un botón cosido a una ventana abierta,
pero también la marea roja que se agita y hace que las manzanas sean dulces
y peligrosas.
Pero yo no quería hablar de tu corazón.
Yo quería hablar de la sombra de tu corazón,
aquel lugar donde vivo,
el refugio contra un sol furioso, agitado e infatigable
que busca derretir a nuestra especie,
a nuestra especie que huye del delirio.