Islas divergentes

Breve historia de los adoradores de pipas

 Manoseado el tiempo y mezclado el murmullo propio con el del amigo,

crece la montaña de cadáveres de pipas, pero también las tardes, las noches, en compañía.

Conversar es el centro de la pipa, el cogollo en la plaza del pueblo o cualquier parque.
Dar vueltas por los lugares de siempre y sacar las palabras y la cercanía.
Juntarse para comer pipas, el ritual del amigo,

oh pipa, oh pipa blanca y salada,

invoca aquellos tiempos hasta aquí, haz que vuelvan los conversadores de la Tijuana,
los que no contaban el tiempo y el horario se escurría a nuestros pies,
derrotado por nuestros labios resecos.

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