Islas divergentes

Ausencia

Claro que me acuerdo cuando andar por la calle solo era pisar charcos de incertidumbre, de niebla, y las puertas siempre abiertas. ¿Os acordáis? Teníamos en la boca el sabor de lo que estaba por llegar y era mejor que su carne, que su aparcamiento presente. Calles con ruido siempre fértil, curioso sin manija y no había puerto para repostar estos Fórmula 1 del deseo. ¡No nos hacía falta!

Sonaban canciones como piscinas de hojas verdes, los artistas nos descubrían su nervio blanco de poesía y nosotros nos agarrábamos a él, ansiosos de electricidad y delirio. Todo era demasiado poco y siempre teníamos hambre. Parecía que la ciudad se multiplicaba y podíamos quitarle la ropa mientras ella reía, borracha, mirándonos a los ojos. Hace tiempo que no la veo. Si la véis, decidle que la echo de menos.


Relato de un naúfrago

Adrián, tumbado en la bañera, espera a que el agua se vuelva fría y mientras, fuma un porro y piensa en su vida. El humo revolotea por la habitación, y el chico  recorre mentalmente aquellos amigos de la escuela, algunos juguetes, la visita al parque de atracciones hace tanto tiempo con sus padres, la primera chica que besó. Esa sensación de humedad. Extraña y placentera al mismo tiempo.

Al pensar en aquel beso, recuerda a Laura. Y las tetas de Laura. Y la mirada de Laura y los abrazos de Laura. Pero Laura ya no está y no va a volver. Nunca volverá.

Adrián piensa en su vida y se da cuenta que desde hace un tiempo ha empeorado muchísimo. Ha empeorado hasta tal punto, que ahora, Adrián, con diecisiete años, tiene claro que no quiere vivir más. Va a suicidarse.

Sigue pensando, tranquilo, los felices recuerdos, las buenas personas que ha conocido, intentando, así, en el último momento, encontrar algo que le salve, que le ate a la vida. Si no, él, junto a su sangre, se escurrirá dentro de poco por el desagüe. Ya tiene preparada  la cuchilla al lado del cenicero y el mechero. Se imagina su muerte. La gente que dejará atrás, quien llorará por él y quien se alegrará, pero cree que nadie se alegrará.

Piensa en Teresa, la tutora, dando la noticia en clase y mirando acusadoramente al grupo de Ismael y sus amigos. Ese grupo que no paró nunca de molestarle. Adrián piensa que incluso ellos se sentirán mal, culpables. También piensa en su familia. Su madre. Su padre se fue hace mucho y seguro que ni se entera de que su hijo está muerto.

Piensa en su madre. Recuerda todo el tiempo que ha pasado trabajando, partiéndose la espalda limpiando escaleras. Y todo por él. Por su único hijo.

Y la imagina llegando al baño, viendo la sangre, chillando como solo chilla una madre que pierde a un hijo, tropezando y cayendo al intentar llegar a la bañera. Lo zarandearía un buen rato, intentando reanimarlo, hasta comprender que su hijo está muerto. Para siempre muerto. Al final le soltaría y se quedaría llorando, sola, vacía por dentro.

Pero lo peor no sería ese golpe, piensa Adrián. Lo peor serían las miradas. La mirada  de la madre a la habitación de su hijo muerto. La mirada al reloj cuando Adrián debería volver del instituto. La mirada al tiempo que pasa, exacto y lento. Su madre desearía tener una fuerza que ya se fue por aquel desagüe, y que nunca va a volver. 

Muchos años después, será una vieja amargada, sola y huraña que no hablará con nadie. Una persona destruida, desalojada de vida y todo por culpa de él, de Adrián, de aquel momento, de aquel instante de hundimiento y de claridad mortal.

Adrián piensa, piensa, “no puedo hacerle esto. Quizá yo merezca morir. Mi madre seguro que no”. 


Erosionados en "Hoy empieza todo" RNE

Adriana Bañares aparece en "Hoy empieza todo", la antología erótica en la que participé con la editorial Origami. Aquí os dejo el enlace:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/hoy-empieza-todo-con-marta-echeverria/hoy-empieza-todo-marta-echeverria-erosionados-13-01-14/2305976/


Madrid


Si al menos se acordara la lluvia de sus labios aún habría esperanza. Pero la lluvia golpea la ciudad sin memoria, cansada de inutilidad y humo triste. Agua sucia rompiendo intestino del metro y la gente llega tarde a su celda. Nada más. El concierto frenético de coches y sangre asustó a la tierra, se cerró de golpe y los gusanos y el cristal se reproducen bajo los edificios. Todos queremos nuestro agujero de tristeza pero no hay nadie que plante un olivo. Ni una sola cabra que escale los rascacielos cuchillo. Quien agarre algo en la ciudad es mejor que lo guarde, se acercan los osos hormigueros municipales a oler tu sobaco.



El Retiro pide ardillas para Reyes a los gorilas del Ayuntamiento que partieron sus ramas. Cualquier cordón de zapato tira al suelo a familias enteras, no hay salida de emergencia y es necesario ser gilipollas para disfrutar la película y el salario. Se ha visto a niños supervivientes en las grietas de la ciudad, pero solo pueden jugar a la pelota los hijos de las iguanas bancarias. El resto juegan con remolachas o lechugas podridas, huyendo de la economía que huele a boñiga.



Madrid empachada de plumas, y la tripa sigue vacía. Se amontonan los años en nuestra conciencia y aún no hicimos nada, los deberes se nos acumulan y la mochila nos tira al suelo. Estamos cansados antes de empezar. No hemos abierto la boca y ya se nos mete la mosca del miedo.



En Madrid se pide a Dios que no mueva una coma, que nadie sacuda la ceniza de las aceras que bastante tenemos ya con mirarnos a los ojos.



No hay ejército de indios que asome a lo lejos. Nadie nos salvará y flores por el suelo, pero si quieres yo te dejo sitio aquí, en mi barricada de poesía y ladrido. 




La lotería y el capitalismo



Aquí se saca de los pelos a todo el mundo al nacer pero sólo unos pocos serán ricos. Unos poquitos tendrán el boleto premiado, harán el ridículo en televisión, poniéndose hasta el culo de cava del caro porque les ha tocado la lotería. Nos cuentan que si Amancio Ortega  era pobre, que "si tal o cuál empezó de cero y miradle ahora". El cuento de siempre. Cualquiera puede ser rico en el capitalismo, cualquiera, pero no todos. Es imposible que todos seamos ricos, que tengamos piscinas y coches de lujo. No se puede, igual que no pueden ser todos los boletos boletos de oro. Imposible.

Es más fácil ser pobre en el capitalismo que ser rico. Más fácil comerse los mocos toda la vida. Lo normal en el capitalismo es QUERER SER RICO (pero no serlo). Tener esa malahostia metía en el cuerpo por no ser lo que los anuncios, la moda, la televisión, tu madre, tus amigos, tu novia, todo el mundo, quieren que seas (y no vas a ser, majete). 

La esperanza por poder ser un modelo maniquí de la revista HOLA y no serlo, ese querer y no poder está metido en la cabeza de todos los ciudadanos (¿aún existe eso? ¿no somos ya todos nosotros solamente consumidores?), consiguiendo esta inmovilididad tan desesperante. 

¿Ein? ¿Que si me esfuerzo consigueré ser un gran especímen consumista, que vendrán a mi las mujeres desatadas de cariños y tendré mansiones en donde quiera? NO. Esto lo puedes conseguir, sobre todo, SI ERES UN HIJO DE PUTA. Si no dudas en pisar al resto, en quedar tu por encima de todos los demás para que el que elige vea tu cocorota reluciente y tu colmillo brillando y pueda escogerte. Listo-buenagente es un pringado que nunca llegará a la cima. Idiota hijo puta cuidado, puede llegar a Presidente de algo. 

Entonces, ¿cambiamos? ¿Nos arriesgamos? Pues nooooooooooo, porque ¿y si me toca a mi esa millonésima parte de suerte? ¿Y si soy yo la persona a quien se refieren los anuncios? 


Comentario de libro "Incendiario", de Bárbara Butragueño






Ni se te ocurra abrir este libro si buscas un libro perfecto, con plan de huida y medido y grito reproducido. Ni se te ocurra porque vas a perder el dinero, el tiempo, y espacio (aunque poco) en tu estantería.



Desatado de forma y de límites, los poemas de Butragueño, ya sean en verso o en prosa poética, llevan marabunta dentro y te arrasan pasando por encima. Se te escapan palabras, vuelves para atrás, joder, qué bueno esto, terminas. Vuelves al principio, ¿y esto? y así se pasan los minutos y las horas.



El libro que publica Polibea es un libro con astillas, en el que Bárbara Butragueño no solo se desnuda, sino que comenta a través de imágenes enlazadas la ceniza de su cuerpo, nadie nunca me enseñó a llorar/y sin embargo parece que el llanto me perteneciera esparciendo su dolor por tus manos. 




El libro se divide en tres partes, TURBA, en donde se hace un recorrido del propio cuerpo y se ponen sobre la mesa la muchedumbre interior, los despojos, las heridas y las soledades. Abierta y expuesta a todos los dolores y a todas las penas, limpiar el cuerpo como quien limpia la casa. Exorcismo.



En COMBUSTIÓN aparece un tú que salva en tu cuerpo todo es expiación/y claridad/y enjambre  que rescata, que no rehabilita las ruinas, sino que las convierte en hogares. Bestial esta parte, la más lograda.



Y cómo no, CREMACIÓN, en la que se desalojan los cuerpos, una vez más/te marchas, deshabitando/los ángulos del aire, se buscan asideros y esperanza, pero no se encuentra. Soledad y grito.



Vamos a ver, hay una cosa que hay que tener en cuenta. Este poemario requiere de su colaboración como lector, de su inteligencia, de sus cojones/ovarios para comprender lo que es la vida. Quien no haya sufrido, quien no haya sido ojo de huracán de relación no entenderá nada. La poesía de Bárbara no llega entera, pero la parte que llega llena todas las habitaciones y se expande, se te mete en el cerebro y la buscarás en cada índice, en cada lomo. Un subidón, vamos.



Y yo no merezco bailar si no hay lluvia. 




y si queréis saber más....


Publicación en antología de poesía erótica "Erosionados", dirigida por Adriana Bañares

Acaba de aparecer Erosionados en la editorial Origami, una antología de poesía erótica (más o menos), dirigida por Adriana Bañares en la que aparecen dos poemas míos. Si ya formar parte, (aunque sea un poco) de esta prestigiosa y emergente(no, no son contradictorios) editorial, ya me hace estar muy contento, que haya sido bajo la edición de Adriana Bañares, una poeta que me parece una genia y que admiro, y acompañado por autores que admiro también como son: Paloma Corrales, Javier García Rodríguez o Sara R. Gallardo, pues no se, me hace sentir de lujo, la verdad.

Agradezco mucho formar parte de esta gran colección de deseos, caricias, lenguetazos y lenguetazas y otras diversas armas amatorias.

Aquí os dejo el enlace para que echéis un ojo:

http://editorialorigami.com/web/padre-poesia/erosionados-edicion-de-adriana-ba-ares.html

Ciudad



Los edificios son las vísceras de la tierra

gritando en silencio

expuestos al sol y al óxido de nuestro odio.  



Escucho bostezar al tren cuando rompe la mañana

cansado de transportar pereza

no hay esperanza para lo que ya está muerto. 



Si hubiera tan solo un hombre de plata en la ciudad

solo uno que cogiera los órganos goteantes de tristeza y los metiera

a la fuerza

bajo los pies

ocultos al sol y sus enjambres de personas

qué alegría

de tierra y hierro reconciliado

caricia de gusanos y oro 



esperanza para minerales moribundos.


Doblar tu ropa





Qué tristeza cuando no estás,

dentro

riendo entre camisetas y bragas.



Dejaste aquí tu cauce

y te llevaste la saliva

cuando no estás es el tamtám que me queda

tocar las cenizas

de tu piel de verano.



Doblo tu ropa cuando no estás

llamándote

a gritos

con mis manos.