Islas divergentes

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Reseña de "Las cartas que debía", de Rafael Soler


  
Las cartas que debía es la vuelta al recuerdo, al sentimiento, del  ingeniero, sociólogo y poeta, Rafael Soler. En el libro, publicado por Ediciones Vitrubio hace un año y reeditado en este 2012, recoge la voz de un poeta que ha vuelto hace pocos años al mundo poético y que se había mantenido aparte de la poesía desde los años ochenta.

Este Las cartas que debía es un ajuste de cuentas de Rafael con las personas y las situaciones que se han quedado enganchadas en su recuerdo. Así, se recogen los sentimientos que se deberían haber dicho y que no se dijeron, las miradas que no llegaron, las cartas que no se abrieron.

Rafael nos cuenta, en largas cartas de once poemas o en otras con tan solo uno, su vida y los caminos que quedaron atrás y que se quisieron tomar. Un repaso de una vida. Un ajuste de cuentas.

Creo que a Rafael se le entiende muy bien, tiene una poesía fácil pero a la vez profunda que va en paralelo a las ideas del lector, que entiende como cercano el dolor por la ausencia en el  poeta. Elemento central del libro, la ausencia vertebra la narración, la hace comprensible por el hueco que dejaron personas queridas y como, a través de estas cartas, se intenta sanar.

Morir a los veinte, pido, ser eterno porque seguir viviendo es seguir en riesgo, ya que al final, antes o temprano, vivir te costará la vida. Por eso, ya que la muerte es inevitable,  qué mejor que vivir sin mirar atrás, libres, pero siempre, por si acaso, con la carta cerca de la mano. Para no olvidar a nadie que fue importante.

Os dejo un poema suyo:


Piso nueve, un balcón y zapatillas

 

En la boca
un sabor sacarina despedida
contemplando con el viento los manteles
las camisas una escoba
tanta vida

tanta prisa por dejar lo que tienes

los ruidos del verano y otro paso
de cintura para arriba cuesta abajo
 

cuesta tanto
 
en los ojos preparada la caída
y en las manos con tus manos sólo manos
cuando pisas el vacío sin llamarlo.

 

RAFAEL SOLER
LAS CARTAS QUE DEBÍA
EDICIONES VITRUBIO
ABRIL 2012
122 PÁGINAS

Gracias a Rafael Soler

Mi intención al poner una entrevista del programa de Paloma Corrales a la semana, era dar toda la difusión posible a todos los poetas que escucho y veo en su programa y que me inspiran y me enseñan. También intento de esta manera dar las gracias a Paloma por el curro y el cariño que dedica a la poesía y a "sus" poetas. 

Pues bien, hace unos días me escribió Rafael Soler para agradecerme la publicación de la entrevista y de su poema en Archipiélago realidad y, por si esto no fuera ya la hostia, me ha mandado su libro Maneras de volver a casa que incluye poemas tan sugerentes como este Antidiario por si acaso:




Hoy no me levantaré a las siete y cuarto
que es una hora triste para empezar el día
con un cuchillo atroz en la garganta
y otro en la naranja


no me ducharé con sales del Mar Muerto
medio vivo como sigo en su espuma 
tan discreto en mi envase numerado


no abriré la prensa por donde siempre toca 
no buscaré un anuncio de masajes repentinos
ni encontraré mi prematura esquela 


no miraré te lo prometo en los espejos que no 
                                                                tengo 
nada hablaré conmigo para volver a casa
y no brindaré sin copa con tu copa


atado como estoy por siempre a tu ventana. 






(Muchas gracias Rafael, por el detalle y por la poesía)

Con versando con Rafael Soler


Aquí os dejo otro vídeo del programa que me gusta tanto Con versando, de Paloma Corrales en VeoGuadaTV. Merece muuuuucho la pena la poesía de Rafael Soler, rodeada de muerte, de vida, de personas.


Aquí os dejo un poema de Rafael Soler, poeta, ingeniero y sociólogo.


Ahora que todo me rodea




Para darme aquí la vuelta necesito más espacio

una cadera por ejemplo
y un codo obediente que resista mi empeño
tan fuera de lugar y tan hermoso

dos vértebras quisiera del esternón a los talones
y qué será del esternón
y a dónde fueron los talones
y altivos y de estreno con Aquiles
pero yo no

salir de mi quisiera
entre dos vértebras y un codo
hasta cambiar definitivamente de postura

despacio y sin resquicios contra el mármol
en busca de mi cuerpo y de tu abrazo.