Islas divergentes

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Te echaremos de menos, David

 

La última vez que nos vimos fue en el Ateneo Anarquista Lucía Sánchez Saornil, en La Cabrera, y nos vimos porque me habías contado que estabas ahí, en el Camping, viviendo con tu pareja, feliz de la vida, y yo te invité a participar. Aquel día compartimos poemas, un par de birras, y una charla maja sobre la vida, la poesía y las bondades de la Sierra. No te lo dije, pero desde que en 2011 te conocí como autor de Canalla, siempre admiré tu franqueza y tu generosidad conmigo aunque yo fuera un don nadie, un chavalín que acababa de sacar libro, que apenas había vivido nada. Y te doy las gracias, David, por tu generosidad, por tu poesía pero sobre todo por tu ejemplo.

Os dejo con el poema La autopista, uno de los que más recuerdo cuando pienso en David y su eterna melena:

LA AUTOPISTA
ya que tanto insistes
en que me lo corte
voy a explicarte
y será la primera y última vez que lo haga
por qué llevo el pelo largo

llevo el pelo largo
porque el ejército estadounidense
ofrecía una recompensa
de dos dólares
por cada cabellera de indio
que se le entregara
y los que la cobraron
así como los soldados
y mandos superiores
del ejército estadounidense
llevaban el pelo corto
o muy corto

llevo el pelo largo
porque el ejército franquista
en el patio de la casa en la que nací
le rapó la cabeza
a una de las mujeres de mi familia
cuyo hombre
acababa de ser fusilado
por negarse a defenestrar
niños de pecho republicanos
y los soldados que le raparon la cabeza
así como el resto de las tropas
y mandos superiores
del ejército franquista
incluido el puto francisco franco
llevaban el pelo corto
o muy corto

llevo el pelo largo
porque en el campo de concentración de mauthausen
a los deportados españoles
como ramiro santisteban
el superviviente octogenario que me lo contó
a los deportados españoles
una vez a la semana
los sábados
les hacían lo que entre ellos se conocía
como La autopista
esto es
les rapaban el pelo al cero
desde la frente hacia atrás

la autopista

y más adelante
cuando hitler estaba perdiendo la guerra
con ese pelo
se forraban las botas de los soldados alemanes

con ese pelo

y todos esos soldados alemanes
como también los que los sábados colaboraban
en el mantenimiento de la autopista
junto con sus respectivos mandos superiores
el hijo de la gran puta del fuhrer a la cabeza
y junto con el resto del pueblo alemán
llevaban el pelo corto
o muy corto

llevo el pelo largo por otra razón también:

muchas de las mujeres que conozco
me aseguran que con él así de largo
estoy mucho más guapo
y aparento muchos menos años
de los que en realidad tengo

así que en vez de estar dándome la gaita a todas horas
con que a ver cuando voy a que me corten el pelo
mejor te callabas la puta boca
eh
y te dejabas
crecer el tuyo 

Disociados, una antilogía






Hace ya tres años, en 2010, Ya lo dijo Casimiro Parker presentó una antilogía en la que reunía a cuatro poetas desbordantes (Contrapoesía { Antilogía de poetas reversados }; Pedro Casariego Córdoba Eduardo Scala Arturo Martínez y  Gonzalo Escarpa) para darles un cuerpo común y diferente.

A principio de este 2013, José Ángel Barrueco y Gsús Bonilla dos poetas como la copa de un Bukowski, repiten la fórmula y nos traen Disociados, una antilogía con textos de El Ángel, Karmelo C. Iribarren, Roger Wolfe y David González. La palabra disociado en poesía, según Bonilla y Barrueco, podría entenderse como una actitud ante la adversidad, al margen de las corrientes existentes y a modo de evolución en la propia poética, personal y libre, siempre independiente, como quien busca su realidad, generando siempre una voz inconfundible: verismo y autenticidad.  Me gustaría afilar un poco más el lápiz sobre lo que han dicho Barrueco y Bonilla para decir que estos cuatro poetas se toman cafés y se pinchan en el límite, se escriben y fuman en la frontera pero siempre sin tocarse, sin mezclar las lenguas ni los estilos. A través de lo mejor de sus obras, de algunos poemas inéditos (tela marinera de la buena la mayoría) y poemas breves, se nos presenta un collage sin fisuras y que no para de crecer cada vez que se lee.

Por ejemplo, lees a El ángel y te viene una sensación de vértigo ante la carne, la propia y la ajena, que te hace sentir la muerte de manera rutinaria, real, casi física  Caballo/eso que nos causaba dolor se nos antojaba como lo único que podía aliviarnos. El ángel camina sobre cristales rotos cuando escribe.

Karmelo C. Iribarren parece que no va deprisa, que no corre, que te dirá las verdades sin abrir la boca y cuando has terminado el poema sientes que te has llevado una hostia de las buenas, como en el poema: MOMENTOS QUE NO TIENEN PRECIO, Llegar al fin/hasta la puerta/de tu casa, /entrar,/echar todas las cerraduras,/y, como quien saborea/el sabor de la venganza/ decirlo:/”ahí/os quedáis,/hijosdeputa”.


Si Charles Chaplin decía, en sus primeras películas Todo lo que necesito para hacer una comedia es un parque, un policía y una chica guapa lo único que necesita Roger Wolfe para escribir un poema es un cigarro y un café, que te dejarán el poso agrio en la lengua, la insistencia en la derrota (las palabras son la terquedad de mi abulia/Pero son –lo he dicho, lo repito- lo único que tengo) y pese a todo, sin saber por qué ni de dónde viene, la posibilidad de una victoria inesperada.

El poeta que remata el libro es David González, un nombre común que no tapa una poesía muy humana, una forma de contar que huele a frutería, cañas y droga a media noche. Acciones normales que él transforma en hechos memorables En el autobús, le cedo el asiento a los niños:/los mayores ya tuvieron su oportunidad/y no supieron, o no quisieron, aprovecharla.

Disociados rescata y abre las venas de cuatro poetas verdaderos, que ya tienen voz propia y derrotas propias, que saben cuál es su sitio y cómo empuñar la poesía para que esa voz y esas derrotas sigan siendo suyas. Merece la pena ver este espectáculo de contención y tenacidad.  

DISOCIADOS. antilogía
EL ÁNGEL
KARMELO C. IRIBARREN
ROGER WOLFE
DAVID GONZÁLEZ
Selección de poemas y prólogo:
Gsús Bonilla + José Ángel Barrueco
ISBN 978-84-939270-6-6
232 páginas
Encuadernación rústica
Cubierta plastificado mate
Papel Munken
15 EUROS