Fuego y ceniza
Cuando nació tu cuerpo se inventaron la llama y la ceniza,
las camas frías
y los ojos antorcha.
Cuando llegaste
cerré mi niño en el recuerdo
para salir corriendo
a buscarte.
No cabía tu melena en mis manos tartamudas,
no encajaba tu río de viernes,
imposible tu lava en mi piscina vacía.
Nunca levantas el acelerador de la esperanza,
y a mí solo me queda aprender:
para alcanzar tu temperatura hay que convertirse en fuego
y ceniza
y no preocuparse por la herida.
(La foto es de Frank Horvat y se llama Teenagers playing billiard).
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