Roberto Kusterle
Ahora
que
solo nos quedan
cucharas
y tijeras
te
empeñas en ser caliente,
romper
tu nariz contra mi pecho
tropezarte
de ganas
en
mi puerta.
Quédate
ahí,
en
el borde
estirando
el tiempo
la
mirada.
No
agotes el calor
que
se esconde en las ramas
de
tu pelo,
y
quédate ahí
siempre
en
la memoria.
