Islas divergentes

Cuando estás o no




cuando estás me hierve el tigre y se me funden las sillas
y las cosas a medias.

Cuando estás me río de lluvia a cielo abierto
a tripa abierta y dedos abiertos pero cuando no
cuando no estás se me abren grietas
se me abre huracán de basura en la cocina
me ahorca la distancia
y tan cerca.

Cuando estás se nos desata el tiempo de las manos
y a quién le importa si ya estás, si estamos
y lo demás es paisaje.

Y cuando no estás, pero estás, mis manos caen al vacío
gritando.
Y cuando estás y yo no estoy, asesino animales rojos que te nacen en la boca
y que no vuelven.

Pues eso, que a ver si nos aclaramos,
porque así no se puede.

Mover la bola



Porque no tenemos un Dwight Howard que rompa la defensa de púas y policías del gobierno. Solo somos tiradores solos que nos escondemos en canchas en el bosque donde jugamos solos, con nuestra pelota y nuestra hipoteca embarazada a cuestas. Pero somos muchos. Tirando y fallando, tirando y hueso y aro, y perdiendo el día, los amigos, las oportunidades, siempre perdiendo. 
Cómo ganaremos el partido si no hay quien se deje la piel contra el ogro de la zona, nadie contra la bestia hambrienta de personales e impuestos, y nosotros con hambre, cero de doce y no ganamos el partido, sudor de lunes y lesiones y nadie, nadie llora de lágrimas de victoria.

Pero somos tantos, que no nos hace falta Howard que saque mineral en la zona. Es cuestión de mover la bola hasta que le salgan pelusas cansadas de la boca a todos los estrujadores de tableros, a los que imponen la triste regla que no deja jugar a la pelota en los bosques, a los besos en los baños sagrados de la risa y que solo quieren jugar ellos, y ellos, y ellos y para nadie más la pelota porque se enfadan, cogen su puta pelota, y nos suben los impuestos, nos aprietan la vida y nos ganan, nos ganan, nos rematan el partido. 

No tenemos miedo. Apretamos los puños y no, se nos desatan los tobillos pero no, no vamos a dejar que ganen los ogros de la zona. Somos muchos para tocar el tambor amarillo de la victoria y nadie podrá parar el mate en la cara de la necesidad y el deseo. 

El nacimiento de mi color rojo


Chagall, Les amants au ciel rouge


Después de tanto planear aterricé de golpe
en tu lengua.

La llegada no fue fácil
todo eran granos y quince años
pero estabas tú
al fondo de las clases y los niños.

Nunca más volveremos a atar
aquello que se escurrió de golpe.

Nunca más algo tan fresco
y tan cerca.

Nunca la sangre volverá a nacer de nuestros labios
como un enjambre de peces rojos.

Nunca más;
pero siempre en la memoria.


El oro en mi ojo




Fueron años de desenfreno en España. Mediados de los dos mil, mucha construcción, dinero por todos lados, y sin buscarlo, encontramos el Dorado que tanto perseguimos y buscamos en el nuevo mundo.

Qué fácil era todo. Teníamos políticos basura, economía basura, derechos sociales basura, industria basura y, sin embargo, teníamos un país de Champions League, un país élite, un país de bandera, orgulloso, potente. La vanguardia de la prepotencia. 

Nos convertimos en el foco, en el paradigma del milagro, la materialización de la magia económica. Se hacían estudios sobre España y nuestro no parar de crecer. Especula y vive bien, se decía. No hace falta que trabajes, llama a tu amigo el banco, hipotécate y vive a gusto. Date caprichos. Esto solo va para arriba. Los políticos pusieron en punto muerto el tren de la economía. Había que fiarse, mejor no tocar nada cuando funciona. 

Pero no funcionaba. A nuestras costas y aeropuertos llegaban cazadores de sueños. Venían exploradores a palpar el suelo. Luego vendrá la familia entera, decían. Tenían que comprobar El Dorado que habían visto en sus televisores por ellos mismos. 

Que había trabajo para todos, decían. Que se podía vivir como los europeos, decían otros. Y lo cierto es que no mentían. No mentían porque estas afirmaciones eran ciertas en parte. En una parte muy pequeña de personas que conseguían llegar a Europa, cruzando el estrecho, los peligros, las mafias. Era cierto y no, porque había otros muchos que no conocerían el Dorado. No conocerían trabajar bajo un plástico en el sur de España, a cincuenta grados de calor. No conocerían cómo se intuye que va a venir la policía, como salir corriendo con veinte bolsos falsos a cuestas. La mayoría, los que veían por la tele a futbolistas famosos, a los Eto´os y Drogbas multimillonarios, nunca llegarían. No habría nada de oro para ellos, no habría dorado ni utopías para los africanos. 

Tampoco para nosotros, los jóvenes españoles que creímos que estudiar una carrera, gastarte la pasta y el presente, garantizaría un futuro. Que hicieras prácticas, que te dejaras abusar un poco para meter la cabeza. El país iba de lujo mientras los del banquillo, los que nunca metíamos goles al final del partido ni del sueldo, hacíamos malabarismos para sobrevivir. Hipotecas a cuarenta años, trabajos basura, dos, tres, lo que hiciera falta. Era cuestión de tiempo que la suerte llegara a nosotros. 

Pero no llegó. Nos quedamos sin casa, sin papeles, sin futuro. Sin dorado. Supongo que nos quisimos creer el cuento. En este ocasión, El dorado que nos prometieron no había que buscarlo en las selvas sudamericanas, no había leyendas, no había misterio, tan solo había ilusión por seguir en la rueda sin caer, por no quedar apartado de la televisión de plasma, de tus amigos con mejores trabajos y mejores coches. Teníamos que cerrar los ojos y seguir creyendo.

Pero ahora os voy a hablar de mi dorado, de mi mundo perfecto, de mi utopía capitalista que creía intocable, Benidorm. 

Benidorm es una ciudad al lado de Alicante, en la costa española. Podemos decir que en España se tiene la idea de que quien va a Benidorm de vacaciones o es un viejo, o es extranjero, o es que no puede pagarse nada mejor. O las tres cosas. Así somos. Pero antes no éramos así. Yo soy de un pueblo cerca de Madrid y durante años disfrute junto a mi familia de esta ciudad con una sensación mezcla de esperanza y felicidad. Un recuerdo grato de mi infancia y de mi paso a trompicones a la adolescencia. Las máquinas tragaperras, las primeras miradas con las chicas, apretar la tripa en la playa para intentar marcar músculos que no existían (ni existen), el verano y sus calores, el mar, la adolescencia. Ese era mi Dorado particular, mi recuerdo perfecto e inalterable que se que nadie tiene la llave para joderlo. O eso creía. 

Todo transcurría perfectamente. Cada septiembre toda la familia iba a Benidorm a remojarse el culo, y cada vez a un sitio mejor, y cada vez mejor comida, y cada año algún regalito mejor. “Nos lo podemos permitir”, pensaban mis padres. Y se lo creían. Y yo también. Pensaba que esa cuesta abajo constante continuaría para siempre. Instituto, carrera, foto en marco caro en el salón de mi casa, orgullo para la familia, envidia para las amigas de mi madre, prácticas y una ligera explotación en algún trabajo afín a mis cualidades e intereses. Después de algún tiempo demostraría mi talento desbordante y me podría permitir enamorarme para toda la vida de alguna chica sencillita, que no me diera problemas. Nos meteríamos en hipoteca, me haría pasteles para cenar, veríamos los programas más grises de la tele con una sonrisa en los labios, tendríamos hijos como quien  tiene ropa nueva que lucir por la calle y, finalmente, iríamos a Benidorm, a intentar reproducir en esas personas pequeñas y recién hechas, esa excitante felicidad que su padre experimentó en esa ciudad de luz y sonido, de mar y bloques de pisos como monstruos. 

Así sería. Así debía ser. Así creí yo que iba a ser.  

Pero no fue. Todo se quedó a medias. Tuve carrera, idiomas, máster, conocí a la chica, pero mi talento no desbordaba, no daba la talla. No iba el primero, iba en el pelotón, como otros tantos. Veía, al fondo, a amigos con zancadas de grulla acercarse cada vez más a la meta, ascensos en trabajos, mientras que yo seguía en el pelotón. Y aquí sigo. Saliendo al día porque no me queda otra, porque se que mi Dorado ya no existe, que se rompió en algún lado y que no tengo ni idea de dónde están las piezas. Pero quedaba Benidorm. Mi querido Benidorm, esa ciudad donde descubrí que la piel de las chicas alemanas es más fina que la del melocotón, aunque no tocara nunca ninguna. Esa ciudad en la que pasear con tus padres podía ser, por última vez en tu vida, sinónimo de ligar. El lugar donde podía imaginarme estar en alguna película, con tantas luces, con la música que venía de todos lados, con aquella distancia fantástica con lo desconocido. 

Hace unas semanas fui a Benidorm por causas familiares. Parece que me reencontraba con un pasado que me debía algo y con el que tenía que verme de nuevo. Hacía cerca de diez años que no iba, así que mi último recuerdo de esta ciudad fue con quince, dieciséis años. La imagen que tenía de la ciudad no había cambiado tanto, aunque la viera con una perspectiva de alguien diez años mayor. 

Sabía que las sensaciones que había experimentado en aquellas calles, en aquellas playas, no las volvería a tener, pero aún así, no sé, guardaba cierta expectativa. 
Benidorm seguía igual, las calles, los edificios, el cemento, las carreteras, pero solamente había viejos. Personas viejas por todos lados, difícil ver a alguien de cuarenta. Qué decir de ver a gente joven. Bueno, yo creo que vi tres chicas en los cuatro días que estuve allí. Qué panorama, qué cementerio de elefantes, qué Parque de Atracciones de la vejez. Había gente de toda Europa, alemanes, franceses, ingleses, rusos,  italianos y Españoles, claro. Mis abuelos entre ellos. 

Me encontré en un aparcamiento enorme de cuerpos que ya no dan más, que dan la razón a la gravedad. Un lugar con fecha de caducidad, como dijo mi abuelo: Esto es lo más parecido a un desguace.

Y no se equivocaba. El desguace de todos nuestros sueños, de la riqueza europea y española que asombró al mundo. La crisis no es desajuste, no es desaceleración, no es derroche, o quizá sí, pero sobre todo es desguace, somos piezas gastadas, sin brillo, de un mundo Dorado que no supimos de dónde nos llego ni por qué se convirtió, de repente, en escombro. Nos convertimos en descombro.  

Así andaba yo por mi ciudad refugio, donde el recuerdo siempre sería más fuerte que el presente, la ciudad que veía gastada y en crisis como el resto de España, como el resto de Europa. 

Pero una noche, dando un paseo por el centro con mi familia, me encontré, por fin, detrás de todo el acero, de todo el hormigón, de toda la riqueza en huesos, de toda la avaricia destronada, de todo el capitalismo sin horizonte pero con caída, con mi verdadero Dorado, mejor que la piel de las alemanas, mejor que jugar con la arena de la playa, mejor que comer pizza un día si y otro también. LOS PUESTOS DE LIBROS Y CÓMICS USADOS. 

Aún recuerdo el olor, una mezcla entre polvo y años, entre placer y tiempo. Ahí descubrí la lectura como canal para conocer el mundo. Ahora me acuerdo, mi Dorado no es Benidorm, mi Dorado es la lectura. 

Ir con los que ganan es muy fácil



Hoy es el día en que las balas se lanzan contra las pistolas, en que la lógica se descoloca y la NBA no sabe qué hacer frente a los chavales del colegio. Hoy juegan el Real Madrid y el Estudiantes y puede que lo lógico no consiga aplastar el milagro. Esta tarde, a las 19:00, Estudiantes-Real Madrid, en la 1. 

El fondo de los cuadernos




Donde me escapaba mientras 2x2
mientras Bécquer, mientras Isabel la Católica,
mientras jaula.

Páginas de última fila,
de murmullo de tinta,
huidas de la luz
de su cuadrícula.

Nos metían ruido en nuestros cuerpos frescos
mapas podridos de la historia
cuando nuestra boca llena de chucherías
y peonzas.

Querían ordenar nuestra sangre en filas
ordenar los flequillos y las faldas
y no pudieron,
había lianas y compañeros
puertas de salida en los estuches y siempre,
siempre,
calor en la sangre y mortadelos en el recreo.  

Qué pena de colegio y qué alegría de escondite
qué alegría de dibujos
en el fondo fértil
del cuaderno.

La bestia parda II: Bo McCalebb

 Muchos nos quedamos flipando cuando vimos a este tío jugando con Macedonia en el Europeo 2011. Y es por eso que incluyo a este tío, nacido en EEUU pero nacionalizado macedonio, como una bestia parda, quizá más que el "brazos largos" de McGee u otros bicharracos que os voy a ir subiendo por aquí. Este tío mide como yo más o menos, 1,83 de na, y el tío entraba en la zona de España, con los Gasoles a los que les llegaba al pecho, y les hundía el balón en la cara, o les engañaba con varios rectificados. Y eso tiene mucho mérito. Es una bestia parda porque no se encoge y se la juega cuando se la tiene que jugar, porque hace todo bien: buen tirador, buen pasador, y, sobre todo, gran finalizador de bandejas/mates. Aquí os dejo una muestra de lo que puede hacer, sobre un pívot dominante como es Al Horford, jugador de los Hawks:


Además de sus condiciones físicas, de ser pequeñajo y compacto y de tener una técnica muy depurada, el tío encarnó perfectamente el papel de héroe. Se cargó a un país pequeño con Macedonia a la espalda y estuvo a punto de meter a una selección mediocre, con algunos jugadores buenos como Illievski, Pero Antic, en la final del europeo tras caer con España en las semifinales...un casi que no chafó el descubrimiento de una bestia en un cuerpo, aparentemente, normalito:



La única utopía es el pasado




yo tenía siete y los ojos como un ciervo
y ella era azul, llena de viento.

Fue la primera y rompió mi puzzle
guardando las piezas
más importantes
en los bolsillos de la chaqueta.

“Elia es más bonita que una flor”
escribí tras las cortinas,
para que ella apuntara su faro a mi vergüenza
para que apartara las hojas secas del patio
y bailara conmigo,
como si ya fuéramos mayores.

La única utopía que conozco es el pasado
y todas las piezas que ella me escondió
y que seguiré buscando.

La bestia parda I: JaVale McGee

 
Como muchos sabréis, soy aficionado al baloncesto desde hace ya años, tanto del mundo NBA, como de la ACB y de echar pachangas con colegas hasta que ya no poder màs. Por eso, porque me gusta el basket y, por ejemplo, me gusta la poesìa, voy a escribir de vez en cuando algunos textos sobre baloncesto pero intentando ir un poco màs allà, sin quedarme en el "bueno o malo" o forofismos que nunca tienen fundamento. Asì, sin màs rodeos, voy a inaugurar la secciòn LA BESTIA PARDA, que, señores y señoras, como habreìs podido suponer, hace referencia a los bestiajos màs salvajes del mundo del basket.
Y hoy toca el tìo del careto de ahì arriba: JaVale McGee:
 
 
 
No se, tampoco es que sea muy conocido este tìo, ha jugado en dos equipos que no son para nada punteros como Washington Wizards y los Denver Nuggets, donde juega ahora, pero es que es un tìo especial. Aparte de medir 2,13, que tampoco es una locura para la NBA, lo que de verdad llama la atenciòn de este tìo son los brazacos que tiene y un salto vertical que no veas. No es un pìvot clàsico, el tìpico tarugo sin pies que solo sube los brazos, es un jugador con velocidad(si, aunque muchas veces no le sirva para nada) y muy atlético. Con un tiro bastante regulero por no decir que no vale para nada (alrededor de 50% en tiros libres), es una muestra del jugador espectàcular por antonomasia: hace mates espectaculares subiendo el balòn un par de palmos por encima del aro, tapones bestiales y... cagadas de tamaño considerable pero que, al menos, hacen reìr al pùblico. Quizà McGee no te haga ganar un campeonato, pero aparte de su imponente presencia fìsica, te hace echar unas risas. Aquì os dejo con "Tragic Johnson", como le llamò Shaquille:

 

Participo en libro colectivo con buenas intenciones!



Hace unas semanas me mandaron un mail diciéndome que formaba parte de una antología de un libro colectivo llamado El camino del corazón solidario. Vale, el nombre es mejorable, creo, pero es que eso da igual, porque este libro, en el que participamos 138 autores y que se puede comprar en este enlace, envía todo el dinerico que saquemos para a una ONG de Valencia que ayudará a gente que lo necesite. Y yo me dije, ¿por qué no? 

Y para darle difusión nos vamos a juntar mañana viernes en Los diablos azules de Madrid(calle Apodaca 6), a las 18:00, para darle difusión, ¿os venís?

Aquí os dejo el índice con los poetas que colaboramos:


1 Prólogo de Pedro Tenorio Matanzo 7
2 Antonio Orihuela 21
3 Rosa Silverio 29
4 Ana Agudo Martín 33
5 Eva María Rodríguez Picazo 35
6 Llucia Reus Mayrata 37
7 Petra Dindinger Biermann 40
8 M. Luisa García - Ochoa Roldán 43
9 Inma Campos Lleó 47
10 Jorge García Torrego 53
11 Emmy Lajara 55
12 Isabel Abad Pacheco 57
13 Mayte Albores 59
14 Marta María Fernández 63
15 Jesús Ruiz Álvarez (J.R. Laguna) 66
16 Maria Castilho 71
17 Amador Muñoz 75
18 Ana Esmeralda Piña Recuenco 80
19 Luisa López Gómez 83
20 Uberto Stabile 85
21 Cloti Jimenez Guzzo 90
22 Francisco Javier Irazoki 93
23 Abel Santos 96
24 La Chica Metáfora 101
25 Ana Patricia Santaella 102
26 Julián Ruiz Bujanda 104
27 Ramiro Domínguez Hernanz 110
28 Jesús Munárriz 112
29 Mariano Crespo Martínez 118
30 Seki Kai 121
31 Andrés García Cerdán 123
32 Carlos Del Moral 126
33 Cristóbal Navarro 130
34 Silvia Cuevas Morales 132
35 Mª Del Rosario López Abril 142
36 Gabriel Hernández Molero 144
37 Mercedes Escolano 148
38 Inés María Guzmán 150
39 Francisco Muñoz Soler 152
40 Jenny Schönberg 156
41 Juan Cairos 170
42 Felipe Zapico Alonso 178
43 Ana Pérez Cañamares 182
44 Raquel Campos Jerez 186
45 María Del Carmen Guzmán Ortega 192
46 José Luis Fernández Juan 195
47 Lola Fernández Pérez 201
48 Crosby Lemus 206
49 Rubén García Cebollero 210
50 Eva María Rendón Flores 212
51 Myriam Sánchez Pérez 219
52 Carmen García Gómez 221
53 Rafael Mérida Juan 224
54 Ana María Arroyo 226
55 Eusebio Priego 230
56 Francisco J. Picón Caro 232
57 Fernando Sarría 234
58 Francisco Amador Luna 236
59 Manuel Tamarit Mari 239
60 José Icaria 242
61 Goya Gutiérrez Lanero 245
62 Santiago López Navia 247
63 Chema Cotarelo 251
64 Kepa Murua 257
65 Isabel Martínez 259
66 Rosario Raro 263
67 Daniel Astur Vega 269
68 Antonio Jareño 271
69 Francisco Javier Gallego Ortiz 273
70 Alejandra Planet Sepúlveda 275
71 Consuelo Pillado Pérez 279
72 Chía Giraldez Tinoco 281
73 Moises De Las Heras Fernández 284
74 Fernando Tornero Torner 288
75 Anne Fatosme 292
76 Pedro Tenorio Matanzo 295
77 Alfonso Romón Fernández 301
78 Carlos Manuel Cadenas Mendoza 307
79 Teresa Naranjo Pérez 311
80 Karmelo Iribarren Chandler 313
81 Daniel Barredo 316
82 Claudia M. Capel 320
83 Ferrán Torrent 324
84 Guillermo Urbizu 326
85 Alonso Conde García 328
86 Isabel Alamar 331
87 David Bobis Muñoz 336
88 Alfredo Vílchez Díaz 338
89 Chema Muñoz 343
90 Cesar Martínez Puig 351
91 Beatriz Naveira 353
92 Antonio Alfeca 356
93 Tomás Soler 359
94 Ángel Luis Rodríguez 364
95 Juan Benito Rodríguez Manzanares 367
96 Susana Sk 373
97 Gsús Bonilla 379
98 Yolanda Aldon Toro 382
99 Ruben Vedovaldi 387
100 Patricia Hilda Edit Casanello 390
101 Iosu Moracho Cortes 396
102 Tomeu Ripoll Moyá 402
103 Selecto Enrique Pérez Sambucety 405
104 Ismael El Alaui 410
105 Hector Ramón Cuenya 413
106 Felicidad Domínguez Zaragozá 417
107 Jéssica Arias Mingorance 423
108 Mª Dolores Herranz Jiménez 427
109 Mar Olmedo Violero 429
110 José Ramón Martínez García 432
111 Elena Torrejoncillo Roig 438
112 Malú R. Iglesias 442
113 Maribel D´Amato Martín 444
114 Ana Belén Pascual 450
115 Elena Ramírez Guerrero 453
116 Núria De La Torre 457
117 Mar Galván Romero 459
118 Daniel Casado 466
119 Domingo Javier Sánchez Castelló 468
120 Jorge C. Merino 472
121 Isabel Sánchez-Camacho López 475
122 Arantxa Oteo Ugarte 478
123 Daniel Astur Vega 480
124 Paz Contel Comenge 482
125 María Contel Comenge 486
126 Marta Contel Comenge. 489
127 Rosa Prat Yaque 490
128 Toni Balanzà 491
129 Pablo de Pedro 492
130 María Bellver 493
131 María Guinea Llop 494
132 Azahara Raimundo 497
133 Ana Santamaría 500
134 Estrella Montenegro 505
135 Rafa Pérez 513
136 Laura González Barro 518
137 Ana de la Luna Oscura 521
138 Natalia Pamela Miraglio y Pablo Visalli 524
Epílogo de Alfonso Romón Fernández 529

Recital de Elvira Daudet y Rafael Soler en Madrid

Venga, va, a ver quién tiene narices. 
Que se que no os atrevéis porque las palabras raras os muerden los pies y no entendéis bien lo que dicen pero eso no va a pasar esta tarde. Esta tarde, para los cobardicas de la poesía va esta invitación. No es una invitación para ir a un recital mío, que no me atrevo, es para un recital de poetas de verdad: RAFAEL SOLER Y ELVIRA DAUDET. Os digo que si alguna vez habéis visto algo de piel debajo del vestido de la poesía, ESTA es una ocasión para verla desnuda, sugerente, en la voz de estos dos grandes. Yo estaré, y nos podremos ver A LAS 19:30, EN EL PALACIO LONGORIA (SGAE), en C/Fernando VI, Nº4 en el METRO ALONSO MARTÍNEZ. 

Os dejo un poema de Elvira Daudet:

ESPERANZA

Después de la catástrofe, cuando el mar
se tornó una olla de barro sin azules,
el centro estelar de su vida fue borrado
por una aviesa mano,
como si nunca hubiese existido
y sólo fuera un sueño.
Pasó el tiempo. Un día el mar recuperó el azul,
ella el aliento y se creyó sanada.

Nunca se confesó que lo esperaba.
Durante largos años
el sol siguió enviando destellos de esperanza,
una senda de teselas doradas
y un pórtico de lanzas en la alcoba.
Era tierna y esbelta como el trigo;
la vida y los deseos ajenos daban vueltas
en torno a su cintura, sin rendirla.

No admitió que esperaba una sola palabra:
la que su amante, distraído, nunca pronunció
durante aquellos años.
Camelia de cristal no deshojada,
se mantuvo joven y confiada
bañándose en el agua perfumada
con las flores de azahar del limonero,
esperando, sin confesarlo nunca.

Un murmullo de voces en la sombra,
anunciando que el barco que él mandaba
había naufragado,
fue el culpable del trágico suceso.
O tal vez el Destino sustituyó al poeta
para unir al final a los amantes.
El mar depositó sobre la arena
el cuerpo de Esperanza, sin dañarlo.

Elvira Daudet

Holy Motors (uf qué mareo)



Aún me dura el desasosiego que me produjo la película Holy Motors en todo el cuerpo. Fui a verla hace un par de días (todo el mundo hablaba de ella y, joder, por el tráiler parecía que era buena, buena) y aún sigo pensando en ella, en qué cojones quería decir y si me dijo algo. Porque eso es lo principal. Entiendo que este tío, el director Léos Carax, hace muy pocas películas y que se toma su tiempo, que las perspectivas son enormes y que apunta muy alto. Esto lo entiendo y lo valoro, pero más allá del boceto, hay que evaluar la carne que el carnicero nos envuelve, el ladrillo y, joder, aunque el ladrillo estaba predestinado a ser templo creo que se ha quedado en chamizo.

Me explico.

Un supuesto peliculón, con unas críticas del cagarse, con premios en Sitges y tal, ajam, pues te preparas y te metes en el cine. Por supuesto, aún se hacen buenas pelis, te dices, hay que innovar. Y lo cierto es que algunas escenas son acojonantes por intensidad y si, por lirismo, por desenfreno y locura. Pero eso, escenas, videoclips del cagarse que en una película que dura dos horacas te despiertan pero que si no se ven continuadas, quedan en anécdota. Que si recomiendo o no la peli, bueno, depende de quién seas y qué cine te gusta pero para la mayoría sería un NIDECOÑA. Tu verás…