Islas divergentes

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Panorámica de su sonrisa

No quiero repetir la misma letra ni una sola vez para decirte buenos días. Quiero ser el amante peligro y rubio y negro con el que engañas a tu novio, que también soy yo. Te digo te quiero no en el lenguaje de mesas y sillas con el que tropezamos, te quiero como los papagayos dicen te quiero de rama a rama con sus plumas felices que no conocen el suelo. 
Escribir te quiero como quien se prende en llamas con una esquina de tu ojo y corre por la calle con las letras más sinceras y calientes de la historia de los incendios. 
Así, como si este amor de madriguera y ala delta fuera superviviente de todas las masacres, perenne como el color otoño de tu sonrisa.
Nuestro te quiero mucho más que los rascacielos y mucho menos que un revolver, manchado de lluvia pero ingobernable, insumergible, caliente como el sueño de los tigres y cercano como la primera barra de pan de cada mañana.


Ella


No sabéis lo que me estoy perdiendo
ni idea de mi sed cuando escribo
de mi hambre cuando escribo

No tenéis ni idea de cómo se despliega
cómo se abre las ventanas y da igual que llueva,
nieve
o nos golpee el viento:

En nuestra habitación siempre es verano.