Islas divergentes

Soy Sísifo



Soy Sísifo


Yo, Sísifo,
pecho de lata, eslabón corroído, pulso inestable del caballo flaco llamado progreso.
Soy Sísifo,
el usar y tirar de días manchados e iguales,
raíz muda y viaje en círculos.

Soy Sísifo
condenado, estación final del hombre en serie y sus sentidos cortados con cuchilla como los tendones del amor.
Soy Sísifo y escupo mi nombre a las abejas libadoras que cosechan minutos y producen nóminas y pequeños grumos de azúcar que llamamos dinero.

Soy Sísifo y grito a los dioses que manejan los barcos, los semáforos y los buses de línea,
les grito que empujaré su piedra,
descansaré las brújulas y volveré a casa,
que la luz de Mérope en la noche no me ciegue y me guíe,
que en el cerrar los ojos despierte mi cuerpo y se borre tu condena,
oh dioses impolutos y tristes,
envidiosos de nuestra angustia.

Soy Sísifo,
os digo,
el que masca piedra a diario y cada noche Mérope no aterriza en mí
no aterrizo,
todo es un ensayo macabro,
un diálogo de muebles y ruidos,
la escarcha que silencia nuestro deseo como ancla dormido,
el jarabe de las pantallas encendidas,
su trampa viscosa llamada «series».

Soy Sísifo,
el que encontró a Mérope en los arrabales de la ciudad,
en las afueras donde los caminos se abrasan de soledad,
marcaré tu nombre en mi lengua
«Mérope»,
y en cada palabra un incendio de tu olor.

Soy Sísifo,
el perdido, el condenado,
volveré a casa.

(poema de mi libro «El despertador de Sísifo»)

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