Islas divergentes

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Poder



 Arlequín, de Federico García Lorca

Un hombre no puede nada contra la lluvia
no puede nada contra los coches y su desamparo
y se vuelve derrota cobarde contra la muerte.

Un hombre no puede nada
una tragedia pequeña le tira al suelo
una nube tapa su ojo para siempre
y un hombre no puede
ni siquiera levantarse contra el viento o el estado
no tiene garra suficiente contra la jungla
ni remolino en la lengua para el amor, tan enorme.

Uno solo no puede nada,
pero dos lo pueden todo.

F.G. Lorca, por Sciammarella


Esta poesía se la quiero dedicar
al grupo poético Sextavocal,
que me recibió ayer con las letras abiertas
en un genial homenaje a Lorca en Moralzarzal.


Tenías las manos blandas
de acaricias palabras
y aún así,
se te rompían las olas en tu frente
robusta,
cada vez que te nacía un poema.

Se te veían las golondrinas y la sangre bajo la ropa
bajo tu lengua vibrante.

Quieren hacerte una marca desde las alturas
un insípido bote de palabras
pero tu te retuerces en tus textos
y te brotan ríos carnívoros de las vocales
y muerte
de los puntos finales.

Cada vez que te miras en un espejo,
te reproduces en miles de nacimientos furiosos.
Cada vez que apareces en los ojos
la muerte huye de ti y te deja limpio
de etiquetas y letras pequeñas.

Aún tus libros acompañan la sangre
y estos laten
con la violencia de caricias
que almacenaba tu boca.