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25 diciembre


Hace años escribí un poemario sobre amor y desamor que se llamó Hogar. En las presentaciones y cuando explicaba a alguien de qué iba el libro siempre decía lo mismo (o casi): «Es la historia de cómo se construye un hogar y cómo se destruye un hogar».

Hoy, después de años, sentimientos y compañías, vivo, construyo y reconstruyo a diario un hogar junto a mis compañeras Lorenza y Kiwi cuando pensaba que ya los hogares eran una cuestión del pasado, algo que pasó y que no iba a volver, que habría que conformarse con las casas.

Desde aquí os invito a no reverenciar las ruinas de un amor antiguo, os invito a que intentéis ser felices de nuevo: por muy grande que haya sido la caída, por mucho dolor que haya supuesto el silencio, por tanto desperdicio de amor entregado: Confía, agradece, ama y sé amable con quien sí quiere pasar la vida contigo. Celebra que AÚN seguimos vivos, que el tiempo está delante de ti para ser disfrutado, no sufrido.

Ah, y felices fiestas, que se me olvidaba 🤦‍♂️😅.

Poema que podéis encontrar en mi libro «Hogar» | 2020🌵

 




Trenza

Amasa el campo de trigo que es su melena
y lo convierte en camino,
pirueta son sus dedos intercalando afluentes, busca entre sus mechones una espiga con la que jugar
entrelaza sus dedos con ese río de silencio,
alimentando el misterio de mi mirada,
creación vertical,
raíz que parte el aire en dos,
un respirar tranquilo hecho con sus manos.

(Cuadro «La amante de Fazio, de Rosetti»).

Fuera

 En el párrafo cerrado e inhóspito de los que hablan telediarios, tú y yo bajo el agua, jugando a la simbiosis, mudos y sordos, sin palabras ciertas hasta que llegó el baile, tu falda y tu cadera escribieron palabras ciertas en un cuaderno llamado reggae.


(Poema que se puede encontrar en el libro Hogar - https://jgtorrego.com/hogar/)



Reseña en Eldiario

 Daniel J. Rodríguez acaba de publicar una reseña sobre mi último libro, Hogar, en Eldiario de Murcia. La comparto, ojalá os guste tanto como a mí:

¿Recordáis aquel tiempo de vendaval y besos, lenguas y nervios, adolescencia y sudor?

 

¿Recordáis aquel tiempo de vendaval y besos, lenguas y nervios, adolescencia y sudor?

¿Recordáis aquellos besos olímpicos y maravillosos que nos hacían entrar en otra época, en otra edad del cuerpo, otra edad del sentir?

Yo sí, aún los recuerdo. Y recuerdo la temperatura tropical que, húmeda, hizo quemadura en el baúl nebuloso de mi memoria.

Aquí hay una especie de mapa de aquellos besos. Es un mapa que publiqué en mi último libro y que forma parte de todo un hogar, todo un mundo acogedor (pero tramposo).

(Aquí dejo el puentecillo para que podáis comprarlo, que lo estáis deseando - https://jorgegarciatorrego.com/hogar/).

Sean ustedes, personas besantes y tropicales, bienvenidas a este oleaje:

Tu boca,

precipicio y ventana dulce,

ola recogida en el viento y todo caía.

Tu boca pequeña,

escribo tu boca y en mi boca un latido,

tu boca el territorio y mi boca los pies desnudos.

Tu boca suave,

tu boca suave donde besar es coser

donde besar es un columpio,

donde besar es submarinismo,

donde tu boca es un perfume y mi boca un lazo en tu corriente.

Reímos y nos besamos,

tan llenos,

rebosa mi boca con tu boca,

regadera,

animal marino,

geometría de alga y espuma,

tus labios donde siempre llegan olas,

tus labios de palmera,

tu labio 360 grados es mi cuerpo,

tu boca como un pararrayos,

refugio,

jardín y refugio tu boca,

lluvia horizontal,

tu lengua y mi lengua cautivas en el océano,

rodeadas,

tus ganas y mis ganas,

fricción de frutas,

objetos delicados y rotos que quedan suaves al caminar tus dientes,

recorrer tu boca a ciegas con los ojos de la lengua,

te beso, te beso, te beso y estás aquí,

tan pegada ya,

tan pegada siempre a mi recuerdo que pongo en este blanco

como una viva cicatriz de saliva,

un recorrido de zahorí.

¿Qué buscar en tu lengua,

qué buscar en tu boca,

qué buscar en la oscuridad de tus ojos cerrados por el calor

por el sol de tu boca?

Cierro los ojos para proteger las retinas,

no quedarme ciego

los ojos en la boca

así buscarte y besarte,

así empezar cada día,

así empezar el mundo.

En un tren, poema de Hogar, 2020

 

Adrian Tomine

En un tren,
todo comenzó con un viaje,
viaje repetido y tú,
bocanada de río en el coágulo del trabajo, en su textura de barrizal.

Viaje tu cuerpo y mi cuerpo,
diálogo de corrientes y peces.

Y así acaba el viaje,
estación seca y recuerdo del agua en la tierra como estrías,
arañazo,
dolor de verano rajando este invierno que ya se acaba.

Tirma

 

Incógnita entre los ladrillos de la casa,
empuja su hambre contra nuestras piernas,
nos despierta con las vocales de sus patas,
ombligo del hogar,
asterisco de nuestro amor engorda en las riberas de nuestras manos,
nos habita.

(2019)

Poema «En la tiranía de los ojos abiertos en la noche»

como el que es alegre y vencido por el amor,
Juan Carlos Mestre


En la tiranía de los ojos abiertos en la noche,
en el imperio feliz de tu cuerpo por sembrar de ahoras,
en la muchedumbre que nos habita,
en el jolgorio del amor cruzando tus patas y mis patas el asfalto de la monotonía vencido por la ternura de nuestras raíces,
en el pálpito de nuestros troncos antes del brote de la rama nueva,
una confesión,
un secreto de niños torpes y silenciosos.

Allí,
en ese aparecer bajo la bruma te encuentro,
allí,
en el cruce donde pasamos a la acera de los conocidos,
en la acera del mirarse a los ojos,
en la acera donde un cuerpo es tan solo un pedazo de pan donde encontrarnos.

(En el libro Hogar, 2020: https://jorgegarciatorregolibros.wordpress.com/hogar/)

Hogar, ese lugar

 ✍🏡

Decir hogar como quien dice amar y estar en el hogar, ser hogar, pertenecer.
Y
de
repente
no.

Por eso este libro, por el amparo y la poesía. Porque aún, pese al dolor, cosemos y hacemos trenza de lo posible y lo ideal. Aún tenemos el amor como antorcha al final del cuerpo.
Aún. Sobre los escombros. Redescubriendo el mundo, haciendo camino y hogar, de nuevo 🌎✍⛺🏡🧶.

1 año de Hogar

 Hoy, 22 de septiembre, dos días antes de mi cumpleaños, se cumple un año de último libro, Hogar 🏠. Es un libro transparente. Transparente como un cristal afilado. Transparente como el agua de la ducha compartida. Transparente como las palabras no dichas y clavadas en el pecho. Transparente como el dolor, transparente como el amor.

Hacía tiempo que no hablaba de amor. Quizá sí de un amor de paso, de un mar de llevar a rastras por la semana mientras subes a un bus o haces horas extra. Pero aquí, en este Hogar, he querido mirar de cerca el amor. Mi amor. Mi desamor, lo que yo sentí y lo que yo siento al intentar atrapar este misterio que nadie entiende y que solo podemos disfrutar cuando nos sacude. No cuando lo analizamos y equilibramos y medimos de arriba abajo. No, solamente cuando nos sacude. Y yo, como fui sacudido, os cuento cómo fue.
No os voy a mentir, hay dolor en este libro. Decepción, miedo y desasosiego. Pero también hay fe, hay músculo y hay pasión. Ojalá que os sintáis como en casa.

Ejercicio de astrología

 

Dejaré en blanco el cuaderno que nos espera, habrá páginas en blanco siempre para las manchas como arañazos en las paredes de las mudanzas,

así nuestra vida, latigazos de presente sobre el silencio de la nada, arañazos de Tirma en nuestros brazos desnudos.

tú,

boya en el centro del tiempo, flotando sobre el frío y no acabando nunca el culo de primavera que queda en el vaso,

mirando a los lados es difícil caer de tu sonrisa, como hamaca abierta en canal tú me acoges,

y yo escribo hojas en blanco con tu pasar, manos manchadas de polen,

dedos cubiertos de espuma de cerveza.

Así te escribo yo,

astrónomo que solo entiende de estelas,

del olor que deja la hoguera la mañana siguiente.

(poema que puedes encontrar en mi libro Hogar)

Cocinas

 

Hace diez años vivía en la cocina de la foto, en Göteborg, Suecia. De aquel tiempo no queda prácticamente nada, salvo mi devoción por las cocinas. Ese calor único. No guardo con un recuerdo muy cariñoso el tiempo en Suecia, pero sí aquella ventana desde donde manejábamos el tiempo, las nubes y la luz.

Aquí os dejo un poema de Hogar, del libro que publiqué hace unos meses y que rinde homenaje a las cocinas, la parte más verdadera de los hogares:

«Acuérdate que te recuerdo. Si no te acuerdas no importa mucho. Siempre te veré caminando por los rieles», Jorge Teillier.

Se llamaba hogar y era un río,
una pléyade de puertas por abrir,
un sonajero de risa y desayunos.
Tenía la piel recién labrada por la luz
y en su cuello una coma de sudor pausaba la tierra.

Y en esa pausa vivía yo.

Se llamaba hogar y en su rama la cabaña.
Se llamaba hogar y en su oscuridad un catalejo.

Se llamaba hogar y sus manos eran leña,
su cuerpo entero un bosque.
Se llamaba hogar y era un río,
no se acababa nunca,
la calma era nuestro cimiento,
y por las bocas entrábamos y salíamos al mundo.

Resistimos desde la poesía y la montaña

 

🖤❤️

Cuando baje la sacudida de la sangre,
en el espacio del aterrizaje de los mamíferos sobre el colchón,
voltearé tu día y buscaré tu cordillera de vértebras y remolinos en tu espalda,
engranaje de cerrojos abiertos,
playa donde descansan las olas de tu marea negra sacudida por el viento
y el deseo.

Porque será tu espalda y no tu pecho de sorpresa constante y vibración sin lucha,
ni tampoco será tu cara,
la que negocia con el viento la temperatura de los trópicos,
tampoco tu ombligo, acequia sagrada donde descanso la mejilla en las tardes de suerte.

No,
será tu espalda,
desde el faro del espasmo que es tu nuca hasta el punto de interrogación yo me posaré desnudo,
fiel y devoto a tu geografía de marejada e isobaras de terraza y cerveza.

Será tu espalda el telar donde cerraré mis ojos,
será tu espalda el telar que me librará del frío.


(este poema lo podéis encontrar en el libro Hogar)

¿San Valentín?

Hace unos meses terminé de escribir y organizar un libro. Un libro que se llama Hogar y que celebra aquello que sentimos, aquello que disfrutamos y que también sufrimos. Es un libro de poemas que celebra la construcción de un amor, con todos sus metales, todos sus abrigos.

Fui sincero. No escondí nada en este libro porque, como dijo Neorrabioso: «Aquí se juega a trueno o se juega a nada». Mi vida es mi poesía y no me escondo.

Hoy, varios meses después de aquella radiografía de los dedos besados, de las lágrimas tragadas y las casas caídas, ya apenas vendo libros. Ya no es novedad, ya ha caído del escaparate. Pero este hogar, esta historia, es una historia que permanece, mucho más que sus cimientos. Porque donde se derrumba la vida queda, si hay honestidad, poesía.

Porque la poesía no se destruye. Porque la poesía construye, en su diálogo, el futuro, los hogares que vendrán.

Y aquí un poema que os abre la puerta de este Hogar:

Hogar,
velocidad derrotada,
plato sin reloj ni cuenta
donde no sobrevuela un murciélago el silencio de los sillones.

Nunca nadie cambió tanto de paredes como nosotros,
lo espinoso de las camas manchadas por los monstruos de la noche,
llaves acumuladas en los cajones,
brújulas a medio hacer, derretidas como muñecos de nieve de la infancia,
refugios abandonados.

Buscamos en las calles dónde encajar nuestros cuerpos,
dónde amasar la oscuridad que construya la cueva,
que sea posible pintar con los dedos las paredes.

Se acumulan los libros,
hilos recogidos donde los hermanos pulsan su lengua,
cuerda de guitarra,
instrumento submarino común
y el mapa se hunde desgarrado por alambre de espino
nuestra carne marcada con sílabas de mordiscos cercanos
cuchillos de cocina.

La casa,
aquel animal mítico de muros como vértebras posibles,
animales de bosque,
juego de niños mayores, que encaje todo bien,
cada piedra importa, nada se escurre sobre el musgo.

Así las patrias, los mapas a la medida de los pulgares,
los sudores y el musgo, las arrugas del aquí,
lo compartido,
las marcas de nuestros ojos en la madera posible del tiempo.

 

Ya se ha vendido la mitad de los libros de Hogar ;)

Recuerdo que, cuando estaba terminando de ordenar poemas, maquetando por aquí y por allá, revisando las correcciones de Rocío Moreno o añadiendo el prólogo de Juan Bonilla, aún no estaba del todo seguro: «¿Será una locura autopublicar?, ¿y si me pego una hostia como un camión y me tengo que comer los libros?».

Afortunadamente, me lancé y ahora, tres meses después de que apareciera Hogar 🏠, ya os habéis llevado a vuestros hogares la mitad de los ejemplares. LA MITAD. La verdad es que no sé muy bien qué decir o cómo agradecéroslo. Es la primera vez que un libro mío se vende tan rápido y no estoy acostumbrado. 


Sigo recibiendo vuestros pedidos a través de mi web (https://jorgegarciatorrego.com/) y solo quiero deciros GRACIAS, por estar ahí, por la lectura, la comprensión y la compañía.

Y como digo en mis dedicatorias, «esta es tu casa, pasa y ponte cómodo».

El fotón es de mi amiga Sonia Cuesta).




Poema de Hogar

Joseph Lorusso


Tu boca,

precipicio y ventana dulce,
ola recogida en el viento y todo caía.

Tu boca pequeña,
escribo tu boca y en mi boca un latido,
tu boca el territorio y mi boca los pies desnudos.

Tu boca suave,
tu boca suave donde besar es coser
donde besar es un columpio,
donde besar es submarinismo,
donde tu boca es un perfume y mi boca un lazo en tu corriente.

Reímos y nos besamos,
tan llenos,
rebosa mi boca con tu boca,
regadera,
animal marino,
geometría de alga y espuma,
tus labios donde siempre llegan olas,
tus labios de palmera,
tu labio 360 grados es mi cuerpo,
tu boca como un pararrayos,
refugio,
jardín y refugio tu boca,
lluvia horizontal,
tu lengua y mi lengua cautivas en el océano,
rodeadas,
tus ganas y mis ganas,
fricción de frutas,
objetos delicados y rotos que quedan suaves al caminar tus dientes,
recorrer tu boca a ciegas con los ojos de la lengua,
te beso, te beso, te beso y estás aquí,
tan pegada ya,
tan pegada siempre a mi recuerdo que pongo en este blanco
como una viva cicatriz de saliva,
un recorrido de zahorí.

¿Qué buscar en tu lengua,
qué buscar en tu boca,
qué buscar en la oscuridad de tus ojos cerrados por el calor
por el sol de tu boca?

Cierro los ojos para proteger las retinas,
no quedarme ciego
los ojos en la boca
así buscarte y besarte,
así empezar cada día,
así empezar el mundo.

(De mi libro Hogar 🏠🐦🏚https://jorgegarciatorrego.com/hogar/)

Teaser de Hogar, próximo libro

En unos años, cuando este libro por nacer, Hogar, quede en el pasado y su recuerdo sea una vértebra que diga mi nombre, yo diré: Escribí la verdad a pesar del tartamudeo del dolor. Escribí la verdad a pesar de la quemadura del amor. Rodeé la verdad, me escribí en un libro.