Islas divergentes

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Distinto




Llevo desde que tengo memoria llevando la contraria, siendo minoría, diferente, inconformista, aprendiz, nunca sabio ni terminado en mi opinión o pensamiento.

Con los demás a veces discuto y otras no, a veces intento convencer, a veces me dejo convencer, pero he aprendido a no discutir con quien no quiere ser convencido. No creo en la violencia, tengo fe en el apoyo mutuo y en la fraternidad y así seguirá siendo, por muchas votaciones que haya. Te recomiendo que te hagas fuerte en tu soledad, en tu pensamiento, en tu diferencia y no te cierres a cambiar de opinión, que la opinión general no te arrase y te deprima. Construye tu diferencia y que sea fértil.

Y, si vienen a por ti los iguales, aquí me tendrás, yo también soy distinto.

Teaser de Hogar, próximo libro

En unos años, cuando este libro por nacer, Hogar, quede en el pasado y su recuerdo sea una vértebra que diga mi nombre, yo diré: Escribí la verdad a pesar del tartamudeo del dolor. Escribí la verdad a pesar de la quemadura del amor. Rodeé la verdad, me escribí en un libro.

 


19 de mayo




En esto de la poesía, como en todos los fregaos donde me meto, creo más en el aprendizaje que en la volatilidad extraña de la suerte, del destino, de la predisposición.

Por eso, me extraña que haya poetas de renombre que nunca hayan comentado a otros poetas, que no hayan dicho: «joder, leed a este o a esta poeta, mirad lo que hace, aprended como yo he aprendido», y entiendo que este mutismo puede suceder por dos razones:

O bien no lees y por eso no te sientes interpelado por otros, por esa empatía con el dolor, con la alegría, con el amor del otro. O bien, sí que los lees, sí que sientes esa empatía, pero interpretas que nombrarlos en redes, difundir su(s) hallazgo(s) puede menoscabar tu posición en la fila del reconocimiento público.

A mí no me importa compartir este poema o a esta poeta contemporánea o no. Debo este oficio a aquellos que me dijeron «¿Conoces a Roque Dalton?, ¿a Angélica Liddel?», y por eso no puedo apropiarme de esos tesoros. Necesitamos que más personas sean sorprendidas por la poesía. Da igual si es mía o es de otros. Compartamos lo que nos hace humanos, combatamos el ruido con fraternidad y empatía con la emoción del otro.

Estamos en al guerra de la atención. En la guerra del selfie y del yoísmo extreme. Pero algunos preferimos e intentemos que se lea, que se preste atención, a aquellos a los que admiramos. Convertir los espejos en ventanas, vamos, incluso con nuestros propios textos. Y en este sentido, al menos para mí, el tema de las citas no es anecdótico o una cuestión de verme respaldado. Para mí, cuando pongo una cita de alguien a quien admiro en un libro mío, lo que busco es que se creen alianzas, que el lector lea mi poema pero que tire de la hebra de ese verso que cito, que pueda disfrutar tanto como yo lo hice (¡o más incluso!).

Ya


 City Lights

ya terminó aquel juego serio de mirarnos y mirarnos y tocarnos y tocarnos hasta notar cómo se enterraba la muerte,
cómo nosotros íbamos bajándole las luces,
cómo se cerraba el plano,
cómo tu silueta era mi mapa,
mi territorio
y cómo mi cuerpo era tu barcaza que lamías a pesar del oleaje.

Ya terminó,
digo,
aquel tiempo de música a cuatro manos,
de diálogo fuera de todo en la dimensión sagrada de la sábana
y volví, volvimos, a este mundo de astillas donde la muerte se desentierra sola,
donde la muerte me mira y yo te busco.

La muerte me espera y yo ya no tengo manos para olvidarla.
La muerte me mira y no tengo manos para encontrarte.

Con versando con Paloma Corrales y Fernando Sabido

Y hoy, día de resaca, día, aún, de manifestaciones y luchas, os traigo otra entrevista de la poeta-periodistapoética Paloma Corrales. Hoy se trata de Fernando Sabido, un poeta y pintor que tiene las cosas muy claras. Que lo disfrutéis:





SE HABLA


Se habla frecuentemente de la rebeldía
de los españoles / pero yo no la he sentido
en estos últimos tiempos /


Se habla del grado de dolor que los españoles
somos capaces de aguantar sin protestar /
y prometo porque lo compruebo cada día /
que debe ser cercano al infinito /


Se habla de españoles anónimos capaces
de soportar con estoicismo su dolor /
y compartir además el de sus semejantes /


Pero no se habla de los españoles que dicen
basta ya / que se rebelan y denuncian /
sin importarles la represión que le es propia
más la ajena / suministrada en dosis única


Los otros asisten impasibles a la tragedia /
desde un quimérico patio de butacas

Reseña de Suponiendo la cicatriz como la posibilidad de la herida



Rebeca Álvarez Casal del Rey

Suponiendo la cicatriz como la posibilidad de la herida

Ediciones Amargord

10 €


"Este libro es la hostia" pensé cuando acabé de leerlo. Después, me dije, joder, soy un poco sádico. Y es que en este libro hay oscuridad, sangre, y miedo. Pero también terrenos en semioscuridad, que ocultan secretos y que dejan pasar, tamizada, la luz, la esperanza. El otro lado, lo que queda más allá y que de vez en cuando viene más acá, es lo que perturba y fascina estas páginas escritas por Rebeca Álvarez Casal del Rey. Otro lado producto de nuestra imaginación (a veces), que empieza, en el fondo de la oscuridad y termina llegando a nuestros ojos, a nuestras manos. Suponiendo la cicatriz... tiene cuervos y oscuridades de Poe, transformaciones Kafkianas, jardines y paisajes inquietantes, incluso siniestros, que recuerdan a Baudelaire paseando en un complejo residencial estadounidense de los años 50. Casi nada.

Como dice Julieta Valero en el prólogo, los intereses y capacidades de quien mira por detrás de estas páginas cogen impulso en el duro suelo, y es por eso que estas oscuridades, estos terrenos misteriosos, fangosos, son cercanos. Quizá demasiado.

El libro está dividido en dos partes. La primera, llamada La noche de perfil, escrita a partir de los apuntes de una novela a medio escribir, comienza con Cuervo, el poema que quizá descifre mejor lo que nos quiere contar Rebeca. Hay un resto de noche junto al día que empieza/(...)Hay un resto de noche de perfil/despeinando muñecas/cerca del mediodía. La inquietud que despeina a las virginales muñecas recorre el jardín y crea mundos aparte, misteriosos y siniestros. El tema de la inacabada novela será, según la propia poeta:el peso de lo que no se habla, lo que queda oculto; lo inquietante que está, y no, presente en la vida cotidiana.

En el poemaSuponiendo la ausencia, aparecen los encargados de coser el hueco que dejan los cuerpos amados (bocas diminutas muerden gangrenando el adiós.), el frío que se construye queda tras el paso de la mirada, de la presencia: Suponiendo la cicatriz como la posibilidad de la herida./Y suponiendo que la ausencia coagule rodeada de insectos.

Esta parte acaba con un poema dedicado a la tragedia de Amstetten, la historia del padre que durante 24 años encerró a su hija y la violó reiteradamente y tuvo siete niños de su captor. El poema, titulado La hija del monstruo, es oscuro, extremadamente crudo y áspero, como no podía ser de otra manera: fui, enmudecida de cemento, oruga pariendo bajo el césped.

Tras este poema empieza la segunda parte titulada Antes del aire, y aquí Álvarez Casal habla de nacimientos, de erupciones extrañas en mundos crueles y fríos. Habla de nacimientos entre lo desconocido. Y lo recién nacido, aún con trozos de nada encima, acaba huyendo de si mismo: huyes del cordón umbilical que te rodea el cuello.

Rebeca Álvarez Casal del Rey nos habla de gusanos, de crisálidas, de mujeres fatales a punto de nacer: en el rincón de la crisálida, /como un tumor aguarda/(toda odio, dientes/hambre, venganza y garfios): la bestia.

Las letras de Rebeca pesan, están llenas de misterio, de zonas en penumbra, de rincones y secretos. Los versos se muestran esquivos pero tremendamente atractivos, quizá, en algunos momentos, incluso sensuales. Una extraña belleza que apunta lejos, a un lugar más allá.

Y es que pese a llenarnos las manos de babas, de placentas y de oscuridad, se puede encontrar en estas páginas una cierta tendencia a la esperanza, como si este libro fuera una tumba, un agujero enorme donde podamos meter toda la casquería que nos oprime, que nos asusta, para que fuera, a ras de suelo, nazca algo, o flores u orugas da igual, pero que nazca y viva.