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Diario para un libro que nace 

1. Diario para un libro que nace – * 19/12/2023



Presentación de mortal – 4 de enero, jueves, a las 18:30 horas en @elrinconverdemiraflores de Miraflores de la Sierra.

Este primer recital de mortal será en mi pueblo, en mi querido Rincón Verde. El lugar donde tomamos cañas, donde todo el mundo ya conoce a Kiwi, donde comemos y celebramos, donde estamos con la familia, los amigos, la gente querida. Qué bien y qué afortunado me siento por haber vuelto al pueblo y por hacer comunidad en este rincón.

En esta primera presentación, cercana, verbenera y calentita, leeré algunos poemas de mis anteriores poemarios y de mortal, por supuesto. Estáis todos invitados a compartir este primer alumbramiento de mortal.

Las correcciones, los diseños, las comas, las tipografías son el taller de la literatura para que pueda correr sana y salva por los libros y qué necesario es que los mecánicos que ajustan, pulen y afinan las letras sean personas con oficio, que sepan dónde tocar, dónde apretar y dónde poner cuidado. Tengo la suerte de que en Lastura, la editorial que publica mortal, saben cómo poner a punto el libro. Gracias a Lidia, gracias a Isabel, gracias a Ana.

2. Diario para un libro que nace – *20/12/2023

Esta especie de prisa por publicar, por mostrar lo escrito en soledad, con paciencia y sin urgencia, es un contrasentido total. En este libro, mortal, hablo sobre la pausa, sobre medir el tiempo, sobre pesar lo que importa y apartar lo que no y, sin embargo, parece que solo existe un embudo para mostrar estos poemas y es un embudo que me obliga a apabullar y a estar presente para que todo el mundo compre y lea este libro. Pues no. Este libro caerá por su propio peso en las manos de aquellos que quieran leerlo, que tengan las ganas y la fe por encontrar valor en lo que escribo. Lo demás será ruido (un poco es necesario, lo admito), pero no hemos venido a eso.

3. Diario para un libro que nace – *21/12/2023

Pasan los años y pasa también la esperanza de «ser alguien en el mundo de la literatura». Esto, que parece obvio, con cada libro nuevo que no tiene una repercusión enorme, que no gana premios, se hace evidente. Es cierto que, al dedicarme al mundo de la poesía, donde somos 4 poetas y 3 lectores de poesía, las oportunidades de obtener repercusión o ese «éxito», menguan. Como decía, pasan los años, se acaba esa posibilidad de «ser alguien» pero no termina la necesidad de decir, de buscar palabras nuevas para atrapar lo que nos sucede a diario y se nos escapa. La poesía, que es efímera y eterna, tiene este poder que yo descubro al leer a otros poetas: no se acaba. Porque los poemas que nos gustan nos gustarán por siempre y para siempre, por recuerdo y porque encontramos fibras nuevas que se nos habían escapado en lecturas previas. Por eso escribo ahora, porque lo necesito y porque busco escribir poemas que acompañen a mis lectores (algunos hay, y en este rincón les doy las gracias) ahora pero también en el futuro. Por eso nace mortal y por eso tengo mucha ilusión en que quieras conocerlo, aunque yo nunca sea «aquel escritor reconocido» de fular y pipa que se supone que todo escritor debe aspirar a ser.

4. Diario para un libro que nace – *23/12/2023

Estos días navideños y de final de año estoy esperando que lleguen los libros a mi casa. Ya han llegado a la casa editora, @lastura.ediciones, y ahora unos pocos viajan a mi casa. Antes de verlos en mis manos, no puedo evitar sentir la incertidumbre de ver los poemas que, abandonados hace tiempo en un .doc, en un .pdf, ahora ya están perdidos de mí para siempre y qué serán ajenos y a la vez propios. ¿Seguirán diciendo lo que decían cuando los solté?, ¿habrán crecido?, ¿Llevarán erratas entre los dientes?, ¿gustarán estos poemas tan extraños, tan sobre la muerte, tan antipoéticos? No tengo respuestas a estas preguntas, solo puedo seguir escribiendo para responder en otros poemas, en otros libros, en futuras incertidumbres. Y, por ahora, sigo esperando. Si queréis, podéis pedirlos en la web de Lastura:
https://lasturaediciones.com/product/mortal/

5. Diario para un libro que nace – *24/12/2023

Hoy se celebra la Nochebuena, salgo de la cueva en la que vivo, (que en parte es una cueva real, porque trabajo en un archivo) y no sé muy bien qué postura tener ante este mundo que celebra, que se junta, mirando para otro lado lo que sucede no solo en infiernos lejanos como el de Gaza, sino en infiernos cercanos como enfermedades mentales de vecinos, dolores y pobrezas en las calles que caminamos y que no nos afectan. Hace tiempo que tengo dañado el sentimiento de esperanza con la humanidad, pero seguir confiando en la literatura, escribiendo libros pero sobre todo leyéndolos, es mi manera de confiar aún en este mundo que se deshace, se encabrona y que entiendo cada vez menos. Pero, como decía, queda la literatura. El otro día estaba con mi chica en el 725, el bus que conecta mi pueblo con Madrid, y terminaba de leer Vivir peor que nuestros padres, de Azahara Palomeque. En este libro, que recomiendo por su completo y honesto análisis del mundo en el que vivimos, hay un islote de esperanza en los agradecimientos que me conmovió hasta el punto de tener que leérselo en alto a mi novia y escribir a la autora por redes sociales para decirle algo así como «gracias» y «enhorabuena». Y para mí, hoy, este es el sentido de la Navidad donde me reconozco esperanzado y aún con fe por un mundo mejor. En los libros, siempre en los libros, pero que ese viaje sea compartido con otros. Que la fraternidad viaje en páginas y sentimientos de compasión, empatía y amor.

6. Diario para un libro que nace – *25/12/2023

He estado pensando en mortal y en las razones por las que lo escribí. Me ha tocado explicar su contenido unas cuantas veces en estos días, pero en este texto me voy a referir a los autores que vinieron antes de mí y que me influyeron con su poesía y están citados de alguna manera en el libro. Ahí van:

Inger Christensen, Carlos Piera, Alejandra Pizarnik, Raúl Zurita, Jesús Montiel, Aurora Luque, Gonzalo Rojas, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Jorge Teillier, Hérib Campos Cervera, Franscisco de Quevedo, Lorena Mora Pineda, Isla Correyero, Julio Cortázar, César Vallejo, Federico García Lorca, Olga Orozco, Joaquín Pasos, William Blake, Alberto Rivas, Francisca Aguirre, Jorge Enrique Adoum, Roberto Juarroz (x2) y Diego Gutiérrez.

7. Diario para un libro que nace – *26/12/2023

¿Qué sentido tiene escribir un libro (nadie lee libros) de poesía (aún menos) sobre la muerte (…)?, ¿tiene que ver solo con un tema de ego?, ¿este libro está destinado a coger polvo sin ser abierto siquiera?, ¿cuántas personas leerán realmente estos poemas?, ¿cuántas personas me preguntarán que por qué sigo escribiendo?, ¿por qué necesito publicar estos poemas en un libro, no es suficiente que aparezcan en redes sociales?, ¿estaré a la altura de la confianza de mis queridas editoras de Lastura?, ¿mortal y sus poemas serán un recuerdo poderoso para algún lector futuro o quedarán ahí, mudos como una balda o una pieza de cerámica traída de recuerdo de algún lugar lejano y exótico?, ¿harán llorar a alguien?, ¿harán reír?, ¿servirán para recordar a alguien que ya no está?, ¿servirán para recordar a alguien olvidado, pero vivo aún?

8. Diario para un libro que nace – *27/12/2023

Y, como muestra, un botón. Poema número 51:

Si tuviera un trozo de madera por escribir,
o un hueco en la tierra,
o una telaraña por explicar,
podría decir que en mis manos el tiempo daña por su peso,
no por su filo.

El tiempo,
mi tiempo,
–el escurrido placer que sorbo de los minerales y los ojos,
ese alarido silencioso que no me deja guardar las frases ni los sacapuntas–,
me araña con su mirar distraído y me destruye.

No es necesaria la épica para hundir a un hombre,
tan solo esta agricultura del daño,
este huerto con las ramas secas de la memoria,
las calles destruidas para siempre,
la falta de manos en la escalera del sí,
hacer de la faringe una flauta
para tocar la música imposible
que nos junte de nuevo.






Los atragantados de incertidumbre

 

Los atragantados de incertidumbre, los que nos salimos del camino asfaltado, los que salimos por la noche, los que nos colamos en la piscina municipal, los que de 1 moneda de salario sacábamos media moneda para libros y la otra para caos, los que no pudimos subir a la zodiac que golpeaba el calendario y derrotaba su oleaje de días repetidos. 

Somos nosotros los que no tenemos casa, los que coleccionamos contratos de alquiler, los del éxodo de la especulación, los que tuvimos sueños de parejas y hogares, los que tuvimos gato, o perro, y los que no tenemos nada. Los que viajamos, los que lo intentamos, los que perdimos, los que perdemos, los que perderemos, esos somos. Los que no acumulamos, nos resbala la serenidad y la desidia nos crece como mala yerba. Ansiosos, depresivos, blanca la piel tras las ventanas de casa para no gastar, los que cruzamos la noche como bultos sospechosos sin hacer ruido, los que bajábamos la vista, los que nos pusimos a tu lado sin ninguna razón, como animales pequeños que se dan calor en la torpeza, los que mentíamos en la pregunta ¿De qué trabajas?, los que mentíamos en la pregunta, ¿qué tal te va?, en la pregunta ¿cómo estás? porque somos nosotros los que arrastrábamos el cuerpo y nos sentíamos culpables por todo y por todos. 

Somos nosotros a los que el autobús nos escondió en su tripa, los que escuchábamos en nuestros cascos el lenguaje encriptado del mundo que lo explicaba y no hacía tanto frío. Los que teníamos amigos y grupos de amigos, pero éramos y somos solitarios, amputados de felicidad duradera, siempre sobre ella la niebla de la melancolía o del miedo.

Nosotros los apuñalados de culpa, los apaleados por el mercado laboral y la esperanza, los que no encajamos, los que tampoco huimos, los que llamamos a los amigos y los amigos eran esposos, los que llamamos a las amigas y las amigas eran esposas, los que llamamos a los amigos y los amigos eran padres, los que llamamos a los amigos y el pasado no responde, ha cambiado de teléfono. 

Somos nosotros los que soñamos un pedazo de estabilidad llamado oposición o trabajo fijo, los que apuntamos los ojos a un pedazo estable de mundo y ahí establecer nuestro pequeño comedero y nuestro pequeño cubículo.

Somos nosotros los que respirábamos ansiosos en las cuevas secretas de los libros, los que recogíamos su discurso abandonado, los que escribimos en el lenguaje que nadie entiende, los poetas sin público, los escritores de nadie, los débiles que queríamos salvar el mundo con nuestros subrayados en el papel. 

Somos nosotros los que estamos enfangados de pasado, de aquella gota de pasado feliz que no nos deja vivir,

los que probamos alquimias de arte y se nos olvida hacer la comida,

los que probamos equilibrios de arte y se nos olvida mirar al frente y nos golpeamos,

somos nosotros los que no tendremos hijos, los que apuraremos el vaso, los que construiremos la nada, los que estamos mezclados con el barro y la grasa.

Los que bañamos todas las brújulas en el sabor dulce del amor, los que creímos en su certeza ineludible, en su verdad, en su delicada manera de hacernos dichosos con un pan compartido, con una lengua compartida, con las cerezas del deseo. Fuimos nosotros los que pusimos toda nuestra paz en un dedo llamado amor y el dedo se quebró y el gimnasta al suelo. Nosotros los que recuperamos poco a poco el habla después del amor, los que, otra vez,

sobre aquel dedo atrofiado, toda nuestra paz y nuestro futuro y de nuevo llegó la fractura, pero nosotros no sabemos otro baile, otra posición en el mundo, otro camino más verdadero que aquel, a pesar del hundimiento. 

Somos nosotros los que cambiamos los pilares de la casa por tendones, por músculo para aguantar los golpes, para caminar o salir corriendo, para huir

y somos nosotros los que, en esta pandemia de desconsuelo y desesperación, de ansiedad y dudas, de tristeza y soledad, no nos sentimos solos porque siempre hemos estado solos, recolectores de frustración ya no nos frustramos,

fieles del volver a empezar no nos asustamos por la derrota general,

expertos en la frustración no nos frustra la caída de los sueños generales,

la caída del sistema que nos arrinconó,

del sistema que nos señaló con el dedo y nos hizo diminutos,

nosotros, los condenados a mascar y digerir desconsuelo nos consolamos con el volver a empezar,

nosotros, los amputados de esperanza tenemos esperanza por un mundo nuevo,

nosotros, los astillados y marcados de cicatrices no tememos las nuevas heridas,

nosotros, los que perdimos la fe en aquel mundo mantenemos la fe

para el mundo que viene.

¿Recordáis aquel tiempo de vendaval y besos, lenguas y nervios, adolescencia y sudor?

 

¿Recordáis aquel tiempo de vendaval y besos, lenguas y nervios, adolescencia y sudor?

¿Recordáis aquellos besos olímpicos y maravillosos que nos hacían entrar en otra época, en otra edad del cuerpo, otra edad del sentir?

Yo sí, aún los recuerdo. Y recuerdo la temperatura tropical que, húmeda, hizo quemadura en el baúl nebuloso de mi memoria.

Aquí hay una especie de mapa de aquellos besos. Es un mapa que publiqué en mi último libro y que forma parte de todo un hogar, todo un mundo acogedor (pero tramposo).

(Aquí dejo el puentecillo para que podáis comprarlo, que lo estáis deseando - https://jorgegarciatorrego.com/hogar/).

Sean ustedes, personas besantes y tropicales, bienvenidas a este oleaje:

Tu boca,

precipicio y ventana dulce,

ola recogida en el viento y todo caía.

Tu boca pequeña,

escribo tu boca y en mi boca un latido,

tu boca el territorio y mi boca los pies desnudos.

Tu boca suave,

tu boca suave donde besar es coser

donde besar es un columpio,

donde besar es submarinismo,

donde tu boca es un perfume y mi boca un lazo en tu corriente.

Reímos y nos besamos,

tan llenos,

rebosa mi boca con tu boca,

regadera,

animal marino,

geometría de alga y espuma,

tus labios donde siempre llegan olas,

tus labios de palmera,

tu labio 360 grados es mi cuerpo,

tu boca como un pararrayos,

refugio,

jardín y refugio tu boca,

lluvia horizontal,

tu lengua y mi lengua cautivas en el océano,

rodeadas,

tus ganas y mis ganas,

fricción de frutas,

objetos delicados y rotos que quedan suaves al caminar tus dientes,

recorrer tu boca a ciegas con los ojos de la lengua,

te beso, te beso, te beso y estás aquí,

tan pegada ya,

tan pegada siempre a mi recuerdo que pongo en este blanco

como una viva cicatriz de saliva,

un recorrido de zahorí.

¿Qué buscar en tu lengua,

qué buscar en tu boca,

qué buscar en la oscuridad de tus ojos cerrados por el calor

por el sol de tu boca?

Cierro los ojos para proteger las retinas,

no quedarme ciego

los ojos en la boca

así buscarte y besarte,

así empezar cada día,

así empezar el mundo.

En un tren, poema de Hogar, 2020

 

Adrian Tomine

En un tren,
todo comenzó con un viaje,
viaje repetido y tú,
bocanada de río en el coágulo del trabajo, en su textura de barrizal.

Viaje tu cuerpo y mi cuerpo,
diálogo de corrientes y peces.

Y así acaba el viaje,
estación seca y recuerdo del agua en la tierra como estrías,
arañazo,
dolor de verano rajando este invierno que ya se acaba.

Los libros

 

Presentación de Hogar, en el teatro de Miraflores de la Sierra (2020)

La felicidad que dan los libros, la belleza de seguir el camino propio y encontrarte con amigos y compañeros. Porque la poesía no necesita público sino cómplices, no paseantes de puentes sino constructores de puentes, no compradores de libros sino vividores de libros.

Porque la muerte, la ansiedad, la soledad y la tristeza nos miran de frente y son una torre alta y poderosa, en los libros hay un refugio, un eco y una fraternidad que dé la espalda, al menos durante un tiempo, lo que dura una página, un libro o una biblioteca, a aquello que nos aprieta y nos ahoga.

Citas de Convivir poesía, conbeber poesía

 

¿Qué es eso de la poesía oral y las #jamsession?No te preocupes, Luis Antonio de Villena, Antonio Díez y Juan Bonilla, entre otros, te lo cuentan:
🌝🎙️✍️(Hasta el 31 de diciembre en oferta en este enlace: 
 
https://jorgegarciatorregolibros.wordpress.com/convivir-poesia-conbeber-poesia-el-fenomeno-poetico-de-las-jam-sessions-y-la-poesia-oral-en-el-madrid-del-siglo-xxi-2018/

Que lo sepas

Por muy rodeados que estemos, algunos siempre estamos solos. Los raros, los diferentes, los que no encajamos. Y no es por vanidad sino por búsqueda, por necesidad. Porque la vida es muy corta para no decirlo, no hacerlo, no escribirlo. Y, pese a todo, compensa, alivia.

Y tú, que también escribes, que también te sientes diferente, que también sientes que aburres cuando hablas de tus poemas, que nadie entiende hasta dónde llegan tus metáforas y lo feliz que eres al escribirlas. A ti te digo que no estás solo, que tienes cerca a otros solos, como yo, y que si todos tienen bandera nosotros tenemos una hoja en blanco. Y si ellos hablan de fútbol y coches nosotros hablaremos de cómo acecha la muerte a Pizarnik o cómo es la telaraña de Juarroz. No dejes la poesía por ser normal, por encajar en los diálogos repetidos, por ser una pieza más de relaciones de mierda que nunca buscan escucharte, tan solo que les hagas sentir menos solos. Sigue jugando, leyendo, llegando más allá, por un camino que solo tú conoces porque está hecho de tus lecturas, de la unión de esos mundos.

Por si te sirve, a mí me interesa tu viaje, tu camino, las letras que has vivido y cómo, después de todo eso, has conseguido sacar esa flora y esa fauna que tenías dentro para hacer una historia, un libro, un poema que cambie tu vida y la de los lectores. Ya me dirás dónde te pillo el libro. 

 

Hogar, ese lugar

 ✍🏡

Decir hogar como quien dice amar y estar en el hogar, ser hogar, pertenecer.
Y
de
repente
no.

Por eso este libro, por el amparo y la poesía. Porque aún, pese al dolor, cosemos y hacemos trenza de lo posible y lo ideal. Aún tenemos el amor como antorcha al final del cuerpo.
Aún. Sobre los escombros. Redescubriendo el mundo, haciendo camino y hogar, de nuevo 🌎✍⛺🏡🧶.

Cocinas

 

Hace diez años vivía en la cocina de la foto, en Göteborg, Suecia. De aquel tiempo no queda prácticamente nada, salvo mi devoción por las cocinas. Ese calor único. No guardo con un recuerdo muy cariñoso el tiempo en Suecia, pero sí aquella ventana desde donde manejábamos el tiempo, las nubes y la luz.

Aquí os dejo un poema de Hogar, del libro que publiqué hace unos meses y que rinde homenaje a las cocinas, la parte más verdadera de los hogares:

«Acuérdate que te recuerdo. Si no te acuerdas no importa mucho. Siempre te veré caminando por los rieles», Jorge Teillier.

Se llamaba hogar y era un río,
una pléyade de puertas por abrir,
un sonajero de risa y desayunos.
Tenía la piel recién labrada por la luz
y en su cuello una coma de sudor pausaba la tierra.

Y en esa pausa vivía yo.

Se llamaba hogar y en su rama la cabaña.
Se llamaba hogar y en su oscuridad un catalejo.

Se llamaba hogar y sus manos eran leña,
su cuerpo entero un bosque.
Se llamaba hogar y era un río,
no se acababa nunca,
la calma era nuestro cimiento,
y por las bocas entrábamos y salíamos al mundo.

Poder

 

Un hombre no puede nada contra la lluvia
nada contra los coches
y se vuelve derrota escuálida contra la muerte.

Un hombre no puede nada
una tragedia pequeña le tira al suelo
una televisión tapa su ojo para siempre
y un hombre no puede
ni siquiera levantarse contra el viento
no tiene garra suficiente contra la jungla
ni remolino en la lengua para el amor, tan enorme.

Uno no puede nada,
pero dos lo podemos todo.

//

Así debe ser, así la fraternidad y la unión derribará la injusticia, entre todos. Una vez que ese paso se da, una vez que ese paso se celebra y se ve continuado por otros muchos pasos. Como ayer se dio en el perfil de @lalorenza_, donde estuvimos leyendo poemas para visibilizar y denunciar la situación que está sufriendo Colombia.

Ojalá que esta batalla por la dignidad y la justicia alcance hasta arriba, a todo el gobierno. Ojalá. 

¿San Valentín?

Hace unos meses terminé de escribir y organizar un libro. Un libro que se llama Hogar y que celebra aquello que sentimos, aquello que disfrutamos y que también sufrimos. Es un libro de poemas que celebra la construcción de un amor, con todos sus metales, todos sus abrigos.

Fui sincero. No escondí nada en este libro porque, como dijo Neorrabioso: «Aquí se juega a trueno o se juega a nada». Mi vida es mi poesía y no me escondo.

Hoy, varios meses después de aquella radiografía de los dedos besados, de las lágrimas tragadas y las casas caídas, ya apenas vendo libros. Ya no es novedad, ya ha caído del escaparate. Pero este hogar, esta historia, es una historia que permanece, mucho más que sus cimientos. Porque donde se derrumba la vida queda, si hay honestidad, poesía.

Porque la poesía no se destruye. Porque la poesía construye, en su diálogo, el futuro, los hogares que vendrán.

Y aquí un poema que os abre la puerta de este Hogar:

Hogar,
velocidad derrotada,
plato sin reloj ni cuenta
donde no sobrevuela un murciélago el silencio de los sillones.

Nunca nadie cambió tanto de paredes como nosotros,
lo espinoso de las camas manchadas por los monstruos de la noche,
llaves acumuladas en los cajones,
brújulas a medio hacer, derretidas como muñecos de nieve de la infancia,
refugios abandonados.

Buscamos en las calles dónde encajar nuestros cuerpos,
dónde amasar la oscuridad que construya la cueva,
que sea posible pintar con los dedos las paredes.

Se acumulan los libros,
hilos recogidos donde los hermanos pulsan su lengua,
cuerda de guitarra,
instrumento submarino común
y el mapa se hunde desgarrado por alambre de espino
nuestra carne marcada con sílabas de mordiscos cercanos
cuchillos de cocina.

La casa,
aquel animal mítico de muros como vértebras posibles,
animales de bosque,
juego de niños mayores, que encaje todo bien,
cada piedra importa, nada se escurre sobre el musgo.

Así las patrias, los mapas a la medida de los pulgares,
los sudores y el musgo, las arrugas del aquí,
lo compartido,
las marcas de nuestros ojos en la madera posible del tiempo.

 

Libros en 2020

 No sé si ha sido por estar encerrado parte del año, para salir mentalmente del estudio de las oposiciones o porque tenía mucha vida interior por compartir, en este 2020 ha habido buena cosecha de libros 🥦🥦📚📚

🚩La primera publicación que apareció fue la segunda edición de mi primer libro, Ojo y ventana. Este libro, que fue publicado originalmente por Canalla ediciones, tiene mucho bar, mucha inocencia y mucho respeto por la literatura. Cuando apareció este libro yo era un chaval de 28 años que iba mucho a bares de poesía (sobre todo el diablos azules), acaba de volver de estudiar en Suecia durante un año y estudiaba un máster de literatura y teatro. Estaba tierno, tierno, veía la vida como algo agradable y sereno y no conocía el miedo a la soledad.

La edición se acabó hace meses, es bilingüe español-inglés y tiene formato digital y en papel. Y para que todo estuviera en orden conté con la revisión de Rocío Moreno en la versión en español y Silvia Cuevas Morales para la versión en inglés.

Si queréis leer más, pinchad aquí.

Segunda edición de El Despertador de Sísifo, con Lastura ediciones


Hace dos años y medio yo no sabía nada de las oposiciones en las que ahora ando metido. No me planteaba meterme (ni loco) al estudio de 50 temas, 7 de ellos de legislación. Trabajaba y ahorraba, tenía trabajos más o menos esporádicos, trabajaba de corrector y de administrativo en donde pudiera/donde me quisieran.

En esa época mi lema era «Trabajar para sobrevivir/la poesía para vivir» y me conformaba con desperdiciar 40 horas a la semana con tal de que, después de salir de trabajar, pudiera ser libre. Tapaba parte del río para mantenerme a flote, no hundirme en la incertidumbre de no tener trabajo y, a la vez, seguía habiendo corriente que me mantenía vivo.

En esa aparente estabilidad escribí este libro, El despertador de Sísifo. En el hollín del transporte público, en las marcas de sudor en las paredes de la oficina, en un presente hecho de niebla y libros de poesía en los rincones.

Hoy, mucho tiempo después, mi vida ha dado un vuelco. El río corre suelto porque trabajo cada día por conquistar un horizonte llamado Bibliotecas que me hace feliz. Trabajo en la UAM, ya no existe el óxido y el sacrificio de las 8 horas y Lastura publica la segunda edición de este libro sobre trabajo y poesía que, sin embargo, habla de amor, como todo lo que escribo.

Os dejo parte del prólogo de mi querido Alberto García Teresa:

Jorge García Torrego elude la impostura porque habla desde dentro del conflicto, desde la anulación por el trabajo y también desde la angustia y la incertidumbre del desempleo. No es cuestión de autenticidad sino de que no existe otra posibilidad de enunciación, por más que intenten desplazarnos como imanes cánones de tradición o discursos del mercado, cuando nos siguen determinando el estómago y las manos desnudas. De ahí la honestidad y la valentía de esta propuesta. Porque no juega a los espejismos. Porque no se desliza por el autoengaño. Porque no renuncia, con su propia voz, a mirar la vida y ver cómo nos la roban.


 

7:00

 

La procesión de los que esperamos el bus,
adorar la luz del móvil como si fuera una vela.


La intermitencia de la fe,
la certidumbre de patas cortas que es el WhatsApp,
su atronadora piscina de ruido.


Mirarse dentro los recuerdos para saberse uno y no otro,
cualquiera
de los que te acompañan en la fila.


Y pese a la búsqueda, no poder despejar la incógnita:
no saber si las personas del verbo nacen del yo
del nosotros
o del ellos.

(Disponible en https://lasturaediciones.com/product/el-despertador-de-sisifo-2a-edicion-ampliada/)

Segunda edición de El despertador de Sísifo, en Lastura

Hace dos años y medio yo no sabía nada de las oposiciones en las que ahora ando metido. No me planteaba meterme (ni loco) al estudio de 50 temas, 7 de ellos de legislación. Trabajaba y ahorraba, tenía trabajos más o menos esporádicos, trabajaba de corrector y de administrativo en donde pudiera/donde me quisieran.

En esa época mi lema era «Trabajar para sobrevivir/la poesía para vivir» y me conformaba con desperdiciar 40 horas a la semana con tal de que, después de salir de trabajar, pudiera ser libre. Tapaba parte del río para mantenerme a flote, no hundirme en la incertidumbre de no tener trabajo y, a la vez, seguía habiendo corriente que me mantenía vivo.

En esa aparente estabilidad escribí este libro, El despertador de Sísifo. En el hollín del transporte público, en las marcas de sudor en las paredes de la oficina, en un presente hecho de niebla y libros de poesía en los rincones.

Hoy, mucho tiempo después, mi vida ha dado un vuelco. El río corre suelto porque trabajo cada día por conquistar un horizonte llamado Bibliotecas que me hace feliz. Trabajo en la UAM, ya no existe el óxido y el sacrificio de las 8 horas y Lastura publica la segunda edición de este libro sobre trabajo y poesía que, sin embargo, habla de amor, como todo lo que escribo.

Os dejo parte del prólogo de mi querido Alberto García Teresa:

Jorge García Torrego elude la impostura porque habla desde dentro del conflicto, desde la anulación por el trabajo y también desde la angustia y la incertidumbre del desempleo. No es cuestión de autenticidad sino de que no existe otra posibilidad de enunciación, por más que intenten desplazarnos como imanes cánones de tradición o discursos del mercado, cuando nos siguen determinando el estómago y las manos desnudas. De ahí la honestidad y la valentía de esta propuesta. Porque no juega a los espejismos. Porque no se desliza por el autoengaño. Porque no renuncia, con su propia voz, a mirar la vida y ver cómo nos la roban.


Podéis encontrarlo pinchando aquí 

Ya se ha vendido la mitad de los libros de Hogar ;)

Recuerdo que, cuando estaba terminando de ordenar poemas, maquetando por aquí y por allá, revisando las correcciones de Rocío Moreno o añadiendo el prólogo de Juan Bonilla, aún no estaba del todo seguro: «¿Será una locura autopublicar?, ¿y si me pego una hostia como un camión y me tengo que comer los libros?».

Afortunadamente, me lancé y ahora, tres meses después de que apareciera Hogar 🏠, ya os habéis llevado a vuestros hogares la mitad de los ejemplares. LA MITAD. La verdad es que no sé muy bien qué decir o cómo agradecéroslo. Es la primera vez que un libro mío se vende tan rápido y no estoy acostumbrado. 


Sigo recibiendo vuestros pedidos a través de mi web (https://jorgegarciatorrego.com/) y solo quiero deciros GRACIAS, por estar ahí, por la lectura, la comprensión y la compañía.

Y como digo en mis dedicatorias, «esta es tu casa, pasa y ponte cómodo».

El fotón es de mi amiga Sonia Cuesta).




Recomiendo... Pessoa




Se dice que Fernando Pessoa tenía varios heterónimos (Ricardo Reis, Bernardo Soares, Álvaro de Campos y Alberto Caeiro son algunos de ellos, pero son muchos más) en los que se refugiaba para decir desde otro punto de vista, desde otra biografía, otros sentimientos.


Por eso, cuando hablamos de Pessoa no hablamos de él solo sino de él y de sus Pessoas, él y sus fingimientos, sus viajes corpóreos y emocionales.

En este breve librito publicado hace más de veinte años por Mondadori y que encuentras en muchas librerías de segunda mano/de viejo aparece una pequeña selección de poemas del propio Pessoa, Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos.

De Fernando Pessoa - Ortónimo, os traigo este #poema:

Tengo pena y no respondo.

Mas no me siento culpado
porque en mí no correspondo
al otro que en mi has soñado.

Cada uno es mucha gente.
Para mí soy quien me pienso,
para otros - cada cual siente
lo que cree, y es yerro inmenso.

Ah, dejadme sosegar.

No otro yo me sueñen otros.

Si no me quiero encontrar,
¿Querré que me halléis vosotros?


30 de julio


Quizá la certeza de poder hacer bosques, hacer salones o senderos a través de las palabras nos ha endiosado. Nos ha hecho creer que nosotros tenemos el líquido único y escaso de la razón, el rocío que escapa del dolor y de la risa en el último segundo. Que somos nosotros, y nadie más que nosotros, los que pisamos el charco de la esencia de lo humano antes de que se seque, antes de que llegue lo banal y efímero.

Sin embargo, yo creo en una poesía que llegue caliente, recién hecha, a las manos y a los ojos del lector. Una poesía que no solo embellezca sino que también alimente, que sirva para ser leída y para apuntar la lista de la compra. Una poesía, en definitiva, de aquí mismo, de las líneas de la mano y de las líneas del horizonte, pero también de la línea que hace la comba donde saltan los niños.

Sean bienvenidos, sean bienvenidas a mis palabras.



«El despertador de Sísifo», nuevo libro

El despertador de Sísifo Jorge García Torrego



Sí, ya lo sé, hace mucho tiempo que no vengo por aquí. Siento el abandono, pero es que suelo habitar otros lugares como mi otra web o mis redes sociales. 


Hoy vengo a contaros que voy a publicar un nuevo libro de poemas, «El despertador de Sísifo». Es una recopilación de poemas sobre lo laboral, el tedio, la rutina y ha sido publicado por la editorial Lastura. 

Espero que os guste. 


Vídeo de presentación:




13:00 H.

No te salgas de la luz,
fuera de ella languidecen los parados como vacas pisoteadas de hambruna.

En la bisectriz de los anuncios de colonia,
al alcance de la niebla sucia de los fluorescentes,
disponible para habitar su óxido brillante.

Tú,
expuesto a la tinta de los anuncios,
hecha con el veneno de los peces globo
donde cada mañana tiene un precio
cada grano de luz
y todas las moscas se posan en tu párpado derrotado,
volcado como carretilla de moratones,
montaña violeta donde no germinan las raíces.

MirafloresPoética 2016, nuevo festival de poesía en Miraflores de la Sierra

En las últimas semanas he estado preparando, junto a Balbina Jiménez y el Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra, el Festival MirafloresPoética 2016. Este festival tendrá poesía, teatro, Poetry Slam, libros de poesía, y muchas cosas más... 

Podéis cotillear en su página web:

https://miraflorespoetica.wordpress.com/

o en sus redes sociales. 

¡BIENVENIDOS!