Islas divergentes

Concierto de Sílvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró en el teatro Nuevo Apolo de Madrid en plan chorro, ventisca o tobogán ardiendo

20:40 en la Plaza de Tirso de Molina. Frontera de Lavapiés y Madrid y ayer un día como otro cualquiera y de repente Sílvia Pérez Cruz estallando como sonríen las granadas, las que huelen a sol y pólvora.



Sílvia y su vestido rojo surgida de las tripas del teatro Nuevo Apolo, como quien surge submarina de un remolino o un choque de tormentas. Acompañada por Raül Fernández Miró, a la guitarra, ahí, en el centro del escenario frente a cientos de ojos dispuestos a escuchar. 


Lunes por la tarde sin las telarañas de la semana que se despereza. Aquí no se hacen hogueras, dice el cartel a la entrada del teatro, pero Sílvia es baile alrededor del fuego, jugando con las sombras y el calor de su voz como inflan los niños sus globos. Riendo y todo fuera.

Granada es su disco, su plaza de pueblo donde se encuentran sus canciones a tomar el fresco con nosotros. Canciones escogidas y adoptadas por Sílvia y Raül como quien acoge huérfanos en medio de la lluvia. Y no porque estas canciones, todas ya maduras con paraguas y arteria propia necesitaran que Silvia las acogiera. No es eso. Lo de Silvia es otra cosa.

Como los buenos amigos que te llevan a su casa y te invitan a tomar algo y te dan ganas de quedarte a vivir siempre ahí, en su voz y en su sonrisa, en sus canciones, como si afuera, en la calle, solo te esperara el frío.

García Lorca mirando por un agujero. La sangre de Miguel Hernández tiembla en las cunetas sin rescate. Enrique Morente resucita un segundo tan solo para llenarse el oído y Edith Piaf y Schumann de pie como si el tiempo no doliera ni olvidara.
Canciones de todo tipo. Canciones acunadas y canciones acantilado en medio de las butacas. Una isla atravesada en el escenario lanzada al océano de los espectadores. La oscuridad jugando con la voz de Sílvia Pérez Cruz. Un charco en lo negro del teatro para cada nota de las guitarras de Raül, para cada uno de sus brazos con cuerdas.

Y lo mejor es el contraste. Contraste por la grieta entre normalidad y caballo suelto, entre ir a comprar la fruta y un segundo después estalla una granada en el pecho y te deja perdido de humanidad. Así, a lo bestia. Como quien se acuerda de la vida en medio de la cola del pan o en el oficina. A un centímetro de su ojo y sin embargo.

Que se nos viene encima. Que suena la grieta del muro cotidiano.

¡Señoras y señores, tengan cuidado, que aquí no se canta dentro del horario ni se guarda fuego para mañana! Que aquí ni lunes ni octubre ni parada de trenes.
Aquí hay inundaciones y lo cotidiano dado la vuelta. Aquí se bucea a pulmón y a chorro dentro de la casa, y Sílvia Pérez Cruz convertida en oleaje, golpeando nuestros oídos sin guardarse nada, descalza y con ganas de piel roja, como la más india atándose el pelo en el mejor y más alto precipicio del mundo. 





Celebremos que aún hay conciertos. Que aún huele el aire a palomitas y a instante a punto de caída kamikaze. Celebremos las tormentas, quedarse empapado y volver a la calle como si nos hubieran secuestrado y cuidado a partes iguales. Celebremos a Sílvia y su granada explosión voz y fuerza.



Jugar al escondite en los pasillos de IKEA como si no hubiese un mañana



Metamos nuestros pies sucios de barro bajo todas las mantas y bajo todas las azafatas y azafatos
aullemos el hilo musical en las noches tristes
vayamos a Suecia con nuestra tortilla y nuestro salchichón
corramos con un cáctus en las manos por el pasillo de los cáctus de plástico.

Quememos los dormitorios con nuestras personas amadas justo en el centro del cuerpo
como una explosión que se mira al espejo.
Metamos la mano con más veneno en el último cajón de los preciosos muebles para los lunes de lluvia.
Las familias con todos sus miembros excitados y alucinados, con vaselina en la cartera. No hay problema en quemar el salario bajo lámparas de diseño.
Ver cómo la estantería Billy vomita BIBLIAS de diseño en sueco y encontrar a Dios borracho de luz y madera y lana y diseño y ofertas.
Dios sin poder escapar, sin superpoderes, obligado a comprar 300 velas a cincuenta céntimos.
Dios desempleado robando lapiceros y comiendo perritos calientes con heces.
Compremos todos los abridores, todas las puertas, abramos las colchas y los nórdicos, robemos las mesillas de noche, metamos todas las cucharas en nuestros bolsillos, la cubertería, para encontrar a Dios de una vez

dónde estabas
cabrón
mi abuela lleva buscándote en la iglesia
70 años.

Errante

Rodaba y rodaba por los caminos. Mi casa la llevaba sobre las espaldas y no necesitaba más. Era joven e inquieto y nada se me resistía.Ni siquiera en el amor.
Ellos y ellas caían seducidos continuamente bajo mi embrujo sin salida posible.
Eran buenos tiempos. La yerba abundaba y no paraba de consumirla con todos mis amigos.
Mis días comenzaban cuando nacía la oscuridad. Me cargaba la casa al hombro, y me iba de viaje.Eran buenos tiempos.Ahora sin embargo tengo familia e hijos, pero sigo acordándome que yo en otra vida fui un caracol.



Ébola



Recemos al Dios de fuego y palo que nos curó de la peste
ya llega el odio
el aullido del miedo golpea los vagones de metro
guarden sus lenguas y la piel en la primavera del recuerdo.

Montemos las hogueras higiénicas que nos limpien
que nos alejen de las brujas y los negros
dos vueltas a la llave
tres contraseñas

afilemos el ojo que nunca fue compasivo
seamos peores que el ébola
rompamos la palabra acunada en el cuerpo con tanta caricia
seamos salvajes
bestias un paso detrás de la locura
ya llega la señora Mato a nuestra puerta.

Mi indio



lo encontré en la calle
montañas corintias de basura lo rodeaban
buscaba una piedra que atarse al zapato
miedo de los taxis omnívoros
alegría por las Apaches de melena.

Le duele la yerba
paloma sucia y cigarros
se abren puertas
pero él no cabe en ninguna.

Me dijo que en la ciudad no hay horizonte
se lo comen los ascensores
y quise vomitar horario
acercarme a su galope.

Arcada y exilio

  Grosz


Somos la España que no termina de abrirse, los jóvenes que levantan su voz tres escalones y en la punta un almendro y luego nos llega el miedo pesado a los talones.
Hemos estudiado los idiomas del progreso, el ángulo perfecto para el corte de los bosques, el círculo de humo en los motores más potentes y aún no cavamos un pozo en nuestra frente para sacarnos provecho.
Les hicimos caso. Estudiamos y no bebimos más fuego de la cuenta. Os hicimos caso. Nos prometisteis esclavitud ocho horas al día y cuarenta años de soga y ni siquiera.
¡Qué vergüenza las canas de vuestros bigotes!
¡Qué pena vuestra plegaria en contra del aborto y a favor del látigo del trabajo!
¡Qué pena que seamos tan limpios, que no sepamos lanzarnos,
ningún libro llega para tanto!
Somos los más listos, los que aprendimos todo, los que leímos los periódicos y tuvimos arcadas.
Los profetas de ojo transparente y pelo largo, los dueños del futuro que quema y nos lame la cara.
Míranos, los más europeos aplastados por Europa y por los kilos de grasa del Euro.
Los mejores camareros del mundo aquí estoy para servirle, qué bien el exilio
vagabundos españoles por el mundo que nadie os ponga voz
Sirve bien a la patria y escóndete
que nadie conozca el sabor amargo de la basura alemana
que tu madre no tenga vergüenza cuando salgas en la tele
que tu padre pueda seguir riendo en el bar, con los colegas, la derrota de siempre.

Un sillón dura tres generaciones y a nosotros no nos llega, nos toca exilio o arcada fría en el suelo del salón.
Alguien dejó una puerta abierta pero era una trampa
allí estaba la hostia del policía
la libertad en España huele a podrido como los escondites de las iglesias
se murió el dictador y os entró miedo,
y viva la movida
y viva la droga
y viva la teta que antes no podías ver
todo esto es un escaparate de libertad
un pañuelo usado del vuelo
el señuelo para los que no levantan la vista y guardan palabras en la boca.

Ya llegamos al año dos mil y las cadenas nos divierten
hay prostitutas y toros y parques de atracciones y la playa y tabaco pero no tenemos trabajo
todos queremos ser esclavos
¡que alguien me pisotee, que quiero ver un Madrí Barsa!
que alguien me traiga una cerveza fresquita que ya no aguanto la miseria que me rodea
unas bravas para el cobarde de la mesa 3, que nunca recibiré la hostia del amo
no hace falta
quiero la borrachera más grande del mundo para que no me duela tu hambre
la pantalla plana con la final del mundial cuatro metros de ancho y tres de alto y tres centímetros de lobotomía,
que alguien me saque todos estos libros de la cabeza,
no aguanto sus gritos.

Cuánto dura tu ojo frente a mi ojo...

...
los dos desnudos
cuántos meses aguantan tus manos enroscadas
cuánto alcanza tu cuerpo de cereales en mi calendario que no te abarca
hasta dónde nos llega la pulpa.

Cuánta escalera nos queda para caer torcidos
agarrados
nuestra risa de lobos pequeños quemando el bosque
mordiéndonos los pulgares y las teclas preferidas
como si nadie supiera de nosotros y el puzzle de nuestras lenguas confundidas no se acaba
todavía
en un rincón de la mesa siempre encontramos paisajes
una ventana para estirar las piernas y perder el equilibrio.

Koloman Moser

No quiero guardarte...



...en fin de semana con el resto de mis vicios. Tus magnolias aún borrachas gotean en mi lunes gris, en mi martes, en cada telaraña con tu nombre que me nace en la cabeza.

Beber cada día un trago de ti, de tu cuerpo riendo fruta de labios
no pensar en las manzanas podridas de tu ausencia
porque tus ojos me abrazan tres inviernos.


¿Por qué publicar?

¿Por qué publicar? Dijo Girondo yo no tengo, ni deseo tener, sangre de estatua, y lo dijo él, que cambiaba de letras como de camisa, que en su cabeza eran necesarios desalojos diarios porque no paraban de nacer niños y niñas poéticos. Él, que sin el papel donde navegan sin acabarse nunca sus poemarios no habría habido manera de leer su Big Bang, su lanzarse a bomba a la literatura.

¿Por qué publicar? ¿Por qué publicarme? Esta segunda pregunta se responde si puedes ver/conocer a mi editor, Roberto, un personaje mítico y nocturno que siempre que juega un partido de fútbol Brasil contra un pueblo abandonado apuesta por el misterio de la ruina y de la poesía. Y a veces gana el partido, ¿y por qué publicarme a mí, que he desenrollado mi lengua como una cría de manzano que aún no ha quitado el hambre a ningún hambriento? Yo que escribo poemas en cuadernos doblados, en muelas cansadas, en las verduras más pisoteadas del mercado. ¿Quién soy yo, que de mis perchas solo cuelgan fracasos y recuerdos que se deshielan poco a poco? Yo que soy tú o aquel con un bolígrafo atrapado en el tuétano y poco más. Mis venas no se han inundado todavía, a mi también me llega la mugre política por la ventana o el plato y también yo atravesado de poesía, cine o teatro de vez en cuando. 

 

Publicar, publicarme, porque yo tampoco quiero tener sangre de estatua pero, como dijo Ana Pérez Cañamares, Escribo sobre mí porque yo soy cualquiera. 


Presentación el pasado jueves 10 de julio por Pepe Ramos en Vergüenza Ajena



Jorge García Torrego se crió entre Miraflores de la Sierra y Torrelaguna, de ahí esa mirada asilvestrada cuando viene con un trotecillo alegre, que parece que ríe cual si fuese el mismo Platero. Él es peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Tiene veintisiete años y se dedica al periodismo, lo cual según dice él mismo últimamente se reduce a ventriloquía. Lo que si que es cierto es que es un excelente corresponsal de su vida, como nos demuestra en cada poema, porque su poesía está salpicada no solo de expresiones deslumbrantes de inteligencia, sino que además rezuma vida por cada uno de sus versos. Imaginativos, ricos en imágenes y nada previsibles, sus poemas hablan de lo que hay, de un esto tangible y no de los cerros de Úbeda. Poesía viva, en resumen, de impecable factura y sin IVA y sin tonterías y sin ningún postureo de los habituales en el mundillo. 



Embudo



 Prendergast


Se amontona piel prohibida en el fondo del mar

bosque de espinas

huesos negros que no llegaron.



El policía españolísimo les arranca la lengua milenaria

ata su hueso primario al miedo del pozo enorme

machaca en la noche su corazón refugio de tormentas.



cocodrilos guardia civiles se esconden en lo más barro de la charca

el olor a sangre no escapa nunca de los cuerpos

el miedo golpea el mar con la frente

se encienden las luces de Europa



La dignidad se vuelve plomo y se ahoga.



La paciencia horizontal y silenciosa del mar no dura para siempre

los bebés acunados mil metros de agua

las mujeres trigo desagüe antes de abrir un ojo

el hombre levantado cae mudo de músculo al cementerio más limpio

y poblado de la vergüenza.


Descripción del roce de su marea

 
Hay un pulmón que la empuja suave bajo la lengua
que la hace equilibrista en un cuerpo desfiladero
agredida por el sol y cada escama que la habita
le gusta reírse en el tobogán de la espuma.

Ella es el horizonte que aterriza
y duerme en la arena de mi pecho.

La lengua océano más dulce
y su resaca me dura puñado de sal
en la garganta del recuerdo.

A veces, cuando no hay anzuelos
el misterio curva del fondo del mar descansa en mi playa
baja la marea y en las caracolas su sonido no enveceje.

Carcoma

 Pedro Ruiz
 
En el mapa azul de los derrotados sus manos ocupan un África volcán con cerrojo entre el estómago y el cuello. Como un búfalo dormido. Como un grifo que aguanta una respiración de océano. En el kilómetro 3 de la fiebre de los hombres-balcones bullen tormentas de pan y morro fino, como vacas huérfanas del verde o de sus mugidos a la luna. 

En el canalón de sus cejas se acumula un rascasótanos húmedo y un reloj con prisa y sin piedad. Los derrotados, los ladridos menos perro, el salario más impuesto, con sus gafas para bucear un mar que les llega a los tobillos del deseo. Juan o Pilar, Antonio o María, potentes como coches caídos a mil nacimientos por segundo de un árbol de pueblo con las manos calientes en la tripa. Lanzados al engranaje en su furia y su hambre. Vómito caliente de las casas altas de los ricos puntiagudos y sin entraña propia.

¿Alguien conoce la lágrima del que se rompió al nacer?

Una vez un apretón de manos destrozó un castillo sin ojos. Se tomaron las habitaciones como quien descubre Australia o un carnaval y se celebró el cuerpo en las camas cerradas de los reyes muertos. El grito era circular y subía como un huracán, pero dejaron una corona de cucarachas en el suelo sin quemar y ahora todos buscamos el estante más alto de la avaricia. Nadie perdona al que tropieza con los cables pelados del progreso. Nadie guarda una península de su cuerpo una sábana de rocío, es imposible, y su tasa de cambio es de treinta metros de melancolía. Los niños trompeta y avispa quieren llegar al músculo de la H mayúscula que sale en la televisión, y no les importa que la lluvia no tenga ninguna H en ningún idioma. Son ellos los que nacen con el cuello oblicuo por la historia, por el mordisco tenaza de la historia que, como una garrapata se agarra al pasado y les bebe su sangre misteriosa.

Tan destrozados pero en el fondo del río de nuestras arterias hay un violín hundido que no se oxida, y que suena un balanceo rojo de las lenguas encendidas. Después de cien martillazos nace una flor, pero a ver quién guarda su nariz en la época de los golpes y los lobos.




Nacimiento de "Ojo y ventana"



Después de un parto largo y complejo, ha nacido "Ojo y ventana", hijo de Jorge García Torrego, Canalla Ediciones, y, según las malas lenguas, muchos más padres y madres, entre ellos sus padrinos, Elvira Daudet, Ignacio Armada y Elvira Amor. 

El libro se encuentra bien, ha pesado 102 páginas al nacer y tiene la cara de susto típica de los libros primerizos. La presentación en público, les recordamos, será el próximo 21 de junio en el bar Vergüenza Ajena

Entrar en el bosque



 Henri Rousseu, Tiger in a tropical storm


Tu cuerpo manglar en la noche, dejarme caer, confiar que tu aullido me alimente. Somos los neandertales huidos de la tribu, atragantados de piel, descubriendo pliegues y yesca para hacernos lumbre. Coincidir y más allá. Borrarnos las fronteras, revuelto confuso, quedarnos dentro del otro, huesos molidos. 

Dejar mi cuerpo a la deriva, coger tu cuerpo a la deriva, las noches llegaban y morían y nosotros agricultores de semillas en la boca o enfermos de amor, plantas riendo hasta convertirse en Secuoya o cucharada pura de viernes 20 años. Nuestro escondite asimétrico se salvará de la paz de los cansados, de la lengua de madera ejecutiva.  

La noche nace en nuestros cuerpos y nos da de comer. Somos las cebras devorando a los leones, lanzar una piedra a un espejo. Corremos a sprint en cada beso que se nos escapa y abrimos el lenguaje para encontrar el ritual que se esconde. Me muerdes temblor de esquinas y en la oscuridad nuestras lenguas se dilatan como polillas confundidas. 

Voy y vengo, vas y vienes, y hay una isla cubierta de sábanas y verano, ponemos timbres en cada heiser que nos nace y no te vayas lejos, que mi boca es un naufragio si tu no le das cuerda. Nuestra respiración arrastra un olor a mar y no nos secamos. Vamos a nombrar este encuentro, llamarlo descubrimiento de américa o renacimiento de acuarelas, tú eliges.
Seremos susto cuando la grieta nos apunte, seremos ropa mojada y la casa cerrada, pero qué mierda importa nuestra derrota si ya nos multiplicamos por dentro. Qué importan nuestros huesos si ya nos quedamos sin aire en la cima, conociendo la víscera escondida, el origen músculo de nuestra poesía.

En tu cuerpo se esconde un pájaro

y voy a encontrarlo con mis manos.


China y su imán


La democracia baldía

Imagino a los chinos rebotados tras la caída del muro de Berlín y la URSS pensando “ahora vamos nosotros”, mecagoentó. Los imagino como estructura torpe, moviéndose lentamente y con pequeñas piezas que intentan hacerle caer (disidencia interior). Pero, en realidad, esta imagen de gigante patoso que cuida más la estética comunista que la realidad de interés hegemónico del mundo es falsa. La revolución ya había empezado antes, tras la muerte de Mao, el gran líder, en 1976. Con una economía relajada pero sustentada en un sistema dictatorial (por supuesto), China creó su propio modelo de socialismo-comunismo y puso un pie en el siglo XXI con las reformas que Deng Xiaoping, el sustituto de Mao, que pusieron, aunque ligeramente, al gigante rojo en el campo de la competitividad. Y nos jodieron la vida, claro.
Y fue entonces cuando millones de cabezas empezaron a bullir, a buscar una salida para alimentar a millones de bocas comunistas en una encrucijada que nos ha traído un Gólem que domina nuestro presente y futuro. Después de este momento de incertidumbre la cúpula comunista de china decidió cambiar su país y, de paso, cambiar el mundo.
Pues sí, cambiar el mundo, cambiarnos a nosotros más intensamente que lo que podría hacer cualquier presidente del Gobierno o cualquier mandatario de la Unión Europea. Más incluso que cualquier presidente de Estados Unidos o cualquier gran corporación.

Europa y la ruptura termómetro social

En el imaginario colectivo occidental (¿esto existe?), sobre todo europeo, los derechos sociales y laborales son una rémora, una conquista, una barricada, que ha ido sorteando el empuje del capitalismo. Estas medidas socialdemócratas (uf, qué gran palabra), vistas como una propuesta-espejismo para atraer a los izquierdistas menos fascinados por el polo soviético comunista después de la IIGM, eran un regulador de las protestas sociales en la vieja y maltrecha Europa. La cara del capitalismo se acomodaba, en parte, al pulso de la calle y ofrecía su cara más o menos amable. Y que nadie se saliera del capitalismo aunque se perdiera competitividad por las reclamaciones de más derechos. Pero este juego de lucha dentro del capitalismo, que en realidad beneficiaba tanto a manipuladores como manipulados, se rompió cuando desapareció el peligro comunista de la URSS y las protestas sociales se desinflaron de realidad para ser meros ladridos sin perro que pueda morder de manera efectiva. Y así, el cuerpo izquierdista de los países europeos y occidentales palideció de pronto y se quedó en el andamiaje. La representación teatral de una izquierda efectiva, autónoma, se vio horadada hasta el esqueleto con la pérdida del referente real (aunque ya la mayoría de la izquierda occidental se alejara del ideario soviético), dejando el campo abierto al capitalismo y a los partidos conservadores para hacer su juego de apretar y apretar y apretar a los trabajadores sin el miedo de la revuelta, sin tener que dar nada a cambio.

Y llegó China

Y en este juego teatral de derechos, de socialdemocracia y de neoliberalismo a chorro, China da un paso más y dice “os vamos a ganar con vuestras reglas”. Y se convierten en el gran matón del capitalismo. Los que más capacidad tienen para influir y para orientar la economía global, los que presionan el mercado por su lado más débil y abaratan todo. Copian todo. El empleo, el trabajo, las condiciones salariales se empobrecen hasta el escalón justo por encima de la pobreza. Millones de chinos trabajando con una idea en la cabeza, ser hegemonía mundial, y con una dirección política férrea y efectiva. Y esta es la palabra clave, la efectividad. La efectividad que, junto a la rentabilidad, hacen que China no necesite que sus ciudadanos disfruten de unas condiciones sociales de mínimos, ya que este tema ha dejado de ser una prioridad en cualquier parte del mundo hace tiempo. Por encima de los derechos sociales, de la libertad individual, de la democracia, se presenta la libertad económica, la capacidad de comprar y poseer, y en este juego los dirigentes chinos no son para nada de escayola. Tiran y sueltan una cuerda que parece que nunca se va a romper.

La crisis

Está claro que la crisis global no procede de un solo tropezón, sino de varios, de varias avaricias mal combinadas, de un dejar hacer negligente por parte de los gobiernos de los principales gobiernos mundiales, y una sobredimensión de la economía virtual sobre la economía real. Ajam. Esto está muy bien, pero creo que el martillo que suponen millones de chinos de verdad, en condiciones laborales inasumibles por el resto de países avanzados, con una dirección única, lineal, sin vicisitudes políticas, ha abierto una grieta que va a ser muy difícil salvar porque, ¿Cómo se puede competir con un país-continente de 1.300 millones de personas que no se quejan, que no votan y que solo trabajan? ¿Qué podemos ofrecer nosotros, los españoles, los europeos, los estadounidenses, incluso los alemanes, para competir con este gigante?
España ya lo ve, claro. Lo llevamos viendo tiempo, de hecho. La globalización se orienta hacia el lado más débil, y si, en otra época, los inversores internacionales orientaban sus fábricas hacia España por ser mano de obra barata dentro del mercado europeo, ¿para qué van a pagar ese plus, si pueden llevar su producción a China, o cualquier país africano o asiático que siga sus pasos? ¿No se trata todo esto, al final, de ser rentable, de ganar más, más, más?

Cuidado, porque nuestros beneficios sociales siguen estando muy por encima de los que tienen los chinos y están en el punto de mira de cualquier economista o político neoliberal. Es hora de luchar por no convertirse en chino.










Publicación en próximo número de Revista Conjetura

http://www.revistaconjetura.com/ 











Le informamos que su texto "Entrar en el bosque" será publicado en la próxima edición de la Revista Conjetura que saldrá a la venta el viernes 30 de mayo. 
Estará disponible en Librería Andante, Librería Duluoz y Librería Libro Azul. Gracias por su interés.

Saludos cordiales,

Equipo Revista Conjetura.



Extracción, de Alejandra Pizarnik, en TeatroLaPuertaEstrecha



Poner en pie a Pizarnik sin que se deshaga la baraja de sentimientos, que el discurso habite un cuerpo y lo lance al público. Extracción es un experimento en el que Eva Varela Lasheras habita la carne de Pizarnik (sus poemas). Esta invocación se puede ver cada viernes hasta el próximo 27 de junio en La puerta estrecha, un local de teatro como una cueva de Altamira moderna. 

Pizarnik como alga que se levanta en la playa y no sabe cómo caminar, en qué pie confiar cuando ella es lo contrario a la arena. Extracción de la piedra de la locura es un poemario publicado por la argentina en 1968, un poemario en el que el cuerpo se ve como un parásito desconocido, una ocupación ilegítima, qué hacer salvo un camino de palabras para ubicarlo.
Pizarnik tenía el vestido roto y no podía cambiarlo. Se le veían caminos ruidosos entre las costillas por mucha razón que metiera por sus ojos (y no ganaba la batalla). Alejandra como animal mitológico equivalente al minotauro o la pesadilla, pero mucho más frágil, como un grupo de niñas en un bosque de lenguaje desconocido.

Este libro, estos poemas, esta jungla, y Eva Varela LasHeras, la actriz que se atreve a ponerse el traje de huida de la Pizarnik, la que pone los dos pies en la poeta y se hunde lo suficiente para poder desabrochar un cuerpo, su cuerpo, en el que la poeta corre frenesí y contención.

Lo que se puede ver en este local de la calle Amparo de Madrid hasta el 27 de junio es un espectáculo teatral en el que lo ritual, lo ancestral, bordea el lenguaje y lo inunda. La presencia de la actriz, que habla un lenguaje lejano y cercano a la vez, una roca y a la vez un torrente.



Es difícil rodear el mundo Pizarnik con letras, pero las manos de esta actriz se transforman en mapa o escalera. Entregarse a un encuentro con uno mismo, con el miedo de uno mismo, con el amarillo de las fotos que ya no somos, con la piedra en la garganta de lo que no seremos.

Extracción como obra de arte total, aguadilla en un mundo poético que nos pertenece y nos altera, entender la locura de la chica que nunca encontró zapatos, que no supo encontrar el aire de tormenta que merecía, ella que despertó un día abandonada en una playa y nadie le dijo que su bailenguaje dolía porque no era tierra como nosotros, era una esquina de mar abandonada.

EXTRACCIÓN
de Alejandra Pizarnik
Taller Las Manos
Una creación de Eva Varela Lasheras
ESTRENO 9 de mayo 22:30H
Hasta el 27 de Junio
Viernes 22:30H
Calle del Amparo 94, Madrid
Taquilla 12€