Islas divergentes

Del miedo sutil a la Naturaleza 



Y cuando menciono Naturaleza no hablo de los procesos vegetales o minerales tratados por el ser humano y convertidos en paisaje, ampliados o reducidos para quedar a la altura de una mano, en la proyección de un ojo o en el esquinazo entre un sofá y un miércoles. No. Menciono Naturaleza y me refiero a la voluntad rabiosa que queda lejos, en la oscuridad donde los pasos vacilan y no encuentran suelo, en el hueco dejado por Dios, en el hueco dejado por el hombre.  

 
Y cuando menciono miedo sutil hablo de giro de cuello que enfoca lo cómodo y aísla lo desconocido. De la pimienta en el pecho que paraliza un sí y abre la puerta al camino, la autopista y los ascensores. No hay herida, no hay enfermedad ni daño, tan solo hay olvido. Porque hemos creado un escenario y no vamos a salir de él. Porque la curiosidad será ampliar el escenario pero nunca bajarnos de él. Siempre serán unas manos el origen de nuestros pasos, porque somos el objetivo de todos los mapas, el receptor del bisturí de los ingenieros.

Reflexiones sobre Yeguas exhaustas, de Bibiana Collado (actualizado 17/4)

 

Hace más o menos un mes mi pareja y yo terminamos de leer el libro Yeguas exhaustas, de Bibiana Collado (https://twitter.com/BibianaCollado) y, como hace tiempo que colaboro con el portal cultural Killedbytrend, pues escribí una reseña, que podéis leer aquí:

Bueno, pues el caso es que ayer la autora valenciana presentó el libro en Traficantes de sueños y, como no era una presentación de un libro de poesía sino una presentación de una novela (que muchos ya habíamos leído) se montó una charla muy interesante con Carolina León (https://twitter.com/carolinkfingers) preguntando y moderando y algunas personas del público preguntando. Lorena Mora (https://twitter.com/EnraizarteP), que es mi pareja y una gran y afilada pensadora, escritora y ser creativo, hizo algunas preguntas muy interesantes sobre el libro y, volviendo a casa, seguimos debatiendo el tema.

Como entiendo que no habéis leído el libro (os lo recomiendo, obviamente), os copio por aquí una sinopsis breve para poneos a tono:

Una madre, con los dedos rígidos de triar naranjas en un almacén y limpiar pisos de vacaciones de otros. Una hija, también con los dedos rígidos, pero de teclear papers, tesis y mil trabajos académicos. Y algo que no encaja. La sensación de que debería estar pasando algo que nunca llega a pasar. Este libro nos presenta un rosario de mujeres extenuadas. La falsa promesa del trabajo duro se hace añicos entre estas páginas mientras suenan Camela o Estopa.

Yeguas exhaustas es la historia de una hija que tiene una relación de pareja dañina, que piensa en las heridas del cuerpo, en las tremendas diferencias de clase y sus implicaciones, en el clasismo del «mundo de la cultura», en el acceso al mercado laboral, en la endogamia universitaria y sus laberintos… en definitiva, en el averiado ascensor social.

Esta novela trata de manera certera el paso del siglo xx al xxi en España a través de la propia experiencia: «Me exploro, investigo, reinterpreto pedazos de vida. Juego y cuestiono. Busco causas. Busco alivio. Busco cómplices». Y sin duda los encuentra.

En Yeguas exhaustas Bibiana Collado Cabrera nos lleva a situaciones vividas y sentidas como individuales que en realidad son colectivas. Tan bien contadas, tan reales, que por momentos se nos olvida que estamos ante una novela.en la web de Pepitas, la editorial del libro.

Lo ideal aquí es que pusiéramos un audio, o un QR o algo similar, para mostrar más verazmente la tensión de la charla, que fue emocionante, pero bueno, intento reflejarlo yo. Le diré a Lorena que lo revise antes, por si la cago. El caso es que Lorena y yo estuvimos hablando mucho sobre feminismo, complejos, clase pobre que deja de ser pobre, sobre la vergüenza de ser pobre, sobre el orgullo perdido de ser pobres. Y dijimos también que aquel que es pobre y consigue dinero sigue siendo pobre, que los ricos, ese lugar al que llega, esa atmósfera, no va a dejar que se integre porque sabe que no es realmente rico sino que el dinero va y viene y qué se yo. Y junto a esta palabra rico llegan otras como intelectualprofesor universitariopoetaliteratoacadémico y no, estas palabras tampoco respetan la escalera invisible de la meritocracia (esa palabra que es un lodazal), porque cuando llegas, al principio con vergüenza, pero poco a poco te empiezas a sentir cómodo en ellas por estudios, pasión, vocación, te das cuenta de que no perteneces del todo. Que en tu sillón cómodo no es solo que haya un zapato o libro puesto en punta que se te clava en el culo, sino que el sillón no es tan cómodo porque alguien se está encargando de quitarle el algodón poco a poco porque considera que tiene un culo muy gordo y PUEDE SENTARSE EN TODOS LOS SOFÁS.

Bueno, en realidad esto no lo comentamos ayer así, pero fue parecido. Y hablamos de la mancha que Lorena dice que los pobres se empeñan en limpiar y limpiar pero que no consiguen hacer desaparecer. También de que el pobre puede ser pobre pero sucio NUNCA. Y ahí le comenté yo la típica frase de «En mi hambre mando yo» que le soltó el jornalero al patrón y seguimos por ahí, hablando de conciencia, orgullo, que no todo son las perras y los billeticos pero que qué complejo es todo.

Parte 2 (17/4/23)

Venía yo del pueblo, alegre y caluroso, escuchando la radio de camino a Madrid cuando desde las Ondas me llegó a los oídos un tema que en su momento se instaló en el Neolítico de mis recuerdos musicales:

«en tu cocina tan prisionera de tu alma y tus dias con una
rutina de una loca»

Pues era un tema de Andy y Lucas, que es, digámoslo así, ese «rincón oscuro pero querido» que no quiero mirar por vergüenza. Y ahora, ya en el metro, escribo esta entrada en el Metro madrileño y recuerdo cómo lloraba yo con esas letras de Andy y Lucas y qué sensible y vivo me sentía. Sé que no es lo mismo, pero me ha venido este tema a la mente porque el otro día Bibiana trajo a la presentación el tema de la música de nuestra adolescencia o preadolescencia gracias a Estopa y, sobre todo, Camela y cómo en el libro Beatriz se convirtió en fan, como ella misma dice, «para que su madre la quisiera». ¿Y qué ha pasado entre aquellas sensaciones de adolescencia y nuestras sensaciones posteriores?, ¿Es parte de la construcción de la identidad renegar lo propio por buscar lo ajeno?, ¿Es obligatorio para todos?

Y es que hay un vínculo con aquellas obras de arte que nos hicieron vibrar en algún momento. Y, aunque ahora seamos otros, seguimos siendo también los mismos. Y esa vergüenza por el pasado, ¿qué sentido tiene?

Venían a buscarlo a él, de Berta Vias Mahou


 


Angustia, tristeza, «sentimiento de condenado a muerte». Así es el día a día del escritor argelino/francés Albert Camus en esta novela de Berta Vias Mahou que publicó la editorial Acantilado. Pero el pesar de Camus no solo llega por la reflexión por el absurdo de la vida, por la presencia constante de la muerte o por el desengaño en el ámbito político, todas en un plano mental, ideológico o sentimental. La sensación de condenado a muerte le llegó a Camus por la sensación de no pertenecer a «ningún bando» gracias a su postura crítica, porque no se escondía ante unas siglas, una élite, una nacionalidad o una religión. Y, antes de nada, nunca se escondió de criticar la violencia. Una batalla constante por la dignidad a través de la crítica y la justicia. En palabras de la madre de Albert, Catalina, en la novela:

En cualquier caso, lo que me parece bien es que te atrevas a ser crítico. Hay que saber decir que no, aunque sin olvidarse nunca de la piedad.

Y es que la piedad es necesaria para abrigar la crítica, para hacerla humana, empatizar con ella. El punto de vista de Albert no es agresivo sino que busca tender lazos entre personas. Porque él mismo es un cruce de caminos (orígenes españoles, infancia en Argelia y madurez en Francia) y no entiende que el odio se expanda por ninguna bandera exceptuando la humana.

Este libro, publicado en 2012, demuestra el humanismo de Albert (Jacques en la novela, guiño a su obra El primer hombre) gracias al conocimiento que tiene Vias Mahou de su vida y de su obra, lo que le permite jugar con el lector, poniendo referencias (como la ya mencionada de Jacques, o el loro Calígula, con el mismo nombre de una de sus adaptaciones de teatro) y alejándose de lo que debería ser una narración lógica de estos últimos días para evocar un recuerdo de infancia o digresiones sobre Argelia y Francia o el elitismo de la intelectualidad parisina. Toda esta información sostiene y enriquece el texto, pinta de color a Camus, lo pone en relieve y en pie.

Podemos ver esta multiplicidad de referencias en los propios títulos de los capítulos:

Una memoria en sombras
El bacilo de la peste
Un vínculo misterioroso
Los hijos de Caín
Oscuras querellas
Los guardianes del honor
Eran y son más grandes que yo
En nombre de la historia
Un recuerdo impalpable
El peligro del que nadie hablaba
Una amenaza invisible
Venían a buscarlo a él

Creo que este libro es el libro que ha escrito una gran admiradora de Albert Camus. Una persona que no acepta que esté muerto, que no acepta que muriera como murió, a manos de quien fuera o por azar. No, no lo acepta y este libro es una venganza, pero no ante ningún grupo, sino ante la propia muerte, ante todo el Camus que faltaba por vivir, ¡su persona!, más allá de sus obras.

Como otras grandes creadores/pensadores que murieron jóvenes, no podemos conformarnos con que la muerte se los haya llevado. Por eso escribimos sobre Lorca. Por eso escribimos sobre Lennon. Por eso escribimos sobre Camus. Por eso los mantenemos vivos y por eso le doy las gracias, profundamente, a Berta Vias Mahou, por traernos a Camus a la vida durante 200 páginas.