Islas divergentes

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Día de las bibliotecas

 


Es una excusa, básicamente. Poco más. Que sea el 24 de octubre o el 3 de junio, da un poco lo mismo. O no. No da lo mismo, porque fue un 24 de octubre, pero de 1992, cuando se destruyó la Biblioteca de Sarajevo, durante la guerra de los Balcanes. El que ataca la memoria, la humanidad que se recoge en una biblioteca, ataca a toda la humanidad. Sin importar el contenido de esos libros.

Intenté ser parte de esa comunidad de bibliotecarios heroicos que luchan por la lentitud y el sosiego en un mundo fugaz y pobre, en el que la información pasa silbando como balas de olvido. Sin embargo, y pese a que estoy en varias listas a la espera de ser llamado, no he podido ser bibliotecario. 

Y es que las oposiciones son un proceso muy esclavo, muy castigador, y preferí la seguridad de un puesto de trabajo en la universidad (donde ahora trabajo) al sueño de custodiar y acompañar a libros y lectores.

Seguiré, eso sí, con la ilusión de que en un futuro próximo pueda volver a estudiar e incorporarme a una biblioteca. Mientras tanto, celebro a las bibliotecas, a los bibliotecarios y a todos aquellos que aún hoy, en este mundo de ansiedad y ruido, seguimos pensando en las bibliotecas como lugares sagrados.

Amistad

 

Nos enfrentamos a algo que no conocemos y esa incertidumbre nos alumbra el pecho. Porque el sol nos calienta más ahora que no sabemos cuánto tendremos que estar en casa, sin salir, sin ver a los amigos ni a los amores. Hemos mascado la soledad y la certeza de la enfermedad y no queremos que la vida pase de largo. Me rodeo de gente vital y sana y todos están apurando energías y sonrisas para celebrar el hoy, algo que nunca hicimos tan sinceramente como ahora. No sabemos qué pasará, pero sí sabemos que estar con los amigos (siempre con mascarilla y/o distancia, obvio) nos sube la barra de vida, como en los videojuegos, y esa barra será nuestro refugio cuando lleguen los días malos. Y mejor si no llegan.

Cojan semillas, buenos libros (no mierdas de pensamiento barato de usar y tirar rollo Mr Wonderful, no me sean cafres), beban agua, beban lo que sea, celebren, arrímense a los amigos y a la gente querida y acumulen buenos recuerdos. Es tiempo de celebrar la barricada.

Las bibliotecas y yo


En mayo de 2019 me propuse llegar al sueño de ser bibliotecario. Estudiar, aprobar unas oposiciones y cruzar al otro lado, aquel lado que recomienda libros, que memoriza campos MARC 21, que cataloga libros, que ojea y hojea. Que no vive por los libros ni para los libros, sino para crear y alimentar lectores.

He rellenado muchas hojas con esquemas y términos, he pasado muchas horas memorizando leyes, memorizando temperaturas idóneas, parásitos que comen papel y leyes que protegen este mundo. También he pasado 540 horas teóricas formándome y aprendiendo de un profesor excelente y de unos compañeros apasionados y llenos de libros. Y al final, creo tener la llave que hace que los libros llamen la atención de los lectores, tanto a los de dentro como a los de fuera de la biblioteca.

Y por fin, este jueves, día 15 de octubre de 2020, un año, cinco meses y quince días después, empecé las prácticas del certificado en Prestación de Servicios
Bibliotecarios en la biblioteca municipal de mi pueblo, Miraflores de la Sierra.

Como premio atendí a un lector, un chaval de unos 7 u ocho años, que sacó un Mortadelo, como hacía yo de pequeño, y sin que lo supiera, me hizo una persona feliz. Modestamente y contenido, pero feliz.

Este es mi camino, está entre libros y seguiré caminándolo.

Presentaciones de Hogar

Ha llegado ya mi nuevo libro, que se llama hogar porque es un hogar. Porque tiene ladrillos y ventanas, puertas y camas. Tiene la espuma que lava los platos y la espuma que nos despierta por la mañana o nos afeita. Es un hogar porque resguarda, porque escribirlo me ha hecho entrar en calor y dejar la intemperie. Pero, si me salgo de esta casa y miro hacia arriba, me da por pensar. En 2014 saqué mi primer libro y, en 6 años, 5 libros publicados, y...¿tenía tanto que decir?, ¿por qué tanta prisa?, ¿por qué no convivir un poco más de tiempo con cada libro, macerar el placer, el dolor? Pues me/os contesto: por necesidad. Porque un libro escrito es un libro parido y es un libro hecho. Un libro que descansa en las baldas de las tripas es un libro que busca aire y no tiene aire, es un libro que busca otros ojos que lo lean y, si no, pierde forma. 

Voy a estar presentándolo por aquí y por allá, si queréis venir a conocer mi casa, lo que tengo que decir, pinchad aquí para más señas.


 



 


Extremoduro






allí donde nos encontramos, donde huimos del pueblo, en tu cd hermoso y rayado, hoguera desconocida donde escapar del mundo presente de instituto y patria gris, oh volcán ignoto y cuerdas vocales de daño y humo, letra de maleza y animales vivos y frenéticos. 


En tu pureza de fuego los ojos alimentados de esperanza, Extremoduro y kalimotxo y quién soy, hasta dónde llega este agujero en el muro, este camino que parte el camino en dos, el camino del orden y el camino del misterio y el juego, pero también camino del peligro. Desde los 33 años te invoco, oh ilusión de la lengua fresca, oh ilusión de lo no vivido, oh ilusión del no daño, de la pureza como patria. 


Dije adiós al sofá, al calor, y dije sí a lo extraño, a aquello que me separa y me dice salta y grita y busca,qué hiciste de mí, Robe, profeta de la inmundicia y de lo sagrado, de la pureza del corazón en la sartén y los pies siempre en huida. 


Dónde se escondió aquel que seguía las líneas del suelo y no se atrevía,somos y soy lo que pudimos ser, los cimientos mordidos, las ventanas partidas y en la azotea cultivo un flequillo nuevo, uno de vértigo y mirada sin cansancio y vuelvo a tu cedé y grito y grito, pero no vuelvo a entonces. 


En el paro, en los atascos, en lo repetido, en la mugre de los días acumulados en las esquinas, en la ansiedad más pesada que el plomo, allí doy al play y de nuevo 15 años, busco trabajo, alterno los dos mundos pero qué hiciste de mí, Robe, qué fruta es esta que enseña las carnes del emperador, qué borrachera, dónde acaba esta pregunta sin parar, cuántos más están buscando cobijo y aleteo, dónde están los compañeros, por qué las noches se han quedado tan vacías, dónde quedaron los altares del misterio. 


Presentación de El despertador de Sísifo en Torrelaguna



No puedo evitar escribir poesía, leer poesía, intentar saber qué es lo que pasa, por qué pasa así y no de otra manera. La poesía es mi martillo y mi lupa, una selva y un tomate. A través de ella os veo a vosotros y a través de ella me véis, aunque no os déis cuenta. No es fácil la mayor parte de las veces. Muchas veces duele, pero otras veces, cuando encuentro en un poema una manera de decir que me explica, cuyo mecanismo dulce de piezas y respiraciones me dice que no estoy solo, me siento feliz.

Sé que es difícil de explicar pero puedo decir que en la poesía conozco mejor y más intensamente. A pesar del daño, como decía.

Este viernes tengo una lectura, una presentación de un libro en mi pueblo, Torrelaguna, y sé que es complicado explicar cómo me sentía cuando tenía 13 o 14 años. No voy a saber explicar cómo no puedo deciros tantas cosas, aunque quiera. No puedo contaros como, aunque parezco normal, por dentro estoy siempre a medias, sin entender, escribiendo y reescribiendo poemas y pensando y pensando en aquello que no fue. No puedo hacer todo esto, no puedo explicarlo más allá de la poesía.

Como decía, este viernes voy a Torrelaguna a presentar un libro, pero es que en este libro soy yo más que en cualquier red social (obviamente), más que en cualquier charla de cerveza y juerga o más que en cualquier partido de baloncesto, por ejemplo.

Soy yo porque en la poesía me encuentro e intento encontraros, saber qué es eso que nos une y hace posible la comunicación.


Vídeo promocional -



Vídeo de presentación de Cercanías en Torrelaguna

Aquí os dejo el vídeo del recital que hicimos mi amigo Manuel Álvarez Ugarte y yo en Torrelaguna el pasado mayo en la presentación de Cercanías.

Sí, fue hace tiempo, pero así sabe mejor. Ojalá que, pese a la distancia y la pantalla, estos poemas os sean cercanos. 


Allí o aquí



A veces paso por la calle con los ojos no tan abiertos hacia afuera, hacia el día repetido que sea, ya puede ser lunes o miércoles o diciembre. Hay esos días que se repiten como conchas en la nieve, muy al fondo, en su recuerdo.


Y es en esos días extraños y escondidos cuando pienso que estoy yendo a las fiestas de mi pueblo. El esqueleto de mi pueblo se llena de chicas de Madrid, vienen los colegas, y es aquí donde el verano descansa. Aquí. Tendré diecisiete y hay trozos de electricidad oscura en el aire. Todos sabemos que es un pueblo como cualquier otro, que no somos nadie, que no somos mejores, pero estamos aquí y hoy lo pasaremos bien.


Alguien aparece. Alguien a quien hacía mucho que no veíamos. No existía mensajería instantánea y por eso las relaciones no se reblandecían y morían como ahora. Todo se interrumpía en Otoño, en lo alto, encrespado, y se mantenía así en el recuerdo, furioso. Y nos abrazábamos como nunca más nos abrazaremos. ¡Abrazos olímpicos en un pueblo pequeñísimo! No hacía falta decirnos nada, sonreíamos como descubridores del fuego y alguien preguntaba


¿Quién pone pasta para esta noche?


Nadie tenía pasta, ni casa, ni coche, ni horarios. Luchábamos contra la superficie de la normalidad con nuestras películas japonesas, alemanas o peruanas, yo qué coño se. Éramos extraños y no queríamos cambiar el mundo. Queríamos que el mundo se mantuviera así, en alboroto, a punto de empezarlo todo pero no aún. Celebrando el cambio que llegaría al día siguiente del domingo. Cuando la resaca nos deje movernos. 


Después cada uno volvía a su casa y la telaraña de los puestos callejeros, de la comida grasienta y perfecta nos atrapaba como aviadores ciegos. Nadie nos llamaba por teléfono porque no lo teníamos o lo teníamos en un cajón, para que no se perdiera. Éramos el río donde choca la lluvia. Así nos sentíamos. Buceadores de la adolescencia y os juro que apreté con fuerza los dientes. Os lo juro porque me muera ahora. Quise que se repitiera ese carnaval sincero y cuesta abajo. Quería ir con todos ellos, con todos y con todas, todos nosotros, veinte o treinta, qué más da, atravesando las calles y los años, camino al mejor parque del mundo donde dejarnos caer por el misterio del kalimotxo. Así, y las novias no eclipsaban el mundo que se nos abría. La mañana estaba lejos como los planes de pensiones. Teníamos la boca abierta para reír, para darnos enteros como animales en llamas.

En el tuto de Torrelaguna



Hace un par de meses decidí ir al instituto de mi pueblo, Torrelaguna, para hablar a los chavales de poesía y literatura. Pensé en esto porque yo en el instituto no entendía la poesía y me resultaba incomprensible. Por eso, decidí ir a leerles algún poema de fútbol, de sociedad, y por qué no, también de amor. La profesora de lengua de los chavales, Mª Paz Soler, una profe de las que no dejan de enseñar una vez que termina la clase, me dijo que si, que no había problema y que le gustaría que fuera a las clases de segundo de Bachillerato, de Sociales y Ciencias. 

Y ayer estuve hablando con los chavales de poesía, literatura, curro, y más cosas. La primera charla fue a las 8.30, con los chicos de Ciencias y les pillé algo dormidos pero se entonaron rápido (más que yo) riendo con algunas tonterías que les iba contando o con algunos poemas. En general sentí una respuesta muy buena, e incluso alguno se acercó al final de la charla para decirme que le había gustado algún poema en concreto. 



La segunda fue a las 11.30, con los chicos y chicas del Bachillerato de Sociales. La verdad es que este grupo andaba más despistado o despierto al principio (quizá por la hora) pero me hicieron bastantes preguntas sobre mis viajes o cómo currar en el extranjero. Al igual que los de la otra clase me comentaron los poemas que les habían gustado más que otros. Entre los comentarios que me hicieron, hubo uno que me llamó especialmente la atención. Me dijo que el poema que más le había impactado era uno sobre el paro. Aquí os lo dejo:



Y quedarse parado no es cosa de un momento;

poco a poco se te funden los tendones y las piernas,

minuto a minuto se te pudre la fresa de tu lengua

y ya no hay agua

no hay refugio

y día a día se te adelgaza el ciervo de la noche y no sabes

que pasan los minutos y se te amontona el hambre

en el futuro

no sabes que hay termitas en tu cintura,

que hay termitas en tu salario

que hay termitas en el compañero de al lado

que hay termitas

hambrientas

en tus ojos vivos

que aún se mueven.



Quedarse parado no es cosa de un momento;



Las termitas muerden muy despacio.  




Primera presentación del ZOMBIE JOURNAL

Ya está aquí el Zombie Journal, esa locura que se me ocurrió hacer el verano pasado. El Zombie Journal, antes de ser zombie, era solo Journal(periódico), un periódico normalucho, con su público, su tirada regulera, y su publicidad, pero poco a poco se fueron perdiendo los lectores y terminó muriendo con esta crisis del papel que aún hoy va dejando periodistas, escritores, y editores tirados por las cunetas con las tripas vacías. 
La crisis del papel que nos negó el trabajo a las manadas de periodistas con olor a tinta y que nos pilló con el pie cambiado. Pero el periódico volvió a la vida, pero con una cosa rara, LA LITERATURA. Ahora, en lugar de noticias, cuentos. En lugar de reportajes, poesías, y este es el especímen que presentaré el próximo 18 de Enero, a las 21:00, en el Alfolí de la Sal de Torrelaguna (C/Estrella 7). 




Je me souviens (Yo me acuerdo)


(Yo soy el portero, el que va de amarillo)

Éramos frescos como flashes de cocacola
en el cole aún se podía reír
y afuera estaban el campo, los viernes,
y el verano que llegaba.

Recuerdo cuando nos daban miedo las gallinas
cuando nuestra amistad era una cabaña en medio de la calle
y el sol nos caía por la nuca sin ultravioletas
sin cáncer
sin lunares sospechosos.

Recuerdo aquellos partidos de fútbol
aquella arena
aquella costra en la rodilla
y aquellos goles y las miradas de las chicas.

Llovía y éramos felices
hacía calor y jugábamos a las chapas,
nada podía con nosotros
 y esta telaraña de padres
este botón en la garganta
estaban aún muy lejos.

Pensamos que la paga sería para siempre
y que este laberinto de días, de horas, de puñales
no sería para nosotros.

Veíamos a los mayores gritar
pero siempre había calle
siempre había amigos
siempre había amigos
con los que salir corriendo.


Y ahora, ¿dónde queda la cabaña?
¿dónde quedan las pozas y las chicas?
¿Por qué tenemos puestos estos trajes de afiladores
de cuchillos,
y por qué ya no esperamos con ansia
los viernes
los veranos
las miradas?