi punto de vista y de manera subjetiva, pero también honesta. Yo soy un mindundi, nada más.

Ah, y por cierto más Neorrabioso y menos Marwan, más aventura y menos autopista, más metáfora y menos lugares comunes.

UN VERANO, UN AQUÍ 👇

 

El sol y la chicharra del ahora,
Imperios nómadas de quita y pon.
Territorio: mundo sin cartabón,
fértil esta paz de calma cantora.

Todo aquello, tiempo que no perdí
(refugios, kilómetros y canciones),/
de aquel disfrute de vacaciones,
de islotes, birra y playas junto a ti.

Restos de felicidad en un cuenco,
juntar salivas y caminos de sal,
ser presentes; huir de lo cruento.

Quedarán las fotos ciegas en el mar/
puñado de lo que vibró un tiempo,/
eco de dos que cosieron un cantar.

(Soneto inédito y a vuelapluma, como un armar la tienda en mitad de la hoja en blanco ⛺️📒)

Cercanías o más acá del bien que del mal (Prólogo de Neorrabioso al libro Cercanías, Baile del sol, 2016)

 

Se ha salvado. El lector que tenga en sus manos este libro de Jorge García Torrego se va a encontrar con un poeta que se ha salvado tanto del preciosismo retórico como de la pobreza expresiva, lo mismo de la poesía que desprecia la claridad en el significado como de la que renuncia a las fuerzas del idioma. Ya en el mismo primer verso del libro,

En la muerte se deshacen las vidas como aspirinas sagradas

se propone de manera palmaria la técnica que va a ir desarrollando en el resto del poemario, una técnica que consiste en utilizar las metáforas no para decorar o sustituir
sino para iluminar lo que quiere decirse. En este caso que pongo de ejemplo, la unión de dos elementos en apariencia tan disímiles como muerte y aspirina nos alumbra una manera nueva de muerte que se sitúa tan lejana de la descripción estricta como de la imagen extravagante, porque García Torrego, que rehúye tanto lo informativo como lo abstracto o alucinado, no nos cuenta las cosas sino que muchas veces las crea, y eso le basta para ser entre los nuestros un poeta que se ha salvado. Pero antes de nada quizá deba aclarar qué entiendo por los nuestros. Y de qué tenía que salvarse.

Los nuestros

Nosotros pertenecemos a una generación de poetas que llegó al Bukowski Club entre 2006 y 2012 y cuyos integrantes, herederos en algunos rasgos de los antiguos cazurros o juglares de la Edad Media, nos hemos beneficiado de la aparición de Internet y las redes sociales para llegar con facilidad al público. Una de las características principales de casi todos nosotros es que no dominamos o incluso rechazamos la mayor parte del edificio métrico o la tradición poética en español, bien porque nos parece demasiado formal o cursi o restrictiva, o bien porque la manera de enseñar poesía en la escuela nos hizo echar a
correr como el lobo de La Fontaine, que sigue corriendo todavía.

Así fue. La poesía del siglo de oro no nos interesaba por sus formas antiguas y la de la edad moderna, con las golondrinas de Bécquer, la espina de Machado, los gitanos de Lorca, los malvas de Juan Ramón Jiménez, la mar de Alberti, el río Duero de Gerardo Diego o la
princesa tristona de Rubén Darío, nos parecía una tomadura de pelo o una colección de pamplinas. No digo que esta poesía sea mala sino subrayo que no conectaba
entonces con aquellos chicos de doce años con urgencias por hacerse mayores; que era demasiado exquisita y artificial para esas edades de los primeros cigarros y los primeros tacos, cuando bebíamos los primeros calimochos y empezábamos a mirar al otro sexo de manera distinta. Incluso nos repelía. Buscábamos algo más duro. Más auténtico. Seguramente habría sido distinto si nos hubieran mostrado a su debido tiempo la parte tigre o sorprendente de la poesía moderna en español, como el Poeta Nueva York de Lorca, el Sobre los ángeles de Alberti, el España en el corazón de Neruda, la Rosalía de Cantares gallegos, el Hijos de la ira de Dámaso Alonso, el Otero más político, el Vallejo de Poemas humanos, el Darío metafísico o el Juan Ramón Jiménez tardío, pero esos poemas no los descubrimos con un mínimo de detenimiento hasta segundo de BUP, ya con 16 años, y
siempre con la obligación de tener que hacerles el “análisis morfosintáctico”. Por otra parte, la lección de los historiadores antiguos (pienso en Herodoto, Suetonio, Tácito, Plutarco o Diógenes Laercio), que aderezaban el rigor histórico con la anécdota y el chisme más sabroso, parece haberse olvidado y la presentación que se nos hizo de los poetas españoles era poco menos que la de unos santos con catecismo y aureola. En las escuelas
españolas, al menos en las de antes, nadie te decía que fray Luis de León era un hombre de 1’55 con un temperamento de mucho cuidado, o que Juan de Yepes se comió literalmente los documentos comprometedores cuando fueron a detenerle los frailes calzados, o que
Teresa de Ávila era acusada de prostituir jovencitas, o que Lope de Vega iba amontonando esposas, amantes e hijos; o que Quevedo era cojo, misógino y xenófobo, o que Antonio Machado tenía relaciones sexuales con una niña (Leonor) de catorce años, o que Pedro Salinas debe sus poemas de amor a una infidelidad, o que los del 27 utilizaban la Residencia de Estudiantes para tareas tan instructivas como organizar concursos de pedos para
apagar velas. No. Nuestra clase de literatura consistía en un temario beato donde te enseñaban poemas fríos y perfectos escritos por poetas que nunca jamás desobedecieron
a sus padres. Y claro.

De ahí que se haya abierto una zanja entre los poetas de otras generaciones y nosotros. Mientras que ellos buscaban poetas apolíneos de tradición española, nosotros leíamos a los intempestivos en (malas) traducciones extranjeras; mientras ellos cultivaban un oído silábicoacentual, el nuestro era sintáctico y colindante con la prosa; mientras ellos hicieron sus primeras armas leyendo la Segunda Antolojía juanramoniana, nosotros buscábamos
a Blake, Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, Artaud, Ginsberg, Kerouac, Corso, Brecht, Bukowski, Pizarnik, Sexton, Benedetti, Lizano, Parra o Leopoldo María Panero, porque era en éstos donde encontrábamos esa poesía callejera, dura, cortante, a veces crítica,
a veces transgresora, a veces vandálica, escrita por locos, rebeldes, borrachos, inadaptados o personas con el cerebro a-punto-de-romperse. Buscábamos una poesía real
e intensa. Una poesía de los colmos.

Y de unos extremos pasamos a otros. De una poesía eufónica que para leerla había que quitarle primero el plástico, pasamos a hacer otra que de tan sencilla caía muchas
veces en simplona. De usar las setecientas palabras más difíciles del diccionario, todas de hipsípila para arriba, pasamos a usar las setecientas más fáciles, todas de cerveza
para abajo. Pasamos de lo virginal y sublimatorio a lo arrítmico y pornográfico. No quiero decir con esto que haya estilos de poesía que sean mejores que otros. No. Y mucho menos quiero denunciar a la poesía narrativa de corte realista, que ha dado y sigue dando en los bares de Madrid algunos poetas estupendos, tanto en su vertiente oral como en la escrita. Pero cuando acudes a una jam session y te encuentras que, siguiendo la naturaleza imitativa del ser humano, el 90% de los poetas que recitan no se atreven nunca a romper la sintaxis, tienen miedo a las miedáforas y piensan que las imágenes son cosa de Instagram, te dices: aquí hay un problema. Y cuando te das cuenta de que por cada poeta decente que sale en esta línea surgen diez que no solo son deplorables sino una palabra más grave que todavía está por inventarse, te dices: aquí hay un problema grande. Y justo de ese riesgo es del que hablo. El riesgo del que hay que salvarse.

Cercanías
Y García Torrego se salvó, claro. Comenzó como todos: lo recuerdo viniendo a las sesiones de crítica feroz del bar Dinosaurio con unos poemas sociales meramente contenidistas, ausentes de veneno y lirismo, que fue abandonando a medida que acumulaba lecturas y empezaba a frecuentar a otros poetas lejanos al circuito de los bares, detalle este inusual en la mayoría de los poetas. Al poco tiempo comenzó a aparecer con poemas donde ya
hacía esguinces al idioma, como apuntándose a aquella definición de Jacobson según la cual la literatura es una violencia organizada que se hace sobre el lenguaje ordinario, y ya en 2014 publicó Ojo y ventana (Canalla Ediciones), donde se vislumbran embrionarias todas las maneras de decir que salen ampliadas y mejoradas en Cercanías. Cercanías está estructurado en seis partes, las tres últimas sobre los vaivenes del amor, y trae de novedad con el poemario anterior, además de la mejora en la carrocería de los poemas, la estructura más firme y la visión más profunda. Esto de la visión me parece muy importante y es un elemento que echo en falta en la mayoría de los poetas actuales. Cuando hablo de visión hablo de sustancia. En efecto, aparte de las maneras de decir, ¿qué proyecto de existencia me propone el poemario, si es que tiene alguno? ¿Qué raíces guarda con el pasado? ¿Con qué otras disciplinas establece conversación? ¿A cuántas capas de lo humano afecta?

La clave la da el propio nombre, Cercanías. Parece decirnos JGT que todo en este mundo, lo mismo lo físico que lo metafísico, la amistad que el amor, el trabajo o la política, Miraflores que Torrelaguna, Madrid o España o el planeta Tierra, en el momento en que uno se preocupa por ellos y los quiere, se convierten en cercanía. Y es el ojo del poeta, el de cada uno, el que elije lo que es cercano de una forma discriminadora y asimétrica, basada sobre todo en criterios de amor y justicia. Por eso el poeta se refiere de forma negativa al capitalismo oa la patria, a los mandamases o a los explotadores, a los que encuentra lejanos, y en cambio encuentra cercanos a los inmigrantes porque, como dice en el epígrafe de un poema: “mirarse en los ojos de otro / que no conoces /que no conocerás nunca / y saber que es tu hermano, / que siempre lo ha sido”. Parafraseando y negando a Nietzsche, podríamos decir que JGT siente el bien más acá. Y el mal más allá.

Consigue así un poemario donde el pluralismo es a la vez monismo, con vasos comunicantes que desembocan en una unidad de la que se extraen varias consecuencias, pues nos está diciendo García Torrego que, en puridad, no existe una división entre lo público y lo privado o entre lo barrional, lo nacional y lo universal, lo mismo que no existen diferencias esenciales entre la familia, el amigo, la novia o el trabajador de Indochina, y que el único dualismo existente es, en todo caso, el que se establece entre los que tratan de vivir y los inicuos y depredadores que no nos dejan vivir, sean de donde sean, ocupen la categoría que ocupen. Y logra esto utilizando un lenguaje que marca distancias tanto con los que elevan el registro poemático porque desprecian al lector como con los que lo rebajan tanto que parece que lo toman por tonto. JGT rompe la sintaxis, utiliza metáforas audaces y asociaciones insólitas, adjetiva sustantivos y sustantiva adjetivos, pero siempre lo hace a la luz y con los pies en el suelo: puede torcer y retorcer el lenguaje pero nunca al punto de hacer dificultoso su significado.

Vivíamos dudando entre el violín y el tambor cuando llegó Jorge García Torrego. Allí donde empezaba a sonarlo mismo se puso a sonar distinto. En Cercanías se acaba el enfrentamiento entre la ilustración y el romanticismo y la polémica entre Lukács y Brecht deja de tener sentido. Este poeta no se ha entregado por entero ni a la res ni ala verba de Horacio y ha preferido aunarlas con maestría. Lo ha conseguido y por eso sostengo que se ha salvado. Se ha salvado el poeta y se ha salvado la poesía.

Batania

El sofista negro, Muhammad Ali, púgil y orador

No suele pasar que las letras y el boxeo coincidan, pero cuando hablamos de Muhammad Ali cualquier cosa puede pasar. Perfóreme, poeta, orador, activista político…Ali marcó una época en la que los golpes con el lenguaje hacían mucho más daño al sistema que los golpes de los puños.

En este libro de Marco Mazzeo publicado por #terceroincluido se nos muestra cómo la genialidad de Ali va mucho más allá de su baile en el cuadrilátero, más allá de su capacidad de trabajo y de sacrificio, porque fue mucho más que un simple boxeador y por eso desde aquí se admira y se respeta al deportista más grande de la historia y recomendamos que os acerquéis a este libro para conocerle mejor 🥊🥊🖤🖤.



A sangre y fuego: Héroes, bestias y mártires de España, de Manuel Chaves Nogales


A sangre y fuego: Héroes, bestias y mártires de España, de Manuel Chaves Nogales es un libro necesario para todos aquellos que quieren conocer mejor la #Guerracivilespañola.

Se trata de nueve relatos en los que el periodista Chaves Nogales muestra la crueldad de la guerra sin parapetarse ni justificarse en bandos ni fines. Él, republicano y socialista convencido, consigue en este libro mostrar la entraña abierta que fue España que fue la guerra civil después del el golpe de estado fascista de Franco.

Os recomiendo que dejéis a un lado vuestros prejuicios, vuestras reservas y entréis en este libro que tiene una gran dosis de verdad y honestidad, que es lo que deberían perseguir todos los buenos periodistas.

Poder

 

Un hombre no puede nada contra la lluvia
nada contra los coches
y se vuelve derrota escuálida contra la muerte.

Un hombre no puede nada
una tragedia pequeña le tira al suelo
una televisión tapa su ojo para siempre
y un hombre no puede
ni siquiera levantarse contra el viento
no tiene garra suficiente contra la jungla
ni remolino en la lengua para el amor, tan enorme.

Uno no puede nada,
pero dos lo podemos todo.

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Así debe ser, así la fraternidad y la unión derribará la injusticia, entre todos. Una vez que ese paso se da, una vez que ese paso se celebra y se ve continuado por otros muchos pasos. Como ayer se dio en el perfil de @lalorenza_, donde estuvimos leyendo poemas para visibilizar y denunciar la situación que está sufriendo Colombia.

Ojalá que esta batalla por la dignidad y la justicia alcance hasta arriba, a todo el gobierno. Ojalá. 

Lectura en Torremocha

El pasado día 21 de marzo leí varios poemas de mis últimos libros a un público bien majo, bien generoso y buen numeroso.

Me hizo mucha ilusión leer tan cerca de mi casa y a la vez a tanta gente desconocida. Seguimos.

Gracias al @ayuntamientotorremocha, a Marta y a Lore por ser mi compañera de pulso filme 🔑




¡Bibliotecas, ahí voy!

 Como algunos sabréis, acabo de aprobar un examen de oposiciones para trabajar en bibliotecas en Soto del Real. Estoy feliz. Han sido casi dos años de subir la piedra, dos años de 4 horas de estudio al día, de lunes a viernes y al final he conseguido lo que pretendía. Ha sido muy difícil, hemos aprobado solo 15 candidatos de 145 que estábamos en la convocatoria 😅, pero ya estamos dentro.

Aún queda mucho para conseguir esa plaza, pero para mí esta es una victoria enorme que me hace muy feliz. Muchas gracias por felicitarme y por apoyarme.

Beneficios de opositar, por lo menos 13

Queridos compañeros opositores. Sé, estoy sabiendo, lo complicado que es estudiar unas #oposiciones, así que, para animaros un poquejo (y animarme a mí de paso) os cuento algunos beneficios que conlleva esta excitante aventura:

  1. Si consigues la plaza no tendrás que preocuparte más de ese tema tan jodido llamado conseguir trabajo. No está mal. Si ya es en algo que te gusta, flipas (como es mi caso, en bibliotecas).
  2. Viene bien para conocer leyes que nos tocan a todos. Pero tampoco te pases de listo.
  3. Entenderás mejor algunas noticias que tengan que ver con la Constitución : tribunal supremo, organización territorial y otras cosas sobre las que normalmente tenemos una opinión pero, seamos sinceros, al tuntún o alineadas con nuestra ideología.
  4. Tendrás que tener orden y horario, lo cual ordena bastante la cabeza.
  5. Es un reto, uno enorme, y meterte en ese berenjenal te hará tener un horizonte delante de ti que te motive para el estudio diario (en teoría, al menos).
  6. Disfrutarás del silencio que te da la biblioteca. Vaciar la cabeza de ruido durante varias horas viene MUY BIEN.
  7. Estudiar oposiciones te hará poder esquivar planes que no te apetezca tener como quedar con gente pesada, cuñados y demás personas que ni fu ni fa. La carta de las oposiciones nunca falla.
  8. Ahorras. Mucho.
  9. Dejarás de beber como un gorrino (ver punto 4).
  10. Aprenderás muchas cosas que, lo mismo, te vienen bien en un futuro (espero que nada penal).
  11. Te permite hablar en un dialecto raro de RD, leyes y artículos con otros bichos raros como tú.
  12. El efecto para tu bienestar emocional de cualquier contacto social deseado será multiplicado. No pases solo unas oposiciones, hay gente que no ha sobrevivido.
  13. Tendrás un jardín de bolis, lápices, subrayadores, gomas y otros enseres que puede alegrarte la vida.

Y ya. Sed felices, estudiad mucho ahora que podéis, que luego será tarde.

 

Diablos azules / Lata peinada

¿San Valentín?

Hace unos meses terminé de escribir y organizar un libro. Un libro que se llama Hogar y que celebra aquello que sentimos, aquello que disfrutamos y que también sufrimos. Es un libro de poemas que celebra la construcción de un amor, con todos sus metales, todos sus abrigos.

Fui sincero. No escondí nada en este libro porque, como dijo Neorrabioso: «Aquí se juega a trueno o se juega a nada». Mi vida es mi poesía y no me escondo.

Hoy, varios meses después de aquella radiografía de los dedos besados, de las lágrimas tragadas y las casas caídas, ya apenas vendo libros. Ya no es novedad, ya ha caído del escaparate. Pero este hogar, esta historia, es una historia que permanece, mucho más que sus cimientos. Porque donde se derrumba la vida queda, si hay honestidad, poesía.

Porque la poesía no se destruye. Porque la poesía construye, en su diálogo, el futuro, los hogares que vendrán.

Y aquí un poema que os abre la puerta de este Hogar:

Hogar,
velocidad derrotada,
plato sin reloj ni cuenta
donde no sobrevuela un murciélago el silencio de los sillones.

Nunca nadie cambió tanto de paredes como nosotros,
lo espinoso de las camas manchadas por los monstruos de la noche,
llaves acumuladas en los cajones,
brújulas a medio hacer, derretidas como muñecos de nieve de la infancia,
refugios abandonados.

Buscamos en las calles dónde encajar nuestros cuerpos,
dónde amasar la oscuridad que construya la cueva,
que sea posible pintar con los dedos las paredes.

Se acumulan los libros,
hilos recogidos donde los hermanos pulsan su lengua,
cuerda de guitarra,
instrumento submarino común
y el mapa se hunde desgarrado por alambre de espino
nuestra carne marcada con sílabas de mordiscos cercanos
cuchillos de cocina.

La casa,
aquel animal mítico de muros como vértebras posibles,
animales de bosque,
juego de niños mayores, que encaje todo bien,
cada piedra importa, nada se escurre sobre el musgo.

Así las patrias, los mapas a la medida de los pulgares,
los sudores y el musgo, las arrugas del aquí,
lo compartido,
las marcas de nuestros ojos en la madera posible del tiempo.

 

Incendiario, de Bárbara Butragueño

Ni se te ocurra abrir este libro si buscas un libro perfecto, con plan de huida y medido y grito reproducido. Ni se te ocurra porque vas a perder el dinero, el tiempo, y espacio (aunque poco) en tu estantería.
Desatado de forma y de límites, los poemas de @chincheta, ya sean en verso o en prosa poética, llevan marabunta dentro y te arrasan pasando por encima. Se te escapan palabras, vuelves para atrás, joder, qué bueno esto, terminas. Vuelves al principio, ¿y esto? y así se pasan los minutos y las horas.
El libro que publica #Polibea es un libro con astillas en el que Bárbara Butragueño no solo se desnuda, sino que comenta a través de imágenes enlazadas la ceniza de su cuerpo, nadie nunca me enseñó a llorar/y sin embargo parece que el llanto me perteneciera esparciendo su dolor por tus manos.
El libro se divide en tres partes, TURBA, en donde se hace un recorrido del propio cuerpo y se ponen sobre la mesa la muchedumbre interior, los despojos, las heridas y las soledades. Abierta y expuesta a todos los dolores y a todas las penas, limpiar el cuerpo como quien limpia la casa. Exorcismo.
En COMBUSTIÓN aparece un tú que salva en tu cuerpo todo es expiación/y claridad/y enjambre que rescata, que no rehabilita las ruinas, sino que las convierte en hogares. Bestial esta parte, la más lograda.
Y cómo no, CREMACIÓN, en la que se desalojan los cuerpos, una vez más/te marchas, deshabitando/los ángulos del aire, se buscan asideros y esperanza, pero no se encuentra. Soledad y grito.
Vamos a ver, hay una cosa que hay que tener en cuenta. Este poemario requiere de su colaboración como lector, de su inteligencia, de sus cojones/ovarios para comprender lo que es la vida. Quien no haya sufrido, quien no haya sido ojo de huracán de relación no entenderá nada. La poesía de Bárbara no llega entera, pero la parte que llega llena todas las habitaciones y se expande, se te mete en el cerebro y la buscarás en cada índice, en cada lomo. Un subidón, vamos.
Y yo no merezco bailar si no hay lluvia.
y si queréis saber más...buscad el libro, esto es solo un trampolín.

Libros en 2020

 No sé si ha sido por estar encerrado parte del año, para salir mentalmente del estudio de las oposiciones o porque tenía mucha vida interior por compartir, en este 2020 ha habido buena cosecha de libros 🥦🥦📚📚

🚩La primera publicación que apareció fue la segunda edición de mi primer libro, Ojo y ventana. Este libro, que fue publicado originalmente por Canalla ediciones, tiene mucho bar, mucha inocencia y mucho respeto por la literatura. Cuando apareció este libro yo era un chaval de 28 años que iba mucho a bares de poesía (sobre todo el diablos azules), acaba de volver de estudiar en Suecia durante un año y estudiaba un máster de literatura y teatro. Estaba tierno, tierno, veía la vida como algo agradable y sereno y no conocía el miedo a la soledad.

La edición se acabó hace meses, es bilingüe español-inglés y tiene formato digital y en papel. Y para que todo estuviera en orden conté con la revisión de Rocío Moreno en la versión en español y Silvia Cuevas Morales para la versión en inglés.

Si queréis leer más, pinchad aquí.