Islas divergentes

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Los rotos


Transformar el imaginario boliviano, por Catalina Bartolomé


Ellos no supieron nacer en el centro de la sábana, crecieron fuera, aún más allá, con los pies saliendo por las ventanas cayendo, rotos, en las mansiones de basura. Son los rotos porque siempre tienen descomposición en las manos y se les ve fuera de juego, como a los juguetes negros.

Tierra seca lloran cuando no pueden alcanzar un trozo de manzana y se dejan las uñas largas para no echar de menos los espejos. Los rotos tienen un pájaro gris que les cruza el pecho como una pelusa y no conocen el paro porque siempre tienen lombrices en los pies con ganas de bailar.

Ellos están rotos porque los atropellamos con nuestros toros relucientes, los cortamos con nuestras tarjetas de cianuro azul y les damos los animales muertos que dejamos en las carreteras.

Nunca saben de qué color es la ducha en los grifos de oro y luchan para conseguir las patatas que nuestros niños usan como balones. Los rotos tienen ojos como faros de llamas, como gritos de viento y no dejan que nadie les compre el hambre al precio de mercado. 

¿Cuándo?




¿Hasta cuándo dar de comer a las fieras?
¿Hasta qué tormenta el pulmón como una vela
las ganas como una bala
y el futuro como nada, nada, nada?
¿Cuándo podré sentar la cabeza
entre tus pechos domésticos?
¿Cuándo acabará este hambre de sombra?
¿Cuándo seré aquel que teme la gasolina
el que ama los cojines como si fueran recuerdos
y sueña
con la curva suave de los martes de puente?
¿Cuándo romper los cuchillos y tirar los trozos?
¿Cuándo escupir mi agua ocánica?

Podré relajar el cuello, secar la lengua y cerrar el ojo

solamente
cuando tú seas refugio
y fuego. 

Exorcismo fallido


Catalina Bartolomé

Ya no eres aquel animal tranquilo que me besaba desde lejos
con los labios fríos y los ojos calientes.

Eres un recuerdo y no te puedas frotar conmigo
no me quemas cuando te acercas
(porque ya nunca te acercas)
y echo de menos las quemaduras en el centro mismo
de la herida.

A veces la carne recuerda y me lleno de caricias extrañas
pero que huelen a ti.
Siempre vuelves
vengadora
y mi carne se hace nudos, se choca y te ladra con la noche en la boca
pensando en tus dedos ágiles
dulces
y llenos de espinas.

Mis recuerdos son tuyos y no puedo matarlos:

mis manos solo llegan hasta el borde exacto de mi carne.

Poema 12, espantapájaros, Oliverio Girondo







Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.

Oliverio Girondo



http://www.youtube.com/watch?v=WmOLqDETnRw


Tillverkas i Sverige(Hecho en Suecia)



Catalina Bartolomé


Nuestros sentimientos no son nuestros,
son de un señor sueco
que fabrica colchones.

Las novias de tu adolescencia tienen mesas camillas
en las rodillas
y tus padres tiradores beige
en los ombligos.

Todos fuimos hechos en Suecia por rubias de manos enlatadas
y hombres sedientos y gordos.

Nos falta aire para ser otra cosa.
Demasiado hueso,
demasiado precio,
y cuando se nos sale la sangre a borbotones por lo ojos
tenemos una tara.

Cuando miramos a lo lejos
como los animales que buscan fornicar por placer
o necesidad
tenemos una tara.

Cuando somos otro
y no aceptamos nuestros cuerpos exactos de cómodas
de estanterías
de pequeños lápices de fábrica
tenemos taras.

Somos taras cuando nos acariciamos los bordes
cuando nos lamemos las cerraduras
cuando queremos salir del envoltorio queriendo ser
lo que no somos.

La que era ella

Catalina Bartolomé, agua


Lo que era fresco
se ha convertido en escombros.

Tu cara,
geografía perfecta para el beso,
ahora es ceniza
destino escondido
el estéril camino
hacia ningún lado.

Ya no nos quedan oportunidades
se quemaron todas juntas
(aunque yo, idiota, no lo supiera)
aquel día en que tu hueco venció la batalla
a tu presencia.

Se me amontonan las hojas
resecas
inútiles
aún me quedan primaveras
pero no contigo,
y ella
aquella que se aproxima
ya ha empezado a desaparecer.




Todos somos minorías


Hoy me he levantado negro,
oscuro
opuesto al Papa
y las sábanas fueron heridas
de suciedad.

Soy homosexual y tengo el culo rojo
de tanto amar,
de tanto creer en Dios.

Cada vez que toco una cama soy puta
reputa,
sucia puta de los cojones
y ellos me penetrarán rabiosos
con los calcetines puestos.

Cada vez que voy a la playa quiero ser turista
llenarme de sol y arena
pero me convierto en chabola de carne
sucio inmigrante
enfermedad
que se comerá a tus hijos y tu sueldo.

Si no fuera por mí mismo
por las esquinas y los palos
sería persona.

Si no fuera minoría,
si fuera un tío normal,
un tipo normal que se llena de babas e insulta
que se caga en los raros
y sueña con pegar a la mujer de su vida
si fuera así,
sería un tío de puta madre.