Islas divergentes

Diario para un libro que nace 

1. Diario para un libro que nace – * 19/12/2023



Presentación de mortal – 4 de enero, jueves, a las 18:30 horas en @elrinconverdemiraflores de Miraflores de la Sierra.

Este primer recital de mortal será en mi pueblo, en mi querido Rincón Verde. El lugar donde tomamos cañas, donde todo el mundo ya conoce a Kiwi, donde comemos y celebramos, donde estamos con la familia, los amigos, la gente querida. Qué bien y qué afortunado me siento por haber vuelto al pueblo y por hacer comunidad en este rincón.

En esta primera presentación, cercana, verbenera y calentita, leeré algunos poemas de mis anteriores poemarios y de mortal, por supuesto. Estáis todos invitados a compartir este primer alumbramiento de mortal.

Las correcciones, los diseños, las comas, las tipografías son el taller de la literatura para que pueda correr sana y salva por los libros y qué necesario es que los mecánicos que ajustan, pulen y afinan las letras sean personas con oficio, que sepan dónde tocar, dónde apretar y dónde poner cuidado. Tengo la suerte de que en Lastura, la editorial que publica mortal, saben cómo poner a punto el libro. Gracias a Lidia, gracias a Isabel, gracias a Ana.

2. Diario para un libro que nace – *20/12/2023

Esta especie de prisa por publicar, por mostrar lo escrito en soledad, con paciencia y sin urgencia, es un contrasentido total. En este libro, mortal, hablo sobre la pausa, sobre medir el tiempo, sobre pesar lo que importa y apartar lo que no y, sin embargo, parece que solo existe un embudo para mostrar estos poemas y es un embudo que me obliga a apabullar y a estar presente para que todo el mundo compre y lea este libro. Pues no. Este libro caerá por su propio peso en las manos de aquellos que quieran leerlo, que tengan las ganas y la fe por encontrar valor en lo que escribo. Lo demás será ruido (un poco es necesario, lo admito), pero no hemos venido a eso.

3. Diario para un libro que nace – *21/12/2023

Pasan los años y pasa también la esperanza de «ser alguien en el mundo de la literatura». Esto, que parece obvio, con cada libro nuevo que no tiene una repercusión enorme, que no gana premios, se hace evidente. Es cierto que, al dedicarme al mundo de la poesía, donde somos 4 poetas y 3 lectores de poesía, las oportunidades de obtener repercusión o ese «éxito», menguan. Como decía, pasan los años, se acaba esa posibilidad de «ser alguien» pero no termina la necesidad de decir, de buscar palabras nuevas para atrapar lo que nos sucede a diario y se nos escapa. La poesía, que es efímera y eterna, tiene este poder que yo descubro al leer a otros poetas: no se acaba. Porque los poemas que nos gustan nos gustarán por siempre y para siempre, por recuerdo y porque encontramos fibras nuevas que se nos habían escapado en lecturas previas. Por eso escribo ahora, porque lo necesito y porque busco escribir poemas que acompañen a mis lectores (algunos hay, y en este rincón les doy las gracias) ahora pero también en el futuro. Por eso nace mortal y por eso tengo mucha ilusión en que quieras conocerlo, aunque yo nunca sea «aquel escritor reconocido» de fular y pipa que se supone que todo escritor debe aspirar a ser.

4. Diario para un libro que nace – *23/12/2023

Estos días navideños y de final de año estoy esperando que lleguen los libros a mi casa. Ya han llegado a la casa editora, @lastura.ediciones, y ahora unos pocos viajan a mi casa. Antes de verlos en mis manos, no puedo evitar sentir la incertidumbre de ver los poemas que, abandonados hace tiempo en un .doc, en un .pdf, ahora ya están perdidos de mí para siempre y qué serán ajenos y a la vez propios. ¿Seguirán diciendo lo que decían cuando los solté?, ¿habrán crecido?, ¿Llevarán erratas entre los dientes?, ¿gustarán estos poemas tan extraños, tan sobre la muerte, tan antipoéticos? No tengo respuestas a estas preguntas, solo puedo seguir escribiendo para responder en otros poemas, en otros libros, en futuras incertidumbres. Y, por ahora, sigo esperando. Si queréis, podéis pedirlos en la web de Lastura:
https://lasturaediciones.com/product/mortal/

5. Diario para un libro que nace – *24/12/2023

Hoy se celebra la Nochebuena, salgo de la cueva en la que vivo, (que en parte es una cueva real, porque trabajo en un archivo) y no sé muy bien qué postura tener ante este mundo que celebra, que se junta, mirando para otro lado lo que sucede no solo en infiernos lejanos como el de Gaza, sino en infiernos cercanos como enfermedades mentales de vecinos, dolores y pobrezas en las calles que caminamos y que no nos afectan. Hace tiempo que tengo dañado el sentimiento de esperanza con la humanidad, pero seguir confiando en la literatura, escribiendo libros pero sobre todo leyéndolos, es mi manera de confiar aún en este mundo que se deshace, se encabrona y que entiendo cada vez menos. Pero, como decía, queda la literatura. El otro día estaba con mi chica en el 725, el bus que conecta mi pueblo con Madrid, y terminaba de leer Vivir peor que nuestros padres, de Azahara Palomeque. En este libro, que recomiendo por su completo y honesto análisis del mundo en el que vivimos, hay un islote de esperanza en los agradecimientos que me conmovió hasta el punto de tener que leérselo en alto a mi novia y escribir a la autora por redes sociales para decirle algo así como «gracias» y «enhorabuena». Y para mí, hoy, este es el sentido de la Navidad donde me reconozco esperanzado y aún con fe por un mundo mejor. En los libros, siempre en los libros, pero que ese viaje sea compartido con otros. Que la fraternidad viaje en páginas y sentimientos de compasión, empatía y amor.

6. Diario para un libro que nace – *25/12/2023

He estado pensando en mortal y en las razones por las que lo escribí. Me ha tocado explicar su contenido unas cuantas veces en estos días, pero en este texto me voy a referir a los autores que vinieron antes de mí y que me influyeron con su poesía y están citados de alguna manera en el libro. Ahí van:

Inger Christensen, Carlos Piera, Alejandra Pizarnik, Raúl Zurita, Jesús Montiel, Aurora Luque, Gonzalo Rojas, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Jorge Teillier, Hérib Campos Cervera, Franscisco de Quevedo, Lorena Mora Pineda, Isla Correyero, Julio Cortázar, César Vallejo, Federico García Lorca, Olga Orozco, Joaquín Pasos, William Blake, Alberto Rivas, Francisca Aguirre, Jorge Enrique Adoum, Roberto Juarroz (x2) y Diego Gutiérrez.

7. Diario para un libro que nace – *26/12/2023

¿Qué sentido tiene escribir un libro (nadie lee libros) de poesía (aún menos) sobre la muerte (…)?, ¿tiene que ver solo con un tema de ego?, ¿este libro está destinado a coger polvo sin ser abierto siquiera?, ¿cuántas personas leerán realmente estos poemas?, ¿cuántas personas me preguntarán que por qué sigo escribiendo?, ¿por qué necesito publicar estos poemas en un libro, no es suficiente que aparezcan en redes sociales?, ¿estaré a la altura de la confianza de mis queridas editoras de Lastura?, ¿mortal y sus poemas serán un recuerdo poderoso para algún lector futuro o quedarán ahí, mudos como una balda o una pieza de cerámica traída de recuerdo de algún lugar lejano y exótico?, ¿harán llorar a alguien?, ¿harán reír?, ¿servirán para recordar a alguien que ya no está?, ¿servirán para recordar a alguien olvidado, pero vivo aún?

8. Diario para un libro que nace – *27/12/2023

Y, como muestra, un botón. Poema número 51:

Si tuviera un trozo de madera por escribir,
o un hueco en la tierra,
o una telaraña por explicar,
podría decir que en mis manos el tiempo daña por su peso,
no por su filo.

El tiempo,
mi tiempo,
–el escurrido placer que sorbo de los minerales y los ojos,
ese alarido silencioso que no me deja guardar las frases ni los sacapuntas–,
me araña con su mirar distraído y me destruye.

No es necesaria la épica para hundir a un hombre,
tan solo esta agricultura del daño,
este huerto con las ramas secas de la memoria,
las calles destruidas para siempre,
la falta de manos en la escalera del sí,
hacer de la faringe una flauta
para tocar la música imposible
que nos junte de nuevo.






mortal, nuevo libro

 


Como muchos sabéis ya, hoy día 12/12 aparece mi nuevo libro, llamado mortal, así, en minúscula. Porque minúsculo es también el espacio que tenemos, el cuerpo que tenemos, nuestra presencia sobre la tierra. Como habréis imaginado, es un poemario que habla sobre la muerte. Pero no es un libro triste o pesimista, sino que busca, al enfocar la muerte, diferenciar el grano de la paja, lo superficial de lo real, para tener una vida mejor, con más sentido, más consciente.

Obviamente, el tema del libro está relacionado con el COVID. Y no solo la propia enfermedad, sino una especie de tristeza que se ha quedado, una incertidumbre por un futuro que da miedo y que mucha gente piensa que es mejor no explorar, que es mejor lo malo conocido.

Para intentar romper ese miedo, que también es mío, nace mortal. Porque el tiempo es uno, se acaba, y yo, como el maestro FGL:

Yo no quiero ser más que una mano,

una mano herida si es posible.

Federico García Lorca.

En el libro hay poemas más potentes, otros más sutiles. He seleccionado este, el número 51, para que lo conozcáis un poco:

Si tuviera un trozo de madera por escribir,

o un hueco en la tierra,

o una telaraña por explicar,

podría decir que en mis manos el tiempo daña por su peso, no por su filo.

El tiempo,

mi tiempo,

–el escurrido placer que sorbo de los minerales y los ojos, ese alarido silencioso que no me deja guardar las frases ni los sacapuntas–,

me araña con su mirar distraído y me destruye.

No es necesaria la épica para hundir a un hombre,

tan solo esta agricultura del daño,

este huerto con las ramas secas de la memoria,

las calles destruidas para siempre,

la falta de manos en la escalera del sí,

hacer de la faringe una flauta para tocar la música imposible que nos junte de nuevo.


Un rato con Esther Peñas y María Negroni en el Teatro del Barrio (Madrid)

 Digamos que no fue nada importante, que hoy no hay portadas de periódicos reflejando lo que vivimos ayer en el Teatro del Barrio, pero a mí sí que me gustaría contar mis impresiones sobre lo que nos ofrecieron Esther Peñas y María Negroni ayer en el Teatro del Barrio de Madrid y cómo lo sentí. 

Para empezar, entré en la sala bastante impactado por ver un teatro lleno para ver y escuchar a una poeta. Me pareció ilusionante, así os lo digo, esperanzador. 

Para seguir, me gustaría hablar un poco de Esther Peñas, que hizo la presentación de la poeta invitada. Esther fue delicadísima, precisa y generosa en imágenes para mostrar a Negroni. Fue hermoso presenciar cómo nos hizo partícipes de su entusiasmo, no solo de la poesía de María Negroni, sino de la propia relación humana, poética que, como un chispazo, a veces sucede con la lectura o la conversación. De hecho, cuando Esther terminó su presentación, la autora argentina se quedó sin habla, un poco abrumada por el cariño y el alago sincero de su compañera de escenario. Fue tierno ser partícipe de esta amistad y admiración sincera. 

Nunca había visto a María Negroni. Ni siquiera en vídeo, y lo primero que sentí fue su delicadeza. Como si estuviera sujetada por pilares débiles pero convencidos, que dejaran salir una voz que habla y hablará sobre la esencia de las palabras, su materia imposible. Hizo una lectura de 3 o 4 poemas de 4 de sus libros y luego contestó algunas preguntas, pero la sensación que tuve al escucharla fue que compartía su duda por el lenguaje. Esto es lo que más me gustó. A diferencia de otros poetas que buscan analizar, abrazar y exprimir la palabra, María Negroni admitió en sus poemas precisos, deslumbrados y cómplices, que no entiende muy bien el proceso de la palabra y que le gustaría «escribir un libro sin palabras». Qué belleza y qué emocionante fue este encuentro de honestidad y pasión por la palabra y la poesía en un martes cualquiera en el que las palabras seguirán siendo insondables, pero un poco menos. 

Héroes anónimos (publicado originalmente en Senda Norte en diciembre de 2023)

Las mañanas de domingo en diciembre son especialmente frías. Oscuras, húmedas y frías. Lo peor para los cuerpos machacados. Sin embargo, sigue habiendo gente que renuncia a quedarse en la cama y se levanta por propio placer, por resistencia, con heroísmo. Dejan a sus parejas dormir un rato más y salen de las habitaciones sin hacer ruido. Son héroes anónimos, héroes que trabajan durante toda la semana y los domingos se convierten en jugadores o jugadoras de fútbol, baloncesto, ciclismo o cualquier otro, qué más da. Salen de casa y el frío no duele, se reúnen con los amigos y no cuesta, ya están en pie, no hay sueño, hay que ganar el partido y celebrar después lo que toque. Algunos se perdieron por el camino, tuvieron lesiones graves, accidentes, poco tiempo libre y algunos sí que se siguen levantando los domingos pero para acompañar a sus hijos, hacer del deporte una pasión compartida.

Hay otros que llevan diez, veinte o treinta años compartiendo vestuarios, celebrando las victorias y las derrotas pero sobre todo la amistad y una pasión, irracional, que no debería ser para ellos, tan alejados de la élite que ven por televisión. Han superado lesiones, disgustos y ahí siguen, cada semana, haciendo equipo. 

Es cierto que hacen falta rodilleras, fajas, tobilleras, coderas… y más café que antes para superar el sueño, y que con los años hay más calvas, más kilos, cuesta más perseguir el balón o seguir la rueda, pero también es cierto que aquel miedo, aquella vergüenza por no ser tan bueno como otros, o quizá por jugar a un deporte de chicos, por ser diferente, todo eso queda atrás. Ya nunca serán profesionales, no buscarán vivir del deporte, pero cada mañana de domingo alguien se despertará en su casa y estará cansado pero no se dará cuenta porque estará feliz: tiene que ir a jugar un partido con sus amigos de siempre.