DAVID BURLIUK
gente apretada y pobre
contra la montaña.
Lo único que tenían, en el centro del orgullo
una manada de lobos hambrientos y una serpiente de agua.
Ahora los lobos son ceniza en el fuego de la montaña,
y nos quedan los puños gastados del mediodía
el plato sucio del dominguero
y un camino de asfalto y hormigas
al acantilado.
