Islas divergentes

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Las criaturas abisales, de Marina Perezagua




Las criaturas abisales de Marina Perezagua dan su bienvenida al lector con una adolescente cazaconejos que, de primeras, pone en alerta al visitante. Y es que la sugerente imagen de portada de Aron Wiesenfeld, The Delegate´s Daughter, muestra un resquicio inquietante de la realidad que atraviesa todos los relatos y los hace únicos.

Parece tópico pero en realidad no lo es. La realidad que palpamos, que compartimos con compañeros de piso, carteros, abuelos, niños y demás seres indescifrables tiene un resquicio de misterio, de mundos increíbles. Vale, desde Cortázar sabemos que esto es así, que la realidad cotidiana cultiva en barbecho monstruos, irracionalidades, entonces, ¿Qué es lo que nos ofrecen de novedoso los relatos de Perezagua?




En primer lugar, están muy bien escritos, que, por cierto, no es lo normal en este tipo de narración en la que se puede caer en un charco pringoso llamado falsedad o quizá en otro que se llama fantasía y donde el lector termina por ver la narración como algo ajeno y superficial. En segundo lugar, las historias que nos presenta son historias muy bien armadas, con una estructura trabajada, dejando siempre, en todo momento, un equilibrio extraño entre lo más extraño y la cotidianidad. Y por último, lo que me atrae personalmente de alguno de los relatos de Marina Perezagua es su capacidad de conmover, de, pese a estar tratando un tema tan "serio" como es el de la senilidad de los ancianos, se atreve a dar un punto de vista crudo y a la vez tan pegado a nuestra realidad que da miedo. Mucho miedo porque los monstruos somos nosotros. Monstruos por haber pensado alguna vez en dejar a la abuela loca abandonada en una gasolinera. Por ejemplo.

También se atreve a presentarnos su visión del amor. Representado en Iluminaria como un amor de ciencia ficción con el que podemos fantasear con la rentabilización del amor como energía renovable que salve el mundo (o que lo condene definitivamente), o tal vez, como el recuerdo de otra época, de amores y sudores de gimnasio, con las carnes fofas de dos los dos ancianos de Bodas de oro. Otro mundo que se presta al mundo híbrido de Marina Perezagua es el mundo del circo, y en ese terreno de forzudos y mujeres barbudas, enanos y atracciones de feria, la autora nos presenta a La impenetrable, una adorable chiquilla que se convierte por razones obvias en la estrella del cartel.

También podemos tirar el relato por la ventana para cear un nuevo mundo de seres acuáticos, que no rehuyen el mar porque es su mundo, su escondite (Nuevo Reino). Y es que, aunque nos empeñemos en poner orden, en tener nóminas (además, como si fuera fácil en estos tiempos), transportes públicos y documentos de identidad,al final, y aunque no nos demos cuenta habitamos rodeados de horizontes; somos vidas fluorescentes que antes vivían encerradas en cajones. Tal vez seamos salvadores del mundo en potencia, seres como el protagonista de La loba, que a través de sus pechos peludos realimenta un mundo postapocalíptico con kilómetros de miedo, hambre y odio.

Así son los relatos de Marina Perezagua. Son recortes valientes y amorfos de historias inverosímiles que, sin saber como, se sientan a nuestro lado y no nos sueltan hasta habernos dejado un rastro de imágenes alucinantes en la memoria.


Criaturas abisales

Marina Perezagua

Editorial Los libros del lince

Diseño de cubierta: Lucrecia Demaestri

Imagen de cubierta: Aron Wiesenfeld, The Delegate Daughter

Primera edición: mayo de 2011

Calle 13 en Manta (Ecuador)



Si alguna vez has sentido que el reggaeton se te mete por los intestinos pero no eres un "reggaetonero"(para ser reggaetonero debes compartir tu vida con ocho mujeres increíbles con poca ropa, tienes un coche tuneado y de color llamativo, y ves la vida pasar a través de unas gafas enormes) lo más seguro es que te guste Calle 13. Su calidad musical y lírica es evidente como se pudo ver en koult hace unos meses. Han salido victoriosos en un entorno que admiten que les resulta hostil como es el gringo (le tiro duro a los gringos(...)Yo uso al enemigo a mi nadie me controla(...)Me infiltro en el sistema y exploto desde adentro/todo lo que les digo es como el Aikido/uso a mi favor la fuerza del enemigo), ya que han ganado hasta ahora diez premios Grammys Latinos y dos Grammys, y también triunfan en los barrios populares de la sudamérica que ansía sacudirse a su vecino gordo de arriba. Fenómeno global pero con raíces.

Yo andaba por Otavalo, Ecuador y resulta que esta parte del mundo, esta tierra, tiene sangre sudamericana. Sangre considerada propia para los puertoriqueños Residente (René) y Visitante (Eduardo), el alma y el cuerpo o el cuerpo y el alma, de Calle 13. Y por eso, quizá, y porque su último disco se titula entren los que quieran, los conciertos del pasado 20 y 21 de Abril en Guayaquil y Manta fueron gratis. Había que elegir. Guayaquil: segunda ciudad del país, precioso malecón pero también delicuencia y precios algo más caros. Manta: pequeña ciudad de playa, no tanta gente y un viaje que se podría alargar con un viaje por la preciosa costa ecuatoriana. Elección final; Manta.

Una ciudad, Manta, una zona, Manabí, y un país entero paralizado por la llegada de un grupo que grita con un pulmón que parece recoger fuerzas de toda sudamérica. Y yo ahí, español pero con un sentimiento que me hace reconocer como propia una injusticia, una pobreza endémica y profunda que padece este continente desde siempre. No importa que los Andes no me hayan visto crecer para que sean techo de mi mundo. El mensaje, la llamada de Calle 13, como esta tierra, es para todos y todas. En todo el mundo.

Y aquí, en la playa de Manta, un amigo ecuatoriano, una pareja de amigos belgas couchsurfers (organización mundial de gente que ofrece lugar para dormir gratuitamente o se queda a dormir en casa de otras personas de la misma organización) y yo, periodista español. Las tres de la tarde, las mochilas en las espaldas y cuatro horas para buscar alojamiento y ver la ciudad. Después de un rato caminando para encontrar la playa del Murciélago, el lugar del concierto, el resultado de la búsqueda parece inmejorable: encontramos como alojamiento la azotea de un bar que la dueña nos deja usar para acampar a menos de cien metros del concierto, por tres dólares por cabeza y baño y ducha incluídos. Resuelto el problema del lugar donde dormir, ya podemos ir a coger colorcito en la playa. Cocos, el mar y sus olas, chicas bonitas y con poca ropa y un concierto de Calle 13 que las autoridades de la ciudad y los periódicos locales esperan que albergue a ¡80.000! personas ¿Se puede pedir algo más?


El tiempo pasa y después de ponernos rojos como cangrejos criollos o guacamayos, empiezan a aparecer los teloneros de los puertoriqueños. Allá vamos. Playa del murciélago, Manta y dentro del festival "Vive, siente, ama, Ecuador" que organiza el ministerio de cultura con el aporte de la municipalidad. Los grupos son "Lagartija electrónica", "K´banna", "Santhos" y "Guerrilla Clika" que, con más o menos fortuna intentaron meternos el calor en el cuerpo.

Calle 13 rompe moldes. De hecho, su único molde es el de desobedecer y hacer lo que quieren, Nos gusta el desorden/rompemos con las reglas/somos indisciplinados/todos los malcriados. Calle 13 une y no desune, integra como integrados y complementados son ellos mismos. Eduardo Cabra, Visitante, heterogéneo, loco y genial músico que mete el dedo en todos los platos musicales se une con su hermanastro René Pérez y sus letras brutales y certeras que apuntan al cuello del capitalismo o a una esencia, una identidad hispanoamericana (si es que existe tal cosa) para mover a millones de personas en todo el mundo. Y así, al igual que ellos se empapan de palos tan diversos como pueden ser el reggae, el rock, el ska, el funki o el reggaetón, en su público se encuentran hippies, reggaetoneros, roqueros e incluso añoradores de Víctor Jaras que canten a la revolución.

La caña manabita ya hacía estragos en mi cuerpo (tipo de aguardiente ecuatoriano. Aguardiente sin piedad debo añadir) cuando, tras un silencio en el escenario un poco largo aparecieron los Calle 13 dando saltos, encendidos con su baile de los pobres. Gritamos con rabia y alegría, bailando como pobres (no se necesita plata para moverse/se necesita onda y música cachonda) y sintiendo que nuestros pies descalzos tocaban la arena menos de lo habitual. Después de bailar como pobres nos dimos cuenta de que no hay nadie como tu. El mensaje, positivo y con buena vibra, más allá de ser parte de la campaña de un periódico que hostiga a los movimientos izquierdistas que se están dando en Sudamérica, aterriza en cada uno de nosotros que nos damos cuenta de nuestras diferencias ( a mi alrededor hay parejas hetero, grupos de chavales quinceañeros, gringas con ganas de fiesta, una pareja gay, mi amigo ecuatoriano y una familia colombiana de seis jovencitas-¿?-) y es que Hay gente que nace/gente que muere/hay gente que odia/ y gente que quiere/en este mundo hay mucha gente pero pero pero/No hay nadie como tu.

Los belgas andaban por ahí perdidos, mi amigo ecuatoriano reía y bailaba conmigo, Ileana, la hermana, bailaba como una atleta y cantaba con alma de Frida, con corazón, Visitante manejaba los hilos desde el fondo del escenario, René fluía entre nosotros con sus letras cargadas que explotaban en nuestra cabeza (y en la resaca del día siguiente) cuando de repente llegó la lluvia. La lluvia de arena. Algunos idiotas con ganas de apagar el concierto empezaron a lanzar vasos con arena, y así, poco a poco, el ánimo del público, pero no solo, también de los músicos, se fue apagando hasta que los discursos que suele hacer René entre canción y canción desaparecieron. No había buena onda y se notaba. Al final, llenos de arena pero con el cuerpo roto de tanto bailar/beber/cantar, el concierto terminó tras casi dos horas de Calle 13 deslucido por la arena. La música terminaba pero la fiesta seguía. Pero esa es otra historia.

Versátiles 2011, el festival de la palabra


Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía no eres tú. Ni de coña. Poesía no eres tú, con tus hipertextos hiperconectados, hiperatrofiados, con tus referencias constantes que no llevan a ningún sitio. Quizá sea teoría de la literatura, estética de la recepción, no sé, otra cosa. En fin, discursos de intelectuales que intentan desentrañar el misterio de la poesía. De Zizek a Benjamin, de Foster Wallace a Bolaño, Tao Lin, y la pos postmodernidad revoloteando en cada conversación. No. Eso no es poesía, gafapasta que se atraganta de textos. La poesía es otra cosa. Poesía es hermandad, sentimiento, bares con gente que fuma feliz de la vida. Eso es poesía. La bolsa de basura es nuestra biografía, es, también poesía, o no dejes que la luz de mi cuerpo te engañe, voy quemando las naves, y al final parece que la poesía aparece como dice Fernando Berltrán, a mí los poemas me ocurren.En Versátil.es, el VI festival de la palabra celebrado en Valladolid, la poesía está en todos lados. En la facultad de Filosofía y letras de la universidad, en el bar La Curva, (si, en el bar La Curva. Definitivamente si), o en la bodega Estancia Piedra, a unos cuantos kilómetros, en Toro. Desde la apertura del festival el lunes 14 de Marzo con la lectura de poemas de Luis Eduardo Aute, el versátil.es del 2011 ya tenía buena pinta.

El martes 15, día dos, en una mesa redonda que trataba sobre La poesía: trece veces por minuto, en claro homenaje a Celaya y donde se juntaron Txes peligro(alterego del poeta Sergio C.Fanjul), Olifantes poetas (la editora Trinidad Marcellán), el mismísimo Abraham (Abraham Gragera, poeta y profeta momentáneo de Benjamin y su aura), pistoleros especialistas en nuevas narrativas (Javier Alonso Prieto), La eterna joven-pero experta hace ya tiempo-Luna, (La poeta Luna Miguel) y todos ellos alentados y moderados por una poeta camuflada de moderadora,como es Carmen Morán Rodríguez. Se habló de blogs, de nuevas narrativas, de reinvención o no del lenguaje poético respecto a su nuevo soporte, en este caso, virtual. Se habló de performances, de nuevos caminos, de caminos nuevos que llevan más de un siglo surrealidando el mundo o dadando en el lenguaje. Libros electrónicos Vs olores de libros antiguos. Paper back contra ediciones de lujo. Charlas eclécticas sobre un mundo fragmentado y fugaz.

Y siguiendo el programa de la tarde, llegó Vanesa Pérez-Sauquillo que es una sorpresa mayúscula (al menos para mí, que no la conocía) y que como decía en la introducción de este paseo por Versátil.es,no dejes que la luz de mi cuerpo te engañe, voy quemando las naves, y yo no se si quemará las naves, pero joder, la luz de su voz si que la encuentro. Así, en plena cara. Ángel Guinda, el mayor del día de hoy, presenta una serie de videopoemas que en cierta manera todos esperábamos, porque Guinda sorprende con los vídeos, pero también con su poesía desnuda, directa, La bolsa de basura es nuestra biografía. Poemas breves, optimistas o ácidos, que no entran en ninguna caja, que las revientan todas. Poco después, y ya sin vídeos, Abraham Gragera hurga en sí mismo, se desmonta y recita una poesía intimista, delicada. En contrapunto, Sergio C.Fanjul se desahoga y nos deja entre escandalizados y fascinados. El sexo y la violencia suelen ser así: Las palabras nunca fueron suficientes/y he aquí un pájaro negro/que despliega/sus alas/en mi pecho.

Por último, para acabar el día, Fernando Beltrán se abre en canal con su obra completa, Donde nadie me llama (Poesía 1980-2010). Fernando tiene algo especial que notas cuando lo ves, cuando lo sientes. Creo que, de todo versátil.es, es el que más me conmovió, al que encontré más humano, más entregado, sin barreras. Me dio la impresión que Fernando, con sus luchas familiares y personales, ha llegado a lo más profundo de la incomprensión y el rechazo. Y así, desde ese punto, puede renacer la poesía con una fuerza como la que tiene Beltrán en sus poemas, ya que, como él mismo dice, a mí los poemas me ocurren, porque él es el hombre capaz de lo mejor, el hombre capaz de lo peor, el hombre a secas, yo.

Aquí, en este momento justo entre párrafos y días, me gustaría hablar de las personas que organizaron Versátil.es. Javier García Rodríguez, que maneja los momentos y los escenarios casi tan bien como las letras. Complementándolo, Pedro Conde Parrado, que casi nunca se muestra, que no aparece en donde la luz apunta, pero que apuntala todo y que nunca le he oído decir una palabra de más ni de menos. Y llegamos al Colmo Colectivo. El grupo de estudiantes, filólogos, historiadores, periodistas, y en general buena gente que pueden presentar a estrellas de renombre o bien alojar a un recién llegado y darle cobijo y cercanía. Un lujo contar con este grupo. Y bueno, hablando del Colmo, como podríamos no hablar de su lugar de reunión, el lugar de reunión de todo versátil.es, donde la poesía se traga con la cerveza que Ángel y Diego nos sirven con una sonrisa en la boca.

El jueves, día tres, empieza con el taller de Juan Bonilla, el escritor que ha hecho el mejor libro de cuentos del 2010 (Tanta gente sola), y todos los que sobrevivimos a la curva de ayer y participamos en el taller, nos damos cuenta de lo rápido que puede llegar a pasar el tiempo. Eso si. Mañana más. Luego, una entrega de premios a los chavales del concurso de jóvenes poetas y varios recitales de poetas jóvenes y de otros más consagrados. En primer lugar, el espectáculo visual (que no poético) de Luis Antonio de Villena. La poesía de Villena, pese a poder gustar en un principio, de resultar atractiva, tropieza por su intento constante de sorprender. Demasiada sorpresa cansa y no sorprende, claro.

Le siguen Cristina Abril, componente del Colmo Colectivo, que con una poesía breve y directa que busca un lugar donde jamás entre el silencio/pero donde se mueven y respiran/ todos los silencios del mundo, llega rotunda a través de un entorno cotidiano, real, amable. Pablo López Carballo, que leyó poemas de su libro Sobre unas ruinas encontradas, recitó unos poemas complejos, que no entendí al vuelo. Pablo tiene una poesía difícil que es necesario releer para encontrarle el jugo, el sabor, sacar a a la luzLas raíces de las palabras/bajo las primeras nieves:/tubérculos frente al invierno./Tapia de verdad /sobre el desconocimiento.

Luna Miguel se había paseado por el festival como uno más. Había bebido y fumado como uno más y yo no entendía el porqué. Según lo que tenía entendido, Luna Miguel debía hacer cosas raras, que dejaran sus llamativos tatuajes en meros pintarrajos sobre la piel, en señalizaciones hacia un ser extraño, oblicuo, único. Pero no. Luna Miguel me pareció una chica normal con talento. Leyó sus poemas. Poemas de dolor, de herida, Todo rasurado, ¿coño o corazón? eso qué importa cuando ambos huelen a vida, cuando ambos sangran y tiñen de amor. Poesía a flor de piel, o en este caso concreto, a blue bird de piel. De hecho, me sorprende que una persona tan digital, tan Internet, pueda sentir la herida con tanta herida, con tanto fuerza, tan hondo.

Y junto a Luna, Julio Rodríguez, que hace que nos demos cuenta que no hace falta ser joven, ni tener tatuajes, ni gafas rosas. Que no hace falta llamar la atención para hacer poesía. La poesía de Rodríguez se empapa de paredes, de alfombras, de habitaciones. Se empapa también de parejas, de un amor reposado que envuelve una alegría tranquila, sencilla, no hay nada de cielo/en mi ventana/si te alejas. Porque la ausencia amada puede ahogar, puede hacer desangrarse como la falta de un brazo, de un pie. Es un insomnio inmenso, /un ardor –emisario/de la fiebre–, una especie/ de bulto inexplicable, un agujero. Desde luego el surtido versátil.es es variado.

Y tan variado. El grupo La Linga, adaptando poemas de poetas de la zona, nos ofreció un concierto en el que, la verdad, sobraron las butacas. Por un rato olvidamos que estábamos en un lugar honorable como es la universidad y el rock nos sedujo a todos. Incluido al organizador de todo este tinglado, Javier García Rodríguez, que subió a cantar, (con bastante desparpajo), una canción del grupo castellano.

Y como las cabras vuelven al monte y las personas grises a las oficinas, los poetas y su corte nos vamos a La Curva. De nuevo a beber y a conocer de primera mano la noche de los poetas. Personas que huelen raro, auras huidizas, Bonilla que se une, Javier haciendo cálculos para volver a casa, Pedro calculando horóscopos, cuadros con figuras que aparecen desde la oscuridad gracias al arte de Arañados signos,o humos delincuentes, furtivos, que no pueden contarse por aquí.

Así llegamos al jueves, día cuatro, último día del festival. Día de transición a la vida normal, sin poesía en vena 24 horas. Se nos acabó el chollo chavales. Pero eso si, el jueves era el día Bonilla. A las diez, aún con el vértigo de La Curva en la garganta y en los párpados, desayunamos su taller de poesía. ¿Cómo transformar un anuncio de contactos en poesía?, ¿Cómo reducir al máximo el poema, cómo podemos imitar a Gómez de la Serna y sus greguerías? En primer lugar, dando la vuelta a la realidad. Mostrándonos sorprendidos, inventores de un nuevo sentido, un nuevo mundo. Por ejemplo, partiendo de un anuncio de contactos, un participante-poeta escribió, a nadie le gustan las obligaciones matutinas/pero yo he pagado 200 euros para que traiciones a todas esas mujeres.

Por otro lado, intentamos sacar licor de poesía y con los ejemplos que nos dió Bonilla, un muñeco de nieve está tomando el sol: ya se arrepentirá, conseguimos, por ejemplo, que Los gatos son la rutina de los tigres. Entre todos conseguimos unas cuantas gotas de licor. Alberto Sevillano, poeta y miembro del Colmo Colectivo, presentó posteriormente sus poemas ante un auditorio entregado a su poesía, que juguetea con el día a día, con la nostalgia y, en el fondo pero está presente, la esperanza, Nos encontramos solos/ sin nada a qué agarrarse /perdidos en la sola inmensidad del mundo/ buscando un rumbo fijo y un destino claro/Quizá dentro de un tiempo/ cuando elijamos dónde colocar nuestro sitio/podamos ser capaces de definirnos juntos. Almudena Vidorreta, que parece que nos va a contar algo bonito, algo agradable, nos lanza sin piedad unas letras que sangran, que están rojas de rabia: Me arrancaría el vello de los brazos,/uno a uno todos los pelos igual que arrancaría,/los días que pasamos juntos. Y para despedirnos del Salón de Grados de la universidad, el editor de la gran editorial Hiperión Jesús Munárriz, nos lee unos poemas que me resultan demasiado condescendientes y correctos. Por un lado el que dirige a su hija, a la que le aconseja y explica los grandes aprendizajes que debe afrontar ¿?. Por otro, encontramos un poema a la infanta Leonor (¡¿?!) que, como dice un amigo que estuvo presente, escribe a la infanta Leonor/ y otras astucias sin parangón/ ¿Poeta? no lo sé ¡gran traductor!

Después, con un viaje en autobús de una hora por las carreteras castellano leonesas, llegamos a la Bodega Estancia de Piedra, en Toro. Allí, rodeados de un excelente vino, presenciamos la última mesa redonda del versátil.es, que trató de Traducir poesía contemporánea. La ponencia contó con la presencia de Juan Bonilla, Jesús Munárriz y Vanesa Pérez-Sauquillo coordinados por Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan. Y así, entre traducciones míticas y el anhelo velado y presente de alcanzar la traducción perfecta, de dejar de ser por un momento el traductor para meterte en la cabeza del poeta, tener su contexto, su cultura, y escribir, definitivamente, en el idioma del traductor en lugar del idioma del poeta, llegamos al epílogo del festival. Un relato de Juan Bonilla. Un relato que trata sobre muchas cosas. Trata de fútbol, trata de vino, de Alemania, de la soledad, del Jerez, de lo local, de lo cercano y lo lejano, del recuerdo, de las agentes literarias y sus superpoderes, de literatura. Como versátil.es, que fue, en definitiva, una fiesta de la literatura.

Crítica de Indignaos, de Stéphane Hessel






¡Indignaos!, un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica

De Stephane Hessel

Prólogo de José Luis Sampedro

Editorial Destino

Colección Imago Mundi

Traducción de Telmo Moreno Lanaspa

5 €


El celebrado alegato de este diplomático nacido en Berlín pero que vive desde los siete años en París, se ha convertido en un fenómeno literario en toda regla en el país vecino con más de un millón de ejemplares vendidos a tres escasos euros. Aquí en España, el breve discurso hecho texto (apenas 27 más muchos extras) ha sido editado por Destino y prologado por otro nonagenario lúcido, el escritor y pensador José Luis Sampedro. Hessel, de 93 años, es un diplomático que cuenta con una biografía llena de suerte y mérito: miembro de la Resistencia francesa, superviviente de Buchenwald, militante a favor de la independencia de Argelia, defensor de la causa palestina y único redactor que aún sigue vivo de la declaración universal de los derechos humanos de 1948.


Este discurso pretende ser, como dice Sampedro en el prólogo, "un grito, un toque de clarín que interrumpe el tráfico callejero y obliga a levantar la vista a los vecinos de la plaza", y creo que Hessel ha conseguido su objetivo. Ha conseguido un texto que es un grito, una llamada a la vuelta a la moralidad, a la democracia, a ser ciudadano. Pero me temo que el ciudadano, (que ha devenido en los últimos tiempos en ciudadano-consumidor), después de levantar la vista y buscar una guía, una señal, pasa las páginas (pocas) y termina el texto y sus extras con hambre, desconcertado y sin respuestas. Y solo le queda el eco de un grito pitando en los oídos.

Creo que el propósito de Hessel es muy noble, que intenta despertarnos, desentumecernos una apolillada solidaridad pero creo, sinceramente, que se queda muy lejos de su objetivo. Aunque reconoce que "para un joven de su época indignarse y resistirse fue más claro, aunque no más fácil, porque la invasión de tropas fascistas es más evidente que la dictadura del entramado financiero internacional", intenta apuntalar al enemigo, ayudar al lector señalando a los culpables "el poder del dinero (...) nunca había sido tan grande insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del estado".

Pero la sensación que tengo después de leer este texto de Hessel es que el diplomático no consigue encender la chispa, el furor de indignación necesario. Terminé de leerlo y pensé, "joder, estoy indignado, si, vale, lo has conseguido, pero me indigno, (y creo que como casi todo el mundo), cada vez que enciendo la televisión, cuando veo la corrupción, el poder de los bancos, la OTAN y sus guerras para la conseguir la paz..." Por eso me gustaría haber encontrado en este Indignaos ,un acicate más fuerte, un frente común, un motivo que nos saque a las calles a protestar, a indignarnos de verdad.

Alguien como Hessel, con su historial, combatiendo la injusticia a lo ancho del mundo, debería ser más preciso, más contundente (de hecho, una de las críticas que se le hace en Francia es sea demasiado socialdemócrata y que tenga miedo de acercarse a la extrema izquierda), ya que sus palabras, pese a ser resultonas y llamar la atención, se quedan en el aire, dando vueltas, sin conseguir encendernos. De todos modos yo espero una continuación, un discurso más contundente y radical, un texto que te haga ver que no hay opción, que la única opción es la de revelarse. Quizá, al fin, si queremos ser revolucionarios deberemos, tan solo, y como dice Hessel, "ser responsables en tanto que individuos".


El arte en equilibrio




Cuando vi la película El sol del membrillo, una de las cosas que más me sorprendió fue el encuentro del pintor Antonio López con dos chinos que habían ido a su casa para verle pintar. La chica, sin cortarse un pelo le dijo: “me he dado cuenta que usted no pinta como el resto de pintores”. Claro. Cuando un pintor se pasa meses pintando, perfeccionando eternamente la sutil curva de un membrillo, se trata de un arte concentrado, especial. Antonio López antepone la obra al tiempo, a las vicisitudes de los cambios, a lo relativo, y pretende encontrar algo más allá fuera del espacio y del tiempo. Andy Goldsworthy, el artista retratado en Ríos y mareas, es una especie de Antonio López pero más creador y más “ecológico”.En primer lugar, Andy Goldsworthy es uno de los principales representantes del movimiento Land art, tipo de arte que consiste en realizar obras con elementos de la naturaleza como piedras, hielo, hojas, agua…Normalmente se exponen al aire libre, y el paso del tiempo provoca que algunas, (la mayoría), desaparezcan y que solo las podamos recordar por su fotografía.


T. Ridelsheimer, en esta obra valiente y cocida a fuego lento, nos muestra la manera de trabajar de Goldsworthy. Sus horarios, sus fracasos, sus éxitos, sus motivaciones y su filosofía de vida, tan respetuosa como sus obras de arte efímeras. Andy se puede levantar antes de que salga el sol para conseguir los trozos de hielo y el entorno único que necesita para crear su escultura. Y después de crearla, después de tanto esfuerzo, de tantas horas y minutos de esfuerzo, sale el sol y la escultura se funde y se pierde. Y vuelta a empezar.
Una buena metáfora del objetivo que quiere mostranos el artista escocés es el río. Andy usa este camino natural para crear una serpiente verde hecha de hojas, para que navegue libre por el río, dejándose llevar sumisa por él. Andy quiere ser parte de la naturaleza, crecer como las plantas, dejarse caer como la lluvia, o bailar el vaivén del viento como las ramas de un árbol.
Esta es la mentalidad de Goldsworthy; quiere hacer pequeños nudos artísticos, breves y sutiles, en el fluir eterno de la naturaleza. No perjudica, no entorpece, solo moldea y crea figuras preciosas. La música de Fred Rith acompaña y embellece aún más su arte. Habrá gente que diga que la película es lenta, “que no pasa nada”. Puede ser. O puede que no. En este documental no hay amores ni explosiones, eso es verdad, pero en el fondo de las obras de arte del artista escocés encontramos algo sencillo, único, que estamos perdiendo con tanta superficie, con tanta explosión, con tanto arte espectáculo.
  • Ríos y mareas
  • Título original: Fluß der Zeit
  • Año: 2001
  • Estreno en España: Agosto 2008
  • Director: Thomas Riedelsheimer
  • País: Alemania
  • Música: Fred Frith
  • Guión: Thomas Riedelsheimer
  • Duración: 90 minutos
  • Premios: Mejor documental en los festivales de Montreal y San Francisco de 2002.

La señora Rojo, de Antonio Ortuño


http://www.koult.es/2011/01/la-senora-rojo-de-antonio-ortuno/

La Señora Rojo

Antonio Ortuño

ISBN: 9788483930588

Precio (IVA incluido): 14 euros

Número de páginas: 112

Editorial: Páginas de Espuma.

Cuando empiezo un nuevo libro de relatos espero, desde el primer cuento, desde la primera página, esa fuerza, ese nihilismo que se ríe de los académicos, de las normas de escritura, de los escritores limpios y relucientes que solo saben decir nada. Cuando empiezo un libro, busco que me regateen. Que me despisten y que me conmuevan. Busco historias que digan cosas. Busco la ironía y la crítica que le salían a chorros a Vian o la intensidad que acerca y aleja de nuestro Hipólito G. Navarro. Y esta fuerza también la tiene Antonio Ortuño, escritor mexicano nacido en 1976 que ha sido publicado recientemente por Páginas de espuma con su colección de cuentos La señora rojo.

El libro se divide en dos partes. En la primera, titulada La carne, se narran historias crudas, sin ética ni piedad, pero ¿Qué piedad puede haber cuando "El Gordo Hijo de Puta" le hace cosas indecentes a tu novia? Ninguna, claro. El sadismo que se intuye en esta historia me recuerda, de lejos, a "Escupiré sobre vuestra tumba", de Vian. Pero no tan explícito. En el relato que da nombre al libro, La señora Rojo es una vomitiva pero inevitable tortuga que arruina, con tesón disimulado, a una familia entera.En las historias de esta primera parte, Antonio Ortuño conjuga el humor, la desesperación y la crudeza para conseguir una fuerza narrativa muy intensa. En esta primera parte encontramos también "Carne", nombre muy bien escogido para un relato que mezcla pornografía y sentimiento. Un silenciado pero profundo sentimiento que aparece cuando el protagonista se da cuenta que está enamorado de una invencible. Con lo que eso supone.

La segunda parte de La señora rojo se titula El Mundo y en ella los profesores se lían a tiros con los alumnos o los guardias de seguridad del aeropuerto se vuelven unos fanáticos(más aún si cabe) de la seguridad antiterrorista: "imagino que el niño de brazos que portean dos padres risueños puede haber sido atiborrado de algún líquido corrosivo y pernicioso que envenene la atmósfera; concibo posible que la matrona de cabellos nevados transporte un supositorio nuclear en el ano".

Y es en esta última parte donde aparecen los dos cuentos que más me gustan. El primero, Historia, me recuerda mucho a un relato corto de Kafka llamado Una hoja vieja. Y es que en el, como en la historia de Ortuño, el protagonista sufre una invasión a su país. Pero la invasión de Ortuño no es una invasión normal, es una invasión consentida, de gente rubia y admirada, y que de alguna manera me recuerda a nuestra situación actual.

El otro relato se titula Boca pequeña y labios delgados, y en ella un preso delicado y poeta, y que me recuerda mucho al personaje de Molina de El beso de la mujer araña, colabora porque no tiene opción con el carcelero que lo mantiene preso y que lo destruye poco a poco.

En definitiva, los relatos de Antonio Ortuño tratan muchos temas pero mantienen la carga de fuerza intacta, potente. Es una manera de narrar que no se olvida y las historias de La señora rojo llegan al lector y le golpean en la cara, dejándole con la nariz rota y sonriente por la calidad de sus relatos.


Crítica de pequeñas resistencias 5


Resistencias concentradas

Por Jorge García Torrego


© Daniel Mordzinski, 2010

Si alguien aún no conoce Páginas de espuma, (aparte de aquel hombre que llamó a su editor, Juan Casamayor, preguntándole por espuma para colchones) es que no conoce el cuento contemporáneo español. Ni
hispanoamericano. El cuento en lengua española, vamos. Páginas de espuma, que acaba de celebrar en la casa de América de Madrid su décimo anivesario, es una editorial volcada en exclusiva al cuento. Y se han convertido en modelo.
Sus editores, Juan Casamayor y Encarnación Molina Sabio, y una colección de entusiastas cuentistas han marcado el paso (y cada vez más) del cuento en nuestro idioma. Y una colección como esta, que recopile, que analice, que seleccione, era inevitable que apareciera en esta editorial.
Allá por 2002, Andrés Neuman, heredero -aún desde lejos, si, pero heredero al fin y al cabo- de los maestros del cuento argentinos como Cortázar o Bioy, asumió la tarea de intentar poner orden en un mar casi infinito de cuentos. Hace ocho años, con la publicación de Pequeñas resistencias 1, Neuman inicio un trabajo Borgiano: seleccionar los mejores cuentistas de España e Hispanoamérica e incluirlos en cinco volúmenes. Y esta idea, después de mucho trabajo y muchos cuentos, se cerró el pasado día 4 de Noviembre con la publicación de Pequeñas resistencias 5.
© Daniel Mordzinski, 2010
La ingente y aumentadora de dioptrías tarea empezó con el primer volumen que se dedicó a recopilar a autores españoles que hubieran publicado un libro de cuentos desde 1990 hasta 2001. El segundo reunió textos de autores centroamericanos, el tercero fue dedicado a la nuevaliteratura sudamericana, y el cuarto recopiló textos de Norteamérica y centroamérica.
En esta nueva y definitiva edición, Neuman selecciona a los mejores cuentistas del nuevo cuento español desde 2001 hasta 2010. Prologados por el gran novelista y cuentista Eloy Tizón, escritores que han publicado al menos un libro de relatos en este periodo exponen sus temas, sus personajes, sus dudas y fantasías. Los cuarenta autores, entre los que se encuentran promesas como Matías Candeira o Cristina García Morales se mezclan con autores consagrados como Espido Freire, Víctor García Antón o Elvira Navarro, y ambos grupos, los que prometen y empiezan ya a cumplir y los que ya han cumplido y siguen prometiendo, quedan satisfechos y complementados. Además, en la parte final del libro, los escritores responden a seis preguntas sobre los cuentistas que les han inspirado (me chivo: gana Chéjov seguido de Cortázar y Carver) o cómo se organiza y se da forma a un libro de cuentos.
Cualquiera puede entender a Neuman. Cualquiera puede entender que ante tanta variedad y cantidad de cuentistas en español que están apareciendo en la actualidad, sea necesario seleccionar a los más validos. Que alguien nos diga qué es bueno y qué es malo. Qué merece la pena leerse y qué no. Seguramente, los que están en estos cinco volúmenes no son, objetivamente, los mejores, pero ¿Eso importa? ¿Es posible seleccionar “objetivamente”?
Son los mejores para Andrés Neuman. Y Neuman no es un cualquiera. Debemos fiarnos, confiar en escritores y críticos que aconsejan y seleccionan desde una posición adecuada, con perspectiva, pese a la inevitable injusticia que cualquier selección supone. Lo que queda claro con este nuevo y definitivo volumen es que el cuento en España ha crecido, se ha hecho mayor y sigue creciendo. Aunque, como dice Eloy Tizón en el prólogo, “ningún cuento está completo si no le falta algo” al cuento en español le falta “algo” menos desde que este volúmen ha salido a la calle.

Chéjov comentado


Si Alan Finkielkraut criticaba en su libro La derrota del pensamiento la relativización de la crítica cultural y abogaba, de alguna manera, por la vuelta a la valoración, a lo bueno y malo, a lo bello y a lo feo, lo que presenta Chéjov comentado es una iniciativa que intenta paliar esta confusión tan posmoderna.Porque lo que el posmodernismo ha conseguido, aunque nos pese, es un eclecticismo tan abrumador que para separar la paja del grano necesitas demasiada paciencia. Y nadie te ayuda. El peso real de los críticos en la posmodernidad es ínfimo. Todo está bien. Y si no está bien, es que es demasiado innovador y aún no ha encontrado su sitio. Y si algo es definitivamente malo pero lo queremos vender de todos modos, le ponemos luces y lo pasamos por televisión. Por mucho que nos empeñemos y parafraseando a Finkielkraut, un par de botas no puede equivaler a Shakespeare. Ni a Chéjov tampoco. Ni un par de botas ni un Dan Brown.


El libro que presenta la joven editorial Nevsky Prospects en el 150 aniversario del autor pretende -sin hacerlo a propósito, por supuesto- hacer esta distinción. Diferenciar lo bueno y lo malo. Así de claro. Las obras ejemplares, clásicas, del resto. Y para ello ha escogido bien. En este caso se han seleccionado dieciséis cuentos en los que, como dice su editor y prologuista Sergi Bellver, “Chéjov coloca un espejo ante el lector y le deja la última palabra“. Nevsky Prospects no publica cualquier cosa. Publica autores rusos, sí, pero autores rusos que son maestros.Pushkin es un maestro, Dostoievski es un maestro, Bogdanov es un maestro subido a una estrella roja y, por supuesto, Chéjov también es un maestro. De hecho es el maestro del relato. Puede sonar orgulloso y altivo decir que las obras de Nevsky están por encima de otras muchas, pero es así. Los matices y las diferentes lecturas que ofrecen son inapelables en esta comparación.


Pero Chéjov, que ha sido tantas veces publicado (y tan bien, por cierto) no está solo en esta aventura. Tras la “Malevichiana” y sobria portada del diseñador, Zuri Negrín, los mejores cuentistas contemporáneos españoles (salvo el gran Medardo Fraile, el único ausente de renombre) acompañan al autor ruso, lo critican y comentan.


No saben qué lujo es leer Casa con mezzanina y, a continuación, detenerse en el comentario, la crítica, del gran Eloy Tizón, por ejemplo. Puede que no hayas visto algún detalle, que se te haya escapado alguno de los sentidos que tienen los cuentos del autor ruso, y entonces viene una estrella de la literatura actual de nuestro país y te echa una mano. Como alguien que sabe ayudar y no abrumar a alguien que sabe, pero no tanto. Tenemos que reconocer la valía, el talento. Y estos escritores son, sin lugar a dudas, talentosos: Jon Bilbao, Matías Candeira, Luis Alberto de Cuenca, Oscar Esquivias, Ignacio Ferrando, Hipólito Navarro, Víctor García Antón, Eduardo Halfon, Juan Carlos Márquez, Ricardo Menéndez Salmón, Elvira Navarro, Salvador Luis, Marta Rebón, Care Santos, el ya mencionado Eloy Tizón y Paul Viejo.


Los cuentos de Chéjov hablan de vida, de muerte, de amor. Lo hace sin prisa, dejándose caer en los temas y la trama, sin que te des cuenta. Así el relato cala, llega sin hacer ruido y se hace cercano y cálido, porque Chéjov habla de personas, de sentimientos. Pese a llevar el falso estigma de la misogínia en su espalda, el autor ruso tiene una humanidad imperecedera, universal, clásica. Sus postulados siguen vigentes, sus anhelos reconocidos por cualquier artista o persona sensible.


En definitiva, un libro de cuentos muy recomendable para quien no haya leído nunca a Chéjov y muy recomendable también para quién si lo ha hecho porque descubrirá, con dieciséis ayudas inmejorables, nuevos caminos para recorrer las frías estepas rusas y la condición humana.


El enlace en koult.es:


http://www.koult.es/2010/11/chejov-comentado/



Crítica del libro "Amor malo y feroz", de Larry Brown.


(enlace de koult.es)

"No tengo ni idea de dónde salió la idea de escribir ni cuál fue el motivo de que empezara a hacerlo, pero ahora es una parte más de ella, como los brazos o la cara. Según ella ya no es cuestión de si va a tener éxito. Es sólo cuestión de cuando
”. Como la protagonista del cuento La aprendiz, Larry Brown autor del sur de Estados Unidos, (1951-2004), debió empezar a escribir de manera espontánea e inevitable entre cervezas y colillas apagadas. Paralelo al estilo, al realismo sucio desarrollado por Faulkner, Carver o Bukowski, Brown narra con graciosa y seca precisión los regateos de la vida, del amor. Habla de lo que supone intentar renacer para personajes acabados, borrachos, que pegan a sus mujeres y que salen en busca de algún tipo de amor. De resarcirse y dar algo, aunque poco, bueno al mundo.

Además, gracias a la precisa traducción de Luis Ingelmo, los insultos y las frases hechas más complejas encajan a la perfección en nuestro idioma. Creo que nunca se valora a los traductores pero estos recrean la historia, es necesario que transformen sin transformar. Difícil trabajo que, sin embargo, el señor Ingelmo ha hecho perfectamente. Recuerdo el intento de conversación de un borracho muy borracho, que podía apenas hablar, y cómo Ingelmo se las ingenió para convertir sonidos guturales que pretendían ser palabras, en letras donde el lector pudiera olerle el aliento al personaje.


Cuando empecé a leer su colección de cuentos me preparé para las rancheras y las botas de punta, pero también para las más que seguras borracheras en eternas y delgadas carreteras que van a ninguna parte. Parece que las gringos que caminan por extensas llanuras sin trabajo, con los sobacos sucios, y escupiendo por el colmillo, son un paisaje habitual en la literatura de los autores de finales de siglo de la primera potencia mundial. Si este decadentismo no es tan patético es por culpa de artistas como Larry Brown. Su estilo no adorna. Su estilo llega rápido y desde lo cotidiano. Pega fuerte y no deja mancha. Narra con pasión, con fuerza, pero no hace escándalo. Hace daño; llega al lector sin grandes artefactos verbales. Frases como “luego enterraré al perro, por hacer algo” o “entré a coger un martillo y acabé con el sufrimiento del conejito”, demuestran el mundo de Larry Brown. Es un mundo gris, manchado, de personajes derrotados, difíciles, alimentados por cerveza y a punto de dejarse morir en cualquier sitio, que sin embargo, no lo hacen nunca. Están agarrados a la vida como garrapatas.


El libro se divide en tres partes. En la primera ocho cuentos nos dibujan, dejan la silueta del antihéroe que propone Brown. Hombres siempre, paralelismos del propio autor, que deambulan de un lado a otro, beodos perdidos, pero pretendiendo hacer, de algún modo, el bien. Buscan en el fondo de sus vasos y en el fondo (más fondo y más físico posible) de las chicas de los bares de carretera, algo parecido a la felicidad, que al día siguiente se convertirá en resaca y alguien deprimente a tu lado, en tu cama. Al lado del vómito seco y las latas vacías.


En la segunda parte Brown nos presenta un relato extra, una anomalía dentro del libro. Se trata del macabro juicio que le hacen a un plagiador que ha sido torturado previamente habiendo sido obligado a fornicar con una mujer horrenda. La sensibilidad del escritor, (aunque sea plagiador también), se expresa en la parte final del relato al ser juzgado y presumiblemente, condenado por el contenido de sus textos.


La última parte de Amor malo y feroz, es una novela corta, de apenas cien páginas, en la que el autor desarrolla una de las vidas presentadas en la primera parte del libro. Narra la historia del señor León Barlow, (juego de iniciales que suele hacer Brown. Sus personajes protagonistas suelen tener las mismas iniciales que él), un escritor fracasado y alcohólico que manda relatos por correo a todas las revistas literarias que puede, y que acaba de separarse de su mujer, Marilyn, que tiene la custodia de sus dos hijos. La narración avanza, el protagonista tropieza, cae muchas veces, solo o con su mejor amigo Monroe, pero siempre se levanta. En sitios desconocidos y sin dinero en los bolsillos, pero se levanta, con una tenacidad y una voluntad que nunca tendrán nuestros queridos ni-nis.


La vida es cruel para los personajes de Brown. Todo duele, nada es fácil y la derrota es inevitable. O quizá no. Quizá, en el fondo de la basura y de las Budweiser quede algo de luz. Desde luego que en la literatura del señor Brown si la hay y alumbra mucho.

Crítica de Ni uno menos, de Zhang Yimou

Mientras volaban cohetes y fuegos artificiales por un Pekín pletórico y maquillado temporalmente por el furor olímpico, Zhang Yimou, el organizador del acto, recolector de pequeños éxitos, triunfaba por primera vez a escala mundial. Y es que lo que Yimou había hecho anteriormente para conseguir ser el encargado de la ceremonia de los JJ.OO, eran obras íntimas, cuidadas, humanas.

Seguramente al lector o al cinéfilo le suenen La casa de las dagas voladoras o Hero, películas grandilocuentes, pero también con cierto cuidado de las relaciones entre los personajes y, en definitiva, películas hechas a lo grande, con presupuesto, y con capacidad para generar un espectáculo. Las peleas por los aires y los relatos históricos de la China épica, conmueven y entretienen a partes iguales, pero Yimou es un artesano de los sentimientos.

Mucho antes de los actos de Pekín de dos mil ocho, y antes también de los efectos especiales de Las dagas…, Yimou había creado historias como Vivir, El camino a casa, La linterna roja y, sobre todo, Ni uno menos. Y es que Ni uno menos es una película especial, sin duda. Está hecha con pasión contenida, pasión cuidada y reflejada al máximo en una actriz como la copa de un pino (Wei Minzhi).

La película, como la mayoría de las películas de Yimou, se desarrolla en una aldea en las montañas de la China pobre, las antípodas de la entonces futura y casi incomprensible China olímpica. Por orden del alcalde, una niña de trece años, (Wei Minzhi y que, al igual que la mayoría de actores, no era actriz profesional al hacer la película), debe sustituir un mes al maestro para dar clase a los niños del pueblo, pero no solo eso. El maestro, temiendo que los niños abandonen la escuela para buscar trabajo o para ayudar a sus padres le promete a Wei que por cada niño que se quede en el aula le dará diez yuan. El revoltoso Zhang Huike, contradiciendo la voluntad del maestro, se va a la ciudad a ganarse la vida provocando que la sacrificada Wei luche por hacerle volver al aula.

Para los que creemos que la educación debe ser un mecanismo de cambio, un trabajo vocacional y esencial para una sociedad que pretende ser cada vez mejor, la lucha mostrada por Wei en esta película es digna de admiración. Cuando la educación actual pretende ser la sala de espera para acceder a empresas deshumanizadas y sin ningún tipo de trato humano, películas como esta hacen que el aciago futuro que nos presentaba Pink Floyd con Another brick in the wall, tenga una vía de escape, aunque sea en una aldea pobre y perdida en la lejana China.