Islas divergentes

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Centrocampistas, con música de Manuel Álvarez Ugarte




La clase media no tiene ideas enteras
Batania



Los centrocampistas nunca han lamido un gol
tienen miedo del césped más allá de su jardín
arrancan las rosas si aparecen
se esconden detrás de la lavadora
cuando llegan los hambrientos de revancha.

Un  centrocampista nunca ganará el partido
sus pies están vueltos hacia el sillón
y su ojo no tiene hambre.

En el centro del campo se escuchan las bombas desde lejos
los besos nunca son para ellos
tiene los cuellos llenos de púas
las manos con guantes
y esconden su fiebre en los bolsillos.

No arden
ni se dejan llevar por la lluvia caliente que a veces
en verano
empapa los campos y obliga a la gente
desconocida
a quitarse la ropa y besarse.

Los centrocampistas tienen dinero en el banco
cuellos de camisa perfectos
unos labios con precinto
y una vida muerta
empatada a cero.

Llega MUTOMBO, literatura en pelotas, suplemento deportivo del ZOMBIE JOURNAL

Buenos días a todos, mozos y mozas, aquí os presento (por fin diréis algunos) el MUTOMBO, literatura en pelotas, suplemento deportivo del ZOMBIE JOURNAL. Ayer Adriana Bañares alias Awixumayita Atiyamuxiwa mencionó al MUTOMBO en su programa de radio Fosfatina que podéis escuchar aquí. Mañana viernes estaré, a las 18:00, en el Centro Comarcal de La Cabrera para presentaros el ZOMBIE JOURNAL y leeros algunos poemas y cuentos del MUTOMBO. Si queréis pasaros por ahí seréis muy pero que muy bienvenidos. Aquí os dejo con la introducción del MUTOMBO y la portada:




MUTOMBO literatura en pelotas es un suplemento deportivo del periódico mundialmente famoso Zombie Journal. Esta escueta publicación pretende traer a nuestro hoy en día la fraternidad que teníamos en aquellos años en que nadie era de derechas ni de izquierdas, que te elegían en el cole después de haberlo echado a suertes y tú te dejabas los piños por salvar un gol, por ganar, y el recreo duraba tan  poco.



MUTOMBO quiere unir lazos entre la literatura y el deporte, entre el amigo feucho y con gafas y el guaperas musculitos que mete goles con las orejas. ¡NO! se acabó, ahora los gafotas meterán goles de chilena y los musculitos con risas Colgate harán multiplicaciones enormes sin pestañear y leerán libros sin parar. Se acabó, las guapas de clase estarán hechas un lío porque las cosas ya no están tan claras.



Hemos crecido pero aún deseamos que se les escape el balón a los niños que juegan a nuestro lado, no abandonamos nunca los balones que se caen detrás de los muros, somos los que nos rompimos los chándals porque el descampado estaba lleno de piedras o porque el asfalto nos lo había quemado. No dejábamos que nadie nos ganara. Éramos los mejores del pueblo, del barrio, y llorábamos cuando nuestro equipo perdía, el que fuera, porque aún creíamos en la victoria. 



MUTOMBO no trae victorias, trae a un delantero centro leyendo Mortadelos, un extremo derecha recitando a César Vallejo o a un portero dejándose las napias en el poste por salvar un poema de García Lorca.  



Aquí os lo dejo. Suerte, y que gane el mejor.






Cristiano Ronaldo



Se te agita un toro herido en cada bota
un látigo de pólvora en cada pierna,
pero cuánta chatarra tienes en tu espalda
Demasiada curva
Demasiada colonia
Demasiado músculo golpeando los postes
y a los defensas,
y así no se llega,
así no se alcanza la fruta roja del gol
no te alcanza el fuego pequeño
de tu voluntad
de tu ego
de tu peinado
y acabas llorando solo
juguete roto
en el vestuario.



Primer partido




Era la primera vez y yo tan fresco,
tan novato y con el nueve en la lengua,
tan primera vez que yo no sabía dónde estaba la escuadra
de su labio
dónde el portero de sus dientes
ni dónde
el gol furioso de su lengua.

Regateé por instinto subiendo por sus manos
manos frías de defensa que me miraba
(tendrás que apuntar bien esa lengua que tienes. No soy una portera fácil).

Hubo mucho toque entre sus dedos y mi sudor,
entre su torre y mis escaleras, hasta que el minuto 90 del partido
el área llena de soldados, de Piqués, de patadas en la rodilla, pero me lancé al área como Falcao, como un rematador con casco, con la lengua y las velas hinchadas:

Caí al suelo, miré a la portería de su cara y no oí el pitido del árbitro,
tampoco los gritos de mis amigos ni la grieta rompiendo de la infancia
tan solo
como lluvia suave sobre el campo,  el sonido de redes
de su boca
cuando mi balón rojo
acarició su césped. 

Je me souviens (Yo me acuerdo)


(Yo soy el portero, el que va de amarillo)

Éramos frescos como flashes de cocacola
en el cole aún se podía reír
y afuera estaban el campo, los viernes,
y el verano que llegaba.

Recuerdo cuando nos daban miedo las gallinas
cuando nuestra amistad era una cabaña en medio de la calle
y el sol nos caía por la nuca sin ultravioletas
sin cáncer
sin lunares sospechosos.

Recuerdo aquellos partidos de fútbol
aquella arena
aquella costra en la rodilla
y aquellos goles y las miradas de las chicas.

Llovía y éramos felices
hacía calor y jugábamos a las chapas,
nada podía con nosotros
 y esta telaraña de padres
este botón en la garganta
estaban aún muy lejos.

Pensamos que la paga sería para siempre
y que este laberinto de días, de horas, de puñales
no sería para nosotros.

Veíamos a los mayores gritar
pero siempre había calle
siempre había amigos
siempre había amigos
con los que salir corriendo.


Y ahora, ¿dónde queda la cabaña?
¿dónde quedan las pozas y las chicas?
¿Por qué tenemos puestos estos trajes de afiladores
de cuchillos,
y por qué ya no esperamos con ansia
los viernes
los veranos
las miradas?


Cambio de delantera centro


Svetana Valueva



Me dirijo a ustedes para comunicarles mi decisión:

Después de haber trotado las bandas de mis brazos durante seis años, después de meter cientos de goles de noches rojas y puntapiés, tantos puntapiés que las lenguas quedaron rojas y torcidas, he tomado la decisión de traspasar a mi delantera centro titular.

Elena, mi delantera estrella, mi equilibrista de quince quilates que ya no brilla, oxidadas las rodillas y los encuentros fortuitos a media tarde y que ahora uyyyyyyyyyyyyyy, cuando antes hat-trick, fuera los disparos a bocajarro que antes siempre al centro de la cama.

Y ahora, el vacío en el área pequeña de mi habitación, me ha llevado a sondear el supermercado de fichajes y conseguir, en un adelantamiento de carrito, el contacto de María, una potente jugadora de 236 besos-goles por marcar y un regate en corto que hace pestañear al defensor en lugar de meter la pierna (que se le ocurra meterle algo a cualquier defensor a mi jugadora estrella, a mi crack en las tripas, a la recientemente bautizada como “disparo a la escuadra si me mira”).

El contrato, que acaba de ser firmado a través de una noche vinculante, durará lo que duren las naranjas frescas sobre el terreno de besos.