Islas divergentes

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Contratiempo

El doctor entró en mi habitación. Era alto, delgado y había algo siniestro en su mirada. Yo estaba ahí, tumbado en una cama pequeñita sin poder defenderme. Justo al cerrar la puerta, empezó a hablar.

Mire, lamento informarle que va a morir. Vengo de consultarlo con mis compañeros y hemos llegado a la conclusión de que a usted le quedan unos ochenta años de vida más o menos. Le irá bien, tendrá cuatro hijos y tres esposas, pero tenga cuidado con Elena. Esa mujer le hará sufrir mucho. Bueno, eso es todo. Espero que aproveche el tiempo que le queda”.

Yo no entendí nada de todo aquello, pero me di cuenta que según estaba hablando una leve sonrisa de mala leche le nacía en los labios. Terminó de hablar, abrió la puerta y se marchó, dejándome solo con la muerte. Luego me puse a llorar, pidiendo que me llevaran con mi madre.