Arlequín, de Federico García Lorca
Un hombre no puede nada
contra la lluvia
no puede nada contra los
coches y su desamparo
y se vuelve derrota
cobarde contra la muerte.
Un hombre no puede nada
una tragedia pequeña le
tira al suelo
una nube tapa su ojo para
siempre
y un hombre no puede
ni siquiera levantarse
contra el viento o el estado
no tiene garra suficiente
contra la jungla
ni remolino en la lengua
para el amor, tan enorme.
Uno solo no puede nada,
pero dos lo pueden todo.

