En la radio comunitaria Onda Verde, en el programa El rincón de las letras, Jorge Díaz Leza y Sol Rubio me entrevistaron hace unas semanas. Además, en la primera parte del programa podréis disfrutar de poemas y relatos del gran escritor argentino Andrés Neuman.
Relato Sacrificio
Para celebrar que ya es viernes, y que ya hemos llegado a las 90.000 visitas, aquí os dejo un relato que escribí llamado "Sacrificio". Con este relato quiero recordar a todos aquellos profesores republicanos que quisieron cambiar España para hacerla más justa, más habitable, más decente.
SACRIFICIO
La luz de la luna se extiende sigilosa y huidiza por las piedras de la plaza, por las caras de la gente, por sus mejillas hundidas de gente hambrienta y las convierte, por un momento, en calaveras. La plaza está llena, rebosa pobreza y rabia. Son casi las once de la noche en la plaza del pueblo, bajo la enorme torre de la iglesia y su afilada sombra.
En el centro de la multitud un cuerpo está atado, inmóvil a un mástil. Es el cuerpo de Tomás, el profesor de la escuela. En pocos minutos su cuerpo ancho y lleno de vida no podrá distinguirse del palo que lo sostiene. A las once se le va a prender fuego para demostrar a los presentes cuál es la costumbre que se debe aplicar a los que quieren enseñar al resto. Se ensañarían con él. El hereje moriría por fin.
Debajo de él, un espeso montículo de ramas y hierbajos secos lo sujeta y condena. La gente se impacienta. Siempre tan listo, tan orgulloso, tan altivo. Siempre lo sabía todo. Además, cuando volvía de la ciudad se convertía en alguien refinado y pedante que era insoportable. Menos mal que el señor Ferrán consiguió ejecutarlo. Todo el mundo le odiaba.
Atravesando la calle principal que lleva a la Plaza, se acerca el señor Ferrán, el banquero del pueblo, con la antorcha en la mano, poderosa. La luz del fuego rebota en el traje y deslumbra a la gente. Deslumbra a los ancianos con caras rotas y sucias, a jóvenes musculosos y sedientos, a las amas de casa aburridas. Camina orgulloso, sabiendo que va a hacer algo justo, necesario para el pueblo. "No se puede consentir que este hereje del capitalismo siga diciendo sandeces a nuestros futuros compradores", dijo en el juicio.
Si, hubo juicio. En apenas veinte minutos se consideró culpable a Tomás por desobedecer reiteradamente las órdenes de la entidad económica del municipio, y además, enseñó a leer a dos niños textos no imprescindibles que no eran etiquetas de productos. Se le acusó y condenó en un tiempo récord.
El banquero llega al borde de la plaza, mira al maestro un momento, ve su pobreza, su indecencia, su incapacidad económica para adquirir bienes y, sin pensarlo, prende las ramas. Arriba, en el palo, Tomás ni se inmuta. El fuego crece, se multiplica en cientos de caras calientes que lo miran impresionados por su fuerza, por su pureza. El culpable va a morir. Desde la muchedumbre alguien grita: ¡Enseña ahora, hijo de puta!, se escuchan algunas risas desdentadas que se apagan con los primeros gritos de Tomás.
En una casa oscura, con las cortinas bajadas, una familia llora en una mesa pobre, de madera. En otros lugares niños y adultos se acuerdan un segundo de las letras, de cuando rozaban las aes y las bes con sus dedos índices mientras el señor Tomás les enseñaba el mecanismo suave de leer. Nadie hace nada.
Las llamas rozan al profesor que empieza a gritar. Los gritos chocan contra las paredes, contra las sucias orejas. En poco tiempo Tomás se convierte en un bloque negro, irreconocible. La gente siente alivio, tranquilidad. El mal está muerto, negro y seco por el fuego. Ahora son mejores. Ya no tendrán que temblar ante aquellos libros llenos de letras, llenos de ideas y de imágenes. Ya no temblarán cada vez que se abre un libro.
8 de marzo, día de la mujer trabajora
¿Qué estamos celebrando?
Mujeres trabajadoras que no son nada más que eso, trabajo.
Mujeres sepultadas en talleres manchados de olvido, los pulgares llenos de agujas y callos.
Mujeres trabajadoras como muebles de cocina, que importan menos que el mando a distancia, pero que también son apretadas.
Mujeres como dianas del miedo de sus maridos,
percheros donde aparcar los hijos gritones que también son su trabajo, sus horas extra.
Mujeres que son bombas de relojería con sus cosas, con sus embarazos,
estorbo cuando Cristiano Ronaldo apunta a gol en la tele de casa,
mujeres que cuidan a sus padres con las manos gastadas e invisibles.
Mujeres enfermeras, conductoras, profesoras, cocineras, psicólogas que no saben nada y miran a su marido para que le pregunte al mecánico qué le pasa a su coche.
Mujeres con falda y tacones que se rompen los tobillos en oficinas como junglas,
donde nunca llegan al estante más alto aunque se pongan de puntillas,
mujeres limpias, sin pelos, peinadas, afeitadas, maquilladas, ocultas tras el barro de lo cosmético.
Mujeres que van a clase sin que lo sepan sus maridos.
Mujeres silenciosas como cimientos de la casa.
Mujeres que nunca beben vino,
que hablan bajito en el trueno de su marido,
mujeres que tienen hijos y no saben por qué, en qué lugar ponerlos de la casa.
8 de marzo no es un día isla, es un día pantano que dura todo el año.
Mujeres como animales de carga, de trabajo a todas horas,
ordenando la ropa de sus hijos en sueños,
cuentan las gotas de café que le gustan a su marido en el café con leche,
mujeres trabajando el doble, trabajando el triple, mujeres locas por no aceptar cumplidos, por no aceptar el molde,
por no saber que están provocando y que es suya la culpa.
Mujer como sinónimo de follar,
mujer cordero que se deja manchar y penetrar y colonizar.
Mujer mía, mujer tuya,
mujer de todos, del que la quiera, del que llegue primero y ponga el cerco de los celos.
Mujer detrás del hombre, debajo, al margen de las cosas importantes ellas también mueren en el día de la mujer trabajadora,
pero mueren poco, en silencio
algo habrían hecho.
Sílvia Pérez Cruz lo vuelve a hacer (Teatro Apolo. 2/3/2016. Natural y potente como la ternura de los tigres)
los ojos de Sílvia Pérez Cruz son territorio independiente de
la tierra,
girasoles envenenados por
telarañas dulces de la noche.
Ojos simples como rocas negras
de mar,
anticipo de su voz donde salta
al vacío. Y lo llena.
Vuelve con manos llenas,
sonriendo,
camino abierto en la cuerda de
la garganta.
Su mirada es un boceto de gato,
un vuelo horizontal de cometas,
sale en las revistas pero guarda
el secreto bajo su pelo,
escondido y tímido ante la lupa
que busca estirar murmullos,
como los niños vergonzosos del
primer beso.
Vestida de rojo como las
promesas,
como las heridas que no cierran,
natural y potente como la ternura de los tigres
ella juega con el mundo y lo hace posible.
Despedida del bar Diablos azules
mi primer recital, el 28 de febrero de 2012
Ayer 23 de febrero fue la última Jam session (recital
abierto/micro libre) en el bar madrileño Diablos azules. Desde hace ya muchos
años, este ha sido un lugar de encuentro y mezcla de muchos poetas, no solo
madrileños. Lugar fértil y ya histórico, cerrará el próximo día 28 de febrero y
su pasado irá dentro de cada uno de los que fuimos allí a aprender los
misterios de las letras.
Significa
mucho para mí este bar. Como para otros muchos, este
lugar que siempre me ha parecido el rincón de un barco, donde empecé a
leer
poemas en público. A principios de 2012 empecé a ir allí a leer poemas
como el
niño del barça al que Messi deja tirar un penalti. Allí, entre poetas
enormes
como Carlos Salem, Neorrabioso, María Helena del Pino, María Sotomayor,
Toño Benavides, Pablo Cortina, Silvia Orión, Álvaro Guijarro, Paco
Sevilla, Olaia Pazos...y otros muchos, aprendí la mayor parte de las
cosas que escribo y
recito hoy en día. Además, allí conocí a Roberto Menéndez, el editor de
Canalla ediciones que publicó mi primer libro y que es un buen amigo.
Por todo ello, ¡Larga vida a Diablos azules!
El Diablos azules se muere, pero le recordaremos agradecido.
y el último, ayer 23 de febrero de 2016.
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donde se coge aire está ella,
esperanza de los ahogados del trabajo y del niño con
pesadillas que fui.
En la curva de su risa sujeto el mundo,
jardín que no se apaga, enemiga de las sequías,
profeta de los peces amarillos que sonríen bajo el mar.
Vengo de un mundo pequeño y no entiendo las palabras grandes
que ella me suelta mientras nos besamos.
Letras redondas y suaves como la piel de los salmones
saltando hacia arriba en su lengua,
mundo comprimido en ella que brota en los calambrazos donde
me invita a ser.
Vivo con ella el baile samba horizontal y vertical con su
rizo en la nuca,
arroyo castaño que cae por su espalda como cuerda de
escalar,
de trepar al temblor de su piel de gallina que me dice “
este es el camino”.
Somos el indio cabalgando el mejor galope,
la cometa que no necesita cuerda para volver a la tierra,
el rastro de deseo que deja la ola en la playa.
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Internet este ruido en la cabeza y este agujero que gira y gira lavadora eterna.
La realidad machacada y diluida en cianuro para que nada se me atragante,
papilla de mundos diminutos y mentirosos.
Internet las voces que me agregan al facebook y me dicen me gusta tu poema.
Rajoy
no existe, ni todos esos gatos graciosos. Solo sois la multiplicación
de mi soledad, mi silencio que sale a correr por los caminos frescos de
mi cerebro.
No existen las mujeres desnudas de internet, mentira su cuerpo en exclamación,
no hay nada detrás de la pantalla, en su piel naufragan los ojos que la miran desde la nada.
Este
teatro de fantasmas se come la realidad con vídeos HD, con
altavoces para el ruido. Montañas de polvo virtual llenando las
habitaciones y las casas. Encerrando a personas en la pantalla del
móvil, haciendo blandos sus cuerpos, desgajando su presente en mil
ventanas por todo el mundo.
Páginas
webs de puertas vacías y ojos rojos. Todo es un juego de mi cabeza,
esas voces que me dicen no estás solo, aquí estamos para contarte la
triste historia del mundo.
Fichaje en Baile del Sol
He llegado a un acuerdo con la editorial tinerfeña Baile del Sol para que publiquen mi segundo poemario, #Cercanías, en los próximos meses.
Estoy deseando debutar en las páginas de este gran equipo, y compartir cancha con grandes escritores admirados como Ana Pérez Cañamares, Jorge Riechmann, Antonio Orihuela, Inma Luna, Miguel Martínez López o Karmelo C. Iribarren, entre otros.
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Se hace un moño y lo convierte en asterisco, en punto de
atracción, en desagüe de todas mis dudas. Un moño que libera la pista de
aterrizaje que es su nuca, huerto de perfume aún sin cultivar. Nuca que
encierra un siempre, un temblor, un acantilado circular y caliente.
Invoca el misterio de las tormentas y ahí está la contraseña
del mundo, como el nudo donde coge fuerza la madera o preparar la hoguera para
la noche. El malabarismo de sus dedos escondidos en su pelo, despejando el
cuello de melocotón en curva.
Yo miro su cuello. Su sinceridad abierta como granada, igual
de fresca. Algo escondido se escapa cuando quiere estudiar, o ver una película,
o ponerse cómoda. Atrapa algo con ese juego de manos, enrollada la goma en su
muñeca prepara el anzuelo,
el centro del mundo,
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Yo ya no sé quién soy desde que me habitas. Como aquellas
casas que invade la selva, las puertas reventadas por tus troncos hambrientos y
tus animales feroces haciéndose ovillos en mis esquinas. Me estás colonizando y
yo te dejo pasar con los cerrojos abiertos, como vírgenes a punto de
sacrificio. Mis cajones deshechos a tus pies para que puedas hacer la hoguera
que nos caliente. Tu civilización entra a caballo en mis caminos. Aún no he adaptado las pupilas a tu brillo y
solo veo reflejos de felicidad, tu luz entrando como pértiga en mi penumbra.
Siento lo mismo que la tierra cuando la siembran, cuando el
cauce calma la sed y vuelve a conocer a sus peces. Así te recibo yo en los días
de mañanas largas y camas eternas. Así nos frotamos la vida contra la frente,
contra el pecho, quitándonos toda la sal que nos dejó el mar de la tristeza.
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En tu pecho se ahogan fuelles cuando te hundes en el color azul de la noche. Pantera cercana con lengua diagonal de relámpagos.
Hay una televisión HD que tiene pesadillas con tus pupilas de millones de pianos cuadrados que hace cantar al viento. En ti se calla por fin la muerte y se aleja. Pies cruzados para decirme dónde dormiré en la noche central de mi médula cansada.
Todo esto es por tu lluvia, y todo aquello es por tu sequía. Domadora de circo que de niña pintaste las rayas del tigre y le dijiste juguemos. Tienes el escalofrío de la marea curioseando en la playa atado en la piel, y ese sonido no se te va, por mucho que uses desodorante de vida normal.
Si las piedras están huecas en el fondo es por tu río de miradas que rozan y rozan y rozan los días comunes y los dejan suaves como piedras de río o asa de cubo. Tener un gato que nos mire a los ojos y sea la metáfora de nuestro calor, la interrogación de nuestros días silábicos.
Esos árboles secos que ves por la calle dicen que ya llegó el invierno. De vez en cuando hacen falta estas señales para indicarnos lo que pasa en el mundo de fuera, lo que queda una hora más lejos que nuestro mundo.
En tu isla hay grutas submarinas que llevan tu nombre y donde gotea el sudor del chico que fui antes de conocerte. Que la civilización no te colonice y que te vuelva nómada en las praderas de mi pecho que yo plancharé para ti y donde quitaré culebras y cardos. En esa línea recta que nos sale de la bisectriz de tus ganas y mis ganas, de este tirachinas que somos con los ojos pegados y sin embargo diferentes como un papagayo y un pez de colores.
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En tu pecho se ahogan fuelles cuando te hundes en el color
azul de la noche. Pantera cercana con lengua diagonal de relámpagos.
Hay una televisión HD que tiene pesadillas con tus pupilas
de millones de pianos cuadrados que hace cantar al viento. En ti se calla por
fin la muerte y se aleja. Pies cruzados para decirme dónde dormiré en la noche
central de mi médula cansada.
Todo esto es por tu lluvia, y todo aquello es por tu sequía.
Domadora de circo que de niña pintaste las rayas del tigre y le dijiste
juguemos. Tienes el escalofrío de la marea curioseando en la playa atado en la
piel, y ese sonido no se te va, por mucho que uses desodorante de vida normal.
Si las piedras están huecas en el fondo es por tu río de
miradas que rozan y rozan y rozan los días comunes y los dejan suaves como
piedras de río o asa de cubo. Tener un gato que nos mire a los ojos y sea la
metáfora de nuestro calor, la interrogación de nuestros días silábicos.
Esos árboles secos que ves por la calle dicen que ya llegó
el invierno. De vez en cuando hacen falta estas señales para indicarnos lo que
pasa en el mundo de fuera, lo que queda una hora más lejos que nuestro mundo.
En tu isla hay grutas submarinas que llevan tu nombre y
donde gotea el sudor del chico que fui antes de conocerte. Que la civilización
no te colonice y que te vuelva nómada en las praderas de mi pecho que yo
plancharé para ti y donde quitaré culebras y cardos. En esa línea recta que nos
sale de la bisectriz de tus ganas y mis ganas, de este tirachinas que somos con
los ojos pegados y sin embargo diferentes como un papagayo y un pez de colores.
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Cuando ya no estemos, cuando nuestros cuerpos hayan traspasado el muro de lo invisible y solo quede de nosotros el silencio. En el mundo quedará una cicatriz en los lugares donde fuimos felices, como recuerdo de nuestra montaña rusa juntos.
Isla arrastrada por la marea que encontró humedal y bosque, otra isla comunicada por un puente de espuma.
Hoy es dos mil quince y punto inicial de la bengala que coincidimos en crear, nadie sabe la profundidad de esta bañera que fuimos y que ya llega a océano. Se acaba este tiempo que bebimos hasta el último grano de arena de la sed.
Juntos somos el nido que no se deshace, el montón de arena que salió andando de la playa y jugó con el coral a ser imposible. Tenemos un camino que acabará y tendremos los huesos blandos de tanto mojarnos con las lenguas, debilitados y alegres en la noche más fértil del mundo.
Comienzo 31/12/2015 (bis)
Cuando ya no estemos, cuando nuestros cuerpos hayan traspasado el muro de lo invisible y solo quede de nosotros el silencio. En el mundo quedará una cicatriz en los lugares donde fuimos felices, como recuerdo de nuestra montaña rusa juntos.
Isla arrastrada por la marea que encontró humedal y bosque, otra isla comunicada por un puente de espuma.
Hoy es dos mil quince y punto inicial de la bengala que coincidimos en crear, nadie sabe la profundidad de esta bañera que fuimos y que ya llega a océano. Se acaba este tiempo que bebimos hasta el último grano de arena de la sed.
Juntos somos el nido que no se deshace, el montón de arena que salió andando de la playa y jugó con el coral a ser imposible. Tenemos un camino que acabará y tendremos los huesos blandos de tanto mojarnos con las lenguas, debilitados y alegres en la noche más fértil del mundo.
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llegué a ti automático y me volví consciente y presente.
Leía libros para escapar del tren que siempre me llevaba al mismo escritorio y
te encontré como un fuego artificial en el silencio del tecleteo del móvil.
Cómo tu lenguaje y mi lenguaje crearon puentes, y manos, y líquidos ha sido
cuestión de camino, de seguir el trote de los cuerpos que se sienten vivos
todavía.
Acaba el año 2015 y quiero viento mientras velocidad en tu
pelo, mientras escondemos avellanas en nuestro piso diminuto, escapatoria del
imperio de la ciudad. Un año más explorando tus profundidades, tu ojo de centro
de bosque al encontrar las mejores manzanas del supermercado, el desayuno
contigo es celebrar las palabras que nos quedan.
Contigo no temo ningún manglar donde suenan coches y
vendedores de paraísos. Hacia ti me lanzo y en ti crezco como las pelusas de
nuestra casa. Voy desapareciendo pero tú me dibujas, me devuelves con color y
relieve al mundo. Tenaz frente a la muerte que nos acecha y nos vigila jugando
la lotería del próximo cuerpo. Contigo soy el trineo que combate el frío, somos
el escondite y el huerto de humedades que nos habitan, profundas y escondidas
aún.
Tengo tu cuerpo apretado al mío en las noches redondas, tu
sonrisa perpendicular al trabajo, los políticos, rompiendo todo y dejando la
sagrada intemperie donde somos templo. ¿Sabes que todas mis cicatrices tienen
tu nombre como horizonte, como barco a punto de naufragio?
No me canso de tu silencio, el lago sin basura donde apareces.
Te veo estudiar desde el fondo de la casa, enganchado a la miel de tu pelo
revuelto, tu despiste que formatea mi lista de deberes y dudas. Podría
encontrarte ciego en un centro comercial, en una playa, en un estadio de fútbol.
Reptar hacia ti siguiendo el camino del recuerdo que cae por la incertidumbre inabarcable
del futuro.
Participación en Saber y Ganar 26/12/2015 y 27/12/2015
El pasado fin de semana aparecí en los programas de fin de semana de Saber y ganar. En las siguientes imágenes podéis ver los programas.
26/12/2015
27/12/2015
26/12/2015
Esta es mi huella fosilizada que nadie encontrará, el resto
del océano que estoy intentando ser, el humo del incendio de mi camino. Soy el
veneno del tiempo pero aún no sé cómo derrotar sus columnas infinitas y tomar
el sol en sus escombros. Huyo de mí para llegar a otro cuerpo mío que ya se
acaba y ya no queda nada del animal desconocido que fui hace 10 años. Mi
memoria no tiene cobertura con esta rapidez hacia delante.
Dónde llegaré en este tren de otoño y en la tarde. Cada día
es más caro pelear por un asiento pero no me importa ir de pie porque mi
ceguera es alimento de grillos y caracoles.
Vamos a darnos prisa en quitarnos los clavos. Tú también te
mueres con los ojos mirando hacia otro lado y esto solo es una mancha en tu
mapa del tesoro. Me juré ser el vino que hiciera sonreír a los huérfanos que buscan en
la noche la luz desconocida.
Intento escribir el mi desgaste, mi huida del mundo, el
intento de continuarme en otros cuerpos y otras calles. En un hombre se
almacenan todos los caminos pero ninguna respuesta y yo palpo el mundo con las
manos como cuando era pequeño, buscando respuestas suaves.
Cada muerte es un tic en el ojo, un espacio irrepetible, un
tsunami de vacío en el mundo. Cada persona caída en el pozo hace que la tierra
se seque, que se contamine el bosque con raíces mudas. Hay que pelear por la
muerte por cada uno de nosotros, no dejarle ningún verano que convierta en
invierno.
Tengo veintinueve años más que los que no han nacido. El
agua asesina me llega por las rodillas y ESTA VOZ ME PERTENECE.
Esta voz me pertenece.
Esta voz me.
Esta voz.
Esta.
Morir es el dolor del silencio.
Automático 24/12/2015
Digamos tres años atrapado en el suelo, queriendo salir para
decirnos “he vuelto, hacía frío en lo oscuro”. Digamos que fuiste un abrigo
cuando me lancé fuera de casa a buscarme los límites y era intemperie, claro,
ese Santiago de Chile recién abierto. Alberto, amigo, primo, negro, que tenías
manos como grandes palomas de arcilla y te reías de mí cuando no me atrevía y
me decías, “weón, disfruta y relájate”. Y yo que era pequeño y plumón veía tu
ejemplo en las huellas del vino de tu vaso.
Tres años ya que no estás y yo miro tu perfil en el
facebook, doy vueltas pensando si llamar al timbre de aquella casa que
compartías con la flaca, con África, aquel puente tan delgado y firme que nos
unió al principio. Hoy es 24 de diciembre y te echo de menos. Es tu cumpleaños,
un cumpleaños que se alarga no sé donde ni como, pero que espero estés
compartiendo con amigos, como siempre.
Me llamó África desde Chile, allá. Chuta weón, caleta de
recuerdos en esa llamada. Yo que Chile lo tenía casi puesto en un estante, ahí
arriba, donde guardo los mejores libros. Me dijo “siéntate, cariño” suave, así
como habla la flaca que parece que te está acunando. Lo sabes bien. “Alberto. Tuvo
un accidente hace una semana. Y...está muerto”. Y yo que no sabía por dónde
salía el manantial del dolor. Que no tenía amigos perdidos, de repente, te me
fuiste. Te nos fuiste. Te escurriste de nuestras manos que te pedían que aún
no, que era demasiado pronto, que ya estaba lista la mesa. Sé que fue poco
tiempo y que nuestra amistad fue intensa.
Recuerdo aquella noche en la casa de
tus padres en Los Andes, durmiendo juntos en un colchón inflable que perdía
aire por todos lados. Nos contamos los secretos que nos chocaban la piel por
dentro y ahí se nos hizo eterna esta amistad ya curtida. Eso era, amigo, lo que
te quería decir. Que te recuerdo, que no te olvido, y gracias por todo aquello
y todo esto.
Automático 12/12/2015
El capitalismo te sopla la nuca en la fila del supermercado,
saca la cartera, quieres bolsa, quítate del medio, déjame pasar, date prisa,
¿eres del club? ¿Qué club? ¿Quieres una bolsa o no? Son quince con veintisiete
segundos de tu vida, quiero decir, euros. ¿Tienes veintisiete céntimos sueltos?
Dese prisa, el siguiente.
Se llamaba Montse pero a ella también se le olvidó su nombre
porque capitalismo no es palabra oscura, es photoshop brillando en modelos como
signos de exclamación y matando niñas que no pueden meter más tripa en las
fotos.
El Capitalismo sube una escalera con los peldaños de tu
padre y tu abuelo. El que le roba su hijo a la madre que no puede parar de
apretar tuercas. Capitalismo tu compañero de escuela que no te deja copiar, que
no te cuenta los misterios. Nos rodean de dinero y nos cortan las manos. Hace
tiempo que el burro se cansó de la zanahoria, ahora quiere un IPAD y un móvil
para poner una zanahoria en twitter. Hay que alimentar al monstruo del nosotros
mismos. Todos son enemigos.
El amor es una estrategia de mercado, un marketing de
selfies borrachos. El capitalismo nunca envejece, se alimenta de tus hijos
llorando porque no tienen la última play, ni el peinado de Cristiano.
Capitalismo mundial de amiguetes y tecnología que esconde esclavos. Te pago un
móvil por ocho horas al mes de trabajo. El salario es un flash y una foto en
facebook con muchos me gusta. Aparta la muerte. No pienses en ella. Luce y
compra la última moda. Todas quieren ser como aquella heroína en 3D que nunca
existió. Todos quieren tener cuadraditos.
No son palabras raras. Capitalismo mezclado y agitado
atravesando tu garganta. Capitalismo tu, y yo, y todos los compañeros.
Capitalismo machacando gatos y perros en las autopistas y vendiendo el
espectáculo en un vídeo de youtube. Capitalismo jugando contigo, cuánto vales,
qué tienes para mí en este combate a muerte.
Automático 08/12/2015
Arropan los bosques a las montañas en este invierno de
polución. Suben los niveles de cansancio y queremos huir con las ratas del
subsuelo. No estamos hecho para esto. No podemos silenciar el cristal roto de
nuestro pecho, y mudos seguimos cualquier norte.
Hace tiempo que no me veo con ninguna de mis rótulas. Tengo
abandonado mi cuerpo y me sigue por cariño, por no discutir, pero ya no le
escucho. Tenemos intereses distintos. Me decía que el cuerpo es lo importante y
yo le decía que lo virtual es importante, y que internet nos multiplica.
Estamos llegando a la última caja de ceniza. Un gato nos
queda más lejano que cualquier tubo de escape. Ya nadie hace volteretas para
llamar al cuerpo y vivimos a ciegas, metidos en nuestro día a día de
alimentarse, whatsapp y morir. Quiero volver al territorio del barro, al
silencio del mundo en las noches de verano con estrellas.
Vivo en una ciudad que tose asfalto por las tardes, cuando
empieza el frío. Aquí todo el mundo lleva chaqueta y gorro, pero nadie cuida
civilizaciones de libros perdidos. Confiamos en la columna de humo que salía a
lo lejos y pusimos nuestros mejores años en la mochila de la universidad y
otros mecanismos. Qué idiotas en nuestra barca de competición escuálida. Crecemos
en la ciudad del miedo y no queremos mancharnos. Qué ingenuos con nuestros
planes para hibernar rodeados de libros y plantaciones de tomates.
Digamos que hay que volver a las letras porque las pantallas
no paran de tener hambre de nosotros. ¿Quién visitará a los náufragos que se
esconden en estanterías que nadie quiere?
Hoy en día un libro contamina más que cualquier tostadora.
Más que las turbinas que fabrican la niebla, y mucho más que un cementerio de
coches.
Agárrate a un libro y no te hundas. He oído que vienen a
rescatarnos.
Automático 07/12/2015
Los viejos olían a sopa fría. Mezcla de colores apagados, niños que llegan al otoño y tienen frío del invierno, que es donde se acaba todo. Se mueven lento los viejos, como si tuvieran cariño al suelo y no quisieran abandonarlo. Son mezcla de olivo y engranaje, tienen la piel marcada con las agujas del trabajo, como signo de sequía.
A pesar del tiempo siguen aquí, como actores secundarios e
inválidos. Son libres en su espacio frágil de papel y espinas, varados con los
ojos húmedos aún. Tienen un tiempo gastado en el cerebro y saben que no volverá
el rocío antiguo.
Los viejos caminan en las tardes para recordar el mundo que
fueron, la velocidad de sus tendones, la fiebre que tuvieron los primeros días.
Se dan la vuelta y se vuelven niños. Necesitan la guía para desaprender el
mundo y dejarnos aquí, solos.
En su cansancio hay un mensaje para nosotros. Poco tiempo
nos queda de pelo y poco tiempo de celebrar las noches. Pocos días para
apretarnos a las revoluciones y los amigos, que aquí todo se acaba y se cierra
la función. Sigue esperando el hijo que no te atreves. Tu yo del futuro desea
que dejes ya ese trabajo de mierda. Tu viejo tú lo sabe.
Se mueven en grupos porque la muerte les ataca cuando se
quedan solos. Edificios a punto de caerse, gafas y papeles amarillos.
Personas
que están bajando la cuesta, que todo su futuro son recuerdos y volver a
caminar el paseo de su recuerdo, pero su recuerdo ya no existe. Las casas
ahogadas en hormigón moderno no dejan ver su memoria. El campo, los ríos, las
alpargatas y el amor con los animales. Vértices de aquel tiempo en blanco y
negro desde aquí, desde el presente asesino que no olvida a sus víctimas.
Automático 06/12/2015
Solo un niño manchado de barro y risa. Mi mundo de palabras
escuálidas y olas de carne y voluntad para hacer un niño salvaje y bello. Ser
el canalón por donde la lluvia cae y levanta su curva fértil de aprendiz de
mundo. Abrirme los pechos destinados al ego para levantar toboganes míticos,
dejar que me atropelle con su triciclo a 10 kilómetros por hora.
Dejarme llevar por sus ojos a punto frescos como renacuajos.
Ser el bastón que se parta por la mitad para que él no toque nunca el suelo.
Tener un hijo como quien tiene un sueño. Dejar de ser yo
para que él pueda ser. Hacer lo contrario a multiplicarme, dejando que se escurra
por los huecos de mi tiempo.
Una niña que navegue todos los charcos y que sonría con cada
gota. Sus coletas de salvaje que imiten a Pippi Langstrum o las cataratas de
Iguazú. Un niño, una niña que corran tras la pelota del mundo y que no se
cansen nunca.
Enseñarle a leer. Abrir la puerta de un libro y que puedan
jugar todo lo que quieran, como en los pueblos. Como en los ríos que atraviesan
y se cruzan con las calles. Invertir todas mis arrugas en el ángulo de su risa.
Abrigarle y tener un nido para cuando vuelva cansado. Ser con mi novia un
pedazo de su pasado, la sujeción que le impida caer al suelo al hacer puenting,
el trozo de tierra donde empezar el brote.
Empezar a hablar de nuevo. Volver a mirar desde el ángulo
esencial de un niño. Desnudar mi historia de mi cuerpo y acercarme a su
aprendizaje con el teatro de lo ya vivido. Dar pasos para atrás y acompañar sus
primeros pasos y ser el cauce por donde salga al mar.
Automático 5/12/2015
París, 1956 (by Robert Doisneau).
Hacíamos una hoguera con
aquellas horas de estudio y madrugones y la prendíamos fuego los viernes, en la
cima de la semana, justo donde empezaba la cuesta abajo y sin frenos.
Nos olíamos y nos
buscábamos durante la semana. Ansiosos por descubrir colores nuevos en la
oscuridad fértil de las noches de viernes y sábados. Allí donde jugábamos a
perder y donde íbamos creciendo y ardiendo.
El ritual empezaba en el
supermercado con la búsqueda de dinero colectivo para los vasos, el vino, los
hielos y la cocacola. Brillábamos como luciérnagas siniestras que atraviesan la
noche contaminando las calles tranquilas del pueblo hasta llegar al parque,
escondidos de las ventanas de los vecinos y de sus vidas mansas de corderos.
Entre minis y besos íbamos
desgastando la noche, bañándonos en ella como linternas que van ganando energía
con el movimiento de las mareas. Como chispazos jugábamos a las cartas, nos
hacíamos fotos y fumábamos sin que ningún humo empañara nuestros ojos.
Desde el pueblo llegábamos
a Madrid a meternos en ese recorrido de bares escondidos, desaparecidos durante
la luz, que tan solo nuestros cuerpos conocían. Nunca dejarse llevar fue tan
fácil y el agua tan clara.
¡Éramos la barca de cerveza y kalimotxo con la que descubrir
la temperatura de la noche!
No conocíamos el cansancio
y solo nos dejábamos llevar. La noche era un imán que huía del frío de la
mañana y nosotros demasiado frágiles para soportar la eternidad en nuestras
gargantas.
Creímos inventarlo todo y
tan solo pasamos por ahí, por ese espacio dulce y agrio que se nos queda pegado
a la lengua y que recordamos toda la vida. Amigos como altares de la
complicidad y del mejor momento de nuestras vidas. Atados por siempre a
aquellos momentos en que nos creímos únicos, y lo fuimos, pese al veneno del
tiempo que ya estaba derribando la puerta.
Automático 04/12/2015
salida de la noche. Aparecida en medio de la casa como cada
mañana sin que nadie lo investigue, sin
que nadie venga a estudiar esta brecha en el espacio tiempo. Te levantas y creces
en mejillas y la el recuerdo de aquellas risas que tienes en la cara. Esas
arrugas curvadas que dicen “aquí hubo fiesta en días azules, soy un huerto para
carcajadas futuras”. Y tus hoyuelos como pozos de agua fresca, banco de peces
como flechas a mi felicidad.
Me levanto y en tus ojeras diminutas, como barricadas de
cansancio, planto yo mis manos torpes para intentar derribarlas. Restriego mi
lengua de gato viejo y torpe para curarte los relámpagos de pesadillas.
Llevamos meses sin ir al supermercado a por fruta. Desde que duermes conmigo,
cada mañana aparecen plátanos, maracuyás, phisalys y mangos de debajo de la
cama y esto se nos ha ido de las manos.
Eres el camino por donde vuelvo al mundo, el escondite donde
salgo de él. Los días de la semana que sí que paso contigo los guardo como
canicas únicas en el mundo. Como piedras de río que trabajamos con la lija de
nuestros cuerpos.
Me estoy llenando de ti desde el fondo. Como si fueras
radioactividad o mercurio llegas hasta el fondo donde tu sustancia no se
diluye. Soy la bombilla que lleva 30 años apagada y de repente llegas tú, me
enciendes, y te desnudas.
Ya puedo tirar toda mi sed antigua a la basura porque esta
sed nueva no quiere esa agua. Quiero un agua filtrada por ti, tu sudor, el
recreo de los delfines.
Lagartija que nunca pierde la cola, puñado de coral
encontrado en una esquina de la ducha, un trozo de mar atrapado en un cuerpo.
Los días sin ti se alimentan de plomo y no quieren irse nunca.
¿Qué imperio dejaste atrás para unirte y sujetar a este árbol que intenta fruto?
Automático 03/12/2015
Los desiertos quieren ser playas y las ciudades sueñan con
la escalera de verdes de las junglas de verdad. En las tiendas los precios
rompen las herramientas, los paquetes de leche y el dinero gotea y moja los
pies de los descalzos.
Amanece poco tiempo en Madrid y ya salimos los poetas en las
noches a buscarnos las letras como quien se busca un hilo suelto. Así somos de
grifos. Así somos de grillos agitando las patas del desconcierto y de las
vocales.
Miro los mapas y se me enredan como los cables de los
auriculares. Las calles no hablan el mismo idioma líquido que mis venas y no sé
qué pieza soy y si este es mi puzzle. Hay miles de hogares en Madrid y todos
ellos tienen cepillos de dientes que limpian los sueños crecidos en la noche
como malas hierbas. Qué misterio este de la gente que no se saluda por la
calle. Qué misterio este de la gente que no se cuida y no se mira.
Millones de submarinistas entran en las oficinas y saben que
no van a descubrir galeones ni sirenas. El oxígeno contado en los tiempos del
océano de plomo. Las mujeres siguen apaleadas por traer al mundo a sus crías y
nadie escucha el grito del futuro. Todos viejos y nadie que aprenda a caminar y
a limpiarse los mocos.
Estar en paro es un pause, la hora del recreo entre
matemáticas y economía. Voy a quedar contigo a tomar un café que me haga ser
humano. Azúcar, tú, nuestro pasado, contarnos el tiempo. Voy a escuchar cómo
desenrollas el papiro de tu día a día porque me interesa. Estoy haciendo un
cursillo para escuchar a los amigos. Dan 10 créditos en la universidad y se
convalida con mil horas en facebook. Vamos a ser oasis en la autopista de la
ciudad.
Automático 02/12/2015
bailo cansado el silencio de la noche que tu dejas detrás de
ti como moscas muertas.
Paladear el ruido de campanas que amanece cuando te levantas
de la cama y me miras la médula para que todo siga bien, enganchado todo al
rayo vegetal que somos juntos.
Te eché de menos como las fieras, golpeando mi cabeza contra
el muro de tu silencio y espacio vacío. Como ducha caigo en tu piel en los días
calientes de sogas y ladrillos gastados. Estoy buscando el país que soy, el
territorio que he sido siempre y que quiero llenar de maleza. Hierbajos
sagrados que permitan el refugio de los zorros y las perdices, aterrizaje para
el sol de las 8.15 de la mañana.
Vas al trabajo y en el camino queda el imperio de saliva que
fuimos en la noche. Yo cuido la cabaña y desordeno el aullido. Caliento la casa
golpeando las paredes para que cuando vuelvas manchada de ciudad puedas
calentarte los labios.
Juego de parejas con frío y calor, somos la órbita de los
locos que no alcanzan nunca el centro del fuego sin palabras pero que extienden
sus manos como brújulas.
Tengo una casa que no es mía y ya es refugio antinuclear por
la energía de los libros empotrados en la pared, moviéndose en espasmos, como
turbinas que quieren enchufarme su latido. Aquí compartimos el amanecer
continuo de tiempo. En este rectángulo infinito de 30 metros.
Para llegar a ti, volveré a buscar abrigo para todos los
niños que fui y que pasan frío entre mi húmero y mi muñeca. Ahí alojo yo los
recuerdos pero noto un exilio. Ya no recuerdo el escenario para mis juegos y no
se escucha viento. Algo se me escapó de las manos y yo solo miraba hacia
delante, aunque me moje de muerte a cada paso no puedo dejar de mirar hacia
delante.
A veces meto la mano en el fondo de mí, como el mago o la
comadrona, y encuentro trozos de carne que te regalo, como hace el lobo con sus
crías.
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