Se hace un moño y lo convierte en asterisco, en punto de
atracción, en desagüe de todas mis dudas. Un moño que libera la pista de
aterrizaje que es su nuca, huerto de perfume aún sin cultivar. Nuca que
encierra un siempre, un temblor, un acantilado circular y caliente.
Invoca el misterio de las tormentas y ahí está la contraseña
del mundo, como el nudo donde coge fuerza la madera o preparar la hoguera para
la noche. El malabarismo de sus dedos escondidos en su pelo, despejando el
cuello de melocotón en curva.
Yo miro su cuello. Su sinceridad abierta como granada, igual
de fresca. Algo escondido se escapa cuando quiere estudiar, o ver una película,
o ponerse cómoda. Atrapa algo con ese juego de manos, enrollada la goma en su
muñeca prepara el anzuelo,
el centro del mundo,
No hay comentarios:
Publicar un comentario