Islas divergentes

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Reseña de Seronda, de Ana Pérez Cañamares, en InfoLibre

 


Existen varias acepciones para la palabra Seronda y la propia autora las incluye al inicio del poemario:

Otoño

Hierba que se siega en el otoño. Cosecha del otoño

Hierba de segundo o tercer corte

Dicho de un fruto: tardío.

No sé tú, pero yo no conocía el término, y de estas acepciones me quedo sin duda con la última: Dicho de un fruto: tardío. Los que hemos tenido la suerte de seguir a Ana Pérez Cañamares a través de manifestaciones, entrevistas, páginas, blogs y charlas, sabemos que Ana no hace las cosas de cualquier manera, le gusta sacar provecho de cualquier ámbito. Y por eso, en este su décimo poemario, hay muchos frutos tardíos. Frutos entregados al lector después de mucha vida y muchas lecturas. Ana sigue la trocha de resistencia iniciada en La senda del cimarrón y no se arrepiente de «haberse echado al monte». Allí, delante de una hoguera alimentada por petirrojos, montañas y familia no humana estudia el mundo y lo disfruta.

Lo primero que llama la atención de Seronda es la excepcional edición que La Garúa ha hecho para acoger estos nuevos poemas de Ana Pérez Cañamares. Una edición cuidada y acorde al contenido del libro, ya que Seronda es un elogio al tiempo lento, a hacer las cosas bien, al «Festina lente».

En el inicio de Seronda, en las secciones HAZ y LIMBO, Ana hace que sus poemas no sean un artefacto o un mecanismo sino algo lógico, sencillo y a la vez infinito como una contraseña que abre el musgo o una perra olfateando las lindes del camino. Pérez Cañamares muestra un poemario humano y animal, y ubica animales en contextos aparentemente humanos:

por fin el alce será el Dios que fue

y en los retablos no tendrá rival

o a personas en situaciones más propias de animales:

no ibas a destetar a tus cachorros

o incluso vegetales:

como jardín borracho de maleza

Y así crea un vínculo y une los límites para que el lector sienta que lo que tiene entre manos no es una obra intelectual de una escritora que se ha esmerado por encontrar las palabras adecuadas para agradar, sino huellas de una vida en sintonía con el entorno, con los libros, con la memoria. Ana Pérez Cañamares no muestra artefactos literarios sino plantas o animales literarios, aprecia más allá de lo evidente porque el tiempo antes que rueda fue caballo.

El lector es invitado a un lugar de resistencia, pero a diferencia de otras épocas en las que Pérez Cañamares participaba en la barricada popular y jarandosa, desde abajo y principalmente urbana, en Seronda muestra una resistencia eco-comunitaria, simple a la vez que poderosa, en la que muchas veces recuerda a los grandes solitarios humanistas como Thoreau Mary Oliver. Crea puentes, con paciencia, pero con buenos cimientos y tiene claro, igual antes que ahora, que la última palabra aún no está dicha.

En las dos últimas secciones la autora se muestra un poco más, nos deja pasar a una estancia más próxima a su día a día. Nos presenta a su compañía animal, gatos y perros, pero también a sus recuerdos, a su genealogía como un santuario, a sus antiguos amores, y nos cuenta, casi como en una confidencia, su gran temor: la ausencia será el peor de los infiernos.

Con poemas de verso corto en su mayoría, con imágenes precisas, emocionantes y cotidianas, Cañamares va desplegando sus poemas y su mundo para aterrizar en NERVADURA, la última sección, en la que, como un río que se divide en muchos ramales, la autora va subrayando los lugares donde aún es posible la esperanza. Recovecos como la amistad, la escritura, el amor o la fraternidad, para que este mundo cruel, rápido y estúpido no nos arrase y nos contagie. 


Reflexiones sobre Yeguas exhaustas, de Bibiana Collado (actualizado 17/4)

 

Hace más o menos un mes mi pareja y yo terminamos de leer el libro Yeguas exhaustas, de Bibiana Collado (https://twitter.com/BibianaCollado) y, como hace tiempo que colaboro con el portal cultural Killedbytrend, pues escribí una reseña, que podéis leer aquí:

Bueno, pues el caso es que ayer la autora valenciana presentó el libro en Traficantes de sueños y, como no era una presentación de un libro de poesía sino una presentación de una novela (que muchos ya habíamos leído) se montó una charla muy interesante con Carolina León (https://twitter.com/carolinkfingers) preguntando y moderando y algunas personas del público preguntando. Lorena Mora (https://twitter.com/EnraizarteP), que es mi pareja y una gran y afilada pensadora, escritora y ser creativo, hizo algunas preguntas muy interesantes sobre el libro y, volviendo a casa, seguimos debatiendo el tema.

Como entiendo que no habéis leído el libro (os lo recomiendo, obviamente), os copio por aquí una sinopsis breve para poneos a tono:

Una madre, con los dedos rígidos de triar naranjas en un almacén y limpiar pisos de vacaciones de otros. Una hija, también con los dedos rígidos, pero de teclear papers, tesis y mil trabajos académicos. Y algo que no encaja. La sensación de que debería estar pasando algo que nunca llega a pasar. Este libro nos presenta un rosario de mujeres extenuadas. La falsa promesa del trabajo duro se hace añicos entre estas páginas mientras suenan Camela o Estopa.

Yeguas exhaustas es la historia de una hija que tiene una relación de pareja dañina, que piensa en las heridas del cuerpo, en las tremendas diferencias de clase y sus implicaciones, en el clasismo del «mundo de la cultura», en el acceso al mercado laboral, en la endogamia universitaria y sus laberintos… en definitiva, en el averiado ascensor social.

Esta novela trata de manera certera el paso del siglo xx al xxi en España a través de la propia experiencia: «Me exploro, investigo, reinterpreto pedazos de vida. Juego y cuestiono. Busco causas. Busco alivio. Busco cómplices». Y sin duda los encuentra.

En Yeguas exhaustas Bibiana Collado Cabrera nos lleva a situaciones vividas y sentidas como individuales que en realidad son colectivas. Tan bien contadas, tan reales, que por momentos se nos olvida que estamos ante una novela.en la web de Pepitas, la editorial del libro.

Lo ideal aquí es que pusiéramos un audio, o un QR o algo similar, para mostrar más verazmente la tensión de la charla, que fue emocionante, pero bueno, intento reflejarlo yo. Le diré a Lorena que lo revise antes, por si la cago. El caso es que Lorena y yo estuvimos hablando mucho sobre feminismo, complejos, clase pobre que deja de ser pobre, sobre la vergüenza de ser pobre, sobre el orgullo perdido de ser pobres. Y dijimos también que aquel que es pobre y consigue dinero sigue siendo pobre, que los ricos, ese lugar al que llega, esa atmósfera, no va a dejar que se integre porque sabe que no es realmente rico sino que el dinero va y viene y qué se yo. Y junto a esta palabra rico llegan otras como intelectualprofesor universitariopoetaliteratoacadémico y no, estas palabras tampoco respetan la escalera invisible de la meritocracia (esa palabra que es un lodazal), porque cuando llegas, al principio con vergüenza, pero poco a poco te empiezas a sentir cómodo en ellas por estudios, pasión, vocación, te das cuenta de que no perteneces del todo. Que en tu sillón cómodo no es solo que haya un zapato o libro puesto en punta que se te clava en el culo, sino que el sillón no es tan cómodo porque alguien se está encargando de quitarle el algodón poco a poco porque considera que tiene un culo muy gordo y PUEDE SENTARSE EN TODOS LOS SOFÁS.

Bueno, en realidad esto no lo comentamos ayer así, pero fue parecido. Y hablamos de la mancha que Lorena dice que los pobres se empeñan en limpiar y limpiar pero que no consiguen hacer desaparecer. También de que el pobre puede ser pobre pero sucio NUNCA. Y ahí le comenté yo la típica frase de «En mi hambre mando yo» que le soltó el jornalero al patrón y seguimos por ahí, hablando de conciencia, orgullo, que no todo son las perras y los billeticos pero que qué complejo es todo.

Parte 2 (17/4/23)

Venía yo del pueblo, alegre y caluroso, escuchando la radio de camino a Madrid cuando desde las Ondas me llegó a los oídos un tema que en su momento se instaló en el Neolítico de mis recuerdos musicales:

«en tu cocina tan prisionera de tu alma y tus dias con una
rutina de una loca»

Pues era un tema de Andy y Lucas, que es, digámoslo así, ese «rincón oscuro pero querido» que no quiero mirar por vergüenza. Y ahora, ya en el metro, escribo esta entrada en el Metro madrileño y recuerdo cómo lloraba yo con esas letras de Andy y Lucas y qué sensible y vivo me sentía. Sé que no es lo mismo, pero me ha venido este tema a la mente porque el otro día Bibiana trajo a la presentación el tema de la música de nuestra adolescencia o preadolescencia gracias a Estopa y, sobre todo, Camela y cómo en el libro Beatriz se convirtió en fan, como ella misma dice, «para que su madre la quisiera». ¿Y qué ha pasado entre aquellas sensaciones de adolescencia y nuestras sensaciones posteriores?, ¿Es parte de la construcción de la identidad renegar lo propio por buscar lo ajeno?, ¿Es obligatorio para todos?

Y es que hay un vínculo con aquellas obras de arte que nos hicieron vibrar en algún momento. Y, aunque ahora seamos otros, seguimos siendo también los mismos. Y esa vergüenza por el pasado, ¿qué sentido tiene?

Reseña de «El mundo feliz: una apología de la vida falsa», de Luisgé Martín, en Killed by trend

 Nacido en el año 86, me he comido, como vosotros, unas cuantas distopías, tanto en papel como en imágenes, sobre la lucha de la humanidad frente al poder. Ya sabéis, MatrixUn mundo feliz1984…, relatos en los que un humano, EL HUMANO, a modo de iluminado de La Caverna de Platón, sale de la cueva, de la opresión, para descubrir la verdad y dar la turra a todos los que siguen ahí metidos viendo Telecinco en su pantalla plana o haciendo scroll hasta el inframundo en su Instagram.


Además, a esta lucha por la verdad y contra el poder, se ha unido en las últimas décadas la tecnología, los robots, en definitiva, la técnica al servicio del mal. Y esta capacidad que tenemos los humanos de producir máquinas –que es consustancial al ser humano ya que somos una especie «que crea cosas» y a través de esa creación evolucionamos y pudimos crear civilizaciones–, tiene el lado oscuro del no poder controlar ni entender en última instancia nuestra creación. Como doctores Frankestein perseguidos por su avidez de conocimiento. Y ese miedo, esa pulsión hacia lo desconocido, también guio a los mecanoclastas y luditas del siglo XIX, con su Capitán Swing a la cabeza, a romper los telares que les quitaban el pan de la boca. Lo decía bien clarito Samuel Butler en Destruyamos las máquinas:

«Llegará el día en el que las máquinas tomarán el mando efectivo sobre el mundo y sus habitantes. Mi opinión es que debemos proclamarle de inmediato la guerra a muerte. Toda máquina de cualquier tipo debe ser destruida por aquellos que deseen el bienestar de su especie».

(...)

Sigue leyendo pinchando en la imagen:

Podría decir que ayer, día 29 de septiembre de 2022, fue uno de los días más felices de mi vida. De esta manera mi crónica sería más redonda, brillante y poderosa. Pero faltaría un leve detalle, y es que sería falso: ayer no fue uno de los días más felices de mi vida. No.

Ayer estuve en Casa América en la presentación de la reedición de Anteparaíso, el poemario que Zurita escribió, sufrió y publicaron hace 80 años y que ha sido recogido y reeditado por Lumen. El caso es que ahí fui, solo, como me suele pasar en estos actos, aunque me encontré en el público con el poeta y profesor Gonzalo Escarpa y acompañaba a Zurita en la presentación mi amiga y poeta Sonia Betancort.

Zurita, con sus poemas poderosos:

Queridos poderosos, queridos humildes

Cuando todo se acabe quedarán tal vez
estas algas
sobrevivirán a las marejadas, a los siglos
y a los sueños
Como perdurarán a los poderosos, a los
tercos de corazón
y a los hombres que nos humillan
estos poemas de amor a todas las cosas

La vida nueva, 1994

o por ejemplo:

In memoriam: ahogados
La pizarra acaba de ser borrada en
el ático y el viento desvela la luz de
las estrellas. Alguien lo encontrará,
alguien lo sabrá.

Y si en algún lugar de este planeta
enorme se descubre la verdad,
una franja de ella, secada, glaseada
por el sol, quedará colgando de tu
propia infamia.

Y nadie se verá beneficiado por ello.

-El poeta John Ashbery te
habla suspendido sobre
las cumbres de los Andes

Cree en tu dolor.

W.H.A.

Entonces se vieron los ahogados flotar sobre Chile

Arriba de las cumbres de los Andes suspendidos
dejando caer sus brazos sobre el horizonte

Apozándose igual que gigantescas lagunas en el cielo
de las llorosas montañas ondeantes girando con las
grandes nevadas hacia el oeste

Hacia el cielo del Pacífico que se abría blanqueándose
mientras la cordillera y el océano iban ascendiendo y
éramos nosotros el sueño que se apozaba sobre los
nevados Es que los vimos ahogarse de llanto nos
gritan en los sueños los ahogados apozándose encima
de las montañas como exiliadas islas mirándonos

es un tótem, un zahorí que encuentra metáforas y maneras de encajar palabras, pero si tengo que mencionar solo una cosa de Zurita (¿y por qué solo una cosa, quién da esa orden?) menciono su entrega, su paso adelante después de la frustración, su lucha, su «poner el pecho», que se dice por allá. Contra la dictadura, contra la muerte, contra el odio, poniendo su cuerpo, su presente y su belleza en juego para exponer la miseria del mal, como se puede ver en la nota al final de Anteparaíso:

Pues eso, que lo admiro, que ayer no fue el mejor día de mi vida porque conocí a, seguramente, uno de los poetas en lengua española más reconocidos (por premios y por popularidad) en la actualidad. El caso es que sí, a ver, había leído a Zurita y me habían emocionado algunos de sus poemas y verlo en persona me hizo ilusión. Entiendo el significado subversivo, la potencia y la humanidad que hay en sus actos performativos/poéticos, su lucha por la justicia y él como ser humano es embriagador, pero me niego a ser su fan, me siento compañero. Su humilde compañero, que ha encontrado muchos menos caminos que él, pero me reconozco en la misma búsqueda. Porque toca, busca, lo que yo quiero tocar y buscar. No se echa para atrás cuando yo sí que me he echado para atrás. Me fijo en él, en cómo pone el foco en un pedazo del mundo, real o fantástico, y lo expone hasta que queda pulido, a través de sus palabras o a través de su persona y así habla del todo, del amor, de la muerte o los asesinados. Que la vida te sonría, que no sufras más, querido Raúl, que las páginas y las lecturas te reconforten, te sanen y sean fértiles para futuros poemas. Que la sangre de la poesía chilena no solo hierva sino que cure, que sane.

Tuve la suerte de darle la mano, y darle las gracias, y escucharle hablar con Sonia Betancort y Javier Rodríguez Marcos de la creación, de lo sagrado, de la naturaleza. De cómo se atrapa o se dilucida una gota en una nube de misterio. Crearon un amoroso y sincero diálogo entre poetas entre unas rígidas medidas protocolarias que nos hicieron empezar el acto a las 19:00 (oh, ¿esto es poesía o qué es?) y nos hicieron terminar el acto sin que el público pudiera preguntarle nada a Zurita ni que este pudiera responder nada. Mal, porque todos lo estábamos deseando. Porque ayer hubo comunión entre poetas, comunión entre chilenos y comunión entre humanos. Gracias a Javier y a Sonia por la ternura y la cercanía con Raúl. A veces pasan estas cosas cuando se juntan poetas y poesía, otras hay rencores y envidias o cosas peores, pero ayer se pudieron ver otro mundo posible, un mundo de alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.



Reseña en Eldiario

 Daniel J. Rodríguez acaba de publicar una reseña sobre mi último libro, Hogar, en Eldiario de Murcia. La comparto, ojalá os guste tanto como a mí:

Reseña de Aspiraciones de la clase media, de Brenda Ríos

 

Tenía que leer este libro. Estaba obligado a ello. Desde que me puse a leer cualquier cosa escrita sobre el trabajo y la explotación mientras preparaba mi El despertador de Sísifo (está muy feo que hable de un libro mío en la segunda línea de la reseña de otro libro ¿no? Pues me da igual), el explicar cómo actuamos frente al trabajo y cómo nos deja el ánimo en el cuerpo ha sido uno de mis temas preferidos, una obsesión. Supongo que cuando un tema se queda en tu cabeza durante tanto tiempo, cambiando de postura, con enfoques diversos y subtemas, es difícil eliminar esa memoria obsesiva definitivamente.

Por eso, este Aspiraciones de la clase media es un libro que encaja perfectamente en esa búsqueda de conseguir explicarnos qué hacemos esas 8 horas al día delante de un ordenador, una agenda, un horario, o unas órdenes. O, incluso, pensar, analizar y así crear una tabla que nos salve del naufragio que supone estar en paro.

Brenda Ríos, poeta mexicana, escribe un libro duro, poderoso, plomizo. Porque quizá ese decir no es solo una estética sino la única estética posible para hablar del curro. Como si para hablar del trabajo hubiera que entrar en la tormenta calma pero lacerante que supone tener una checklist siempre en la cabeza, un dominio de los tiempos, un nudo en el estómago que nos ubique en el lugar adecuado.

El libro está dividido en dos grandes secciones: la primera, homónima, y la segunda, Casa.

Esta división, muy básica y práctica, construye una dicotomía, un gozne, que, en teoría, evidencia el acantilado de la dureza del trabajo y endulza el territorio amigable de la casa. En teoría. Pero lo que yo puedo ver en este libro es que los poemas de Brenda no solo señalan la dureza del mundo y sus jornadas laborales, sino que es también en la intimidad donde se produce el desgarro y la desidia.

Sencillo y doloroso este inicio del poema Teoría de la evolución de la sección Aspiraciones de la clase media:

A mis 41 años siete meses de edad

busco empleo

nada del otro mundo

las cosas no salieron como esperaba

se empareja con la bella visión que Cortázar nos dio del Minotauro en Los Reyes y que Brenda Ríos desgrana en el poema Fiesta, de la sección Casa:

El minotauro no fue invitado a la fiesta

es más, tampoco es que lo odiaran, solo que a nadie

se le ocurrió que

seguía vivo.

Pero no solo, porque Casa no es un lugar idílico, un refugio para aguantar la lluvia de granizo del afuera que se supone que es el trabajo, sino que también en el hogar, en lo doméstico habita la necesidad y la angustia.

Creo que este libro, esta muestra de dolor y batalla, es un buen libro porque he sentido la soledad y la incertidumbre de alguien como yo que se pregunta por qué estamos así, porque estoy así, en una pregunta individualísima, y que muestra la distancia que sentimos algunos al ver que las personas a nuestro alrededor progresan, avanzan, crecen e incluso se reproducen mientras nosotros no, mientras nosotros seguimos peleando por mantenernos a flote.

Vidas a la intemperie, de Marc Badal

 

Vidas a la intemperie,

Marc Badal

Pepitas de Calabaza

Precio: 17 €

Enlace para más información:

https://www.pepitas.net/libro/vidas-a-la-intemperie

Una de las evidencias que resaltó la pandemia fue la necesidad que tenemos de lo cercano. Planeó la amenaza del desabastecimiento sobre nuestras cabezas mientras nos quedábamos pegados a una pantalla, a dos o a tres, y el mundo en pausa. Sin embargo, los productos necesarios, como un milagro, siguieron llegando a las tiendas. Porque vivimos en las ciudades y en los países del primer mundo, pero nos alimentamos y vivimos de lo que se produce en los terceros mundos, en un más allá, en las periferias, en lo que queda desenfocado, en la oscuridad.

Desde entonces, creo que somos muchos los que hemos reflexionado sobre la labor del alimentarse, que más que una labor debería ser un eje en cada gobierno del mundo y en cada persona. Sin embargo, cada vez está más deshabitada la idea del campesino, sus inquietudes, su hacer, los precios con los que nos alimenta y nos alimentamos.

Por eso, por ese creciente interés, el club de lectura Literatierra, de El Cuadrón, propuso en su última entrega que habláramos de este libro. Porque allí, en El Cuadrón, sí que viven y conocen de primera mano a qué velocidad crece la cebada, cuánto cuesta llenar el tractor o qué es un celemín.  

Pero mucho antes de que la pandemia saltara de los libros de ciencia ficción a nuestro día a día, en 2017 Pepitas de Calabaza y Cambalache publicaron este libro titulado Vidas a la Intemperie, Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino, de Marc Badal. En este libro, Badal pone el acento en la semilla, en el pan, en los planes económicos a gran escala y cómo han ido configurando (o no) a las clases campesinas.

En este libro Vidas a la Intemperie –que se lee casi sin darte cuenta, porque es ameno y no sigue una trocha clara, sino que va de aquí para allá, libremente, cogiendo y dejando temas– podemos ver la figura del campesino desde casi todas sus aristas: su perspectiva histórica, su lucha, silenciosa y silenciada, contra todo tipo de dominio e industrialización, desde sus maneras, sus habitares y su presencia en lo humano, en el paisaje y en sus utensilios. En definitiva, una panorámica sobre el campesino y su quehacer en este mundo tan digital y lejano que, sin embargo, aún sigue necesitando que se abone, se siembre, se riegue y se cultive la tierra. Y que se reconozca al campesino como se reconoce al profesor o al médico.

Paseo por los Jardines bárbaros de Alberto Rivas, publicado por Lastura

 

Aquellos jardines bárbaros

Alberto Rivas

Lastura

Precio: 12€

Enlace para más información:

https://lasturaediciones.com/product/aquellos-jardines-barbaros/

Vale, sí, ya no estamos tan mal, tan de interior. Ahora, aunque tengamos que llevar mascarilla, podemos salir a descubrir cómo de lejos quedan los horizontes, mancharnos las manos más allá de nuestro barrio o nuestro pueblo. Pero hubo un tiempo en el que los ojos se lanzaban hacia afuera pero no llegaban muy lejos. Lo llamamos confinamiento. Tuvimos pantallas, pantallas por todos los lados y algunos incluso visitamos libros para estirarnos.

Y también hubo un Alberto Rivas que, a diferencia de lo que hizo con sus libros anteriores El truco del arquitecto y Cartas a Gilgamesh, que fueron la construcción de un prisma del arte, la literatura y los mitos, un análisis de lo etéreo, en suma, en este Aquellos jardines bárbaros, el poeta acude a la frondosa compañía de las plantas para descubrir que, desde lo pequeño, se puede descubrir un mundo (o varios). Y nos invita. Y nos dice: «mira, mira, Jorge, mira cómo, mira qué, mira dónde». Y yo, y supongo que vosotros también, miro el cómo, miro el qué y miro el dónde que me indica Alberto. Y no solo. Luego me pierdo y entre nervios y enveses hago mi propio camino.

Con la mirada alimentada por la fraternidad de Whitman o Thoreau, Alberto Rivas nos muestra la riqueza y espontaneidad de lo verde, su verticalidad esperanzadora y tenaz, el delicado y necesario manjar de la luz. Al quedarnos quietos, al permanecer en un ámbito geográfico concreto, con materia orgánica y ciclos de tiempo que se suceden y se acumulan, ajenos a la electricidad y sus trampas, podemos ver y sentir la inevitabilidad ferocidad que supone estar vivo, ya seas azucena o humano.

Además, la excelente capacidad lírica que posee Alberto, mezcla de ceremonia y pincel:

Jazmines y geranios en los patios materia circense

en escalada, pequeño vals vienés entre tinajas,

miro mis plantas ante el desorden del recuerdo

como quien pregunta un espejo

por su matemática destreza para salvar el mundo

posee la capacidad de darle gravedad, sentido y emoción a destinos tan diferentes como, los ya citados geranios, pero también el cine, la familia o los selfies:

Los ciegos nos miran desde cámaras cerradas

cámaras ocultas en el barro,

preparan nupcias de bálsamo y espina,

entre tu cuerpo y mi cuerpo

para terminar el libro con un hormigueo de haber resuelto un enigma, una pregunta que no conocías.

El matrimonio anarquista, de Begoña Méndez y Nadal Suau

 

El matrimonio anarquista

Begoña Méndez – Nadal Suau

Editorial – Hurtado & Ortega

Precio: 18 €

Enlace para más información:

https://hurtadoyortega.com/catalogo/el-matrimonio-anarquista/

Es una cuestión de número, de estadística, de no poder abarcarlo todo. Pese a que existen la literatura, el cine y el teatro, es imposible conocer cómo vive todo el mundo en su intimidad. Y este conocimiento que yo busco y del que hablo en este reseña no se basa en una cuestión de cotilleo o de chisme sino de comprensión, de entender la vida, asir lo magnífico que es que sigamos vivos.

Lo que consiguen Begoña y Nadal en este El matrimonio anarquista, –propuesta evidente de oxímoron, que ya se encargaran de explicar a lo largo del libro– es afrontar la cotidianidad con honestidad. Con la máxima honestidad posible.

Porque el tiempo de los arquetipos, los modelos y las grandes estructuras del vivir ya hace tiempo que han mostrado sus miserias y los protagonistas de este libro, de este intercambio de cartas, es construir una vida sin miserias y honesta.

Supongo que es fácil llevarse al mundo propio las escenas que nos cuentan. Supongo que esa cercanía, esa fidelidad a los sentimientos hace que el lector no se sienta dentro de un libro sino dentro de una conversación con amigos. A veces, incluso da cierto pudor, por lo expuesto que está el daño, la felicidad, o un amor purísimo y cristalino.

No seré yo quien diga cómo se cierra el círculo para conseguir un auténtico matrimonio anarquista, pero lo que sí que diré es que lo que acarrea este libro es verdad. No es pretencioso, no busca sugestionar sea como sea al lector. Le expone sus días, sus cotidianidades, sus veranos, sus broncas. Como uno de esos audios largos de Whatsapp que te manda algún colega o aquellas charlas en extinción en las que algún amigo hacía de paracaídas a base de cervezas, cafés y cigarros.

El sofista negro, Muhammad Ali, púgil y orador

No suele pasar que las letras y el boxeo coincidan, pero cuando hablamos de Muhammad Ali cualquier cosa puede pasar. Perfóreme, poeta, orador, activista político…Ali marcó una época en la que los golpes con el lenguaje hacían mucho más daño al sistema que los golpes de los puños.

En este libro de Marco Mazzeo publicado por #terceroincluido se nos muestra cómo la genialidad de Ali va mucho más allá de su baile en el cuadrilátero, más allá de su capacidad de trabajo y de sacrificio, porque fue mucho más que un simple boxeador y por eso desde aquí se admira y se respeta al deportista más grande de la historia y recomendamos que os acerquéis a este libro para conocerle mejor 🥊🥊🖤🖤.



A sangre y fuego: Héroes, bestias y mártires de España, de Manuel Chaves Nogales


A sangre y fuego: Héroes, bestias y mártires de España, de Manuel Chaves Nogales es un libro necesario para todos aquellos que quieren conocer mejor la #Guerracivilespañola.

Se trata de nueve relatos en los que el periodista Chaves Nogales muestra la crueldad de la guerra sin parapetarse ni justificarse en bandos ni fines. Él, republicano y socialista convencido, consigue en este libro mostrar la entraña abierta que fue España que fue la guerra civil después del el golpe de estado fascista de Franco.

Os recomiendo que dejéis a un lado vuestros prejuicios, vuestras reservas y entréis en este libro que tiene una gran dosis de verdad y honestidad, que es lo que deberían perseguir todos los buenos periodistas.

Pajarito, de Claudia Ulloa Donoso


Pepitas de calabaza tiene la virtud de hacer libros bonitos. Digo virtud, pero también digo que el contenido puede estallarte en tu cara de lunes yendo al trabajo y dejar tu semana manchada de incertidumbre y hambre lectora. 



Y encaja perfectamente en su catálogo explosivo el libro de relatos Pajarito, donde Claudia Ulloa, poeta peruana afincada en Noruega, nos despliega una serie de trampas para osos bajo manteles de seda que nos hará enamorarnos de su propuesta. 


Sí, así es. Hace años, cuando las propuestas literarias eran monocordes y totémicas, donde los personajes eran hegelianos y con horizonte (solo uno, para no despistarse) entre ceja y ceja, un libro de relatos como el de la autora sudamericana habría sido visto como un fallo de la naturaleza o una herejía. 


Pero es que Pajarito se monta en la literatura y se deja obedecer por ella, por su rizoma que no deja de brotar y brotar, porque la escritura, como la vida, o más allá, como el pensamiento, es una sucesión de capas a veces contradictorias y a veces fantásticas, pero todas nutritivas. 


Claudia empieza un relato y, a pesar de no parar de construir nuevas habitaciones narrativas, mantiene la tensión del río principal, de la calle mayor del cuento. Pero más que despistar al lector con escaparates atractivos, esta diversificación rizomática nutre al relato esencial, llenan esa calle mayor de gente acogiendo los afluentes secundarios. 


Sus relatos son una bolsa en la que cabe todo, como en el relato titulado «ahogado», en el que la narradora usa sus pensamientos, sus recuerdos, sus situaciones en el trabajo para armar el texto y esa mezcla, que en otros escritores podría resultar confusa, resulta clarividente y natural. Porque, amigos, como decía antes, ya no vivimos en un mundo simple, vivimos en el mundo del multitasking, que dicen los modernos, en que nunca estamos haciendo solo una cosa, sino malabares con varias y pensando en cómo nos apañaremos con las que nos vendrán encima. 


Claudia Ulloa nos despliega en esta colección un mundo cercano, de amiga que se confiesa, con algo de vergüenza, y en el que el relato se alimenta de crueldad y verdad, de perplejidad y sinceridad. La protagonista de los relatos –que presuponemos que es la propia autora– se deja mecer por un mundo complejo y bizarro en el que lucha por sobrevivir, salir a nado, y al que nos invita para que comprendamos su perplejidad, que seamos sus cómplices. 


Pajarito
Claudia Ulloa Donoso
Pepitas de calabaza.


160 págs., 14.5x21 cms.

Encuadernación: rústica con solapas

PVP: 16,50€
+ info: 
http://www.pepitas.net/libro/pajarito