Islas divergentes

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Opinión sobre situación en Palestina

 

(La foto es de Eyad Baba / via Getty Images)

Lo que está destruyendo Israel en Palestina es mucho más que un país, miles de edificios o miles de vidas. Es el derecho internacional. Desde la 2ª GM y pese a tropezones brutales como las Guerras de Irak, Ruanda y Yugoslavia, el Derecho Internacional se había mantenido erguido aún en la conciencia de todos, una conciencia que dictaba que no se puede seguir la vía de la violencia porque esta vía solo conducía al desastre y la ONU, armada de leyes y sanciones, estaba ahí para defender la diplomacia y evitar la guerra.

Sin embargo, un político como Netanyahu, en su huida hacia adelante para escapar de los juicios que lo acosan, y con una casi extinta excusa de revancha, ha hecho saltar la diplomacia internacional por los aires. Se acabó. Nadie creerá nunca más a la ONU, al derecho internacional, a Europa. La superioridad moral que se nos suponía por haber levantado (en el aire y en los países occidentales, claro) los derechos humanos y un supuesto marco de legalidad internacional se ha demostrado incapaz de evitar un genocidio, que era precisamente lo que era más necesario evitar.

Yo no sé cuánto tiempo le queda de vida a Palestina y a los Palestinos. Si Ubu Rey - Trump conseguirá arrasar o no Gaza para montar una Marbella de lujo, pero lo que sí sé es que el mundo ha visto que Europa, Occidente y la legalidad internacional no existen y que eran un mero paño caliente para tapar una enorme montaña de escombros, muerte y colonialismo que parece que no tiene fin.


La pena (Elecciones Municipales 2023)


¿Qué especie de ser vivo es la fe? 

¿Cómo se mantiene en pie su estructura?

¿De qué están hechos sus huesos para sujetar unos músculos imposibles?

La fe esquiva los golpes durante un tiempo,
sigue en pie, sigue caminando, 
pero también la fe, 
que es un ángel y un camino, 
que es la amalgama de lo bello y lo imposible, 
también la fe termina siendo apaleada, 
escupida, 
atenazada y condenada al suelo. 

Y el milagro de este ser vivo que es la fe se apaga
deja en los ojos una pequeña marca:

la ceniza dolorosa de lo que fue, 
la herida de un futuro sin esperanza. 

II

Quedará la pena,
quedará la plenitud de lo perdido, 
las venas que fueron un cauce de futuros ahora son un atasco, 
un metal pesado, un silencio incómodo. 

Quedará la pena, 
los arañazos de la fe sobre el mundo serán olvidados, 
todo sucederá a ras de suelo
y habrá un nuevo continente hecho con escombros de luz, 
se llamará «Lo perdido». 

El yo, lo sentimental y la política



Kadir van Lohuizen

Vivimos en la dictadura de lo sentimental. Pero no dentro del sentimiento empático, generoso y valiente por el otro, por su otredad ajena y justificada por no ser uno mismo, sino que vivimos en la dictadura de NUESTROS sentimientos. Nuestros sentimientos son ley. Que nadie se interponga, que nadie nos frustre, que nadie nos diga lo que podemos o no sentir. Y estos sentimientos se convierten en barricada. Ya nadie se preocupa por pelear por los derechos del otro, que cada uno se lo pelee solo o, al menos, con aquellos que defiendan la misma causa: Los blancos defenderán los derechos de los blancos, las mujeres defenderán los derechos de las mujeres, los hombres defenderán los derechos de los hombres, los negros defenderán los derechos de los negros, los españoles por los derechos de los españoles... y esta tendencia, cuando se vicia, se convierte en injusticia. Obviamente no es lo mismo la posición de un hombre blanco cishetero, de un país rico, con el mundo hecho a su imagen y semejanza que el de una mujer somalí, por ejemplo, que es prácticamente invisible a los ojos de todo el mundo.

Pero este pensamiento, que en muchos casos se justifica como casi una autodefensa para legitimarse en el mundo y obtener derechos justos, se basa en el YO y no en términos de justicia, igualdad, derechos o libertad. Nuestra lucha llega hasta donde llega el color de mi piel, mi sexo/género, mi documento de identidad o, en definitiva, mi posición en el mundo. Esta lucha, digo, que es una forma de egolatría y no de generosidad, hacia mí y hacia el otro desde el yo, no tiene nada que ver con la lucha conjunta por un futuro mejor. Porque las luchas que no intentan el beneficio de todos solamente son una lucha por defender tus privilegios u obtener más derechos para ti, no para todos. La lucha que no empatiza con todos, sino con solo aquellos que se parecen a mí, es una lucha egoísta e inútil.

Hace años que soy anarquista. Antes, cuando estaba en la veintena, pensaba en algún tipo de revolución que pudiera traer justicia e igualdad a la sociedad, pero desde hace años ya no pienso así. Ahora creo en una sociedad en la que no haya nadie que se quede fuera, que la democracia parlamentaria no excluya a nadie, que todas las opiniones sean aceptadas y válidas, que todo sea una asamblea y todo sea democracia. Por eso soy anarquista, porque soy demócrata y porque creo en el ser humano. Porque creo que ninguna persona queda o debería quedar por encima de otra.

Demos batalla a la injusticia, a la desigualdad, a la mentira, a la violencia y a todos los sistemas de poder que nos dominan, pero tengamos en cuenta que nadie es menos que nadie, pero tampoco más que nadie y que nuestros sentimientos no nos legitiman ante nadie y ante nada, que solo son parte de nuestra identidad y que no se pueden imponer a nadie.

 

15M

 

Es verdad que todo estaba como siempre y nada raro debería haber pasado. Y lo de siempre era una reunión de unos cuantos chavales y unos cuantos viejos que no aceptaban cómo eran las cosas y salían a decirlo por las calles. Pero aquel día me di cuenta de que de que algo sí que era diferente: la cantidad de gente.

Como una ley o una fórmula matemática aquel que estudiaba y se esforzaba encontraba trabajo de lo suyo, podía elegir su futuro a través del esfuerzo y la dedicación. Había esperanza y esta se construía día a día. Pero esa ley empezó a deshilacharse y se volvió fraude. Ya teníamos la sospecha, pero fuimos muchos los que, pese a no legitimar del todo esta correa de transmisión llamada obediencia, la aceptamos: estudiar, prepararse, esforzarse para estudiar algo que nos motivara y formara para trabajos cómodos (o más cómodos y retribuidos que otros, al menos).

La mayoría teníamos ese perfil: familias de clase media que, con esfuerzo, habían podido ofrecer tiempo y oportunidades a sus chavales. Sin embargo, toda esa esperanza, todo ese anhelo por la justicia se transformó en frustración y engaño. Y así, en esa manifestación, buscando esa justicia, encontramos que no estábamos solos. Y quizá, como a mí me pasó, encontramos a otros que compartían nuestras reclamaciones. A otros que tampoco habían aceptado el futuro que habían tenidos sus padres y sus abuelos, y junto a ellos caminamos y gritamos las consignas que sentimos como verdaderas:
¡Que no, que no, que no tenemos casa!¡Lo llaman democracia y no lo es!

¡PSOE, PP, la misma mierda es!

Y no, el origen no fue un déficit democrático, una intención de abolir la monarquía o echar abajo el sistema del bipartidismo sino una visión individualista, concreta. No fue en realidad por la democracia sino por nosotros mismos. Nosotros, la generación más preparada de la historia, que creíamos que nos podríamos salvar de la mediocridad y tener una vida cómoda, también fuimos tragados por la frustración y la falta de oportunidades. Pero dijimos no.

La prepotencia que dan las carreras universitarias, los idiomas, los viajes, el dinero en el banco. La altura del camino hecho que hace ver a los demás desde arriba, pequeños, insignificantes. Y hubo algo de eso en aquella democracia previa al 15M. Una democracia parlamentaria y limitada en la que todos teníamos el diámetro de voz, de opinión y de voto iguales y eso nos desesperaba.

¿Cómo va a valer igual mi voto, yo que conozco las dimensiones de la urna democrática, la historia del parlamentarismo alemán, que la de aquel que lleva sin leer un periódico 7 años, zambullido en la mentira de las noticias de los medios de comunicación mentirosos y generalistas?, ¿es esto justo?

Esa prepotencia y ese golpe de realidad se encontraban cada vez que había elecciones.

También esto nos lo enseñó el 15M. Porque a esas asambleas que montamos con prisa, sin idea pero con ideas, por algunos pero para todos, en la que estábamos convocados todos. Los de estudios y los que no. A los que nos gusta escucharnos y a los que les avergüenza escucharse. Todos, cada argumento echado al centro de la mesa, todos iguales y todos diferentes.

Y fue una lección de democracia ver cómo se caía esa propuesta de anarquismo tranquilo y cívico, democracia para todos, que cada uno dijera lo que sintiera. Se intentó, se puso en pie, horizontalmente, precariamente, para todos y, sin embargo, no pudo seguir caminando.

Quizá estábamos condenados a la desilusión. Condenados a la juventud, a la esperanza y a la utopía y a la sombra que estas dejan llamada desengaño, nostalgia y desencanto. 

Pensamos que todo era posible. Aquellos 24 acusaban (y siguen acusando) con dedos fuertes a estos 34 años de hoy, desde donde escribo esta pequeña reflexión a modo de excusa o explicación.  

Supongo que todas las generaciones de jóvenes idealistas pretenden evadir la desigualdad, la injusticia, el martillo uniforme y repetitivo de la jornada laboral. Nosotros desde luego que lo creímos, nos sentimos fuertes al reconocernos en otros y caminamos y protestamos. 

Algunos puntos concretos del 15M los podemos ver en Podemos. 

Estábamos cansados del bipartidismo, de que se repartieran el poder con nuestra complicidad cada 4 años y, al menos, esto cambió. 

Hubo un partido (¿hay?) que amenazó este juego dicotómico y opresivo. Nos quedan muchas dudas y muchas posibilidades de qué podría haber pasado si, pero la certeza que tenemos es que hoy en día el panorama político español es mucho más realista que el de hace 10 años. 

Hay mucha gente que se siente más representada en el sistema de partidos, ya que este se ha ensanchado. Y pensarás, ¿Y VOX, qué? Como si la aparición de VOX fuera una consecuencia de la entrada de Podemos, pero es que VOX ya existía en el PP. La aparición de este partido no es la aparición de sus votantes, algo que sí que pasó con Podemos, ya que los votantes de VOX en su mayoría votaban al PP y los votantes de PP en su mayoría no votaban. 

Seguramente ya es tarde para deshilachar el nudo que se ha formado en Podemos, con la estructura vertical/electoralista que busca el fin (la llegada al poder entonces, el mantenimiento en el mismo ahora, algo que yo nunca apoyaré pese a haber conseguido algunas victorias concretas en forma de leyes justas), pero la aparición posibilista y no residual de Mas Madrid puede dar una visión más amplia a esta herencia del 15M.

HISTORIA DE LA BASURA

Vizcarra

Hubo un tiempo en el que la atención de la población estaba centrada en pocos caretos. Hubo un tiempo en el que había una élite para el cuchicheo, por llamarlo así, de los dimes y diretes. Una élite en forma de monarquía, con su abolengo y su poder. Sus amantes, sus traiciones, sus palacetes. Más tarde, esa basura, ese ser ser el foco del cotilleo de los demás, se expandió y llegó a profesiones como toreros, cantantes, actores y escritores que, como además de generar interés por su labor profesional,también generaron intéres por sus «líos de faldas» y vida disoluta. Aquí vienen los programas de televisión de chismes, de cotilleo y de #TELEBASURA.

¿Recordáis cuando se hablaba de TELEBASURA para referirse a estos contenidos?, ¿Será inocente este contenido zafio, estúpido, superficial, machista y clasista? No, no lo creo. Porque los medios de comunicación, además de un espacio que refleja el interés de la población, también es un arma de manipulación.

Y llegamos al día de hoy. Desde la expansión de los realities, cualquiera puede ser famoso. Y no hace falta, como antes, que haya nacido nobleza o que sepa torear/cantar/escribir decentemente. Hoy, lo que importa, es que pueda difundir sus privacidades de manera generosa. Ya no importa el contenido, qué profesión realizas sino que seas un foco de atracción, que tu superficialidad sea atractiva para los demás, que generes cotilleo y chismorreo ya que esto atraerá más que el objeto de tu profesión.

Entonces, ¿para qué sirve el estudio, la formación, el rigor en carreras artísticas y/o culturales si solamente se viraliza y se pone el foco en la estupidez y el chismorreo a través de redes sociales?

En definitiva: se ha democratizado la basura. Hoy todos podemos ser famosos, pero los seremos gracias a la basura que difundamos, no por talento.

¡Qué bonita está Madrid esta noche!


Compañeros,
sabemos que nuestro camino hacia el amor está lleno de vacío,
que solo hemos dado un pequeño paso en el camino de la libertad,
y también sabemos que la casta de la distancia tiene más medios
más dinero,
más mecanismos para la tristeza,
pero nosotros tenemos más ganas.

En la noche de hoy me acuerdo de cada uno de vosotros,
de todas aquellas partes  del cuerpo que se han quedado sin su abrazo,
a todos los órganos que pasan hambre,
a los labios, las manos, el pecho, los pulmones y tantos y tantos otros que formáis este cuerpo.
Gracias, compañeros, estamos haciendo Historia.

Estamos aquí, esta noche, para decir que estamos preparando la noche perfecta.
Que vamos a ponernos la piel de las grandes ocasiones,
que paso a paso nos acercamos a la victoria, a coger la mano de la fraternidad bajo las sábanas.
¡El cuerpo
unido
jamás será vencido!

Ya queda menos para que podamos cambiar la situación,
estamos un paso más cerca pero aún nos queda lo más complicado. 

Le digo a nuestra compañera la lengua que claro que sí, claro que volveremos a surcar las avenidas de su cuello,
le digo a los ojos que estamos en el camino correcto y que volveremos a bañarnos en su espalda.
Nos dijeron que no era posible.
Que dejáramos de soñar con atravesar los mares violentos de su pelo,
que éramos unos perroflautas del amor,
pero escuchamos a oscuras su risa y la seguimos sin dudarlo,
palpando los días y las calles.

Juntamos la voluntad de cambio con las nubes del hambre y la tuvimos en nuestros brazos,
como se tiene fiebre o se tiene la tristeza.

¡¡ Sí se puede!!
¡¡ Sí se puede!!
¡¡ Sí se puede!!



A todos vosotros os digo,
compañeros, compañeras,
que esta noche es noche histórica porque hoy,
ella,
ha creído en nosotros.

Y aquí estamos para recoger esta confianza y decir que:
“mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase la pareja libre para construir una relación mejor"

Muchas gracias compañeros.
La victoria es nuestra,

¡El cuerpo,
unido


jamás será vencido!

España



Un país apretado entre los cables mojados del expolio
una casa sucia más allá de los turistas,
el gris de la resaca de vino barato,
la soledad de las mujeres multiplicada en las cocinas.

Yo no soy futbolista
no soy emprendedor ni entiendo vuestro idioma de luces y maquillaje
intento el lenguaje a ciegas de la carne pero en España un poeta sirve para calzar una mesa
para decorar una casa
o para hacer agujeros en el hígado de la noche.

Que alguien me diga dónde
en qué esquina podré hacer espirales con las vocales
cuántos escalones hacen falta para partirme la columna
cuántos amigos perderé por el camino
y cuántos metros le quedan a este cable de esperanza
que me corta las manos.


Soy El Jueves

Llevaré unos diez años, más o menos, comprando #Eljueves. Algunas rachas con más intensidad y otras con menos. No podía leer #CharlieHebdo porque, entre otras cosas, no hablo francés con la facilidad que debería. Creo que, por trayectoria, estilo y calidad, son publicaciones similares (teniendo en cuenta las características del público francés y español, muy diferentes) y, por eso,  siento que el asesinato de estas 12 personas significa, de cierta manera, un asesinato a todos aquellos que nos hemos acercado alguna vez a este tipo de publicación irónica/humorística/crítica/democrática en cualquier idioma o cualquier parte del mundo.

No es un ataque a los que mandan, a los que están por encima, a los que imponen y no escuchan, a los que se pliegan a las imposiciones económicas de cualquier tipo que hable inglés y que tenga dos duros. No, no han atacado a los que controlan todo. Tampoco han atacado al rey, ese mismo que hizo cerrar dos veces la revista #Eljueves porque no le gustaba cómo salía en la portada. Sí, dos veces. La primera el 18 de julio de 2007, cuando La Audiencia ordenó retirar todas las revistas (120.000) de los estancos de toda España e investigar el suceso.


La segunda vez, hace menos de un año, en junio de 2014, (aquí toda la historia) y que supuso que la empresa editora de la revista "se bajara los pantalones" ante una portada de la revista y ordenara que la cambiaran por otra en la que salía Pablo Iglesias. Este decisión, como ya sabréis, supuso que la mayoría (y, en muchos casos) los mejores humoristas de esta revista histórica decidieran abandonar el barco del "derecho de cerrada-pernada" que imponían desde altas instancias.



Por ello, y porque #Eljueves también se ha reído de mí, por cultureta, poeta o lo que sea, defiendo la libertad de expresión. No MI libertad de expresión. Defiendo que #Larazón publique aunque, según mi opinión, pocas veces tengan razón. Defiendo que ABC publique o que cualquier programa tipo economía haga burlas a personas públicas que me resulten simpáticas. Defiendo la democracia porque soy demócrata, no porque en ella se diga lo que yo quiero oír, sino porque en ella todo el mundo se puede expresar.

Lo del miércoles no fue un ataque religioso, fue un ataque totalitario. Como totalitario fue Franco, Stalin, Sharon o todas las personas que en una democracia censuran a los que no opinen como ellos.Aquí no nos han puesto bombas, pero también han intentado borrarlos la sonrisa y la crítica.

Ébola



Recemos al Dios de fuego y palo que nos curó de la peste
ya llega el odio
el aullido del miedo golpea los vagones de metro
guarden sus lenguas y la piel en la primavera del recuerdo.

Montemos las hogueras higiénicas que nos limpien
que nos alejen de las brujas y los negros
dos vueltas a la llave
tres contraseñas

afilemos el ojo que nunca fue compasivo
seamos peores que el ébola
rompamos la palabra acunada en el cuerpo con tanta caricia
seamos salvajes
bestias un paso detrás de la locura
ya llega la señora Mato a nuestra puerta.

Arcada y exilio

  Grosz


Somos la España que no termina de abrirse, los jóvenes que levantan su voz tres escalones y en la punta un almendro y luego nos llega el miedo pesado a los talones.
Hemos estudiado los idiomas del progreso, el ángulo perfecto para el corte de los bosques, el círculo de humo en los motores más potentes y aún no cavamos un pozo en nuestra frente para sacarnos provecho.
Les hicimos caso. Estudiamos y no bebimos más fuego de la cuenta. Os hicimos caso. Nos prometisteis esclavitud ocho horas al día y cuarenta años de soga y ni siquiera.
¡Qué vergüenza las canas de vuestros bigotes!
¡Qué pena vuestra plegaria en contra del aborto y a favor del látigo del trabajo!
¡Qué pena que seamos tan limpios, que no sepamos lanzarnos,
ningún libro llega para tanto!
Somos los más listos, los que aprendimos todo, los que leímos los periódicos y tuvimos arcadas.
Los profetas de ojo transparente y pelo largo, los dueños del futuro que quema y nos lame la cara.
Míranos, los más europeos aplastados por Europa y por los kilos de grasa del Euro.
Los mejores camareros del mundo aquí estoy para servirle, qué bien el exilio
vagabundos españoles por el mundo que nadie os ponga voz
Sirve bien a la patria y escóndete
que nadie conozca el sabor amargo de la basura alemana
que tu madre no tenga vergüenza cuando salgas en la tele
que tu padre pueda seguir riendo en el bar, con los colegas, la derrota de siempre.

Un sillón dura tres generaciones y a nosotros no nos llega, nos toca exilio o arcada fría en el suelo del salón.
Alguien dejó una puerta abierta pero era una trampa
allí estaba la hostia del policía
la libertad en España huele a podrido como los escondites de las iglesias
se murió el dictador y os entró miedo,
y viva la movida
y viva la droga
y viva la teta que antes no podías ver
todo esto es un escaparate de libertad
un pañuelo usado del vuelo
el señuelo para los que no levantan la vista y guardan palabras en la boca.

Ya llegamos al año dos mil y las cadenas nos divierten
hay prostitutas y toros y parques de atracciones y la playa y tabaco pero no tenemos trabajo
todos queremos ser esclavos
¡que alguien me pisotee, que quiero ver un Madrí Barsa!
que alguien me traiga una cerveza fresquita que ya no aguanto la miseria que me rodea
unas bravas para el cobarde de la mesa 3, que nunca recibiré la hostia del amo
no hace falta
quiero la borrachera más grande del mundo para que no me duela tu hambre
la pantalla plana con la final del mundial cuatro metros de ancho y tres de alto y tres centímetros de lobotomía,
que alguien me saque todos estos libros de la cabeza,
no aguanto sus gritos.

China y su imán


La democracia baldía

Imagino a los chinos rebotados tras la caída del muro de Berlín y la URSS pensando “ahora vamos nosotros”, mecagoentó. Los imagino como estructura torpe, moviéndose lentamente y con pequeñas piezas que intentan hacerle caer (disidencia interior). Pero, en realidad, esta imagen de gigante patoso que cuida más la estética comunista que la realidad de interés hegemónico del mundo es falsa. La revolución ya había empezado antes, tras la muerte de Mao, el gran líder, en 1976. Con una economía relajada pero sustentada en un sistema dictatorial (por supuesto), China creó su propio modelo de socialismo-comunismo y puso un pie en el siglo XXI con las reformas que Deng Xiaoping, el sustituto de Mao, que pusieron, aunque ligeramente, al gigante rojo en el campo de la competitividad. Y nos jodieron la vida, claro.
Y fue entonces cuando millones de cabezas empezaron a bullir, a buscar una salida para alimentar a millones de bocas comunistas en una encrucijada que nos ha traído un Gólem que domina nuestro presente y futuro. Después de este momento de incertidumbre la cúpula comunista de china decidió cambiar su país y, de paso, cambiar el mundo.
Pues sí, cambiar el mundo, cambiarnos a nosotros más intensamente que lo que podría hacer cualquier presidente del Gobierno o cualquier mandatario de la Unión Europea. Más incluso que cualquier presidente de Estados Unidos o cualquier gran corporación.

Europa y la ruptura termómetro social

En el imaginario colectivo occidental (¿esto existe?), sobre todo europeo, los derechos sociales y laborales son una rémora, una conquista, una barricada, que ha ido sorteando el empuje del capitalismo. Estas medidas socialdemócratas (uf, qué gran palabra), vistas como una propuesta-espejismo para atraer a los izquierdistas menos fascinados por el polo soviético comunista después de la IIGM, eran un regulador de las protestas sociales en la vieja y maltrecha Europa. La cara del capitalismo se acomodaba, en parte, al pulso de la calle y ofrecía su cara más o menos amable. Y que nadie se saliera del capitalismo aunque se perdiera competitividad por las reclamaciones de más derechos. Pero este juego de lucha dentro del capitalismo, que en realidad beneficiaba tanto a manipuladores como manipulados, se rompió cuando desapareció el peligro comunista de la URSS y las protestas sociales se desinflaron de realidad para ser meros ladridos sin perro que pueda morder de manera efectiva. Y así, el cuerpo izquierdista de los países europeos y occidentales palideció de pronto y se quedó en el andamiaje. La representación teatral de una izquierda efectiva, autónoma, se vio horadada hasta el esqueleto con la pérdida del referente real (aunque ya la mayoría de la izquierda occidental se alejara del ideario soviético), dejando el campo abierto al capitalismo y a los partidos conservadores para hacer su juego de apretar y apretar y apretar a los trabajadores sin el miedo de la revuelta, sin tener que dar nada a cambio.

Y llegó China

Y en este juego teatral de derechos, de socialdemocracia y de neoliberalismo a chorro, China da un paso más y dice “os vamos a ganar con vuestras reglas”. Y se convierten en el gran matón del capitalismo. Los que más capacidad tienen para influir y para orientar la economía global, los que presionan el mercado por su lado más débil y abaratan todo. Copian todo. El empleo, el trabajo, las condiciones salariales se empobrecen hasta el escalón justo por encima de la pobreza. Millones de chinos trabajando con una idea en la cabeza, ser hegemonía mundial, y con una dirección política férrea y efectiva. Y esta es la palabra clave, la efectividad. La efectividad que, junto a la rentabilidad, hacen que China no necesite que sus ciudadanos disfruten de unas condiciones sociales de mínimos, ya que este tema ha dejado de ser una prioridad en cualquier parte del mundo hace tiempo. Por encima de los derechos sociales, de la libertad individual, de la democracia, se presenta la libertad económica, la capacidad de comprar y poseer, y en este juego los dirigentes chinos no son para nada de escayola. Tiran y sueltan una cuerda que parece que nunca se va a romper.

La crisis

Está claro que la crisis global no procede de un solo tropezón, sino de varios, de varias avaricias mal combinadas, de un dejar hacer negligente por parte de los gobiernos de los principales gobiernos mundiales, y una sobredimensión de la economía virtual sobre la economía real. Ajam. Esto está muy bien, pero creo que el martillo que suponen millones de chinos de verdad, en condiciones laborales inasumibles por el resto de países avanzados, con una dirección única, lineal, sin vicisitudes políticas, ha abierto una grieta que va a ser muy difícil salvar porque, ¿Cómo se puede competir con un país-continente de 1.300 millones de personas que no se quejan, que no votan y que solo trabajan? ¿Qué podemos ofrecer nosotros, los españoles, los europeos, los estadounidenses, incluso los alemanes, para competir con este gigante?
España ya lo ve, claro. Lo llevamos viendo tiempo, de hecho. La globalización se orienta hacia el lado más débil, y si, en otra época, los inversores internacionales orientaban sus fábricas hacia España por ser mano de obra barata dentro del mercado europeo, ¿para qué van a pagar ese plus, si pueden llevar su producción a China, o cualquier país africano o asiático que siga sus pasos? ¿No se trata todo esto, al final, de ser rentable, de ganar más, más, más?

Cuidado, porque nuestros beneficios sociales siguen estando muy por encima de los que tienen los chinos y están en el punto de mira de cualquier economista o político neoliberal. Es hora de luchar por no convertirse en chino.










La conjura de los suecos

René Magritte


Reportaje llevado a cabo por "El señor que tiene la garganta hasta el principio del estómago" y publicado en el periódico gracias a su entrega por parte de una gallina mensajera:

Al final saltó a los periódicos. Un día u otro debía pasar. Nos creemos que no sirven, que solo responden ante poderes económicos e intereses particulares, sin importarles una mierda la ética, la honradez, y la moral periodística. En nuestro país, si, pero en el resto, también. Además, cualquier periódico quiere ser como un buen portero: tener todo cubierto.

Claro que pasó mucho tiempo, muchísimo. Desde el año noventa y cinco ha pasado ya mucho, pero lo importante es que haya salido por fin a la luz. Y la verdad es que el hombre que lo provocó todo tuvo mucho valor. Un valor que le provocó, por supuesto, la muerte.

Este hombre es, como ya sabéis todos, Don Alfredo Muñoz Manrique. Desde el año ochenta y uno estuvo al lado del presidente del gobierno y fue su sombra hasta que  llegó a la presidencia en el año ochenta y dos. Era un doble espiritual del presidente García que conocía todos sus secretos. Don Alfredo nunca habría hablado. Jamás. Nunca habría contado nada sobre “la intriga de los rubios”, como se conoció la trama en la prensa.

Era un hombre de palabra, pero cuando el señor Carpintero, a través de uno de sus funcionarios, de esos con cara gris, manos grises, y nudo perfecto en los cordones, (doble lazo y equidistancia entre ambos lados) eliminó la pensión vitalicia del señor Muñoz para evitar gastos “superfluos”, este tuvo que estallar. Sus corridas de toros y las botellas de Merlot estaban en peligro. El hombre tenía ya setenta y siete años y mantenía con celo sus discretos pero a la vez necesarios vicios.

Todo el mundo sabe que en los pasillos de los ministerios, en aquellos despachos de puertas de roble macizo, pasan cosas que solo conocen unos pocos. Los necesarios. Y a veces, incluso son demasiados. Y uno de esos pocos era el señor Muñoz Manrique.

No fue él el encargado de negociar directamente con los suecos, claro que no. El señor M. Manrique disponía de un equipo altamente cualificado preparado para llevar a cabo este tipo de relaciones clandestinas y de alto estado. Pero él, por supuesto, supervisaba todos los asuntos que se trataban en aquellas enormes salas con plantas enormes, cuadros de paisajes y suelos encerados.

Cuando se enteró de lo que estaba pasando, mejor dicho, de lo que los suecos pretendían que pasara, se quedó impactado. No pensaba que España, fuera de nuestras fronteras se viera como un país de mierda al que se puede someter así porque si. Aunque fueran suecos, joder.

Lo primero que hizo, viendo el tamaño y la importancia de la operación, fue consultarlo con el mismísimo presidente García, para cubrirse las espaldas. Pero el señor Manrique no podía sospechar lo que le iba a decir el presidente. En su visita diaria para informarle de las novedades, se presentó en su puerta, se ajustó la corbata más de lo normal, se pasó la mano por el pelo intentando corregir algún pelo rebelde, llamó a la puerta y tras contestarle el presidente, la abrió con entusiasmo:

-Buenos días señor presidente.

-Hola, Alfredo, pasa, pasa.

El presidente García la sonrió detrás de una mesa demasiado grande, llena de teléfonos, folios y un cenicero metalizado y enorme. Ese día, el presidente tenía los pies encima de una silla, y garabateaba algo en una hoja. Cuando su empleado empezó a hablar, encapuchó el bolígrafo y le miró.

-Mire, venía a preguntarle una cuestión que tengo en la cabeza desde hace un tiempo. Hace un par de días, mis colaboradores me comentaron una reunión que tuvieron con unos responsables del gobierno sueco…

-Ah, lo de los suecos…No se preocupe por eso, Manrique. Ya está todo hecho. Era algo necesario para el país.

-Pero…señor presidente...

-Si, Manrique, es algo doloroso aunque inevitable. Además, ¿Usted sabe el dinero que tienen los suecos?

-No, no lo se señor presidente.

-Mucho, Manrique, muchísimo.

-Pero señor presidente, ¿Qué pensarán los ciudadanos?

-No tienen que enterarse, eso es obvio. Imagínese el escándalo. Además, con el dinero de los suecos podremos hacer carreteras, hospitales…de todo. Y eso si que es útil para los ciudadanos, y no que pertenezcan a un país o a otro. Eso son tonterías.

-Pero señor presidente, perdóneme que discrepe, pero no me parece legítimo que disponga de la soberanía nacional como usted quiera.

-Mire, le tengo mucha estima y sabe que es una persona de mi completa confianza, pero debe usted entender la situación. Nosotros, España, somos una mierdecita de país que acaba de salir de una crisis de narices y que no tenemos dinero para nada. Eso es así, llega septiembre, se acaba el verano, y ale, el dinero a tomar por culo. Ante esta situación podemos hacer dos cosas. Podemos tirar de casta, de orgullo, ser nacionalistas, patriotas o lo que sea, y coger el poco dinero que tenemos e intentar hacer cosas con él sin pedir dinero a nadie. La otra opción es dejar que nos ayuden.

-Ya, señor presidente, pero es que esa ayuda supone que los suecos se queden en propiedad las Islas Baleares. Me parece un precio muy alto.

-Bueno, según como se mire. Oficialmente, nadie sabe nada y esperemos que esto siga así para siempre. Los suecos nos dejan el dinero, nosotros lo utilizamos para revitalizar el país, y por cierto, para ganar las próximas elecciones, y se lo vamos pagando en cómodos plazos. Poco a poco.

-Ya, señor presidente, pero mientras que las Islas Baleares sean suyas, estén bajo su dominio, ellos ¡Pueden hacer en la práctica lo que les de la gana y nosotros no podremos hacer nada para evitarlo!-Aquí el señor Manrique se sorprendió por haberle levantado la voz al presidente. Tras un momento, se sintió orgulloso de haberlo hecho.

-Mire Manrique, los suecos son gente correcta, formal, y no harían nada que pudiera levantar sospechas. Además, a ellos tampoco les interesa que esto se descubra. Internacionalmente tienen la imagen de ser gente tolerable y conciliadora, casi lo opuesto a la idea de colonialismo, que por un tiempo muy corto les dejaremos desarrollar en nuestro territorio.

-Ya, pero es que precisamente ese es el problema. Es nuestro territorio. No podemos negociar con él, señor presidente.

-Si, si podemos negociar con él. En el año ochenta y seis, y aunque usted, ¡ni siquiera usted señor Manrique!, fíjese, tenía ni tiene ni idea de lo que supone nuestra entrada en la Comunidad Europea. Ni idea. A partir de ese momento nuestra soberanía se ve completamente supeditada a lo que decida Europa. Punto. Eso es así y nadie se ha tirado de los pelos, joder, y es algo obvio. Ahora que decidimos alquilar, (porque es alquilar y nunca vender) una parte de nuestro país para generar riqueza, gente como usted, preparada, pragmática, se opone. ¡Imagínese si esto sale a la luz! Me mientan a los Reyes Católicos, a la unidad de España y me llaman comunista por lo menos.

Además, si no negociamos con lo que podemos negociar, nuestra economía estará en desventaja con otros países que definitivamente si que están dispuestos a negociar partes de sus territorios con países más ricos. Algunos incluso venden partes a perpetuidad. Para siempre. El sur de Madagascar, esa isla enorme que hay en el pacífico al lado de África, fue comprada por los chinos para plantar soja y arroz en sus campos. En Portugal los franceses han comprado unas provincias en el norte del país para desarrollar el vino de la región y sacar beneficio, en el sur de Argentina los Estados Unidos han alquilado, porque ya sabe usted como son los argentinos, que se mosquean por nada, parte de la Pampa para hacer pruebas militares. Ya ve señor Manrique. Si no accedemos a alquilarle las Islas Baleares a los suecos, otros países emergentes nos pasan por encima. No me gusta la situación, pero es lo que hay, y yo, como presidente del gobierno, elegido por todos los españoles, debo hacer lo que considere mejor para el conjunto de la nación, no para retóricas anticuadas sobre nacionalismos y demás estupideces. Estamos en a las puertas del siglo veinte, los idealismos se han ido a la basura, y ahora lo más parecido al idealismo es tener un coche en la puerta y una tele muy grande. Y para que la gente tenga estas cosas, debemos conseguir dinero. Es la única solución.

-De acuerdo señor presidente. Pero usted no es libre de hacer lo que quiera, usted deberá responder de sus acciones para bien o para mal en un futuro.

-No responderé ante nada porque esto nunca saldrá públicamente. Es un secreto de estado y ya sabe cómo se castigan este tipo de delitos. Nadie se atreverá a decir nada. 

-Señor presidente, usted debe estar tranquilo conmigo. Aunque discrepe de sus decisiones, nunca sería capaz de traicionarle a usted y a la patria. Jamás.

-Lo se, lo se, señor Manrique. Usted es una persona de mi completa confianza. Por eso le otorgué la capacidad para tratar estos temas tan delicados.

-Muy bien presidente. Ahora debo ausentarme y seguir con mi trabajo. Buenos días.

-Muy buenos días, Alfredo.

Los suecos, pese a la idea que tenía el señor presidente de ellos, y que suponía que representaban a nivel global, no se portaron del todo bien. Dos meses después de la conversación entre el señor Manrique y el presidente, se cerró el pacto y un destacamento de la Svenska diplomatiska se ubicó en un edificio enorme del centro de Palma de Mallorca, para ir manejando los asuntos que les competían. Era Julio, y como es normal en las islas Baleares, hacía calor, y la llegada de casi ochenta rubios, (la mayoría eran rubios y blanquísimos de piel, aunque había algún hijo de inmigrante que daba un poco de color al destacamento), pasó desapercibida para los de la zona, acostumbrados a la llegada masiva de turistas en estas fechas. La toma efectiva, y por supuesto clandestina de poder tendría lugar, escalondamente, en unos tres meses y hasta entonces deberían ir asumiendo poco a poco y sin levantar mucho polvo, las responsabilidades que los políticos y funcionarios de las islas les iban a otorgar.

Por cierto, a toda esta masa de gente que trabajaba para el gobierno balear, y que por supuesto, debían estar a partir de ahora bajo mando de los suecos, no se les informó de nada. Los suecos, para no levantar sospechas, y con un equipo de ochenta personas, pretendía controlar los principales despachos y otorgar los puestos de menos importancia a políticos de la zona.

Los suecos y sus familias empezaron a comprar masivamente casas y chalets en Menorca, Mallorca, Ibiza y en menor medida, Formentera. Los isleños estaban acostumbrados a acoger a turistas, pero no a que compraran casas tan masivamente como lo hacían ahora. Y por supuesto, el precio de la vivienda creció muchísimo hasta el punto de que los baleares de a pie que querían comprarse una casa debían hipotecarse hasta las cejas. Hubo alguna protesta, pero pasó el tiempo, se dejaron de comprar tantas casas, y el precio fue bajando poco a poco hasta llegar a precios normales.

Pero la llegada masiva de responsables del Svenska diplomatiska, también hizo que llegaran jovencitos y jovencitas, hijos y nietos de los funcionarios. Estos chavales y chavalas, acostumbrados a venir a España de vacaciones con sus amigos, desvariar durante un par de semanas y volverse a su país. Pero cuando se dieron cuenta que la fiesta y la juerga que había en las islas no podía durar para siempre, habían pasado ya unos cuantos meses. Y así, aquellos inocentes jovencitos que llegaron, se convirtieron en poco tiempo en unos adictos al sol y a las drogas, provocando unos cuantos problemas a sus familias y a la gente de la isla. Pero poco a poco, y a base de abandono parental o inclusión de los vástagos en puestos influyentes, estos rubios y rubias nórdicos fueron haciéndose hippies drogadictos por un lado, y si podían reconducirse a tiempo, en unos jóvenes y ambiciosos ejecutivos por otro.

Los años fueron pasando. El Partido Popular ganó las elecciones del noventa y seis y la economía, sorprendentemente, creció muchísimo. Se liberalizaron empresas, se construyó masivamente y los fondos de cohesión europeos hicieron que pudiéramos creernos europeos por fin. Además, gracias a este dinero fresco, se pudieron recomprar las Baleares. Después de un par de años de colonialismo Express, no hubo apenas restos de aquel alquiler interestatal, salvo en la memoria de algunos funcionarios, pocos, y algunos hippies que cuando los suecos se volvieron a las frías y verdes  praderas suecas , ellos ya estaban demasiado liados con el New age, las drogas y todo ese jaleo. 

En las entrañas del gobierno, el señor Manrique, junto a muchos funcionarios de confianza del gabinete socialista, fueron despedidos aunque a los más delicados, como el señor Manrique, se les otorgó una generosa paga vitalicia que no pretendía otra cosa que callarles la boca de por vida.

El señor Manrique, con su paga en el bolsillo y con una familia desconocida por descubrir después de tanto tiempo trabajando en las altas esferas, se mudó a un pueblo pequeño de Galicia para vivir, tranquilamente, el resto de su vida. Allí pasó en la clandestinidad bastantes años, en una casa pequeña, cubierta de musgo y hecha con pizarra. Sus hijos fueron con ellos, pero al poco tiempo se casaron, hicieron sus familias, y se desperdigaron por otras partes de España. La vida era feliz para el señor Manrique. Hicieron amigos, iban a cenar con ellos, conocían a Julia, la panadero y Felipe el del kiosko. Pasaron allí el cambio de milenio y el atentado de Atocha. Cuando llegó Zapatero al gobierno, y pese a que ya era muy mayor para poder optar a un puesto en el gobierno, al señor Manrique le nació una renovada esperanza política.

Tan solo tendrían que pasar un par de meses hasta que una carta, entregada un día lluvioso de otoño, y que resaltaba violentamente contra la pizarra del suelo de su porche, iba a provocar el enfado visceral del ya anciano Adolfo Muñoz Manrique. Esa misma tarde, cuando abrieron los ministerios, hizo llamadas, gritó, pero sus antiguos compañeros y encargados ya no estaban en las instituciones y en su lugar unos jóvenes hijos de tal o cual persona importante, decían no conocerle.

En ese momento, el señor Manrique se cagó en la socialdemocracia, en todo el funcionariado que no sabe reconocer los méritos de alguien como él, y sobre todo en el tontolaba de la sonrisita, el señor Zapatero.

A los pocos días y después de hablarlo con su mujer, decidió llamar al periódico El Dato para contar todo lo que sabía, todo lo que había tenido que callar durante tantos años. La verdad es que fue la única salida que le quedó. Juró no decir nada, si, pero a él también le prometieron que iba a tener una pensión vitalicia, que ahora, por recortar gastos, le han quitado.

A la semana, el señor y la señora Manrique aparecieron muertos en su cama. A nadie le importó una mierda la vida de este señor (y mucho menos la de su señora), que en la sombra, luchó por defender lo poco que quedaba de un país a la deriva. 



Huelga (texto de Cloti Guzzo)

Los ricos no; a esos no se les ve nunca, son dráculas negros que se cambian de sangre todos los miércoles por la tarde y tratan a los seres humanos como si fueran cerdos, con sus pensamientos cerdos, (el de los ricos).

Me refiero a los otros, a los que están más cerca, a los que dicen que hay que ser educados y son unos maleducados impresionantes.

Que dicen que hay que ser puntuales y siempre llegan tarde porque tienen reuniones o reuniones o reuniones...Esos que dicen que es que en este país nadie quiere trabajar y por el cristal de sus despachos compruebas que están mirando el próximo viaje o crucero o deporte donde gastar el sueldazo que gana por no hacer nada. Los que dicen que son los más listos, la raza super, o la frente ancha y tienen al lumbreritas en una mesita desafiando sus fantasmas con nuevas ideas, organización, propuestas , mientras le dicen que como se ponga enfermo lo echan a la calle sin contemplaciones, ni amortización económica, ni paro, ni na de na, a la calle!!

Esos que engañan a todo el mundo inventándose el dinero, las casas, las hipotecas, los precios, los intereses, todo por no dar palo al agua, a su mujer, a sus secretaria, a su suegra, y hablan mal de todo el mundo, con esa sonrisa caduca como los envases de fairy que reciclan rapidamente con la última sonrisa , antes importada de Estados Unidos, ahora quizás de un Pais que venda más ¿naturalidad?.

basta, basta, basta ,basta
Huelga general.
Cloti Guzzo.

La columna de Álvaro Cuadra (especial para ARGENPRESS.info)



La década de los ochenta marcó el advenimiento del neoliberalismo a escala mundial. De la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la receta parecía infalible. Se trataba de minimizar el papel regulador del estado y controlar las “variables macro económicas”, con ello se garantizaba el crecimiento de las naciones. Las sociedades de consumidores era la única forma de alcanzar el bienestar de las mayorías. Tras la caída del muro, los más entusiastas hablaban, incluso, del “fin de la historia”.

Como suele ocurrir con los delirios y supersticiones humanas, ha llegado la hora del desencanto. Hoy, las protestas de los indignados están tan globalizadas como los mercados y los medios de comunicación. En todo el mundo, los ciudadanos advierten que el mentado modelo neoliberal no produce el bienestar prometido sino que genera desempleo, crisis económica e injusticia social. Esto lo sabemos bien en Chile, emblemático país-dólar a escala latinoamericana desde los tenebrosos años de Augusto Pinochet, pero también lo saben en Nueva York, París o Roma.

La llamada globalización ha creado un “capitalismo casino” planetario que enriquece a las grandes corporaciones, sumiendo a las naciones en la miseria. Este fenómeno que se ha acentuado estos primeros años del siglo XXI ha tenido consecuencias culturales y políticas insospechadas. El desarrollo de una “Hiperindustria Cultural” – construida de redes e imágenes digitalizadas en tiempo real - ha engendrado lo que algunos llaman una “Cultura Internacional Popular”. La sociedad de consumidores, diseño antropológico y rostro cotidiano del neo capitalismo, posee, ahora, un alcance mundial. En pocas palabras: Los problemas de los ciudadanos de diversos países son, en lo fundamental, los mismos. Esto explica, en parte, que la indignación sea, también, global.

Un desempleado en Nueva York, un estudiante chileno o un trabajador en Grecia son víctimas de la misma humillación producida por un sistema económico y financiero profundamente injusto. Todos ellos sienten la represión de la policía como expresión última de sus gobiernos. Las imágenes de las manifestaciones de indignados en todo el orbe traspasan las barreras idiomáticas, pues más allá de las singularidades de cada cual hay algo que se comparte. Mientras el alza de un índice en Wall Street enriquece a alguna multinacional, en otro lugar del mundo un trabajador pierde sus derechos de salud o un estudiante ve como aumenta su arancel para proseguir estudios. Mientras una empresa aumenta su capital, un niño muere de hambre en África, un bosque es talado en Amazonía o una especie se extingue para siempre en el planeta tierra. En el mundo imaginario creado por la publicidad, lo único cierto es la humillación, el dolor y la indignación.

El manifiesto global de apoyo a las marchas del 15O que han firmado Naomi Klein, Noam Chomsky y Eduardo Galeano.




El manifiesto 

El 15 de octubre, unidos y unidas en nuestra diversidad por un cambio global, exigimos democracia global: un gobierno global del pueblo y para el pueblo. Inspirados en nuestros hermanos y hermanas en Túnez, Egipto, Libia, Siria, Bahrain, Palestina-Israel, España, Chile y Grecia, también exigimos un cambio de régimen: un cambio de régimen global. En las palabras de Vandana Shiva, la activista india, exigimos el remplazo del G8 por la humanidad completa- el G7,000,000,000.
Las instituciones internacionales no democráticas son nuestro Mubarak global, nuestro Assad mundial, nuestro Gaddafi internacional. Estas incluyen: el FMI, OMC, el comercio internacional, los bancos multinacionales, el G8/G20 y el Consejo de Seguridad de la ONU. Como Mubarak y Assad, no permitiremos que dirijan nuestras vidas sin nuestro consentimiento. Todos nacimos iguales, pobre o rico, mujer o hombre. Africanos y Asiáticos son iguales a Europeos y Americanos. Nuestras instituciones deben reflejar esto o ser derrocadas.
Hoy, más que nunca, fuerzas globales determinan nuestras vidas. Nuestros trabajos, nuestra salud, nuestra vivienda, nuestra educación y nuestras pensiones están controladas por los bancos internacionales, el mercado, los paraísos fiscales, las corporaciones y las crisis financieras. Nuestro medio ambiente está siendo destruido por contaminación en otros continentes. Nuestra seguridad la determinan las guerras y el comercio de armas, drogas y recursos naturales que benefician a personas fuera de nuestras fronteras. Estamos perdiendo el control sobre nuestras vidas. Esto debe terminar. Esto va a terminar. Los ciudadanos del mundo debemos recuperar el control sobre las decisiones que nos afectan a todos los niveles – de global a local. Esto es democracia global. Esto es lo que hoy exigimos. [Este párrafo fue agregado siguiendo las sugerencias de las asambleas]
Como los zapatistas mexicanos, hoy decimos “¡Ya basta! Aquí el pueblo manda y el gobierno obedece” - ¡Ya basta! Aquí el pueblo manda y las instituciones globales obedecen. Como los indignados españoles decimos “¡Democracia real ya!”- Democracia global real ya.
Hoy hacemos un llamado a los ciudadanos del mundo: ¡Globalicemos la Plaza Tahrir! ¡Globalicemos la Puerta del Sol!

Un mundo de mentiras, por Álvaro Cuadra

      Durante muchos años, se enseñó en las universidades que el concepto de “manipulación” de la información se refería a ciertas acciones de tipo estratégicas tendentes a persuadir o disuadir a determinados públicos, cuyo sello era el tratarse de acciones llevadas a cabo por gobiernos o empresas de manera “consciente” y “encubierta”. La manipulación de públicos a escala mundial es, de hecho, una estrategia en marcha. Dicho de manera brutal: En la era de la “Híper-industria cultural”, todos los habitantes del planeta están expuestos, en mayor o menor medida, a una vasta operación de desinformación.

      Los instrumentos privilegiados de esta “manipulación - mundo” están constituidos, por cierto, por las grandes empresas internacionales de la información. Son estas redes de televisión, páginas Web, radio, agencias de prensa y periódicos de gran prestigio y tiraje los que articulan día a día, en tiempo real, la historia oficial de la humanidad. Se trata, desde luego, de todo un sistema complejo cuyos filtros operan desde las naciones más desarrolladas del orbe, pero cuyos ecos resuenan por doquier. Se trata, agreguemos, de un sistema de medios coordinados en red que habla todas las lenguas del planeta. Así, detrás de cada “marca registrada” - BBC, CNN, NBC, FOX y muchas otras - se decide qué es y qué debe ser una “noticia”, qué es lo que tiene derecho a la visibilidad y qué debe permanecer opaco e invisible.

      La denuncia al poder de los medios no es nada nuevo. Sin embargo, el actual desarrollo tecnológico ha refinado a tal extremo las posibilidades del montaje que bien podemos definir el siglo XXI como el gran siglo de la mentira. En la actualidad, la capacidad de los medios logra sincronizar el flujo temporal de los acontecimientos “en vivo”, con el flujo temporal de las conciencias alrededor del mundo. Hace algunos años, algunos estudiosos denunciaron la irrupción de una “Cultura Internacional Popular” de la mano de la manipulación publicitaria en un mercado mundial. Ahora, es preciso, denunciar la construcción de un “Imaginario Promedio Mundial”, mediante la manipulación de la información a escala planetaria. Cada acontecimiento es filtrado y puesto en una concatenación de símbolos - audiovisuales o escritos - destinados a construir una red “cuasi racional” de significaciones que son instiladas a los públicos a modo de ficciones verdaderas.

      De este modo, cada día de nuestras vidas vemos aquello que se nos hace ver, cada día nos explicamos el mundo según el guión escrito en alguna interesada sala de redacción. Sin embargo, resulta interesante preguntarse por aquellos sucesos que no nos está permitido ver, el resultado atroz de alguna gloriosa incursión militar en nombre de la libertad o la democracia, los cuerpos rotos y quemados de las víctimas, los hombres y mujeres invisibles que flotan en el Mediterráneo porque jamás alcanzaron su sueño, los rostros famélicos de algún villorrio africano, los cadáveres apilados en alguna fosa común, en fin, los lugares convertidos en tierra baldía en nombre del desarrollo económico y la libre empresa. El “Imaginario Promedio Mundial” resulta ser el adormecimiento de toda resistencia moral y cultural frente a la depredación de poderes tan violentos como insaciables. El siglo de la mentira es, paradojalmente, el siglo del “entertainment”, un modo sutil de convertir lo trágico y patético en una cínica comedia.