Islas divergentes

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Mi madre es un pez


(Texto publicado originalmente en koult.es)




Como dice Rodrigo Fresán en su relato La sustitución de los cuerpos y que forma parte de esta antología familiar de Libros del silencio,tarde o temprano, siempre acabamos descubriendo que los otros nunca son como uno pensaba. Y es verdad, pero con la familia, pasa aún más.
Y por eso, porque la familia sorprende aunque la veamos todos los domingos, aunque nos haya criado, aunque nos haya dado azotes y nos haya enseñado a leer, había que dedicarle una gran antología de relato a este círculo que nos acompaña toda la vida. Y tenía que ser precisamente de relato para que cada autor pudiera crear una familia, un entorno y lo presentara en sociedad.
Sergi Bellver, un tío muy interesante que sabe estar en los sitios adecuados y con los proyectos adecuados (como aquel libro imprescindible que fue Chejov comentado) se dio cuenta de esta extraña cercanía-lejanía familiar y decidió, junto a Juan Soto Ivars, proponer relatos familiares a una selección de escritores bastante adecuada.
El entorno familiar, con sus madres cercanas y crispadas, como cuando se le pasaban las judías al fuego pero lejanas al mismo tiempo, padres que detrás de una supuesta dureza esconden agujeros y hermanos cabrones, es un flotador que nos ayuda y que también nos condena a veces. Un caldo de cultivo perfecto, una excusa fértil y muy bien elegida para esparcir.
Los que cumplen, Fresán, Jabois o Berta Marsé, por ejemplo. Los que no, los que han hecho un relato para cumplir y que me han decepcionado por anteriores libros con un nivel bastante alto son Ortuño y Candeira. Uno, el mexicano, ha hecho un relato plano que no llega, y el otro, una narración que repite (y agota) el recuerdo que tengo de su genial Antes de las jirafasPor otro lado, los que se han salido del tiesto, los que han cogido la propuesta y la han convertido en literatura son unos cuantos. Andrea Jeftanovic es una, medalla de oro por ese relato tan conseguido y Aixa de la Cruz y Paula Lapido la acompañan en un podio de escritoras amazonas. Salvajes y poéticas. Celso Castro también me gusta mucho, con ese tono de niño que rompe y Sergio Lifante escribe bien, tiene un buen relato, pero me deja inquieto. Otro escritor que me llega es Ricardo Menéndez Salmón que consigue atrapar el cansancio del matrimonio (¡casi nada!) y convertirlo en lógico, inevitable (como todos sabemos que en realidad es). Otro que lleva fuera del tiesto un tiempo es Olmos, que ya no sorprende a nadie sobre su calidad literaria pero si sobre sus relatos.
El resto de cuentos me parecen complementarios, no destacan pero acompañan a los textos que ya he mencionado. De alguna manera completan la foto de familia de unas grandes historias y ayudan a valorarlas en su justa medida. Una familia en la que no encaja, lo siento, Eduardo Mendoza. Me parece que su epílogo es demasiado plano, demasiado “esto ya lo he oído yo” y no, no encaja dentro de un libro lleno de historias desubicadas.
En definitiva, este Mi madre es un pez es un buen libro de relatos que no cansa pese a versar sobre un único tema y tener casi cuatrocientas páginas. Un libro con muchos caminos, con muchos discursos, con muchas madres y padres, con muchos recuerdos propios que el propio lector reencontrará en sus páginas.

Reseña de Antes de las jirafas

Hace un tiempo vi un programa de La 2 llamado El oficio de la cultura en el que salía el conocidísimo escritor Mario Vargas Llosa. Vale. Esta no es la novedad porque durante unos cuantos meses vi más al escritor peruano que a mi novia. Lo que me llamó de verdad la atención fue el encuentro que tuvo con un joven escritor llamado Matías Candeira (1984, Madrid) que estaba empezando en este extraño mundo de la escritura. Sinceramente, me morí de envidia. Me acordé de Soler Serrano, con su programa A fondo, y sus entrevistas a genios como Cortázar, Borges, José Donoso, Manuel Puig, Dalí, Octavio Paz y otros tantos.



Durante un tiempo perdí la pista de Matías, y cuando me enteré que Páginas de espuma sacaba su nuevo libro de relatos quise conocer su mundo, su voz. Ahora, después de haberlo disfrutado, creo que Antes de las jirafas mete la mano en el otro lado -en el oscuro, el que queda debajo de las camas o en los callejones-, y, como un zahorí encuentra el agua o un niño su primera pesadilla, Candeira sale a flote con seres extraños y auténticos dentro del bolsillo. Mezcla de cómic, de ciencia ficción, y de un tono que recuerda en los relatos humorísticos, a Woody Allen, Candeira te desconcierta y te atrae, te aleja y te acerca y nunca sabes por donde va a ir el siguiente cuento.

El libro, que cuenta con 16 relatos, empieza con El extraño, en el que los conceptos de monstruosidad y cariño se mezclan dulce y misteriosamente. Más adelante aparece uno de los mejores relatos, Manhattan Pulp, que narra la conmovedora y tierna historia de un supervillano y su difícil día a día en el otro lado de la historieta, a la sombra del idiota ese con mallas. Es cierto que en algún cuento, la historia se pierde y Candeira, según mi opinión, solo esboza su objetivo. Creo que en fractura, pese a ser un buen cuento, las expectativas del lector no llegan a saciarse del todo o en La dimensión del ojo el relato se pierde y queda todo demasiado en el aire, como el protagonista.

En Antes de las jirafas también encontramos amor. Un amor peculiar, en el que podemos hurgar y sacar, muy gráficamente, la mugre o el monstruo que se esconde bajo la alfombra de toda relación ( Noche de boda)o, en un intenso Nuestro futuro, que se que no es su mejor cuento pero es el que más me ha llegado. También podemos encontrarnos a exploradores que se aferran a la vida (o al asesinato) con pasión creadora (Los exploradores) o ver como los escarabajos lo llenan todo, hasta, incluso, los propios vacíos en La noche repetida.

Creo que Matías Candeira escribe muy bien. Y escribe bien porque busca, no sabe lo que quiere y eso es importante. Innova, descubre, explora situaciones surrealistas, incluso poéticas a veces (La noche repetida) y aterriza en diferentes situaciones y escenarios y no se repite. Dentro de su universo, de la niebla fantástica que encontramos, consigue cazar presas sorprendentemente. Matías da la sensación de pasarlo muy bien cuando escribe. De reírse de la sociedad, de la realidad, y por eso la estruja, la infla y desinfla a su antojo. Porque aunque algunos escritores deban vender libros  hablando de cierta manera y diciendo algunas cosas, encajándose en un esquema de moda, los escritores, o los buenos al menos, son creadores. Y Matías Candeira es un creador.

Por cierto, pasó el 16 de Enero y no puedo asegurar que Matías Candeira recibiera el mensaje. Lo importante es que escapó, huyó con su muda limpia y un buen libro de cuentos bajo el brazo.