Islas divergentes

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La sombra de tu corazón

Tu corazón es una rotonda de ramas y ruiseñores perdidos, 
un botón cosido a una ventana abierta, 
pero también la marea roja que se agita y hace que las manzanas sean dulces
y peligrosas. 

Pero yo no quería hablar de tu corazón. 
Yo quería hablar de la sombra de tu corazón, 
aquel lugar donde vivo, 
el refugio contra un sol furioso, agitado e infatigable
que busca derretir a nuestra especie, 
a nuestra especie que huye del delirio.  


(Poema inédito escrito en 2017 y rematado en 2024

(El cuadro es de Jesús Román Brovia)


No disimules, sé lo que te pasa. 
No mires otra vez tu móvil,
nadie te escribe,
nadie comenta tu nuevo libro,nadie te invita a salir el finde,
una pachanga de fútbol,
nada,
nadie que surja del océano de la nostalgia
y aterrice en el presente.
Te entiendo,
no pasa nada,
yo también soy nadie,
pero ahora,
me tomaría una cerveza contigo,
te escucharía,
apagaríamos juntos los móviles,
seríamos inmortales,
lo más,
lo analógico es ahora lo que se lleva,
qué bien lo pasamos juntos,
venga,
encendamos el móvil y hagámonos un selfi,
o varios,
démosles envidia a todos ellos,
a los nadies que nos miran desde sus pantallas,
a los nadies que son nosotros.


Poema que podéis encontrar en mi libro «Ojo y ventana» | 2014🌱):

 


Fuego y ceniza
Cuando nació tu cuerpo se inventaron la llama y la ceniza,
las camas frías
y los ojos antorcha.
Cuando llegaste
cerré mi niño en el recuerdo
para salir corriendo
a buscarte.
No cabía tu melena en mis manos tartamudas,
no encajaba tu río de viernes,
imposible tu lava en mi piscina vacía.
Nunca levantas el acelerador de la esperanza,
y a mí solo me queda aprender:
para alcanzar tu temperatura hay que convertirse en fuego
y ceniza
y no preocuparse por la herida.

(La foto es de Frank Horvat y se llama Teenagers playing billiard).

Poema que podéis encontrar en mi libro «Cercanías» | 2016🌾



La patria es una mentira que huele a casa, a salvarse de la lluvia, a quitarse los zapatos como quien deja de luchar porque no hace falta, saber dónde duermen las cucharas.
La casa como refugio, islote en medio de la tierra, paredes de hueso propio.
Una revolución es ampliar la casa e invitar a los amigos, que son cualquiera, el primero que veas. Un abrazo es un hogar portátil, la llave de tu boca, aún hay esperanza.
Casa de carne y hueso frente al perdigón del aire acondicionado y el fuego del semáforo. Aquí donde escondemos el tesoro. Donde somos tesoro poco a poco.

(Fotograma de la película Luces de la ciudad (recomendadísisisima).

Poema que podéis encontrar en mi libro mortal | 2023🍂



45
La sábana del calor cubre la tierra hasta el acantilado del horizonte,
embruja a sus cautivos, hace de las exclamaciones de trigo un jardín de corcheas, de la curiosidad verde de los olivos, un silencio de relámpagos atrofiados.

¿Y para el hombre, profeta del agua y heredero del silencio, qué esconde la sábana del calor?

Para él un muestrario de arrugas y otoños, una lluvia de harinas y sudores, pero también la alegría perfecta y silenciosa de una lágrima de aceite bendiciendo un pan.

14/9/2024

La palabra se baña en este río que soy,

río de cauce y lágrima,
de sístole y abandono.

Y de todo el humo de lo dicho,
polvo estrellado en la curva del cráneo,
no quedará nada salvo unas manos vacías en un andén,
y una ventana abierta en la intemperie.




Breve historia de los adoradores de pipas

 Manoseado el tiempo y mezclado el murmullo propio con el del amigo,

crece la montaña de cadáveres de pipas, pero también las tardes, las noches, en compañía.

Conversar es el centro de la pipa, el cogollo en la plaza del pueblo o cualquier parque.
Dar vueltas por los lugares de siempre y sacar las palabras y la cercanía.
Juntarse para comer pipas, el ritual del amigo,

oh pipa, oh pipa blanca y salada,

invoca aquellos tiempos hasta aquí, haz que vuelvan los conversadores de la Tijuana,
los que no contaban el tiempo y el horario se escurría a nuestros pies,
derrotado por nuestros labios resecos.

Fuera

 En el párrafo cerrado e inhóspito de los que hablan telediarios, tú y yo bajo el agua, jugando a la simbiosis, mudos y sordos, sin palabras ciertas hasta que llegó el baile, tu falda y tu cadera escribieron palabras ciertas en un cuaderno llamado reggae.


(Poema que se puede encontrar en el libro Hogar - https://jgtorrego.com/hogar/)



Diario para un libro que nace 

1. Diario para un libro que nace – * 19/12/2023



Presentación de mortal – 4 de enero, jueves, a las 18:30 horas en @elrinconverdemiraflores de Miraflores de la Sierra.

Este primer recital de mortal será en mi pueblo, en mi querido Rincón Verde. El lugar donde tomamos cañas, donde todo el mundo ya conoce a Kiwi, donde comemos y celebramos, donde estamos con la familia, los amigos, la gente querida. Qué bien y qué afortunado me siento por haber vuelto al pueblo y por hacer comunidad en este rincón.

En esta primera presentación, cercana, verbenera y calentita, leeré algunos poemas de mis anteriores poemarios y de mortal, por supuesto. Estáis todos invitados a compartir este primer alumbramiento de mortal.

Las correcciones, los diseños, las comas, las tipografías son el taller de la literatura para que pueda correr sana y salva por los libros y qué necesario es que los mecánicos que ajustan, pulen y afinan las letras sean personas con oficio, que sepan dónde tocar, dónde apretar y dónde poner cuidado. Tengo la suerte de que en Lastura, la editorial que publica mortal, saben cómo poner a punto el libro. Gracias a Lidia, gracias a Isabel, gracias a Ana.

2. Diario para un libro que nace – *20/12/2023

Esta especie de prisa por publicar, por mostrar lo escrito en soledad, con paciencia y sin urgencia, es un contrasentido total. En este libro, mortal, hablo sobre la pausa, sobre medir el tiempo, sobre pesar lo que importa y apartar lo que no y, sin embargo, parece que solo existe un embudo para mostrar estos poemas y es un embudo que me obliga a apabullar y a estar presente para que todo el mundo compre y lea este libro. Pues no. Este libro caerá por su propio peso en las manos de aquellos que quieran leerlo, que tengan las ganas y la fe por encontrar valor en lo que escribo. Lo demás será ruido (un poco es necesario, lo admito), pero no hemos venido a eso.

3. Diario para un libro que nace – *21/12/2023

Pasan los años y pasa también la esperanza de «ser alguien en el mundo de la literatura». Esto, que parece obvio, con cada libro nuevo que no tiene una repercusión enorme, que no gana premios, se hace evidente. Es cierto que, al dedicarme al mundo de la poesía, donde somos 4 poetas y 3 lectores de poesía, las oportunidades de obtener repercusión o ese «éxito», menguan. Como decía, pasan los años, se acaba esa posibilidad de «ser alguien» pero no termina la necesidad de decir, de buscar palabras nuevas para atrapar lo que nos sucede a diario y se nos escapa. La poesía, que es efímera y eterna, tiene este poder que yo descubro al leer a otros poetas: no se acaba. Porque los poemas que nos gustan nos gustarán por siempre y para siempre, por recuerdo y porque encontramos fibras nuevas que se nos habían escapado en lecturas previas. Por eso escribo ahora, porque lo necesito y porque busco escribir poemas que acompañen a mis lectores (algunos hay, y en este rincón les doy las gracias) ahora pero también en el futuro. Por eso nace mortal y por eso tengo mucha ilusión en que quieras conocerlo, aunque yo nunca sea «aquel escritor reconocido» de fular y pipa que se supone que todo escritor debe aspirar a ser.

4. Diario para un libro que nace – *23/12/2023

Estos días navideños y de final de año estoy esperando que lleguen los libros a mi casa. Ya han llegado a la casa editora, @lastura.ediciones, y ahora unos pocos viajan a mi casa. Antes de verlos en mis manos, no puedo evitar sentir la incertidumbre de ver los poemas que, abandonados hace tiempo en un .doc, en un .pdf, ahora ya están perdidos de mí para siempre y qué serán ajenos y a la vez propios. ¿Seguirán diciendo lo que decían cuando los solté?, ¿habrán crecido?, ¿Llevarán erratas entre los dientes?, ¿gustarán estos poemas tan extraños, tan sobre la muerte, tan antipoéticos? No tengo respuestas a estas preguntas, solo puedo seguir escribiendo para responder en otros poemas, en otros libros, en futuras incertidumbres. Y, por ahora, sigo esperando. Si queréis, podéis pedirlos en la web de Lastura:
https://lasturaediciones.com/product/mortal/

5. Diario para un libro que nace – *24/12/2023

Hoy se celebra la Nochebuena, salgo de la cueva en la que vivo, (que en parte es una cueva real, porque trabajo en un archivo) y no sé muy bien qué postura tener ante este mundo que celebra, que se junta, mirando para otro lado lo que sucede no solo en infiernos lejanos como el de Gaza, sino en infiernos cercanos como enfermedades mentales de vecinos, dolores y pobrezas en las calles que caminamos y que no nos afectan. Hace tiempo que tengo dañado el sentimiento de esperanza con la humanidad, pero seguir confiando en la literatura, escribiendo libros pero sobre todo leyéndolos, es mi manera de confiar aún en este mundo que se deshace, se encabrona y que entiendo cada vez menos. Pero, como decía, queda la literatura. El otro día estaba con mi chica en el 725, el bus que conecta mi pueblo con Madrid, y terminaba de leer Vivir peor que nuestros padres, de Azahara Palomeque. En este libro, que recomiendo por su completo y honesto análisis del mundo en el que vivimos, hay un islote de esperanza en los agradecimientos que me conmovió hasta el punto de tener que leérselo en alto a mi novia y escribir a la autora por redes sociales para decirle algo así como «gracias» y «enhorabuena». Y para mí, hoy, este es el sentido de la Navidad donde me reconozco esperanzado y aún con fe por un mundo mejor. En los libros, siempre en los libros, pero que ese viaje sea compartido con otros. Que la fraternidad viaje en páginas y sentimientos de compasión, empatía y amor.

6. Diario para un libro que nace – *25/12/2023

He estado pensando en mortal y en las razones por las que lo escribí. Me ha tocado explicar su contenido unas cuantas veces en estos días, pero en este texto me voy a referir a los autores que vinieron antes de mí y que me influyeron con su poesía y están citados de alguna manera en el libro. Ahí van:

Inger Christensen, Carlos Piera, Alejandra Pizarnik, Raúl Zurita, Jesús Montiel, Aurora Luque, Gonzalo Rojas, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Jorge Teillier, Hérib Campos Cervera, Franscisco de Quevedo, Lorena Mora Pineda, Isla Correyero, Julio Cortázar, César Vallejo, Federico García Lorca, Olga Orozco, Joaquín Pasos, William Blake, Alberto Rivas, Francisca Aguirre, Jorge Enrique Adoum, Roberto Juarroz (x2) y Diego Gutiérrez.

7. Diario para un libro que nace – *26/12/2023

¿Qué sentido tiene escribir un libro (nadie lee libros) de poesía (aún menos) sobre la muerte (…)?, ¿tiene que ver solo con un tema de ego?, ¿este libro está destinado a coger polvo sin ser abierto siquiera?, ¿cuántas personas leerán realmente estos poemas?, ¿cuántas personas me preguntarán que por qué sigo escribiendo?, ¿por qué necesito publicar estos poemas en un libro, no es suficiente que aparezcan en redes sociales?, ¿estaré a la altura de la confianza de mis queridas editoras de Lastura?, ¿mortal y sus poemas serán un recuerdo poderoso para algún lector futuro o quedarán ahí, mudos como una balda o una pieza de cerámica traída de recuerdo de algún lugar lejano y exótico?, ¿harán llorar a alguien?, ¿harán reír?, ¿servirán para recordar a alguien que ya no está?, ¿servirán para recordar a alguien olvidado, pero vivo aún?

8. Diario para un libro que nace – *27/12/2023

Y, como muestra, un botón. Poema número 51:

Si tuviera un trozo de madera por escribir,
o un hueco en la tierra,
o una telaraña por explicar,
podría decir que en mis manos el tiempo daña por su peso,
no por su filo.

El tiempo,
mi tiempo,
–el escurrido placer que sorbo de los minerales y los ojos,
ese alarido silencioso que no me deja guardar las frases ni los sacapuntas–,
me araña con su mirar distraído y me destruye.

No es necesaria la épica para hundir a un hombre,
tan solo esta agricultura del daño,
este huerto con las ramas secas de la memoria,
las calles destruidas para siempre,
la falta de manos en la escalera del sí,
hacer de la faringe una flauta
para tocar la música imposible
que nos junte de nuevo.






Un rato con Esther Peñas y María Negroni en el Teatro del Barrio (Madrid)

 Digamos que no fue nada importante, que hoy no hay portadas de periódicos reflejando lo que vivimos ayer en el Teatro del Barrio, pero a mí sí que me gustaría contar mis impresiones sobre lo que nos ofrecieron Esther Peñas y María Negroni ayer en el Teatro del Barrio de Madrid y cómo lo sentí. 

Para empezar, entré en la sala bastante impactado por ver un teatro lleno para ver y escuchar a una poeta. Me pareció ilusionante, así os lo digo, esperanzador. 

Para seguir, me gustaría hablar un poco de Esther Peñas, que hizo la presentación de la poeta invitada. Esther fue delicadísima, precisa y generosa en imágenes para mostrar a Negroni. Fue hermoso presenciar cómo nos hizo partícipes de su entusiasmo, no solo de la poesía de María Negroni, sino de la propia relación humana, poética que, como un chispazo, a veces sucede con la lectura o la conversación. De hecho, cuando Esther terminó su presentación, la autora argentina se quedó sin habla, un poco abrumada por el cariño y el alago sincero de su compañera de escenario. Fue tierno ser partícipe de esta amistad y admiración sincera. 

Nunca había visto a María Negroni. Ni siquiera en vídeo, y lo primero que sentí fue su delicadeza. Como si estuviera sujetada por pilares débiles pero convencidos, que dejaran salir una voz que habla y hablará sobre la esencia de las palabras, su materia imposible. Hizo una lectura de 3 o 4 poemas de 4 de sus libros y luego contestó algunas preguntas, pero la sensación que tuve al escucharla fue que compartía su duda por el lenguaje. Esto es lo que más me gustó. A diferencia de otros poetas que buscan analizar, abrazar y exprimir la palabra, María Negroni admitió en sus poemas precisos, deslumbrados y cómplices, que no entiende muy bien el proceso de la palabra y que le gustaría «escribir un libro sin palabras». Qué belleza y qué emocionante fue este encuentro de honestidad y pasión por la palabra y la poesía en un martes cualquiera en el que las palabras seguirán siendo insondables, pero un poco menos. 

Raíces, barro y avispas

 



En la piscina pública crecen los ojos como medusas gigantescas
y allí aprendí la dimensión del mundo,
la textura de los pezones en el agua,
el veneno de la cercanía de los cuerpos mojados,
y un derroche de crema solar,
pequeña resistencia a convertirnos en madera viva y feliz.

Escuadrones de animales a medio hacer,
olor a lejía y bocadillos en papel albal.

El verano se dejaba acariciar sobre un abecedario de toallas sobre el césped salvaje,
raíces, barro y avispas,
vida despeinada.

El sol nos secaba la ropa y nos aligeraba,
nos volvía casi transparentes,
nos hacía cómplices de lo líquido,
sudorosos,
animales en la intemperie de la tormenta de luz.

Esa fue la frontera, la cúspide del termómetro,
ahí quedó la meta,
abandonada,
y lo que quedó fue un enfriarse, una resaca de luz,
un resfriado insoportable.

Los atragantados de incertidumbre

 

Los atragantados de incertidumbre, los que nos salimos del camino asfaltado, los que salimos por la noche, los que nos colamos en la piscina municipal, los que de 1 moneda de salario sacábamos media moneda para libros y la otra para caos, los que no pudimos subir a la zodiac que golpeaba el calendario y derrotaba su oleaje de días repetidos. 

Somos nosotros los que no tenemos casa, los que coleccionamos contratos de alquiler, los del éxodo de la especulación, los que tuvimos sueños de parejas y hogares, los que tuvimos gato, o perro, y los que no tenemos nada. Los que viajamos, los que lo intentamos, los que perdimos, los que perdemos, los que perderemos, esos somos. Los que no acumulamos, nos resbala la serenidad y la desidia nos crece como mala yerba. Ansiosos, depresivos, blanca la piel tras las ventanas de casa para no gastar, los que cruzamos la noche como bultos sospechosos sin hacer ruido, los que bajábamos la vista, los que nos pusimos a tu lado sin ninguna razón, como animales pequeños que se dan calor en la torpeza, los que mentíamos en la pregunta ¿De qué trabajas?, los que mentíamos en la pregunta, ¿qué tal te va?, en la pregunta ¿cómo estás? porque somos nosotros los que arrastrábamos el cuerpo y nos sentíamos culpables por todo y por todos. 

Somos nosotros a los que el autobús nos escondió en su tripa, los que escuchábamos en nuestros cascos el lenguaje encriptado del mundo que lo explicaba y no hacía tanto frío. Los que teníamos amigos y grupos de amigos, pero éramos y somos solitarios, amputados de felicidad duradera, siempre sobre ella la niebla de la melancolía o del miedo.

Nosotros los apuñalados de culpa, los apaleados por el mercado laboral y la esperanza, los que no encajamos, los que tampoco huimos, los que llamamos a los amigos y los amigos eran esposos, los que llamamos a las amigas y las amigas eran esposas, los que llamamos a los amigos y los amigos eran padres, los que llamamos a los amigos y el pasado no responde, ha cambiado de teléfono. 

Somos nosotros los que soñamos un pedazo de estabilidad llamado oposición o trabajo fijo, los que apuntamos los ojos a un pedazo estable de mundo y ahí establecer nuestro pequeño comedero y nuestro pequeño cubículo.

Somos nosotros los que respirábamos ansiosos en las cuevas secretas de los libros, los que recogíamos su discurso abandonado, los que escribimos en el lenguaje que nadie entiende, los poetas sin público, los escritores de nadie, los débiles que queríamos salvar el mundo con nuestros subrayados en el papel. 

Somos nosotros los que estamos enfangados de pasado, de aquella gota de pasado feliz que no nos deja vivir,

los que probamos alquimias de arte y se nos olvida hacer la comida,

los que probamos equilibrios de arte y se nos olvida mirar al frente y nos golpeamos,

somos nosotros los que no tendremos hijos, los que apuraremos el vaso, los que construiremos la nada, los que estamos mezclados con el barro y la grasa.

Los que bañamos todas las brújulas en el sabor dulce del amor, los que creímos en su certeza ineludible, en su verdad, en su delicada manera de hacernos dichosos con un pan compartido, con una lengua compartida, con las cerezas del deseo. Fuimos nosotros los que pusimos toda nuestra paz en un dedo llamado amor y el dedo se quebró y el gimnasta al suelo. Nosotros los que recuperamos poco a poco el habla después del amor, los que, otra vez,

sobre aquel dedo atrofiado, toda nuestra paz y nuestro futuro y de nuevo llegó la fractura, pero nosotros no sabemos otro baile, otra posición en el mundo, otro camino más verdadero que aquel, a pesar del hundimiento. 

Somos nosotros los que cambiamos los pilares de la casa por tendones, por músculo para aguantar los golpes, para caminar o salir corriendo, para huir

y somos nosotros los que, en esta pandemia de desconsuelo y desesperación, de ansiedad y dudas, de tristeza y soledad, no nos sentimos solos porque siempre hemos estado solos, recolectores de frustración ya no nos frustramos,

fieles del volver a empezar no nos asustamos por la derrota general,

expertos en la frustración no nos frustra la caída de los sueños generales,

la caída del sistema que nos arrinconó,

del sistema que nos señaló con el dedo y nos hizo diminutos,

nosotros, los condenados a mascar y digerir desconsuelo nos consolamos con el volver a empezar,

nosotros, los amputados de esperanza tenemos esperanza por un mundo nuevo,

nosotros, los astillados y marcados de cicatrices no tememos las nuevas heridas,

nosotros, los que perdimos la fe en aquel mundo mantenemos la fe

para el mundo que viene.

Poema «Cuando alguien me mira y me dice una verdad»

 




cuando alguien me mira y me dice una verdad,
no la verdad, sino una verdad,
una verdad hecha con trozos de muela y coágulos de nudo de garganta,
una verdad hilo de aire entre piedras,
una verdad escondida de las luces y los aullidos,
una verdad como pájaro herido envuelto en una servilleta de la cocina y envuelto en unas manos,
digo
que cuando alguien me mira y me dice una verdad
yo puedo llamarle amigo.

Vivir contigo

Joakim Eskildsen


Vivir contigo en los oleajes tibios de la noche,
en los azulejos de la tarde,
en la lentitud de las mañanas,
en su café sin sabor, sus magdalenas sin sabor, su pezuña sin testigos.

Vivir contigo y orbitar tu boca, como satélite o cometa,
vivir contigo en el collage de la luz, en su mosaico,
en nuestra lentitud sincera de mangos y zanahorias.

Vivir contigo y vivir conmigo,
linde y trocha,
recoveco en la ciudad de los gritos.

Ya no, poema de Idea Vilariño

 

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Idea Vilariño

Amigo

Cuando alguien me mira y me dice una verdad,

no la verdad, sino una verdad,
una verdad hecha con trozos de muela y coágulos de nudo de garganta,
una verdad hilo de aire entre piedras,
una verdad escondida de las luces y los aullidos,
una verdad como pájaro herido envuelto en una servilleta de la cocina y recogido en unas manos,
digo
que cuando alguien me mira y me dice una verdad
yo puedo llamarle amigo.


con mi buen amigo Manuel Álvarez Ugarte.




Elvira Daudet y su calle (la echo tanto de menos...)

 

En Cuenca, una mujer enciende un cigarro en su ventana mientras mira cómo en la acera se arremolina un grupo de gente. Cada vez más. Era 17 de septiembre de 2016 y Elvira Daudet se dirigía a una calle recién estrenada con su nombre para encontrarse con amigos y admiradores. Estaba llegando la poeta rubia que tiene tantas flechas en su poesía, tanta intensidad, tanta humanidad sincera y cruda.  

Y es que Elvira Daudet, la periodista que trabajó en varios periódicos (ABC, el Independiente y Pueblo), que entrevistó a Dalí durante varios días o que escribe sus poemas intensos y cercanos como puñaladas de vida, tuvo por fin su calle en su ciudad natal, Cuenca.

Este septiembre de 2016, quizá demasiado tarde, se inauguró por fin la calle. Digamos que ya era hora que su ciudad natal reconociera a una de sus habitantes más íntegras y talentosas. Pero antes que os cuente qué pasó ese día en Cuenca, os traigo del brazo a Elvira para que la conozcáis.

Elvira escribió su primera novela a los 10 años, su primer artículo a los 14 y su primer libro de poesía amorosa a los 17, y muchos años después, aquella mañana en Cuenca dijo aquí estoy. Aquí sigo estando. Al igual que aquella tarde en la que entró elegante y temblorosa en el café Gijón y dijo a unos poetas escondidos bajo el gris de la dictadura, “soy Elvira Daudet, soy poeta, y quiero publicar este libro”. Era el año 59 y Elvira Daudet entraba en la piscina de la poesía sin ningún cuidado, rompiendo la calma tan innecesaria y asfixiante de un franquismo gris ceniza.

Así estuvo toda la vida. En la vanguardia, delante, viendo qué pasaba y contándolo a los demás. La quilla, el faro y el mascarón que recibía todas las alegrías y todas las penas. De las crisis aparecieron sus poemarios. El primero El primer mensaje, después de la crisis de la pubertad. Su segundo libro, publicado en 1971, publicado cuando su matrimonio empezaba a romperse es Crónica de una tristeza. El tercero, El don desapacible, publicado en 1994, es según la propia autora el más triste de todos porque es la crisis de orfandad por la muerte de sus padres.

Elvira Daudet sigue su día a día, periodista, corresponsal entre los años de plomo italianos, recogiendo las letras del día a día como un malabarista a la vez que ella escribe en la oscuridad el dolor propio y el dolor de los demás.

El poeta tiene un sistema inmunológico muy débil y todo le hace daño.

Seis años después, la diputación de Cuenca publica su cuarto libro de poemas Terrenal y marina, en el que la enfermedad y la muerte miraron a la cara de Elvira pero no pudieron con ella y su poesía. Y ahí estaba, luchando en el olvido, cuando Jaime Alejandre y la editorial Cuadernosdelaberinto recuperó la letra mayúscula y olvidada en el cajón de muchos de Elvira para sus HazVersidadespoéticas, volviendo a poner sus poemas en papel. A partir de este momento, y apoyada en la amistad y el buen trabajo de editores, poetas y amigos, Elvira ha conseguido contactar a través de internet con multitud de personas en todo el mundo. Su poesía directa, sincera, sin “paños calientes”, ha contaminado a miles y miles de lectores.

Un año después Elvira vuelve a publicar con CuadernosdelLaberinto. En este

caso es Laberinto Carnal, en el que a través de un camino de dolor y escollos nos dibuja un sincero pasaje a la integridad y la libertad:

...Y hay mujeres sencillas, con los ojos de agua

y la carne de harina,

que aman, trabajan, paren, se deshojan

aferradas a un sueño...

Elvira Daudet estaba (y sigue estando) en racha. La gente joven se le acerca, la gente mayor quiere compartir su palabra. Todo el mundo quiere escucharla y leerla. Participar en su verdad. Poco después se publica una antología de su obra poética, desde su primer poemario de 1959 a 2012, en este caso en Alacena Roja, y su presencia en los ámbitos poéticos, tanto presenciales como digitales, crece.

Y es en este momento cuando Elvira Daudet toca la fibra de un dolor que, si bien ya había sido pulsada en otras ocasiones, en este momento retumba con una potencia continua y casi insoportable. Es 2012, y Elvira publica su libro más doloroso, Cuaderno del delirio, en el que cuenta cómo el amor esconde los abismos de la pena y la soledad de una manera brutal y exacta. Cuando leí este libro tuve que comentar cada poema. Aquí os dejo el comentario.

Después de este dolor vino la editorial Lastura a acoger y dar hogar a dos nuevas antologías de la gran poeta rubia:

Antología poética (1959-2012) y Antología poética (2012-2014).

Y después de darnos un largo paseo por la poesía y la vida de Elvira, volvemos a Cuenca, a la calle Elvira Daudet, a los lectores y amigos que fuimos a celebrar un pedazo de tierra que llevará por siempre el nombre de la poesía. 

La mujer de la ventana llamó por teléfono y seguramente le comentó a alguien cercano, incrédula, que estaba viendo cómo se inauguraba una calle, su calle. Y que para más Inri allí estaba ella, Elvira, saliendo de un coche como salen los poemas.

Así es como llegó Elvira Daudet a su homenaje, a la inauguración de su calle. Poetas y amigos nos juntamos como palos de una cabaña para acogerla, maestra y conocedora de todos los sabores.

Al igual que aquel día en que Elvira entró en aquel Café Gijón imponente, este soleado 17 de septiembre nos quedamos todos sin habla. Después de abrazos y alguna lágrima, fuimos a la RACAL (Real Academia Conquense de las Artes y las Letras) donde leímos poemas de Elvira o dedicados a ella.

Todo este homenaje fue posible gracias a sus amigos Paloma Corrales, Rafael Soler, Jaime Alejandre, Juana Vázquez, sus hijos y nietos, Enrique Gracia Trinidad, Lidia López, Paco Caro, Ana Ares, José Luis Torrego…y otros muchos que espero que si leen esto me perdonen el olvido (ya saben cómo somos los poetas). 

Todo este sarao terminó como terminan estos homenajes, comiendo y bebiendo rodeados de amigos y arropando a la homenajeada.

Pero esto no es todo…

echando de nuevo un ojo a este artículo pienso, “qué aséptico te ha quedado, tío”. Y es que no hago justicia a Elvira, a aquel día ni a su poesía. Para intentar corregir este error quiero hablar de Elvira desde más cerca.

Con Elvira no hay términos medios. O la quieres o su sinceridad te asusta. A mí, por suerte, me pasó lo primero. En el hoy en día que nos cuentan, en el del miedo, en el que solamente puede ser un “todos contra todos”, aún hay gente que acuna. Hay gente que escucha. Y Elvira es una de esas personas. Encontrar una persona así de sabia y cercana es una suerte.

El primer día que nos encontramos, después de la presentación de un libro de Neorrabioso, flipé. Nos presentó una amiga en común, Paloma Corrales, y no sabía muy bien cómo reaccionar. Admiraba como un grupie a Elvira desde que escuché su entrevista (aquí), pero no conocía a personas mayores que pudieran ser amigas mías, que pudiéramos tener temas en común y a la vez que fuera accesible. Pero con Elvira fue diferente y desde aquel día hasta hoy estamos unidos por palabras en negrita y profundas que no se pierden por el tiempo.

En su poesía se nota esta capacidad de hacer “zoom sentimental”. Se acerca donde tienes la grieta (o la alegría) y ahí se queda, compartiendo. Y para acabar quiero compartir uno de los poemas de Elvira Daudet que más me gustan:

PALABRAS PARA UN SPOT DE TVE

No me hagas daño, amor, porque me duele

que seas tú, a quien amo como nadie amó nunca,

el que me parte el alma cada día,

sin que te apiade ver como me deja

el vino que conviertes en mi sangre.

Destrozada en el suelo,

como un plato de loza hecho pedazos,

sin dignidad ni luz en la mirada;

un montón de basura abandonada.

Fría como una muerta, que aún respira

con el fin de maldecir haber nacido un día

para albergar la pena incontenible

que tu presencia amada siempre deja.  

(Del libro Laberinto carnal)

Me gustan las mujeres manos grandes como manzanos mamíferos en flor, refugio de pájaros cansados

Me gustan los hombres que aguantan un gallo en la lengua para que no se despierten las nubes. Me gustan los animales de dos patas que tocan el xilófono en una espalda, con los dedos más meñiques y silenciosos de la historia.

Me gusta tu traje guardabosques, tu llave para la jaula del tigre que siempre pierdes, que nunca sabes en qué boca dejaste. Vivan sin lombrices ni sombra los hombres que ríen y dejan caer todos los cuchillos y no importa qué insulto llega a tu casa no importa. Que sigan saltando los jóvenes con ojos a tres cuerpos por segundo, a tres olas por cintura, borrachos en cada acantilado.

Me gustan las bocas abiertas que esperan la lluvia en verano tu dedo índice como inicio del mundo la llegada al perdón de las guerras al descanso del miedo de la sangre
me gustas tu
la enemiga de todos los mapas
que no te alcanzan.

Poema incluido en mi libro Cercanías:

En un tren, poema de Hogar, 2020

 

Adrian Tomine

En un tren,
todo comenzó con un viaje,
viaje repetido y tú,
bocanada de río en el coágulo del trabajo, en su textura de barrizal.

Viaje tu cuerpo y mi cuerpo,
diálogo de corrientes y peces.

Y así acaba el viaje,
estación seca y recuerdo del agua en la tierra como estrías,
arañazo,
dolor de verano rajando este invierno que ya se acaba.

7:00

 

La procesión de los que esperamos el bus,
adorar la luz del móvil como si fuera una vela.


La intermitencia de la fe,
la certidumbre de patas cortas que es el WhatsApp,
su atronadora piscina de ruido.


Mirarse dentro los recuerdos para saberse uno y no otro,
cualquiera
de los que te acompañan en la fila.


Y pese a la búsqueda, no poder despejar la incógnita:
no saber si las personas del verbo nacen del yo
del nosotros
o del ellos.

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