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1 ¿Qué es una jam session de poesía? Las piezas del puzle de la poesía escénica - 1.1. Poesía oral, breve recorrido histórico

Para poder entender el concepto jam session debemos ir al origen, al concepto mismo de poesía oral. Antes de nada, debemos delimitar las diferencias que podemos encontrar entre esta poesía oral y la poesía escrita —y, por extensión, de su expresión oral y la escrita— y qué características tiene cada una de ellas y su evolución hasta el día de hoy.

Hay que tener en cuenta que el lenguaje es, en primer lugar, oral y después escrito. Aparte de nuestra propia experiencia personal (nosotros mismos como habladores/escuchadores, nosotros mismos como escribidores/lectores, en ambos casos codificadores/descifradores), solo cabe tener en cuenta el hecho de que, si el Homo sapiens tiene 40 000 años, la escritura tiene apenas 6 000. Por lo tanto, cuando hablamos de escritura, estamos hablando de una oralidad evolucionada, un paso más allá: «la lengua hablada y la signada son la manifestación básica o primaria del lenguaje, mientras que la lengua escrita (…) es secundaria[1]».

Además, en las sociedades anteriores a la escritura, el uso del verso recitado «suponía una manera colectiva de asumir el mundo: los textos recitados en voz alta no dejaban traslucir la separación entre palabras y todo era un continuum, incluida la identificación entre voz y cuerpo, del que el público participaba también como una única entidad[2]».

Pero la expresión oral tenía una tremenda limitación: no se mantenía en el tiempo. Al menos no de una manera física, objetiva y perdurable. El lenguaje oral permanecía en el imaginario colectivo gracias al intercambio de información entre los individuos de la comunidad, pero modificándose, cargándose de (y perdiendo) diferentes sentidos y significados.

Por ello se buscó fijar el lenguaje, hacerlo perdurable, homogenizarlo e inevitablemente limitarlo (en la escritura se pierden muchas características que enriquecen un mensaje, dado su carácter unificador y utilitario). La aparición de códigos de escritura sistemáticos «representó un inmenso paso adelante en la historia de la humanidad, más profundo a su modo que el descubrimiento del fuego o de la rueda: porque si bien estos últimos facilitaron al hombre el dominio de su medio ambiente, la escritura ha sido la base del desarrollo de su conciencia y de su intelecto, de su comprensión de sí mismo y del mundo que lo rodea[3]».

Pero este avance, pese a la importancia que le otorga Diringer, no contó con unanimidad desde sus inicios. De sobra es conocida la opinión de Sócrates (en boca de Platón) sobre este tema en los Diálogos de Fedro[4]:

Ella no producirá sino el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; fiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque citando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida.

En el caso de la poesía, pese a que existiera el lenguaje escrito, la modalidad más extendida fue la oral hasta hace apenas dos siglos, ya que «este gran cambio de la poesía oral a la escrita producido en el siglo XIX es debido, en parte, a que con el romanticismo se intensifica el valor de la intimidad (…) y del lirismo íntimo[5]», privilegiando la visión personal del autor frente a la obra colectiva. La poesía oral era entendida como intercambio, acto colectivo, no tanto como expresión propia y limitada del autor.

Este hecho es muy interesante, pues tiene ramificaciones en otros ámbitos que alcanzan, incluso, al cómo se distribuye el "producto cultural" y que veremos más adelante en este trabajo, ya que la publicación o manifestación del poema configura inevitablemente su difusión y la recepción por parte de la audiencia/los lectores.

Es muy interesante también que entendamos la poesía oral como "poesía primaria", inicial, porque por la deformación de lo conocido parece que lo normal, lo primario, es la poesía escrita y publicada. Y en cuanto al tipo de manifestación que supone la poesía oral que trataremos en este trabajo, estaríamos hablando del segundo tipo de oralidad según la clasificación que Paul Zumthor hizo en su libro Introducción a la poesía oral[6]:

existen tres tipos de oralidad teniendo en cuenta el papel que juegan las influencias culturales: la oralidad pura, sin ningún tipo de contacto con la escritura, propia de las sociedades arcaicas, primitivas, desaparecidas hace tiempo; la oralidad mixta o secundaria, en la cual hay contacto con la escritura y con los medios de comunicación, de manera que este hecho la condiciona y matiza; y la oralidad mediatizada, donde la voz, el lenguaje, pasa a ser un vehículo exterior técnicamente moldeado por los medios. La voz, en todas las manifestaciones de la oralidad, se convierte en una característica esencial: la voz como vehículo expresivo, como objeto comunicador; el tono de la voz, la fuerza, las melodías, las imitaciones. Y esta voz va acompañada de los gestos, las miradas, los movimientos, de suma importancia cuando hablamos de oralidad.


[1] Martínez Cantón, Clara Isabel. El auge de la nueva poesía oral. El caso del poetry slam. Castilla. Estudios de Literatura 3, 2012, p. 387.

[2] Carbajosa, Natalia. Oralidad, jazz y poesía, Jot Down, 21-09-2016. Enlace disponible en: http://www.jotdown.es/2016/09/oralidad-jazz-poesia-ruth-weiss/

[3] Diringer, David. Writing (Ancient Peoples and Places), Thames & Hudson, 1962, p. 19.

[4] Platón. Obras completas Tomo 2, Madrid, edición de Patricio de Azcárate, 1871, p. 340-341. Online en: http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf02257.pdf

[5] Martínez Cantón, Clara Isabel. 2012.

[6] Zumthor, Paul. Introducción a la poesía oral, Madrid, Taurus Humanidades, 1991.

 

Citas de Convivir poesía, conbeber poesía

 

¿Qué es eso de la poesía oral y las #jamsession?No te preocupes, Luis Antonio de Villena, Antonio Díez y Juan Bonilla, entre otros, te lo cuentan:
🌝🎙️✍️(Hasta el 31 de diciembre en oferta en este enlace: 
 
https://jorgegarciatorregolibros.wordpress.com/convivir-poesia-conbeber-poesia-el-fenomeno-poetico-de-las-jam-sessions-y-la-poesia-oral-en-el-madrid-del-siglo-xxi-2018/

«Convivir poesía/conbeber poesía» en la Universidad de Berkeley

La universidad de Berkeley, en California, ha comprado para su biblioteca mi ensayo «Convivir poesía, conbeber poesía : el fenómeno poético de las jams sessions y la poesía oral en el Madrid del siglo XXI» que publicó Amargord Ediciones. 

Este era, precisamente, el objetivo que tuve al publicar este ensayo, hacer que esta reflexión, que no es mía sino colectiva, saliera y fuera compartida por otras personas curiosas por la poesía y el arte actual. 

Gracias a todos aquellos que habéis formado parte de este movimiento fértil y amorfo llamado jam sessions en Madrid. 

Os dejo el enlace para que cotilleéis el asunto:

http://oskicat.berkeley.edu/record=b24911913?fbclid=IwAR3oz5hABd-i3gFTYJsOkDH_xK5nIwIHvHJj4qIWLuPcLnM3OHULoILGOb4

Nuevo libro CONVIVIR POESÍA / CONBEBER POESÍA «El fenómeno poético de las jams session y la poesía oral en el Madrid del siglo XXI» 2018

http://www.amargordediciones.com/producto/convivir-poesiaconbeber-poesia-el-fenomeno-poetico-de-las-jam-sessions-y-la-poesia-oral-en-el-madrid-del-siglo-xxi-jorge-ga-torrego/
 (cubierta de Gsús Bonilla)

Acaba de salir publicado mi nuevo libro. En este caso es un ensayo, una investigación sobre el océano poético de las jams session y la poesía oral de los últimos años en Madrid. Un sarao. Una apnea literaria donde aún agito las aletas. 

El libro ha sido publicado con la editorial madrileña Amargord, y cuenta con una muestra generosa de poetas:

Aguado, Óscar
Batania Neorrabioso
Benavides, Toño
Bolo
Bsoul, Celia
Malia, Jesús
Martínez López, Miguel
Momento Verso
Montero, Nares
Orión, Silvi
Palacios, Gema
Sevilla, Paco
Sotomayor, María
Torres, Marisol

Y unas interesantes y variadas entrevistas a profesores, investigadores y poetas en las que se muestra la riqueza y la controversia que genera este movimiento cultural. Los entrevistados son:


Alcántara Pla, Manuel
Algeet, Escandar
Bañares, Adriana
Betancort, Sonia
Bonilla, Gesús
Bonilla, Juan
Casielles, Laura
Castro Hernández, Olalla
Cortina, Pablo
Díez, Antonio
Escarpa, Gonzalo
García Teresa, Alberto
Guisado, Tulia
Martínez Cantón, Clara Isabel
Pazos, Olaia
Pérez Cañamares, Ana
Rodríguez Gaona
Salem Sola, Carlos
Soler, Rafael
Villena, Luis Antonio de 

Lo he dicho varias veces, pero lo diré aquí de nuevo. Este libro lo he puesto en papel yo, sí, pero pertenece a mucha gente. Ojalá que el trabajo, el esfuerzo y el cariño que he dejado aquí hayan empapado el papel. 
 

Entre-lugares, o cómo construir un mapa, de Olalla Castro




No voy a tener la osadía de decir que la poeta y ensayista Olalla Castro Hernández consigue, por fin, solucionar el lío de cables que supone la posmodernidad con su último libro publicado, Entre-lugares de la Modernidad. Filosofía, literatura y terceros espacios porque no es así. Pero sí que es verdad que su propuesta consigue poner la primera piedra en la creación del mapa que nos haga volver a tener horizontes, salir del marasmo.

Aparentemente, se vive muy bien en la posmodernidad. Sobre todo, en el ámbito cultural, donde los discursos se equiparan sin atender a criterios estéticos/de valor que estructuren y donde todo ha quedado más o menos al mismo nivel, independientemente de lo que digan los popes, los listillos, «los que saben del tema».

Olalla Castro Hernández, doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, licenciada en periodismo, poeta con dos títulos publicados: La vida en los ramajes y Los sonidos del barro y cantante de rap, empapa su ensayo con esta trayectoria ecléctica y lo enriquece. Porque este Entre-lugares de la Modernidad es un libro, pero también es un laberinto donde una pequeña puerta se proyecta sobre el fango, prometiéndonos salir del «todo vale». Esta puerta se llama «Entre-lugares» y volveremos a ella más adelante.

Hay algo en este libro que me gusta, me hace sentir que no hago pie intelectual, que me toca nadar, vamos, llegar más allá. A veces sientes como lector que «no estás a la altura» intelectual de los temas que Olalla está tratando, que apenas te has quedado en la superficie de los pensamientos de filósofos y pensadores a los que cita sin parar, y en los que se apoya para complementar su mensaje. Y claro, a la vez es un lugar con muchos hilos sueltos para continuar la lectura mucho después de haber acabado el libro. El intertexto que Olalla Castro nos presenta no es banal, y las referencias no están «para aparentar o darse un paseo», sino que son muros de carga, si se prescinde de ellas se cae el edificio, porque el tema tratado necesita esta visión profunda y compleja donde se necesita ser acompañado por los pensadores que ya mencionaron dichos temas.

La propuesta de la autora está planteada en tres partes. En la primera, EL DEBATE MODERNIDAD FRENTE A POSMODERNIDAD (EN BUSCA DE UN TERCER ESPACIO), se hace una fuerte (y muy argumentada) crítica a los pilares de la modernidad y la posmodernidad, haciendo saltar esquirlas con las que intentar iluminar y encontrar ese «tercer-espacio» donde poder seguir caminando porque, según Olalla, estamos encallados en este nuevo lugar, machacados por el martillo de un Nietzsche destructor…al que luego se le olvidó construir. Como dice ella misma en la página 27, «estamos en un tiempo sin historia, inédito, recién estrenado, donde no hay huellas que se escudriñen o interroguen». 

Estamos en un tiempo detenido. Hijos (o casi nietos ya) de una modernidad total, cuya utopía de la ilustración quedó hecha añicos, o la visión unidireccional y unívoca de Hegel partida en mil planos, Olalla nos señala a los culpables de romper ese sueño tranquilizador y falso: Marx, Freud, Heidegger y Wittgenstein y sobre todo, el ya mentado Nietzsche que, sin embargo, no terminaron de formar un nuevo corpus totalizador, sino tan solo la posmodernidad líquida que señala Zygmunt Bauman, una nueva sensibilidad relativa y, en la mayoría de los casos, inútil, incompleta. 

Y ahí sería donde Olalla plante su idea de «entre-lugar», que, según indica, ha sido «ampliamente tratada por Homi K. Bhabha en el ámbito de la crítica poscolonial. Él se refiere al Entre-lugar como un intersticio, un Tercer espacio híbrido. Es ese espacio irrepresentable al que se refería Derrida, desde el que se fuerzan los límites y se desplazan las categorías de pensamientos prefijadas por el lenguaje y su lógica apositiva».

En el segundo capítulo, SI HABLAS ALTO, NUNCA DIGAS YO (EL TERCER ESPACIO DEL SUJETO), la autora nos habla de un sujeto manipulado, atravesado por las lógicas (o inercias) posmodernas, por sus incitadores leves que le animan tan solo a seguir consumiendo, pero eso sí, sin moverse un ápice de su discurso banal e inmóvil. En esta sección podemos ver más en detalle cómo la posmodernidad, con su arma la globalización capitalista, consigue calar en el sujeto, diluyendo su autenticidad y haciéndolo más masa (amasándolo, aplastando sus aristas), robando su identidad, haciendo rentable cualquier discurso rebelde o antisistema y haciéndolo partícipe del mismo, invalidándolo e integrándolo en el mercado (véase el punk, el movimiento feminista o el movimiento por los derechos de los homosexuales).

El tercer capítulo, LA IMPOSIBILIDAD DE DECIR LA VIDA (EL «GIRO LINGÜÍSTICO» DEL PENSAMIENTO Y LA LITERATURA DE LA DESCONFIANZA), explora las posibilidades del lenguaje y el «Giro lingüístico» de Wittgenstein, Saussure o Nietzsche (sí, Nietzsche está en todas, se lo ganó a pulso), dejando de considerar por separado lenguaje y conciencia, pensando que el lenguaje es parte inseparable del pensamiento filosófico, y cómo éste posicionamiento rompe con la lógica previa y única del racionalismo.

Este giro lingüístico, argumenta Olalla, nos demuestra que pensamos en signos, y de ahí no podemos salir porque, como decía Heidegger, «El lenguaje es la casa del ser» y, por decirlo de alguna manera, cada persona tiene una «idea de casa», por lo que ahí empiezan los poemas, quiero decir, los problemas. Ambos, mejor dicho, porque es por culpa de esta significación extra, relativa, provocada por la inevitabilidad de la interpretación del lenguaje, que la literatura forma parte nuclear de este nuevo término, «entre-lugar». Será solamente a través de esta literatura, de este extra de significación, donde podremos acercarnos a aprehender lo real, apartando las múltiples realidades creadas por las interpretaciones subjetivas (por culpa de los signos, claro).

Por último, y a modo de colofón, Olalla Castro nos confiesa en la última parte del libro, UN FINAL SIN FINAL Y UN VIAJE QUE NO ACABA, que las múltiples reflexiones planteadas en este Entre-lugares de la Modernidad proceden de una obsesión por la posmodernidad y, finalmente, a un desengaño personal con este concepto, con sus «múltiples trampas». 

Con un pecio genial del escritor Rafael Sánchez Ferlosio: «El niño que osó decir: “el emperador está desnudo”, ¡ay!, acaso también estaba pagado por el propio emperador», consigue reflejar la sensación que tuvo al darse cuenta de que ese pensamiento barría con todo, no dejaba nada en pie. Que, con ese afán desacralizador de utopías Modernistas que había supuesto (sobre todo en un primer momento) la posmodernidad, aterrizaba en un discurso meramente negador, sin capacidad de sustituir la ideología previa por otra más justa y poliédrica. 

Y será desde esa sensación de orfandad desde donde Olalla arme sus «entre-lugares», con cimientos marxistas y una posición fuerte que sepa escoger la proyección del ideal de la ilustración y la modernidad, pero con la amplitud y la multiplicidad de la posmodernidad. Un umbral, en suma, «que nos permitiera estar y no estar al mismo tiempo en lo moderno y lo posmoderno para poder tomar de cada espacio simbólico algunos planteamientos y poder elaborarlos de forma crítica». 

Por mi parte, celebro este «comienzo de mapa» entre tanto ramaje banal, que busque un nuevo corpus ideológico, más allá del mercado y cuya búsqueda sea la de un significado ético y preferente ante la avalancha de significantes huecos.