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Reseña de Fuenteovejuna en Infolibre - 'Fuenteovejuna': un clásico también puede ser punk

 

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No cabía nadie más ni en la platea ni en los palcos del Teatro de la Comedia de Madrid. A reventar. Parece que se ha corrido la voz y se notaban las ganas desde minutos antes de que empezara la función. Esta versión de Fuenteovejuna de María Folguera, dirigida por Rakel Camacho y producida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, llegaba a la capital después de un gran éxito en el Festival de Almagro y esa fama no era gratuita. En el certamen clásico saben lo que se hacen y por supuesto que las buenas críticas no fueron regaladas.

En esta propuesta podemos ver escenarios rotos y líricos en los que la armonía de un pueblo hecho de ritual, costumbre y candidez se ven alterados por la llegada del poder, representado en la persona del Comendador (Chani Martín) que, rodeado de sus acólitos fascistas, convierte lo bucólico en un infierno. Bueno, ya conoces la obra, qué te voy a contar yo.

Y yo también la conocía, pero lo que consiguen transmitir Rakel María a través de unos talentosos actores que cantan, bailan, pelean y se destruyen va más allá. Afortunadamente, pierden el respeto al supuesto boato y decoro que debería tener un clásico y lo traen a 2025, y colocan un chándal Adidas a algún villano por ahí, botellas de J&B por allá, y pistolas y fusiles en las manos más inoportunas. Pero estos elementos no desentonan, son verosímiles y acercan el texto clásico a todo el mundo.

Ya sé que definir como punk a una obra clásica del siglo XVII, en verso, del Fénix de los ingenios y en la que los Reyes Católicos son los mandamases del país puede parecer exagerado, pero la atmósfera que Camacho consigue crear, eléctrica, potente y valiente, tiene similitudes con esa actitud poderosa, auténtica y necesaria que consiguen transmitir los conciertos de grupos como Black flag o The Clash. Una descarga, un chute de energía que no puedes dejar de mirar.

No es casualidad que este poder subversivo y arraigado a la tierra que tiene Fuenteovejuna cautivara hace ya más de cien años a los revolucionarios rusos. Esta obra, que en época de Lope no fue ni mucho menos de sus obras más admiradas, cautivó a los comunistas que estaban en plena lucha por la libertad y la sacaron del ostracismo en el que se encontraba para que fuera ejemplo para un presente que también buscaba justicia contra la tiranía.

Lorca también se sintió atraído por ella, y por eso la representaba con la compañía La Barraca por unos pueblos de España tan hambrientos de pan, tan necesitados de cultura, que reconocían en aquella Fuenteovejuna de quinientos años atrás las Fuenteovejunas de su presente.

La Fuenteovejuna de Camacho Folguera es cruda, violenta, muestra cómo astillan la realidad dos fuerzas tan poderosas como son el amor y la tiranía, y lo hacen con un equipo técnico preciso y a la vez contundente y con un reparto que nos muestra una realidad de violencia y libertad de una manera excesiva, brutal, pero a la vez muy natural, muy lógica.

Siento que cuanto más escribo más te estoy fastidiando la obra. Creo que lo oportuno sería decirte simplemente que emociona, que los humanos, por suerte, aún conservamos la inextinguible capacidad de sentirnos interpelados por lo que le sucede al otro.

Por mucho que nos quieran hacer creer que la justicia es imposible, que la tiranía es inevitable, que el dolor de las Laurencias del mundo queda muy lejos (brutal interpretación de Cristina Marín-Miró, pero brutal, brutal), a una pantalla de distancia, y que no se puede hacer nada. Sin embargo, este Fuenteovejuna nos vuelve a demuestra que, todos a una, no existen los imposibles.

Comentario de "La mirada del otro", obra de teatro en La Cuarta Pared


El próximo día 7 de mayo, y hasta el día 16 del mismo mes, vuelve a la sala Cuarta Pared de Madrid, la obra La mirada del otro, de la compañía Proyecto 43-2. Dirigida por Chani Martín, y con los actores Ruth Cabeza, Pablo Rodríguez y María San Miguel, La mirada del otro nos cuenta el proceso de sinceridad y valentía que supuso el encuentro en 2011 entre ex miembros de ETA y víctimas directas o indirectas de los ataques terroristas, con la preparación previa de mediadores.



Y con esa materia real, fresca e intensa, se ha creado La mirada del otro. El espectador entra dentro de la escena quiera o no quiera. La exposición de posturas es tan franca y tan sincera que nos encontramos del lado del asesino sin darnos cuenta. Y de la víctima, claro. Los regates del diálogo, trabajadísimo y muy buen interpretado y dirigido, no nos dejan acomodarnos en un punto de vista, sentarnos a mirar la obra desde un único punto de vista. 

Aitor era un chaval cuando le pusieron una pistola en la mano y le dijeron a quién matar. Pum, esta es mi tierra, mi refugio. Y veinte años después, después del silencio, después de la educación y la reflexión en la cárcel, llega la culpa y decide pedir perdón. 
Las cosas no se arreglan a tiros, decía el Aita, padre de Estíbaliz y víctima de ETA, de Aitor. Presencia durante toda la obra, articulador y plaza donde se juntan los enemigos. Estíbaliz, con el odio gastado después de tanto tiempo, quiere saber, quiere respuestas, quiere saber cómo alguien puede matar a otra persona sin apenas conocerla. Y se atreve a acercarse al asesino de su padre, al monstruo, y escucharle. 



Hay un proceso de acumulación en La mirada del otro. Según avanza la obra, la empatía con ambos actores crece a un ritmo similar. Somos víctimas y verdugos a partes iguales. Y esto es muy jodido de conseguir. El mérito de este equipo, tan amante del teatro en su nervio más potente e interno, es conseguir despejar a las personas de su plomo ideológico para que podamos verles la cara, la lágrima, la mirada. Se trata de un acto de sinceridad con una tragedia humana y cercana, mucho menos política que humana. La mirada del otro es un acto de reconciliación, de pacificación, muy necesario que podrá disfrutarse, como dije antes, del día 7 al 16 de Mayo en Madrid, en la sala Cuarta Pared.  





Este montaje es la segunda parte de una trilogía sobre Euskadi, de la compañía Proyecto 43-2.
Este grupo trabaja con la memoria colectiva y la convivencia con el otro, pretendiendo establecer una nueva forma de entender la realidad social utilizando como medio el teatro y el diálogo conjunto con el público.