Islas divergentes

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Sobre periodismo y entender lo que se lee ¿TintaLibre?

Soy periodista, (eso pone en un diploma) y desde hace años no compro periódicos diariamente. ¿Por qué? Porque soy honesto y admito que no quiero leer 30 páginas diariamente sobre tooooodo lo que pasa en el mundo. Qué tortura. No tengo tiempo, ni dinero, ni me da la gana. Pero una cosa es comprar el periódico, y otra es estar informado. Y no tienen porqué ser contrarias. 

Desde el año 2008/2009, cuando estaba terminando la carrera, empecé a comprar el periódico Le monde diplomatique En Español. Este periódico, que sale cada mes, es la versión española del periódico francés. Me gustaba la idea. Por cuatro euros al mes podía leer noticias con un planteamiento, un desarrollo, y un final. Entendía las cosas porque me las contaban con orden y tenía toda la información y sin saturar. Además, tenía todo un mes para leer todo el periódico. ¿Qué pasó? Uf, me cansó. Ignacio Ramonet en concreto. Es un cansino y a mi me pareció que poco a poco el periódico era menos periódico y más él mismo. Su opinión lo planeaba todo como esos helicópteros de la policía. Además, los textos me parecían cada vez más lejanos y metafísicos. Así que nada, lo dejé. 

Y así estuve un tiempo, sin comprar ElPaís-LeMondeDiplomatique etc...porque no me daba la gana y porque lo creía realmente inútil. Tan solo ElJueves, estos nunca fallan y nunca cansan.

En esas estaba cuando me enteré de la movida que hubo en Francia con el caso L´Oreal. Resulta que Liliane Bettencourt, una de las mujeres más poderosas del mundo y propietaria de la mastodóntica empresa de cosméticos, había financiado ilegalmente a Sarkozy en 2007 para su campaña electoral. Movida. Enorme. 

Pero lo que más me impresionó de este caso fue que todo el escándalo fue destapado por un medio pequeño, Mediapart, que era quien había levantado todo, dejando en ridículo a los demás medios, claro. Esto me gustó mucho, que fuera tan a saco a por la verdad aunque le llovieran hostias por todos lados. 


http://www.monde-diplomatique.es/


Pero claro, era en francés, con movidas francesas, sobre gente francesa, y yo lo que quería era traer esa idea a España, comprar/leer un medio con los cojones y la calidad informativa de Mediapart pero en España. 

Yo creo que no fue inmediato, al menos no porque yo lo buscara, pero me enteré que en Marzo de 2013 aparecía InfoLibre, una página web diferente, con periodistas a los que estimo, como Ramón Lobo, Jesús Maraña, El Gran Wyoming o Maruja Torres dirigidos por Javier Valenzuela. Y también me enteré que nacía asociado con MediaPart de Edwy Plenel. Tenía buena pinta, para qué negarlo.

Probé, claro, a ver qué me contaban y cómo, y me di cuenta que aún hay esperanza en el periodismo en España. Puede sonar presuntuoso, y quizá lo sea, pero viendo la mierda de medios que tenemos, que responden a intereses económicos globales y que han dejado huérfanos de información veraz a miles de ciudadanos, yo, por lo que he visto, este TintaLibre es el camino más recomendable para estar informado. 

La versión impresa de InfoLibre se llama Tinta libre, se publica cada mes, y se cuentan catorce historias tratadas de verdad, no con prisa, no con uf, uf, que me pilla el toro, argumentos currados e información trabajada y honesta. Aquí os dejo algunos de sus ejemplares a ver qué os parecen:

http://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/

Yo desde luego, viendo cómo está mi otro periódico querido, El País, que si no eres un adicto a las tecnocompras y al diseño, o un fanático de la moda no tiene NADA que decir para ti, ya se qué medio comprar. De hecho, ya soy suscriptor. Os animo a darle una oportunidad a TintaLibre.


Carta de trabajadores de RNE a los ciudadanos españoles

Ante los cambios que está sufriendo RNE en los últimos tiempos, un grupo de trabajadores queremos deciros que esta no es la radio que queremos hacer. Ni queremos esta, ni queremos la de Aznar, ni queremos la de Felipe ni la de Zapatero. Queremos la de los últimos años. Esa que, por fin, era fruto del consenso obligado entre los partidos. Esa en la que la ideología quedó al margen y pudimos trabajar con libertad y con criterios exclusivamente profesionales. Esa que, siendo mejorable, nos situaba por primera vez cerca de los medios internacionales más avanzados y serios. Esa que ha sido reconocida dentro y fuera de España, y por gente de todas las ideologías.

Pero en un solo mes esa radio ha desaparecido. No sólo hemos vuelto a los tiempos de la manipulación y el sectarismo, sino que se añade algo mucho más grave: el hundimiento de la calidad. Y eso no tiene nada que ver con izquierdas o derechas. Desde nuestros sitios asistimos cada día atónitos, indignados y tristes a cómo se perpetra una radio que es de todo menos profesional. Una radio hueca en la que vuelve a primar el discurso oficial. Una radio en la que los temas incómodos para el gobierno desaparecen o son relegados, y los que son irrelevantes pero positivos para el ejecutivo, suben a los primeros puestos. Una radio en la que nos saltamos directos y ruedas de prensa fundamentales y, lejos de poner el grito en el cielo, nos damos palmadas en la espalda. Una radio de entrevistas pelotas y superficiales a la derecha y llenas de reproches a la izquierda. Una radio en la que los presentadores de los informativos (que, en su mayoría, no tienen experiencia en esa tarea) hacen editoriales y apostillan alegremente con opiniones, siempre del mismo lado. Una radio en la que hemos pasado de la exigencia y la seriedad, a la desorganización, el desconocimiento y la despreocupación.

Pero no sólo ha cambiado la forma de hacer la radio, sino quiénes hacen la radio. Porque aunque seguimos siendo los mismos, la mayoría están cambiados de sitio. Volvemos a aquellos tiempos en los que cuando llega una nueva dirección arrasa con todo y no por razones profesionales como dicen. Porque ¿quién se cree que se cambien todos los editores y presentadores de los programas e informativos, los nombres de los espacios, las sintonías, o incluso los jefes técnicos e informáticos sólo por razones profesionales? ¿Todos los que estaban eran malos? ¿Todos los que están ahora son mejores? Entendemos que una dirección debe rodearse de gente de su confianza, pero llegar a hasta ese punto no se explica si no es porque quieres poner “a los tuyos” y volver a utilizar la radio como tu cortijo.

Pues quienes piensan así deben saber que estamos hartos de que a los trabajadores se nos tenga por un ejército que está ahí para obedecer las instrucciones de unos o de otros aunque sean opuestas, ilógicas e injustas. Estamos agotados de que nuestras carreras profesionales fluctúen o ni existan por razones ajenas a nuestro trabajo. Por no aceptar órdenes políticas o porque otros las aceptan demasiado. Y lo que es peor, estamos tristes porque sabemos que no hay mayor mal para una radio que estar cambiando constantemente las voces, los programas y las formas. Porque así es imposible fidelizar oyentes. Y ahora que habíamos empezado a conseguirlo, volvemos a tirarlo por tierra.

Pero hay otra prueba de que los cambios no están motivados por razones profesionales: la redacción ha dejado de “sonar”. La espontaneidad, los debates, la tensión informativa… Todo ha desaparecido para dar paso a un silencio motivado por el miedo a las represalias. Porque ya hemos visto cómo muchos compañeros –directivos o redactores de base- han sido retirados de sus puestos “naturales” sin justificación y con formas un tanto mafiosas. A lo que hay que añadir una bajada de sueldo que asumíamos por cómo están las cosas, pero que ha empezado a irritar cuando, por ejemplo, hemos visto que la mayoría de los nuevos directivos están remodelando sus despachos (obra incluida). ¿De verdad es necesario? ¿No les parece un gesto de desprecio hacia sus trabajadores?

Y así van pasando los días y empiezan a normalizarse una mediocridad y una manipulación que, en absoluto, son normales. Ni debéis admitirlo los ciudadanos, que sois quienes pagáis esta RTVE, ni debemos admitirlo los trabajadores.

Por eso, ante la falta de reacción de nuestro consejo de informativos, hemos decidido actuar. Para hacer saber a los ciudadanos que no compartimos esta radio y que sabemos que estamos siendo el hazmerreír. Para decirle a la nueva dirección que manipular hoy en día, con unas redes sociales que te desmienten al minuto, solo nos lleva a hacer el ridículo. Para decirle al gobierno que cuando se permite semejante bajón en la calidad la audiencia
huye y la radio no sirve ni para manipular (aunque quizá ese sea el plan: servir en bandeja su cierre). Y para decirles a los compañeros que somos más, que no nos pueden castigar a todos y que nos estamos jugando el futuro.

Como periodistas que defendemos la transparencia lamentamos tener que empezar de forma anónima, pero eso cambiará. Mientras tanto os dejamos una cuenta de twitter (@salvemosRNE) desde la que iremos denunciando todo lo que va pasando en RNE y desde la que, esperamos, vosotros también denunciéis. Porque estamos juntos en esto. Si una vez se consiguió una RNE de calidad, se podrá siempre.

El colectivo “Salvemos RNE”